17 enero 2008

parte de bajas, parte de altas

Como bien ha mostrado el pp al hacer de ello razón de desestado durante los últimos cuatro años, a veces pudiera importar más la forma en que se pierde que quienes insospechadamente ganan. Escribe Soledad gallego-Díaz en El País 13.1 que el problema de basar una campaña electoral en la denuncia de una catástrofe es que no se puede colocar a los ciudadanos ante una desgracia de ese tipo sin presentar al mismo tiempo la solución para evitarla. Es a estas horas que en elpais.com puede leerse a gallardón declararse derrotado tras haber sido apartado de la lista al congreso por Madrid. Obviando que, asumiendo el juego al que se juega, quien debería comparecer y llevarse los titulares es aguirre, ha de saber rajoy que en esto el que gana hoy ha de perder mañana, si no antes. Y si el riesgo compensa ha de ser porque si algo es cierto es que quien pierde hoy raramente ganará mañana, al menos en el mismo bando. A diferencia de la decisión que apartó a Rato, sorprende hacer tan claramente perdedor hoy a quien, a diferencia de aquel, sí porta consigo –es suya, se diría- parte no imitable del respaldo de cierta cuota de voto no necesariamente de derechas. Nada perdía aznar claramente, en posesión de mayoría absoluta, al escoger a un tipo sólido como rajoy como sucesor, más otra cosa –ay!- es gestionar y aplicar la solidez en las buenas que a las malas, y en esto sucede –se demuestra- que rajoy, junto al dedo que lo nombrara, heredó el resto del corpus ideológico, sin que esto suponga adjudicar a aguirre el mínimo reproche acerca de sus legítimas aspiraciones.
En cierto sentido, ha de verse como un síntoma de salud democrática que un partido se rija por criterios no presidencialistas, y que en las decisiones importantes pese el grueso de quienes dirigen el partido y no sólo el elegido como portavoz. Buenas o fallidas, aznar, como Solbes, gonzález antes que ambos, o fraga antes que todo, son excepciones en esto, pero ejemplos cercanos hay más y no lejanos: la propia conferencia episcopal gestiona –manifiesta- sus prioridades por aparente mayoría de opinión a favor de lo demostrado, sin que en ello pese un ápice el parecer de su elegido mandatario principal, al menos, en sus declaraciones, contrario a la exhuberancia reciente de los llamados ataques a la defensiva de los que el ente viene. Podrá gustar más o menos el rumbo con que se dirigen las naves populares y las del catolicismo –son ejemplos, no estoy diciendo que sean lo mismo o que caminen al unísono, aunque sus remos se toquen en según qué mares- pero sus decisiones no mienten un ápice: son lo que hay, y para desdicha de gallardón entre otros, también lo que no hay.
Si suena a injusto o errado se debe, en no poca parte, a lo que escribe Joaquín Estefanía acerca del marketing de crisis económica en El País, 13.1, pero que sirve para explicar más cosas: la percepción se distancia de la realidad por una conjunción de circunstancias como ser afectado directo del empeoramiento. Así, paradójicamente, las decisiones qua atañen al rumbo global de una estructura suenan a veces tan dramáticas –la de hoy, por ejemplo- porque se observan desde fuera de quienes forman esa estructura. El desdén hacia gallardón ha de sonar hoy a desastre a quienes lo observan desde posiciones de izquierda, y eso es lo mejor que puede pasarle a la estructura que viene de posicionarse en contra, pues si eso tiene consecuencias –idus de marzo- habrá de afectar a los que queden, como asimismo sería de esperar si hubiera elecciones en ese sistema político propio e incompartible que es, como toda religión, el catolicismo. Fraga declara que la decisión de rajoy hará perder muchos votos, y que esa sea la grieta real no quiere decir que no sea una paralela, como si la sombra caminara a otro paso que el cuerpo pero sus tropiezos lo fueran de los dos, pues, contrario a lo que pudiera pensarse, sólo relativamente pesa el parecer del cuerpo de fieles y sí el de los sanedrines que viven dentro, en esa suerte de cavernas tan típicas de lo político, a las que no llega la relación que el exterior tiene con las sombras. El pp viene de hacer lo que debía para seguir siendo el pp, pero gallardón tiene esa opción también. Y, raro como suene, a veces quien pierde el primero pierde mejor.

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