11 noviembre 2009
Yo muro, tu muras, él mura
El mismo día que se conmemoran los 20 años transcurridos desde la caída del penúltimo gran experimento comunista en el mundo desarrollado, se lee en una entrevista, el domingo en El País, al nuevo secretario general del pce –José luis centella- pedir una banca pública y los sectores estratégicos en manos públicas, fiscalidad claramente progresiva y mecanismos de control democrático. A sueldo la gobernación del mundo a manos del gran dinero, y pues va de utopías, hay dos mudanzas sin las cuales no saldremos adelante: una es la que necesita transferir cuanto antes la genocida rapiña empresarial por la gestión a manos públicas –por su naturaleza, obligada a parecer decente- de los recursos económicos de un país. Obviamente, es algo inviable en manos de la clase política que hemos permitido prosperar. Justo ahí se activa el segundo de los salvavidas: la sustitución de la política como la conocemos –empresas de la ideología con esa doble moneda: la moral y la que compra- por un gobierno de técnicos en los que esté prohibida la adscripción a sigla alguna y cuyo nombramiento y cese dependa de jueces y un consejo de estado formado por inteligencias por encima de sueldos de partido. Como todo movimiento de placas remueve lo que hay por encima, bien vendría también cambiar el nefasto brebaje populista “un hombre, un voto” por uno que establezca consultas no vinculantes en función de la cualificación del ciudadano para entender qué y a quién está dando su voto, no como ahora que se alquila a plena luz del día por una subvención agrícola, o una suscripción moral a un periódico. Prohibir el capitalismo tal y como lo conocemos, abolir la política como negocio al servicio de sí misma, preguntarle a usted si está capacitado para elegir el mundo que necesitamos. Es, por supuesto, una broma, un juego de lo posible en las manos equivocadas. Como aquella otra broma que, con risas y mentiras, celebramos el 28 de diciembre a partir de lo que conmemora la matanza de niños menores de dos años ordenada por Herodes.
05 noviembre 2009
Bufandas para cicatrices
Se lee ayer en El País que un millón de personas se suicidan cada año en el mundo, siendo el número de tentativas de 10 a 20 veces mayor. Ese 10% posible del que nada se sabe, cuyas huellas sobrecoge imaginar invisibles para el resto.
28 octubre 2009
fumarse la viga
Quizá a fuer de ver en el ruido de Madrid una neblina que oscurece las posibilidades de vivir en paz en ella, Javier Marías ve en el humo –que también lo atufa todo- un ruido igual de atroz y que le acosa. La ley permite matarse fumando a quien lo quiera, y para eso se vende tabaco como se venden coches que permiten alcanzar 250 km/h o tenedores que uno puede emplear para sacarse los ojos. Pero penalmente perseguido si es contra otro que lo usas. El sustrato común a todos los textos de Marías contra el escaso sentido cívico que abunda aquí es el efecto que tienen sobre quienes pasaban por allí y escasa culpa tienen, aquí caben sus diatribas contra usos bobos del espacio público, decibelios reunidos o congregación de masas contra algo o alguien. Y su razón tiene en quererse a salvo de todas ellas. Como esperaría uno que contara entre las plagas la que, en un gesto unánime e impune a fuerza de ubicuo, es ejército de fumadores llenando de colillas –genuino residuo de esa libertad tan justa- calles, playas, montes y cualquier sitio al que lleguen.
Raramente acuñaría uno la idea de fundamentalista de la quietud o la sabiduría a quien quiera para su entorno lo que él. Y sin embargo cansinamente llama fundamentalista a quien aspira a un aire que no apeste, que no se pegue a su ropa o a sus pulmones con efectos inmunes al detergente. Esgrime Marías la libertad como el derecho a no privar a quien lo desee de ejercerla donde se le antoje. En ese sentido, la ley antitabaco es tan injusta como la que limita la velocidad en las carreteras, la que prohíbe hacer fuego o portar armas sin permiso. Todas ellas se basan, no en lo que uno pueda hacer contra sí mismo –estrellarse dentro de un coche, inmolarse o pegarse un tiro- sino en el riesgo que entraña para quienes, como Marías por Madrid, pasan por ahí en el momento menos adecuado.
