21 junio 2011

Pasillos con permiso


Tras quince años de libertad patrocinada, respectivamente, por pakistán y serbia, osama bin laden y ratko mladic caen con un intervalo de meses, aunque no tan a destiempo como para evitar que en pakistan sean detenidos los acusados de colaborar con el ejército estadounidense que lo ejecutó, o para impedir que en serbia miles de personas salgan a la calle por lo que consideran una traición a la patria. Como si la prueba de que se defienden intereses propios del vecindario fuera que se asesina a miles de inocentes, a kilómetros de sus parterres, el criminal de masas es una flor nacional a proteger, cuyo aroma de muerte es, adecuadamente combado el viento, uno que también transporta los mejores valores de la tierra en que naciera.
Hay una escena de Camino a la perdición (Sam Mendes, 2002) en que el justiciero llega finalmente a un hotel, donde antes del ascensor y de la puerta de la habitación a la que se dirige hay sendos guardaespaldas que le abren la puerta mientras aquel va instalando el silenciador a su pistola. La secuencia acaba en una bañera, a la que el pistolero se llega para descerrajar cuatro tiros al asesino que descansa, sabiéndose a salvo, en la bañera. Es el cine y no la justicia la que necesita esos disparos. Pero el logro es anterior, sucede en los pasillos, en la decisión que, inesperadamente, vuelve a favor del juez todos los cerrojos a sueldo permanente de locos y criminales con dinero o prestigio. En esa bañera esperan ya gadaffi, al asad y toda la dinastía saudí.

2 comentarios:

Diego dijo...

tengo más nombres para esa macrobañera...
uno por uno

A.Pérez dijo...

... así va el mundo ... seguimos girando ...