Escribe Javier Cercas en el dominical de El País 3.10 sobre la capacidad de empatía –aunque luego sustituya “capacidad” por la más veleidosa “voluntad”- que distingue a un padre que quiera aceptar a su hijo como es. Ya el punto de partida induce a error en cuanto que, para plantear lo anterior, antepone como utilidad el uso de la autoridad sobre ese niño, como si la empatía fuera un filtro para lograr una mejor ascendencia sobre él. Y uno tampoco entiende que para ahorrarse, pulcramente después, los adjetivos que sobre la falta de empatía de Arthur Miller sin duda alberga, haya de mentarle de imbécil, aún hurtado el nombre en el titular.
Menta la verdad al escribir que “no todo el mundo tiene esa capacidad de empatía, o no todos están dispuestos a ese esfuerzo.” Porque, centrado en los ejemplos opuestos de Miller y Kenzaburo Oé –ambos con hijos deficientes-, hablar de esa gestión de la paternidad como “capacidad para la empatía” se le antoja a uno de una sencillez gratuita o fatua de pura incapacidad de imaginar la mezcla de dolor y renuncia, de afecto y rechazo que han de sentir los padres de un hijo con síndrome de Down. Y si el coraje y amor inmensos de Oé son, en ese triunfo, “capacidad”, en la derrota de Miller (que abandonó a su hijo recién nacido en un orfanato) no parece injusto concederle al menos el derecho al “esfuerzo”, y, en ese fracaso, también el de merecer que no se le tache de miserable, como si todo lo que exigiera una labor sobrehumana, hecha de fortalezas inimaginables, se cumpla sin problemas en el resto de nosotros cada día.
Escribe Cercas que Miller juzgó que su hijo “desbarataba su proyecto vital”, como si tenerlo y renunciar a él fuera algo que hacemos todos sin pestañear. Y es directamente ruin al escribir que “es un hecho que Miller entró en decadencia como escritor cuando fue incapaz de aceptar a su hijo”. Que viene a ser lo mismo que decir que Shakespeare debe su espléndidamente bienhumorado “Cómo gustéis” a haber abandonado a su mujer ese mismo año. Escribe que se disculpa Cercas, pero no lo hace. Mantiene el insulto y el condicional –“quizá”- que hurtara en el agravio lo encuentra cinco veces para parapetarse en él en las últimas siete líneas.
Menta a Savater para decir que “lo que cuenta de la ética es el reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone”, pero ya incluso el sabio viene de abandonar a ese hijo que es tu propia dignidad, tras escribir hace dos meses, en el mismo periódico, que en lo tocante a defender a los toros de sus asesinos “a qué escandalizarse si la moral trata de nosotros y no de nuestras relaciones con el resto de las cosas vivas”, que “no existen derechos animales, que considerarlos posibles no constituye ninguna obligación cívica”. Es decir, que nada que no hable, piense o se comporte como tu merece compasión, y menos cariño. O “esfuerzo”, que diría Cercas.
06 octubre 2010
05 octubre 2010
Todos eran mis muertos
Marilyn Monroe en la publicación de un extractado de sus diarios, Tony Curtis, que hasta hoy resistió, y Arthur Miller, del que puede verse estos días en el Español su Todos eran mis hijos. Los tres se reencuentran este fin de semana en los periódicos, tras hacerlo hace años, cuando ella reunió a ambos y les dijo: estoy embarazada y no sé de quién de los dos.