La razón por la que existen los locales topless, billares, discotecas o casinos que Marías aduce como espacios de persecución debida si se hace con quienes fuman, es porque lo que uno pueda hacer en ellos es sólo perder dinero, tiempo o capacidad auditiva. Uno podría entrar mil veces y ser mil veces inocuo para quienes, fuera de esos locales, eligen no entrar. Que el tabaco mate o arruine el aspecto de quien fuma importa menos que salvaguardar a quien no fuma. Es lo que, como tantos otros, de ninguna forma está dispuesto a aceptar Marías: que la libertad que exige para él ha de ser siempre, prioritariamente, la de quien no porta algo con lo que dañar a otros, y sólo después, la de quien ha decidido que lo anterior le importa poco. Que no entren donde estoy –esgrime. Con lo que esto acaba siendo cuestión de dónde acaba el espacio que uno tiene derecho a contaminar del gusto propio, y ese es, fuera de su casa, el de la discreción, el de la invisibilidad de sus efectos. Exacto, como las calles que son de todos y no sólo de quienes las emplean para colapsarlas con manifestaciones –religiosas o no- o ensuciarlas de ruido o ideas idiotas.
Raramente acuñaría uno la idea de fundamentalista de la quietud o la sabiduría a quien quiera para su entorno lo que él. Y sin embargo cansinamente llama fundamentalista a quien aspira a un aire que no apeste, que no se pegue a su ropa o a sus pulmones con efectos inmunes al detergente. Esgrime Marías la libertad como el derecho a no privar a quien lo desee de ejercerla donde se le antoje. En ese sentido, la ley antitabaco es tan injusta como la que limita la velocidad en las carreteras, la que prohíbe hacer fuego o portar armas sin permiso. Todas ellas se basan, no en lo que uno pueda hacer contra sí mismo –estrellarse dentro de un coche, inmolarse o pegarse un tiro- sino en el riesgo que entraña para quienes, como Marías por Madrid, pasan por ahí en el momento menos adecuado.
La razón por la que existen los locales topless, billares, discotecas o casinos que Marías aduce como espacios de persecución debida si se hace con quienes fuman, es porque lo que uno pueda hacer en ellos es sólo perder dinero, tiempo o capacidad auditiva. Uno podría entrar mil veces y ser mil veces inocuo para quienes, fuera de esos locales, eligen no entrar. Que el tabaco mate o arruine el aspecto de quien fuma importa menos que salvaguardar a quien no fuma. Es lo que, como tantos otros, de ninguna forma está dispuesto a aceptar Marías: que la libertad que exige para él ha de ser siempre, prioritariamente, la de quien no porta algo con lo que dañar a otros, y sólo después, la de quien ha decidido que lo anterior le importa poco. Que no entren donde estoy –esgrime. Con lo que esto acaba siendo cuestión de dónde acaba el espacio que uno tiene derecho a contaminar del gusto propio, y ese es, fuera de su casa, el de la discreción, el de la invisibilidad de sus efectos. Exacto, como las calles que son de todos y no sólo de quienes las emplean para colapsarlas con manifestaciones –religiosas o no- o ensuciarlas de ruido o ideas idiotas.
la habitación de las columnas
No fabricaremos mejores refugios, más invulnerables, que las hemerotecas. Hechas de puertas y ventanas, sirven paradójicamente para vivir a salvo de miradas que puedan obligarnos a pensar antes de hablar. Con el dinero que asfalta el alcantarillado político y empresarial, se compran abogados –estos sí, edificios estancos a fuerza de laberínticos- o se decora lujosamente la memoria, hasta que el estercolero que creaste luce presentable. Publica hoy El País noticia de una entrevista a arzalluz en que éste llama a los recientemente detenidos miembros de batasuna “buenos patriotas vascos”, “dignos de admiración”. Y nadie mueve ya una ceja de tanto que, por activa o por pasiva, los archivos llevan décadas contando la voluntad del nacionalismo vasco por amparar a los que matan por ganar fuera de las urnas lo que éstas les niegan. Como las cárceles, tienen las hemerotecas el poder de preservar de la sociedad a quienes, repetida e impunemente, sostienen el terrorismo a base de secar su sangre con la bayeta del derecho a la autodeterminación. Es con esa sensación de libertad condicional vulnerada que uno lleva años fatigosamente leyendo a personajes de calaña diversa que con una mano usan la pólvora y con otra la polvareda.
