07 junio 2012

bradburyanos

Muere Ray Bradbury como demostración de que la muerte no es menos hábil hallando el escondite de los vivos que el fuego a la hora de localizar libros que quemar. Cuando, a principios de los noventa, uno tuvo que elegir un nombre al que anclar la dirección de correo electrónico escogí en su lugar un escondite –Montag. Es decir, el nombre del bombero inventado por Bradbury que empezaba su novela Fahrenheit 451 como eficaz miembro de una brigada encargada de localizar y quemar libros, y la terminaba oculto en un bosque, junto a otros huidos, destinado a preservar, memorizándolo, un libro de su elección, acaso el que fuera a morir pronto al hacerlo su portador, en la casa de al lado. Es razonable pensar que elegí ese nombre para vengarme, en defensa propia, del papel nulo, mal visto incluso, que la literatura, como toda forma de gran cultura, tenía y supongo que tiene aún en las agencias de publicidad. La alternativa al fuego no es necesariamente la memorización, asi que ha de ser mera justicia que el día que Bradbury es incinerado (pidió reposar en Marte) uno recuerde tan nítidamente a ese Quijote encargado de salvar los molinos, tragándoselos. También ese otro prodigio: acordarse de él en una película en la que sale Julie Christie.  

1 comentario:

A.Pérez dijo...

montag...
si lo he leído en un reportaje. y ahora aquí. :)