27 septiembre 2010
espejos a medida
Como si tal cosa le importara, se lee a un candidato decir que en las elecciones primarias en que anda metido “se juega el modelo de partido”. Un segundo, que vive de pactar con los “poderes del estado”, declara que no se fía de ellos. Un comunicado de una banda de asesinos dice –da asco transcribirlo- “que las condiciones para un alto el fuego exige tomar las medidas necesarias para que todos los agentes puedan actuar en igualdad de condiciones, que se establezcan los derechos civiles y políticos, que se desactiven los castigos añadidos impuestos a los presos políticos vascos y que se desactive toda situación de presión, injerencia y violencia”. Hechos a ver un cetro en el micrófono, el discurso de lo político es, en los periódicos, mezcla diaria e impune de solemnidad e irrelevancia, tal si a fuer de repetir consignas elaboradas en un consejo de administración, escucharlas o leerlas hiciera del lector, accionista. O ese empeño paralelo que es, investida de gravedad la sandez o la mentira, sellar sus flancos hasta que parezca una verdad inmune. A salvo en la dejadez con que ignoramos las hemerotecas, no lo están del diccionario: como si el objetivo fuera no dejar escapar a quienes las respiran, las tres acepciones de la palabra “fatuo” les contienen con la misma falta de piedad que ellos con quienes les atienden: 1. Falto de razón o de entendimiento. 2. Lleno de presunción o vanidad infundada y ridícula. Y aplicado a “fuego”, 3. Inflamación de ciertas materias que se elevan de las sustancias animales o vegetales en putrefacción, y forman pequeñas llamas que se ven andar por el aire a poca distancia de la tierra.
25 septiembre 2010
where no Kodak has gone before

En los peores momentos en que el porvenir humano cotiza en la cabeza, piensa uno, como quién pugna por sentirse curado en mitad de un lavado de estómago, que la mayor de las destrucciones en que el hombre ande empeñado –su salud, su inteligencia, sus sociedades, el clima, la biosfera entera- vale en el mercado del universo lo que un grano de arroz en un silo repleto. Que de terminar de pudrirlo todo en nuestro planeta, jamás habría ocurrido, de pura irrelevancia, ahí fuera, en cualquier dirección del infinito espacio que uno imagine. La historia del hombre es, simultáneamente, en su juicio global tanto el de aquello que construyó como de lo que fue arrasado: todo ese arte, toda esa arquitectura, toda esa música, pintura, teatro, literatura, tanta belleza pugnada en medio de una permanente lucha por sobrevivir como individuos mientras como especie nos convertimos, Darwin mediante, en una marabunta impune e imparable, que gana siempre como grupo lo que es martirio masivo si contado a través de quienes lo forman. Pero y la vida. Nada vuelve más triste nuestra desmesurada carrera hacia el desastre que creer nuestro don –la inteligencia avanzada- tan escaso en el universo, la idea de que tanta belleza se perderá porque nadie más hay para recrearla a su manera. Y sin embargo la belleza no necesita del hombre para darse o perderse. Esperando la misma explosión del sol que lo calcinará todo llegado el momento, el universo se basta.
la philosophie en rose

“Dios no existe, lo suplanta un demonio malévolo que convierte nuestras vidas en infiernos, consumidas entre el dolor y el aburrimiento. Y ello se debe a que la esencia más íntima de cada ser consiste en una voluntad bruta y ciega, en un deseo insaciable que nos obliga a buscar sin cesar nuevos placeres y diversiones que nunca nos colman; y encima nos acosan plagas, guerras y catástrofes naturales. De manera que la vida es un penal en el que cumplimos condena y del que sólo salimos con la muerte. Nada hay nuevo bajo el sol: el ser humano es un malvado depredador, cuya necedad lo torna incapaz de seguir la luz de la razón, que podría aportarle alguna mejoría. La filosofía teórica de Schopenhauer proponía una solución también teórica para superar la crisis absoluta de la vida: hay que renegar de la existencia y rechazar la perpetuación del dolor: no reproducir, no actuar. Asimismo, predicaba la piedad universal y la no violencia: abstenerse de dañar a los demás seres vivos, nuestros hermanos en esencia y encadenados en nuestra misma mazmorra”. –escribe luis fernando moreno claros en El País 18.9. Sigue al poco: “En suma, Schopenhauer gruñía y se quejaba de todo cual sabelotodo regodeándose en el abismo, pero a salvo en su cómodo rinconcito. Su acritud gustó tanto en aquella Alemania deprimida como más adelante en Europa. Y también hoy goza de buena salud en nuestro país, donde cualquiera lanza críticas asesinas desde una enorme pasividad”. Y concluye: “Hay que leer sus reflexiones en épocas críticas para dejar que su frío escalpelo nos destroce; pero si de verdad estamos sanos, su sesudo realismo nos obligará a reaccionar recuperando otra vez nuestras ilusiones. Así lo superaremos a él y a la crisis.”