18 octubre 2009
Ascenso y caída en la memoria de Manuel Gas
Entre los símiles que sugiere ese engranaje prodigioso que es lo teatral, el de la orquesta no asoma el primero porque, cuando no representada por una grabación, no pocas veces está ahí, en el mismo teatro, contando sus propias tramas como segunda voz que se dijera discreta, casi anónimamente de tanto venir siempre del mismo sitio oculto que antaño el apuntador. Estar sin estar es una figura común en los requisitos que responden quienes componen para cine y ese segundo plano es inmune incluso a esa forma lujosa e imposiblemente plena que es el teatro lírico, donde la música tiene tanto peso que los teatros en que se representa se permiten poner a la venta –y vender- asientos desde los que no se puede ver el escenario. No es doblemente mejor el teatro por venir de dos sitios simultáneamente, pero sí doblemente escaso y acaso en ello proporcionalmente valioso, o por lo menos atesorable en la memoria. Anoche, al acabar la espléndida Clementina, de Boccherini, en el Español, Jordi Boixaderas anunció la súbita muerte de Manuel Gas como hasta hace nada subían a ese mismo escenario Joan Crosas y Teresa Vallicrosa para cantar en la maravillosa Sweeney Todd lo que Gas y sus siete músicos permitían desde sus escondites. Parte no escasa de la mejor música que uno ha escuchado en tiempos recientes en teatro viene dirigida por él, y acaso “mejor” refiere “más profunda, diversamente teatral”. En esa lista hay clásicos de Sondheim, redundantemente espléndidos -A little night music y Sweeney Todd-, la extraordinaria versión que de la ópera de Weill y Brecht –Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny- se pudo ver hace tres temporadas, sendas zarzuelas de Sorozabal –Adios a la bohemia y Black el payaso- o el cabareteramente vital montaje a mayor gloria de Vázquez Montalbán como letrista, que tenía este mismo mes al propio Gas, por fin, en escena sólo ligeramente detrás de su teclado. Salvo la primera -en el Albéniz- las restantes han sucedido dentro de los bien pertrechados muros antiguos o recientes del teatro Español, y eso que ganamos todos. Acaso la memoria sólo hace su trabajo –preservar- si se la obliga, la muerte tiene así un rol de instrucción que necesitamos para albergar en nuestro interior ese otro acto teatral –la acústica, el eco de lo que merece quedarse dentro, a mejorarnos.
14 octubre 2009
El cuadro va bien
Cuenta M. –japonesa ella- de su periplo como traductora en una feria de arte amateur que trae estos días a Madrid obra y autores, a los que pasaban revista el lunes cinco críticos de arte con sus respectivos intérpretes. A 3 minutos por autor iban pasando los críticos como quien juega partidas simultáneas de ajedrez, y ahí iba M. traduciendo al autor las impresiones. Hasta aquí todo normal. Las instrucciones de la rareza han llegado antes, en un aparte, cuando un encargado de la exposición, el promotor digamos, le pide a M. que ni se le ocurra traducir nada que no sean halagos desaforados. Cómo verían el percal que incluso el propio crítico le pedirá lo mismo. Ahora imagínese la siguiente destilación doble: por un lado, M. no es experta en arte, ni mucho menos, asi que el escenario es el peor posible. Y por otro tenemos al crítico pasando por los expositores con el objetivo doble de mostrar la mejor mala cara posible, y diluir su opinión en circunloquios y lenguaje abstruso, tan propio del formato. Entonces M., cuya cara no debía ser la de mentir porque era antes, forzosamente, la de inventar qué decir del cuadro sin ese lenguaje de hormigón a su disposición, había de enmascarar a un tiempo al crítico y a su propio conocimiento del tema. Es de por sí una situación tan rica en imposibles que casi escuece ensuciarla para traer a colación cómo recuerda las alcantarillas de la traducción imposible, de tan obvia, que anega estos días a la empresa de rajoy y cercanías. Es en honor del tan parapetado promotor de todo que se hace. La loa es a su normalidad.
08 octubre 2009
a fuego lento la cocina
Si algo cuenta la pared concreta del paredón global, los albañiles que llegan a mi casa a las 9h, bajan a tomar café a las 10h30, se marchan a comer a las 13h30, regresan a las 15h y vuelven a marcharse a las 17h30.
