16 junio 2011

la cara oculta de la estadística


Quizá para compensar lo difícil que puso el dominio de sus bases en relación a las características de sus practicantes –la mano en contacto directo con el balón, la mayor distancia posible entre la mano y el cerebro-, el baloncesto también inventó con ello la visibilidad medible de cada uno de sus actos. Así, al exigir tanto a quien menos debería poder darlo, recompensa con… radiografías nítidas.
Los Mavericks de Dallas vienen de ganar la NBA gracias a un gigante de 2.13 cms. que se va a siete metros del aro para ganar los partidos. Y también, incluso con 38 años ya, gracias a uno de esos jugadores a los que la estadística adora –Jason Kidd- que cumplirá el año que viene su 17 temporada sin haber tenido nunca un tiro bonito o fiable, ni el aura de superclase que exhala Nash, ni siquiera el estatus claro de leyenda del pase de que gozaran Stockton o Magic… a pesar de ocupar el segundo puesto en esa lista histórica, entre uno y otro. Purgado estilísticamente del puesto que más clase atesora en la liga, Kidd ha hallado su gloria… refugiado en la estadística de aleros y pivots. Sus 103 triples dobles (10 puntos, y otros tantos rebotes y asistencias en un mismo partido) doblan casi los de Larry Bird, son cuatro veces más que los de Michael Jordan, Le Bron James habrá de triplicar los conseguidos hasta hoy para alcanzarle. Solo dos nombres le superan en esa lista: Magic Johnson –que sería hoy el primero, de no haberse retirado prematuramente- y Oscar Robertson, que de haberse computado la asistencia como se hace hoy (permitiendo un bote tras recibir el balón), duplicaría con creces cualquier cifra que hubiera dejado Magic.
La década de los sesenta parece anotada por un contable loco: solo en 1962, jugando en Philadelphia, Wilt Chamberlain promedió 50 puntos y casi 26 rebotes por partido. En 80 partidos. Ese mismo año, Bill Russell, 19 puntos y 23 rebotes de promedio en Boston. Pero el prodigio de prodigios estaba en otra parte, lejos del aro… y de los títulos. En Cincinnati Oscar Robertson promedió ese mismo año 30,8 puntos, 12,5 rebotes, 11,4 asistencias por partido. En 79 partidos. Michael Jordan hiló siete triples dobles consecutivos en 1992, probablemente como capricho. Hoy se ve como asombroso si alguien logra diez en una temporada.
Pero algo inconcebible ocurrió en Cincinnati durante los primeros cinco años de la década de los sesenta. Meses después de que la Unión Soviética lograra fotografiar la cara oculta de la luna, Robertson dio comienzo a una estadística que bien podría haber venido de la misma nave: durante su primer lustro en la liga, Robertson promedió 30,28 puntos, 10,38 rebotes y 10,62 asistencias por partido. En la práctica, un triple doble consecutivo durante 384 partidos. Es difícil explicar esto a quien no esté familiarizado con el nivel atlético de este deporte en Estados Unidos. O saber si el símil con un futbolista que marcara tres goles cada domingo durante cinco años es suficiente… o escaso. Las estadísticas no dicen toda la verdad –se oye. Y quizá sea cierto, quizá haya verdades imposibles de entender.

4 comentarios:

Diego dijo...

A veces pienso que si nuestros blogs colisionan...se aniquilarán...
Espero que estén en servidores diferentes... ;p

uliseos dijo...

servidor ya colisiona... consigo mismo :P

uliseos dijo...

ostias!
acabo de ver el tuyo... te juro que la coincidencia esta vez no ha sido buscada...

ja, ja

Diego dijo...

sin palabras me he quedado...no te digo más...

jeje