Quizá porque uno no ha leído a Schopenhauer y sí a moreno claros, deduce del primer párrafo más verdad que otra cosa en el retrato del filósofo de la especie humana. Y del segundo párrafo, extrañeza ante la conversión de esa visión en un resumen de “gruñidos” y “regodeo de un sabelotodo”, pero no ante ese prestigio que da cargar contra quien pinta en negro sus presagios, que vuelve sospechoso cualquier dictamen que aúne crítica con hacerlo “a salvo en su cómodo rinconcito”, como si de la guerra sólo se pudiese escribir en la trinchera o de los leones desde su estómago. Aunque quizá entenderíamos algo si moreno claros explicara la relación patológica que une al parecer hacer “críticas asesinas” con el concepto “enorme pasividad”. ¿Exige moverse, y hacia qué lado, el evaluar algo con dureza? ¿ha de paralizarte lo que escribes hasta el punto de que sólo esa incapacidad permita escribirlo? ¿en qué consiste la pasividad en Schopenhauer? ¿y en mí, que en este momento escribo, cómodamente instalado en un sillón, que la visión de moreno claros sobre cualquier afirmación de cierto calibre pesimista suena a puro buenismo?. ¿Qué es “estar sano” en ese juicio que desdeña el “sesudo realismo”? ¿Y qué tiene que ver esa fanfarria íntima -“nuestras ilusiones”- como antídoto de “la crisis” o quizá de cualquier pensamiento que mira la realidad a través de los hechos y no de los deseos?. Hay un lugar para hablar de filosofía desde ese prisma. Y no es una revista cultural, sino de religión.
24 septiembre 2010
dime lo que leíste

Saber leer no garantiza salvar a un hombre de empuñar pistolas o razones que matan, pero cómo no ver la historia de tanta sangre derramada como una suerte de analfabetismo universal que tantas veces nos ejecuta a sangre fría cuando menos nos podemos defender –de niños o de pobres. Qué esclarecedora lección si antes de obedecer a alguien se le preguntara qué leyó. hitler, mao, stalin, franco, pol pot ayer. Tontos peligrosos como este briceño, hoy, en las portadas de todos los periódicos que probablemente no sabría leer.
de tu mano derecha, con cariño
El mismo día que sabe uno de una encuesta que dice condenar a cierta idiota televisiva a obtener más escaños que Izquierda Unida si se presentara a las elecciones, se lee en El País de cómo Youtube viene de ganar el pleito interpuesto por telecinco por violación del derecho de propiedad intelectual. La cadena que pone en marcha ambas denuncias es la misma –aunque la primera noticia representa el más puro sustrato de su ser, y la segunda es sólo un genérico- y quizá por ello los términos de la denuncia –acusación de “actuar como un proveedor de contenidos, cediendo el protagonismo artificialmente a los usuarios”- se leen como el mismo enunciado que encabezara aquello por lo que se rige telecinco –que viene a ser, como demuestra la encuesta mencionada antes, expulsar heces a la atmósfera, señalando como responsables de ello a quién les mira. Denunciar fuera lo que te constituye dentro es una práctica habitual en política y, por demás, de cuántos sectores descubren la impunidad del método, que incluye mentir a plena luz del día o esa pedagogía de la audiencia que es fidelizar e insultar, al tiempo, la inteligencia de tu público: “El gobierno machaca a las clases altas para salvar la reforma laboral” –empuñaba ayer el mundo en portada. Continuamos para bingo.