05 octubre 2009
la voluntad anfibia
Es fácil saber cuando uno corre o huye, no siempre tan claro reconocer cuando sucede lo contrario, quizá porque entonces lo que haces es andar sin sentir por qué, hacia dónde, si lo harás a tiempo. Ayer andaba uno las cuestas y praderas del parque natural de Peñalara y en un momento dado miraba mis pies como si fueran de otro, de tan poco que me necesitaran para seguir o detenerse. En la ciudad uno camina con su ritmo –dice mi amigo Bernard- al que faltara añadir que más que con la suma de esos pasos, lo hace uno con la resta de ellos: la paz de menos, la serenidad que sentimos ahorcada con la suma de sus cordones. No da un domingo en el campo más que para sacarnos de la jaula de rodillas para abajo y ojos para arriba. Pero es con las manos que hacemos el mundo. Es su rostro de puño lo que llama a las sienes como al carcelero.
02 octubre 2009
Ahora. Nunca.
Una de las razones por las que esta ciudad no merece albergar los juegos es porque en ella el deporte y la salud son áreas de negocio diferentes, en las que los objetivos y logros de una poco o nada tienen que ver con lo que se persigue en otra, como demuestra el férreo empeño en la no aplicación de la ley antitabaco, las emanaciones tóxicas que desprende el gobierno regional en buena parte de sus actos, o la trincherización de sus calles cuando la solución para lograr una ciudad más habitable sería tan simple como castigar sus causas –el tráfico- y no tratar de sobornarlas por ¿5 años más?. Madrid alberga no menos cuestas para aspirar a recorrerla en bicicleta como posibilidades de que cualquier otra solución sea sino coche para hoy, hambre para mañana. Aquí se obvia o desprecia el ejercicio como práctica diaria y se vive del deporte de masas. Los juegos se los merece el real madrid, o la selección de baloncesto, o Nadal. ¿Pero un país en el que los ratios de obesidad, tabaquismo y alcoholismo prematuro, drogadicción juvenil y estupidización televisiva son disciplinas olímpicamente alentadas? Que se los den a Chicago, al menos de allí ha salido el mejor y más inesperado saltador de vallas y estupidez que el mundo ha visto recientemente.
26 septiembre 2009
hágase el cambio
Ningún gobierno creó por si sólo este modelo productivo que tenemos de la misma forma que nadie inventa el amor, el desdén, la compasión o las acelgas. Ningún gobierno va a cambiar eso en 1, 2 o 10 legislaturas por la misma razón: lo que te encuentras hecho e implantado por décadas de uso automático requiere, para su modificación, de otra generación que quiera –qué comunidad de vecinos ha logrado nunca la unanimidad- y sepa –se ponga de acuerdo consigo misma y con quien le deja en herencia todo- proponer otro mejor. Y al contrario que el método para elegir gobierno, la coalición de quienes buscan cambiarlo todo no se logra aliándose con quienes cambiarían algo o con el apoyo puntual de quienes cambiarían algo el lunes para reimplantarlo el jueves.
Sencillamente el problema de gestionar la transformación de una economía repleta de bares, fútbol, televisiones tomadas por las moscas, políticos cucaracha, aulas como carreras de ignorantes y apartamentización del concejal primero, del paisaje después, es el de tratar de dar un uso mejor, más sabio, eficiente, productivo, a sus usuarios, es decir a los que llenan bares y estadios, a quienes sacan sus hijos al colegio como quien la basura de noche, a quienes llenan índices de audiencia, votan a quienes serían quemados incluso en Mahagonny y compran vistas a un mañana que no pueden pagar.
Ese cascabel no sirve para la economía porque no es de su talla, y porque las transformaciones sociales no llegan a la cabeza si antes han de pasar por los testículos. Y más fiable es esperar el progreso por la presión social, o cuando mostrarse como idiota en público es más visible –y señalable- en su excepcionalidad que comportarse como si la productividad de tus actos no dependiera de lo que te pagan por hacer 8 horas al día. Es un problema de escala, y mejorar el atroz diagnóstico que el FMI alerta sobre las bases de nuestra economía, el que los informes PISA entristecen sobre las perspectivas de nuestra educación, o lo que televisiones, periódicos y audiencias del fútbol dicen de la inteligencia dejada actuar libre, pasa por entender que la suma mayoritaria de individuos se comporta como un país que vive perfectamente cómodo con lo que tiene.
Sencillamente el problema de gestionar la transformación de una economía repleta de bares, fútbol, televisiones tomadas por las moscas, políticos cucaracha, aulas como carreras de ignorantes y apartamentización del concejal primero, del paisaje después, es el de tratar de dar un uso mejor, más sabio, eficiente, productivo, a sus usuarios, es decir a los que llenan bares y estadios, a quienes sacan sus hijos al colegio como quien la basura de noche, a quienes llenan índices de audiencia, votan a quienes serían quemados incluso en Mahagonny y compran vistas a un mañana que no pueden pagar.
Ese cascabel no sirve para la economía porque no es de su talla, y porque las transformaciones sociales no llegan a la cabeza si antes han de pasar por los testículos. Y más fiable es esperar el progreso por la presión social, o cuando mostrarse como idiota en público es más visible –y señalable- en su excepcionalidad que comportarse como si la productividad de tus actos no dependiera de lo que te pagan por hacer 8 horas al día. Es un problema de escala, y mejorar el atroz diagnóstico que el FMI alerta sobre las bases de nuestra economía, el que los informes PISA entristecen sobre las perspectivas de nuestra educación, o lo que televisiones, periódicos y audiencias del fútbol dicen de la inteligencia dejada actuar libre, pasa por entender que la suma mayoritaria de individuos se comporta como un país que vive perfectamente cómodo con lo que tiene.
10 septiembre 2009
Donde digo lo que Diego no dijo
En una reunión con los constructores de viviendas más importantes de España, la entonces ministra de Vivienda y ahora responsable de Defensa, Carme Chacón, dio un mensaje muy claro: que los promotores iban por el buen camino. "Nuestro sector inmobiliario es de los mejores del mundo. Vivimos un aterrizaje o ajuste suave", aseguró entre aplausos. Corría octubre de 2007 y ya eran perceptibles los síntomas de que el castillo de naipes construido ladrillo a ladrillo se empezaba a desmoronar. –escriben L. Doncel y R. Muñoz en El País, 6.9. Unas páginas más adelante, Rafael Méndez escribe: Noviembre de 2007. El número dos del PSOE, José Blanco, descarta que su partido vaya a gravar con un céntimo de euro cada litro de gasolina para combatir el calentamiento global: "El cambio climático no se combate con nuevos impuestos". Así enterró el borrador del programa electoral de medio ambiente de los socialistas. Consejo de Ministros del pasado 12 de junio. Nota oficial de La Moncloa: "El Consejo de Ministros también ha aprobado una subida del impuesto sobre hidrocarburos en 2,9 céntimos por litro para la tributación de la gasolina con y sin plomo y el gasóleo para automoción. [...] La imposición sobre los carburantes tiene un alto componente medioambiental, puesto que contribuye a racionalizar el consumo fomentando la eficiencia energética y reduciendo las emisiones de CO2, por lo que una eventual moderación del consumo, aunque tenga un coste recaudatorio a corto plazo, se consideraría positiva desde el punto de vista de los compromisos para la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático”.
07 septiembre 2009
últimas plazas
Uno vive en una estadística hasta que pasa a otra, a veces sin dejar el espacio que tienes alquilado en la anterior. Así, uno existe en la estadísticas de escritores que no publican, en la de lectores que tampoco mucho leen, en la de quienes no saben no pensar en la misma mujer, en la de quienes hubieran querido otra nariz, otros ojos, otro plan de pensiones. También en la estadística de quienes viven sanos y prósperos se halla uno, en la de quienes demasiadas veces desdeñan lo que tienen para pensar mejor en lo que quieren, en la de quienes no entienden a tantos. Un día llegará probablemente en que uno pase a la estadística de quienes padecen cáncer y se empieza a morir más deprisa sin saberlo. Somos ya infinitos en esa lista, en la anterior, en todas. El trasvase de una a otra es permanente, uno ocupa una silla perdida entre millones de sillas, y como ocurre en toda aglomeración, de alguna forma el estar entre tantos hace que uno esté menos en cada una de ellas. Así, acaso uno y su dolor y su alegría incompartible, imposiblemente propio e inenarrable, sólo está ahí para guardar el sitio a otro.