23 septiembre 2010
una ola tras otra
También los augurios sobre el libro forman un libro, ilustrado acaso por los encuentros de cada uno con librerías pequeñas y grandes, de libros nuevos o usados. Se lee hoy en El País (La era digital salva la pequeña librería) sobre cómo la crisis financiera de los grandes supermercados literarios en Estados Unidos pudiera ayudar a resucitar las librerías pequeñas, y uno se recuerda hace ¿quince? años paseando gozosamente por lo que se antojaban calles de una de esas librerías inconcebiblemente gigantescas que la cadena Barnes&Noble tiene, aunque cada vez menos, repartidas por todo el país. Como prueba de que el prodigio del tamaño tiene poco que ver con el número de sus trozos que querrías, de ese viaje volvió conmigo la bolsa ilustrada con el retrato de Virgina Woolf, que vive sus días guardada tras un cristal, sin nadie que la toque. Pero también, muy cerca de esa pared, guardo los libros infantiles que iniciaron, no sé si justo en esa tienda de la calle Broadway que ahora cierra, la colección que durante unos años perseguí. No por masiva almacena una tienda literatura adiposa, inerte, como no por diminuta, se guardan en ellas necesariamente los libros que dicen sus secretos a unos pocos, casi en voz baja. Entre las librerías de barrio y los libros electrónicos -y su anaquel, amazon-, escribe David Alandete la gran superficie quedó en medio, perdida. Pero el páramo en que sus ruinas se preparan es uno de deuda financiera, no de libros mediocres, que pueblan sin decaer los dos extremos vivos –el escaparate real y el electrónico. Su fracaso no es el del libro específico que el lector prefiere comprar en un lugar menos poblado, sino el de la literatura específica, es decir, la que, en un vagón de metro, habría de permitir, de cada diez personas que leen, al menos cinco tipos de literatura –ensayo, poesía, gran literatura antigua, solvente literatura contemporánea, teatro acaso- y que, en nuestro país, es generalmente el mismo libro de autoayuda camuflada, novela histórica intercambiable o memoria torva e inflamada de político o periodista. Declinan los hipermercados literarios, pero lo que queda es uno de los hijos naturales de esa idea –la marca blanca, la etiqueta indiferenciada que sustituye el origen y extracción concreta del producto por una que al comprar comida rebaja el precio, y al comprar libros, lo que contiene.
06 septiembre 2010
éxodo, VI, IX.
Del editorial de El País, hoy: Los de otegui saben que sin retirada de eta seguirán marginados de la vida política institucional, y los de eta que sin brazo político se quedarán sin pueblo al que salvar.
03 septiembre 2010
Toy Story 8
Se lee en El País, hoy, noticia de un libro de Stephen Hawkings en el que afirma que “porque existe la ley de la gravedad el universo puede y podría crearse por sí mismo de la nada”. Que, como mínimo, es lo que cabe pensar de un dios –la facultad de crearse a sí mismo a partir de la nada. Aunque, cierto, sin ese detalle clarificador con que la ciencia se cubre de las primeras y segundas piedras –la existencia de una ley, que es decir de unas pruebas de la pertinencia de sus afirmaciones. Afirma Hawkings que la ciencia está próxima a hallar la buscada teoría del todo, que unifique las, hasta ahora incompatibles entre sí, relatividad general y mecánica cuántica. Que es pensar, sin necesidad siquiera de encontrarla, que o bien dios quiso que encontremos ambas –lo que, como es lógico en un dios, significaría que a los únicos a los que no se lo contó fue a sus propios legionarios. O bien nos empeñamos en buscarlas a pesar suyo. Y en ambos casos, o bien ambas teorías son ciertas, o bien nos las inventamos. A la espera de la ecuación eclesial que –ésta sí- contradice al mismo tiempo a Einstein y Planck, obvio que si no encontramos la formulación unificadora, es porque dios no quiere. ¿Pero y si aparece?
05 agosto 2010
hipotecas crecientes
Un informe de la Agencia Tributaria responsabiliza a félix millet, ex presidente del Palau de la Música, de actuar como comisionista entre empresas adjudicatarias de obra pública en cataluña y convergencia democrática (cdc), citando a ferrovial, la segunda constructora de España, como responsable de un pago de 5,9 millones de euros para hacerse con obras de administraciones gobernadas por ciu entre 2001 y 2008.
Creo que fue Maragall el que hace años provocó no poco escándalo –contado por ciu como insulto en grado de ofensa a la honradez de un partido que, quizá por venir de la costumbre de tener en pujol al Honorable, consideraba en propiedad el adjetivo- al decir en el parlamento catalán que “el problema de ciu se llama 4%”. Felizmente, uno recuerda sólo vagamente la vindicación del deshonor improbado que artur mas devolviera con la misma, clásicamente mezcla política de impunidad y llamada al cómplot, con que hoy declara no haber ninguna prueba que demuestre que su partido recibió dinero de ferrovial a través del Palau de la Música.