30 agosto 2009
grandes éxitos populares
De las definiciones que uno haya leído acerca del cambio de modelo discográfico –que no poco se parece a bajarlo de la cruz y quedarse a esperar delante de su tumba- la de que el negocio se haya convertido en uno de singles es interesante como toda mirada que remodela la escala de lo mirado, y también por lo que le une a otros formatos de la producción y consumo de ideas –pongamos lo político- que consisten hoy en una sucesión de éxitos de vida fugaz pero apropiación masiva e instantánea. En ambos casos es uno quien desecha la compra de un programa y opta por una esquirla, no tanto a mayor gloria del trozo elegido, sino porque la escucha de un disco, como de un programa político, pasa por quedarse un rato más o menos largo en el mismo sitio, dentro de la misma esfera de pensamiento o de actividad, y quién querría eso pudiendo –debiendo, como dicta el mercado- renovar sin pausa lo que tienes o haces. ¿Sobran las restantes ocho canciones del disco como sobra a quien compra un eslogan político el desarrollo o las redes de sentido que unen lo que el partido de turno suelta a la atmósfera, en la fe de que menos es más? La condensación lo explica –soltaría el político interpelado. Un eslogan contiene todo lo que no se dice. Es falso, obviamente. Y es un consuelo, el de mentir la información que no está, que ni siquiera tiene lo discográfico, donde una canción es sólo ella, por más que la voz que interpreta el resto del disco sea la misma. Más clara diferencia es cómo nos llegan uno (eslogan) y otra (canción). La apropiación lo explica –suelta el que se descarga la canción. Uno escoge lo que desea llevar runruneando en la cabeza. No así lo político, donde la descarga de información –su emanación- es, amén de no pedida, casi siempre tóxica, pueril, más un virus que un archivo que pueda ser de utilidad a alguien. Vive de singles la industria de lo político, acaso desde siempre, y si no su remedio, consuela al menos que uno de sus espejos lo sea una modalidad de comprensión como la que desmembra estos días lo discográfico: donde tantos eligen tararear cosas de las que ni saben ni entienden la letra, ni probablemente les importa.
27 agosto 2009
¿seré yo, maestro?
De los diez dramaturgos que pasan el día en la plaza de Santa Ana, asomados a la fachada del teatro Español, nueve se miran entre ellos. Sólo Calderón dirige su mirada hacia las terrazas. ¿Por qué?
20 agosto 2009
19 agosto 2009
hecha la ley. 2 y 3
Como en un palimpsesto en el que la letra nueva fuera más ruin que la anterior, las elecciones afganas traen –El País 15.8- noticia de las concesiones que el calendario electoral escribe sobre los derechos humanos de la mitad de su población en aquellas áreas donde el apoyo electoral al candidato Karzai exige negociar con canallas, y así se lee de las concesiones a los hazaras, todas ellas con las mujeres como rehén: prohibición de salir de su casa sin el permiso de su marido, obligación de satisfacerlos sexualmente cuando ellos lo deseen, permiso para castigarlas sin alimentos si se niegan, condicionado del trabajo femenino al permiso del marido, y custodia de los hijos casi garantizada para él en casi todos los supuestos.
Dos páginas más lejos –y doscientos años marcha atrás- noticia de la ley orgánica de educación aprobada en venezuela, de la que la diputada maría de queipo dice protegerá a la sociedad de “sectores mercantilistas de la educación, aquellos vinculados a golpes de Estados y hechos de desestabilización”. La ley permite al gobierno restringir la enseñanza de algunas carreras universitarias que por su naturaleza, alcance, impacto social e interés nacional así lo requieran. “Otorga a la figura de los consejos comunales -organizaciones comunitarias creadas y financiadas por el Gobierno- la condición de "agentes de la educación", con el "rol pedagógico liberador para la formación de una nueva ciudadanía y [la] construcción de sujetos sociales de transformación". Igualmente "se prohíbe la publicación y divulgación de impresos y otras formas de comunicación social que produzcan terror en los niños, inciten al odio, a la agresividad, la indisciplina, deformen el lenguaje y atenten contra los sanos valores del pueblo venezolano, la moral y las buenas costumbres, la salud mental y física de la población”. No es tonto Chávez –se lee a veces- todo lo contrario. Acaso sea de esas inteligencias que no necesitan ir al colegio, como tampoco a una democracia con normas. Y acaso también, a quien le sobran tan manifiestamente los colegios, acaba sobrando de los electorales. Otra opción sería tomar ese “derecho a diseñar, administrar y supervisar la política de formación permanente de todos los ciudadanos” y, aplicada a quienes la redactan y apoyan, emplearla para forzarles a regresar al colegio. Del que tan notoriamente salieron antes de tiempo.
Dos páginas más lejos –y doscientos años marcha atrás- noticia de la ley orgánica de educación aprobada en venezuela, de la que la diputada maría de queipo dice protegerá a la sociedad de “sectores mercantilistas de la educación, aquellos vinculados a golpes de Estados y hechos de desestabilización”. La ley permite al gobierno restringir la enseñanza de algunas carreras universitarias que por su naturaleza, alcance, impacto social e interés nacional así lo requieran. “Otorga a la figura de los consejos comunales -organizaciones comunitarias creadas y financiadas por el Gobierno- la condición de "agentes de la educación", con el "rol pedagógico liberador para la formación de una nueva ciudadanía y [la] construcción de sujetos sociales de transformación". Igualmente "se prohíbe la publicación y divulgación de impresos y otras formas de comunicación social que produzcan terror en los niños, inciten al odio, a la agresividad, la indisciplina, deformen el lenguaje y atenten contra los sanos valores del pueblo venezolano, la moral y las buenas costumbres, la salud mental y física de la población”. No es tonto Chávez –se lee a veces- todo lo contrario. Acaso sea de esas inteligencias que no necesitan ir al colegio, como tampoco a una democracia con normas. Y acaso también, a quien le sobran tan manifiestamente los colegios, acaba sobrando de los electorales. Otra opción sería tomar ese “derecho a diseñar, administrar y supervisar la política de formación permanente de todos los ciudadanos” y, aplicada a quienes la redactan y apoyan, emplearla para forzarles a regresar al colegio. Del que tan notoriamente salieron antes de tiempo.
18 agosto 2009
Hecha la ley . 1
Extracta El País 16.8 la periferia de sinsentido que rodea el aborto que es en sí la ley que pugna por regularlo, donde sólo un 2.5% de dichas operaciones se realizan en hospitales públicos debido a la objeción de los médicos –escrúpulo que uno entiende por no tener que ver con la religión sino con algo más valioso como sea el rechazo a matar tu mismo lo que decide matar otro. Queda cercano el más aberrante recuerdo de la negativa del presidente del consejo general del poder judicial de apoyar -creencias religiosas mediante- la adaptación de los plazos en la normativa sobre el aborto, tal y como impera en la mayoría de países europeos. Y ahora es la generalitat catalana y el colegio de farmacéuticos los que bajan del monte de las leyes decentes esgrimiendo la tabla de la objeción a la píldora postcoital. Para querer algo, lo hemos de querer ambos –dicen tantos de leyes aprobadas que parecieran haber sido, a sus ojos, escritas en un bar. Por eso se comportan como si estuvieran en él: pagando otra ronda. De lo que no has pedido, pero y qué.
12 agosto 2009
El espíritu de la colmena
Qué quepa en un anuncio es tema antiguo, y la forma en que cada elemento modifica la información que contiene el resto es el arte del puzzle sin modelo claro. Posar en la página izquierda con una promesa de rentabilidad a la inversión tiene una relación ambigua con hacerlo en la página derecha con aquellos que, patronal mediante, son corresponsables, en la dificultad de despedirlos, de que la rentabilidad de una compañía no sea la que podría. Tenemos así uno de esos anuncios bizcos en el que cada parte del anuncio mira a públicos distintos y acaso incompatibles entre sí. Así, “Comprometidos con el empleo” es lo último que quiere escuchar el que viene de leer “rentabilidad garantizada del 8%”. Pero al revés, justo aquella es la frase encargada de aplacar el más que presunto bizquear del departamento económico gubernamental que haya de validar una oferta de pagares corporativos sin auditoria existente. La inusual doble página en estos tiempos famélicos de publicidad en prensa se dirige, a la vez, a un tercer público: el de los dueños del periódico, que muy probablemente llenarían, de no ocuparlas quien las paga, esas dos páginas con no poca chanza acerca de esa mancha amarilla ubicada en la parte superior derecha. Invierte César en lo que es suyo, y raro ha de ver un consejo de administración bajo los auspicios de Nuestra señora del perpetuo socorro, pues inquieta imaginar que el acto de fe que es invertir vaya de la mano -de la mano de los gestores- de esa otra fe que guía las decisiones en la posibilidad del milagro o acaso, sugerido por el propio historial del fundador, en la bondad del suplicio como camino de redención. Cuenta, así, finalmente el anuncio ese derecho de propietario, tan frecuente: que lo que en él aparezca haya de gustarme a mí, y sólo después a quien ha de pararse a leerlo, estupefacto.