Y la prueba, según mas, es que quien afirma eso –millet- no es fiable porque nadie que delinque –como prueba la condena a sus gestores- puede ser tomado en serio cuando habla de a quién o de quién obtuvo el dinero ilegalmente cobrado. Traducido: que de las dos partes necesarias para la financiación ilegal de un partido o un individuo –el que pone el dinero y el que lo recibe- una de ellas no puede ser creíble al hablar de la otra. O dicho de otro modo: que todo culpable está, por serlo, incapacitado para revelar junto a quién lo es. Como la prueba de inocencia que necesitara Orgón, en el Tartufo de Moliere, es justo la negación de la evidencia que se le presenta.
Creo que fue Maragall el que hace años provocó no poco escándalo –contado por ciu como insulto en grado de ofensa a la honradez de un partido que, quizá por venir de la costumbre de tener en pujol al Honorable, consideraba en propiedad el adjetivo- al decir en el parlamento catalán que “el problema de ciu se llama 4%”. Felizmente, uno recuerda sólo vagamente la vindicación del deshonor improbado que artur mas devolviera con la misma, clásicamente mezcla política de impunidad y llamada al cómplot, con que hoy declara no haber ninguna prueba que demuestre que su partido recibió dinero de ferrovial a través del Palau de la Música.
Y la prueba, según mas, es que quien afirma eso –millet- no es fiable porque nadie que delinque –como prueba la condena a sus gestores- puede ser tomado en serio cuando habla de a quién o de quién obtuvo el dinero ilegalmente cobrado. Traducido: que de las dos partes necesarias para la financiación ilegal de un partido o un individuo –el que pone el dinero y el que lo recibe- una de ellas no puede ser creíble al hablar de la otra. O dicho de otro modo: que todo culpable está, por serlo, incapacitado para revelar junto a quién lo es. Como la prueba de inocencia que necesitara Orgón, en el Tartufo de Moliere, es justo la negación de la evidencia que se le presenta.
04 agosto 2010
asombro visible

Un telescopio que captara una imagen de la otra vida prometida por las religiones no conllevaría mucho más asombro que el que hubieran experimentado egipcios o aztecas de haber podido contemplar ese otro hecho, tan próximo a la idea de revelación divina, que es poder observar lo inobservable sin ser destruidos o cegados por ello. Aunque saberlo incluya saber que más que un indulto es una postergación del castigo lo que se nos da, puesto que el sol, en consumir su energía, gasta también el tiempo de vida que le queda a nuestro planeta. El dios que las civilizaciones antiguas hicieron del sol sin saber que la metáfora escondía una verdad incandescente brilla, a ojos de los telescopios y la ciencia que los escruta, con una luz doble: la que para aztecas veía al sol como un dios que se ha sacrificado, y la que en los mitos maya y nahua era visión de los hombres permanentemente probada por los dioses, y cómo el destino fatal de unos y otros, seres vivos y sol, estaba ligada: si fallaban unos, morirían ambos. Mito es en griego “relato” y así, el origen de la vida, volcado en algo que empieza y acaba, arde en un círculo no muy distinto en Anaxágoras o Hubble.
03 agosto 2010
saldos
Pasa por Harold Bloom que le incluye en su libro y por José Carlos Mainer, que lo reseña en El País 31.7: la cita de Thomas Carlyle –“una cultura se convierte en cultura literaria, para bien o para mal, cuando la religión, la filosofía o la ciencia aceleran el prolongado proceso de pérdida de autoridad”. Obvio que lo que no tenemos es una cultura literaria, filosófica o científica, felizmente en retroceso la religión, nos queda el prolongado proceso de pérdida de autoridad. Para quien la quiera.
02 agosto 2010
Compasión del parámetro
Historia de Rayito, número 93, de 535 kilos de peso y pelo negro, contada por antonio lorca, hoy en El País: “… fue un toro de gran nobleza, fijeza y recorrido por el lado derecho, y acudió con codicia al capote y obediencia ciega a la muleta de Tendero. Rayito bajó su diapasón por la izquierda y, sobre todo, -lo más grave y trascendental-, es que no fue picado. Mejor dicho, acudió dos veces y no le hicieron sangre ni para un análisis clínico. En suma, un toro de buenas condiciones que no debió superar el examen final porque suspendió la materia más importante. Pero, bueno, después de tantos disgustos, bien está que esta afición, tan minoritaria como ejemplar en su encendida y solitaria defensa de las corridas contra viento y marea, tenga una alegría en el corazón. No obstante, estos aficionados saben en lo más hondo de su alma que una plaza de primera categoría como es Barcelona debe exigir unos parámetros más serios.”
31 julio 2010
puntilla, 2
Opone El País ayer sendos artículos de Jesús Mosterín y antonio lorca para ilustrar las posturas que enfrentan la prohibición y defensa de las corridas de toros. “Toda Europa había sido un hervidero de supersticiones y crueldades; de censuras, quemas de herejes y represiones, y de torturas públicas de animales humanos y no humanos, incluidos el lanzamiento de gatos desde las torres de las iglesias, las peleas de perros y de gallos y de perros contra osos, y los encierros, acuchillamientos y corridas de toros. Frente a tanta sordidez y violencia, la Ilustración trajo a Europa la apertura de las mentes y la suavización de las costumbres. Las tradiciones más sanguinarias fueron abolidas en casi todas partes. Sin embargo, en España apenas hubo Ilustración y Fernando VII cortó de cuajo sus débiles brotes, restaurando la Inquisición y la tauromaquia, entre otros horrores. España se convirtió en una excepción y anomalía, la famosa España negra, caricaturizada por Goya, una anacrónica bolsa de crueldad y cutrerío alejada de cualquier ciencia y compasión.”-escribe Mosterín, transparente.
Lorca empieza diciendo que los que claman contra los toros, lo hacen contra “la fiesta”, quizá porque anteponiendo la diversión a la crueldad, o la tradición al juicio lógico sobre su contenido, se evita pensar ante el salvavidas de saber. Sigue lorca: La ley promulgada por el parlamento –que no menciona una sola vez- no es tal, sino “el triunfo sólo soñado, cuando sus promotores se dedicaban a recoger firmas para dar simple testimonio de su oposición”. Lo logrado no es, por cierto, la ley sino “su quimera”. Para ponderar el derecho de que a alguien no le agrade ver maltratar y dar muerte cruel a un animal, escribe que si gonzález, aznar o zapatero nunca han sido vistos en una plaza, es debido al “secular complejo de los políticos”. Algunos de los antitaurinos son “exaltados”. No como quienes, en la plaza, corean con admiración el sangrado y ejecución por tramos del toro. Signifique lo que signifique, “la mayoría de los gobiernos autonómicos se limitan a permitir la existencia de la fiesta, sin mover un dedo por su pureza”.
Quizá porque ya lo escribió ayer ampliamente savater, y marías a menudo, se deja lorca en el tintero el argumento clásico de que quien no quiera ir a los toros, no vaya, y punto. Como si el problema fuera que a quienes torturan y asesinan es a los antitaurinos, y no al toro. Tan similar al capote con el que algunos fumadores apestan su defensa diciendo que el derecho a fumar en todas partes es simplemente el de los no fumadores de no hacerlo, y allá la pestilencia o el cáncer de quienes, no fumando, exhalan por doquier –en la calle o en un bar- el humo ajeno. En fin, madrid está felizmente a salvo. Aquí las corridas, como la iglesia, el tabaquismo o el endeudamiento municipal, son un bien de interés cultural.
Lorca empieza diciendo que los que claman contra los toros, lo hacen contra “la fiesta”, quizá porque anteponiendo la diversión a la crueldad, o la tradición al juicio lógico sobre su contenido, se evita pensar ante el salvavidas de saber. Sigue lorca: La ley promulgada por el parlamento –que no menciona una sola vez- no es tal, sino “el triunfo sólo soñado, cuando sus promotores se dedicaban a recoger firmas para dar simple testimonio de su oposición”. Lo logrado no es, por cierto, la ley sino “su quimera”. Para ponderar el derecho de que a alguien no le agrade ver maltratar y dar muerte cruel a un animal, escribe que si gonzález, aznar o zapatero nunca han sido vistos en una plaza, es debido al “secular complejo de los políticos”. Algunos de los antitaurinos son “exaltados”. No como quienes, en la plaza, corean con admiración el sangrado y ejecución por tramos del toro. Signifique lo que signifique, “la mayoría de los gobiernos autonómicos se limitan a permitir la existencia de la fiesta, sin mover un dedo por su pureza”.