10 agosto 2009
Vesti la giubba
Quien merece que le hagan un traje –aunque insista en que otros paguen por él el merecerlo- acaba logrando que se lo lleven a casa. Y así, días antes de que el presidente valenciano camps sea exculpado de aceptar pagos en especie de una red de soborno probada, el Tribunal Superior de Justicia valenciano anula la objeción de conciencia, la posibilidad de trabajo alternativo y la obligatoriedad de impartir en inglés la asignatura de educación para la ciudadanía. Se lee que el consejero de educación de esa comunidad dice que la asignatura “induce a los niños a votar socialista”. Cualquiera tiene el derecho de presentarse al mundo como un idiota o un descerebrado, cuyos actos esperen la solidaridad de otros tantos que, acaso sin ser necesariamente idiotas o descerebrados, fían a la honorabilidad de un cargo público lo que pararse a pensar un rato les daría en entendimiento lo que ahorran en fe. Obstaculizar la ley antitabaco como se practica en Madrid o forzar a un tribunal a llamarte tonto en público es un precio políticamente pagable pues quién va a atender el historial delictivo de un gobierno si hay partido esa tarde o, como se sabe, ellos hubieran hecho lo mismo con una ley nuestra. Hay siempre una razón más clara para avergonzarse, no de quien gobierna –que para eso, para hacer su santa voluntad, aspira al puesto- sino de quien lo elige, de quien por cloacas entiende catacumbas en que fundar la resistencia. Hay un aria en la ópera Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo –vesti la giubba (ponte el traje)- que canta el payaso ofendido en su honor, mancillado por la esposa a la que maltratara, y a la que se encamina a asesinar.
31 julio 2009
se curará mañana
Tiene una definición el inglés hablado en estados unidos -y cierta épica en el corazón de la misma- que para nombrar la madurez de un ejecutante –sea un cantante, un barbero o un jugador de baloncesto- dice de él “at the height of his powers”. Nadie que empiece a exhibirlos hace cuarenta años sigue desde hace mucho en esa cumbre, ni siquiera si te llamas James Taylor y has pasado buena parte de ese tiempo despeñándote para poder ascender desde el peor de los lados. Suena irreal haberle visto aquí mismo hace apenas dos días y si en ese descenso inexorable sigues mirando hacia arriba al escucharle es porque, como otros que han rediseñado la cuesta al ascenderla, hace mucho que Taylor se transformó en su propia cumbre a base de apilar canciones maravillosas, una sobre otra. Y si acaso sus 200 canciones escritas caben, como se le lee estos días, en apenas quince formatos con múltiples variaciones ha de ser porque lo que uno quepa sentir al escuchar música sea –desechada la vergüenza ajena- una combinación de quince sentimientos que vayan, con todas sus etapas intermedias, de la alegría exuberante –digamos México- a la más doliente –callemos Fire and rain. Cumple años –ni de lejos tantos- la voz maravillosa que las canta, pero sus canciones corretean por el escenario en pantalón corto, lo suficientemente ágiles para también cantarlas con los pies y lo suficientemente hondas como para sentir que te traspasan sin remedio. Quince o 200 sus capítulos, hay un infierno descrito en ellas, y maravilla que tanto dolor sobrevivido produzca una música con la capacidad de sanar, de reparar a quien la escucha. Uno ha perdido la cuenta de las veces que se ha puesto a Taylor como quien lo aplica a una hemorragia. Es en eso que la distancia sin cicatriz posible desde que el martes se le pudiera ver en la casa de campo, es, apenas tres días después, una herida de belleza para las 200 formas probadas de mantenerla abierta.