Quizá porque ya lo escribió ayer ampliamente savater, y marías a menudo, se deja lorca en el tintero el argumento clásico de que quien no quiera ir a los toros, no vaya, y punto. Como si el problema fuera que a quienes torturan y asesinan es a los antitaurinos, y no al toro. Tan similar al capote con el que algunos fumadores apestan su defensa diciendo que el derecho a fumar en todas partes es simplemente el de los no fumadores de no hacerlo, y allá la pestilencia o el cáncer de quienes, no fumando, exhalan por doquier –en la calle o en un bar- el humo ajeno. En fin, madrid está felizmente a salvo. Aquí las corridas, como la iglesia, el tabaquismo o el endeudamiento municipal, son un bien de interés cultural.
30 julio 2010
rediccionarado
Noticia en El País hoy del avance del protestantismo en América Latina, y a su sombra, acepción transparente del proceso de momificación de lo católico: que haya dado nombre a ese adverbio –católicamente- que define lo que no se tiene más narices que hacer, de lo que no hay escapatoria.
29 julio 2010
Claro que vienen a matarte
El debate sobre si es admisible prohibir los toros es el de entender la ley que los ampare o conculque, bien como acto de voluntad política o bien como consecuencia de la voluntad popular. Como buena parte de la población no sabría llenar dos folios razonando porqué deposita una papeleta y no otra en la urna cada cuatro años, y pues nadie ha leído jamás un programa político, se asume que el apoyo que reciben los elegidos para representar a su partido –raramente a sus ciudadanos- en el parlamento lo es para que, una vez electos, o bien inventen su andadura por la legislatura como dios les dé a entender, o bien lo hagan tratando de intuir qué pueda querer la ciudadanía al respecto de cada tema, en este caso, si desea o no ver prohibidos los toros.
Obvio que las prioridades de ambos son distintas, desde la propia política y desde los medios que juegan a vocearla se juzga lógicamente por igual los actos regidos por el principio primero –el partido al que se pertenece como prioridad- y los que realmente buscan dar solución a una inquietud social. Así, el estatuto catalán, con ser una propuesta apoyada por ese parlamento y por buena parte de sus ciudadanos es, juzgada desde madrid, como lo que es: una medida política tanto como ciudadana. Pero si ese mismo parlamento promulga una ley contra los toros, entonces la interpretación es que tal despropósito ha de ser estrictamente político, aunque la mayoría de sus ciudadanos apoyen la prohibición.
Obvio también que a políticos y medios-basura lo que la población quiera les importa en la medida en que coincida con lo que a su consejos de administración conviene, aflora el elemento clave en esto: irrelevante como sea lo que rajoy o cualquier otro opinen de política, lo que se esgrime es que las mayorías son interpretables. Que al igual que un político es elegido sin la más mínima instrucción popular sobre cómo comportarse y en nombre de que prioridades, sus actos pueden, dada la ocasión, no sólo improvisar su dictamen sobre un asunto, sino también imponerse sobre la voluntad popularmente expresada.
Las normas que rigen en el parlamento catalán son las mismas que en el resto de comunidades autónomas desde las que hoy se clama contra la vulneración de libertades elementales, y la población catalana mayoritariamente a favor de la prohibición de las corridas de toros no es distinta, en cuanto al valor de su voto, de las que forman el resto del país. Asi que lo que se denuncia, acaso por lo inusual de la propuesta, es el derecho a que la política de un lugar aplique lo que sus ciudadanos piden. Acaso para no sentar precedente.
Escribe tristemente savater hoy en El País que a qué escandalizarse si la moral trata de nosotros y no de nuestras relaciones con el resto de las cosas vivas –“naturaleza” es la barrera citada-, que no existen derechos animales, que considerarlos posibles no constituye ninguna obligación cívica. Es cultura –se lee desde todas partes. Pero eso no la redime, la cultura no es garantía contra la crueldad –responde Josep Ramoneda, en el mismo diario. Aceptado el derecho de los agraviados a no ver la sangre y la tortura derramada, que una ley lo prohíba les ha de parecer una golosina de la voluntad, sea política o popular. Acogotados, acorralados, viendo su final venir, les duele el día que, por primera vez, se sienten toros.
Obvio que las prioridades de ambos son distintas, desde la propia política y desde los medios que juegan a vocearla se juzga lógicamente por igual los actos regidos por el principio primero –el partido al que se pertenece como prioridad- y los que realmente buscan dar solución a una inquietud social. Así, el estatuto catalán, con ser una propuesta apoyada por ese parlamento y por buena parte de sus ciudadanos es, juzgada desde madrid, como lo que es: una medida política tanto como ciudadana. Pero si ese mismo parlamento promulga una ley contra los toros, entonces la interpretación es que tal despropósito ha de ser estrictamente político, aunque la mayoría de sus ciudadanos apoyen la prohibición.
Obvio también que a políticos y medios-basura lo que la población quiera les importa en la medida en que coincida con lo que a su consejos de administración conviene, aflora el elemento clave en esto: irrelevante como sea lo que rajoy o cualquier otro opinen de política, lo que se esgrime es que las mayorías son interpretables. Que al igual que un político es elegido sin la más mínima instrucción popular sobre cómo comportarse y en nombre de que prioridades, sus actos pueden, dada la ocasión, no sólo improvisar su dictamen sobre un asunto, sino también imponerse sobre la voluntad popularmente expresada.
Las normas que rigen en el parlamento catalán son las mismas que en el resto de comunidades autónomas desde las que hoy se clama contra la vulneración de libertades elementales, y la población catalana mayoritariamente a favor de la prohibición de las corridas de toros no es distinta, en cuanto al valor de su voto, de las que forman el resto del país. Asi que lo que se denuncia, acaso por lo inusual de la propuesta, es el derecho a que la política de un lugar aplique lo que sus ciudadanos piden. Acaso para no sentar precedente.
Escribe tristemente savater hoy en El País que a qué escandalizarse si la moral trata de nosotros y no de nuestras relaciones con el resto de las cosas vivas –“naturaleza” es la barrera citada-, que no existen derechos animales, que considerarlos posibles no constituye ninguna obligación cívica. Es cultura –se lee desde todas partes. Pero eso no la redime, la cultura no es garantía contra la crueldad –responde Josep Ramoneda, en el mismo diario. Aceptado el derecho de los agraviados a no ver la sangre y la tortura derramada, que una ley lo prohíba les ha de parecer una golosina de la voluntad, sea política o popular. Acogotados, acorralados, viendo su final venir, les duele el día que, por primera vez, se sienten toros.
28 julio 2010
Viajar por otros
Uno tuvo un tío que viajaba mucho, su alegría y su cariño un ventilador perenne cuyos efectos te despeinaban por fuera mientras revolvían y aleteaban dentro una forma de ser que bien podría adquirirse en aquellos sitios de los que siempre parecía estar viniendo. Al enfermar mi tía, él se recluyó con ella y lentamente fue muriendo de tanto no irse, de tanto no volver. Como una embarcación comida por la herrumbre, antes desapareció lo que sirviera para desplazarse –él- que la tierra a la que vivió, y murió anclado –mi tía, dulce y buena como pan que te mirara comerlo. Acaso quienes no pueden ya moverse se parecen como piedras al viento de la erosión lenta, y acaso quien hoy se llega hasta donde guarda sus días detenidos el hombre de la imagen para moverle por dentro durante unas horas, es en ese instante la tierra a la que llegar, el sentido del viajero, de quien llega y vuelve para que le esperen.
01 julio 2010
Do the right thing
Acerca de la relación que une la práctica exigente de una actividad con sus requisitos, cuidados y el minucioso balance de lo que te permite seguir desarrollándola, y en memoria de tanto cantante de ópera, astronauta, cirujano o director de orquesta, Rudy Gay –segunda mejor marca de la historia en 100 metros y acostumbrado a alimentarse en restaurantes de comida rápida-, hoy en El País: “voy a ir a ver a un nutricionista un día de estos”.