09 febrero 2006

libertad de presión

félix herrero, presidente de la federación española de entidades religiosas islámicas, entiende hoy en El País que los responsables de la ofensa al islam son particulares contra los que se debe actuar a través de la vía jurídica. No se puede aceptar –dice- que inocentes paguen la culpa de otros; estos actos no lo han hecho los ciudadanos daneses, sino unos delincuentes daneses. Lo que el sr. herrero quiere decir con voz de horca –ese tildar de delincuentes- es que la vía jurídica que su fe, como el resto de ellas, no aceptaría como vía a través de la cual poder juzgar sus razones es perfectamente exigible para quienes exhiben razones diferentes a las suyas. Acerca de la voluntad propia y su preeminencia como sistema cerrado, el quemable Adorno, citado por Savater: la filosofía que se plantease todavía como total, en cuanto sistema, llegaría, sí, a ser un sistema, pero de delirio. Del azotable Calderón –en boca, por cierto, del dios autor de su Gran Teatro: hoy prevenido quiero/ que, alegre, liberal y lisonjero,/ fabriques apariencias/ que de dudas se pasen a evidencias. Y cómo los atributos que Miguel Angel Bastenier apunta hoy en el mismo diario contra las razones del periódico danés que publicara las caricaturas –que obedeciera únicamente a la ignorancia, el mal gusto, o el deseo de llamar la atención, vicios todos ellos tan comprensibles como comunes- son a la vez predicados naturales de sujetos como herrero y los que como él, acostumbrados a hablar con un dios que no contesta, creen que la boca del resto de mortales ha de servir para lo mismo. El País publica un día antes el cuchillo de palo: aquí mantenemos el delito de blasfemia con otro nombre: ofensa a los sentimientos religiosos; pero nadie protege los sentimientos filosóficos, ni los estéticos. Los sentimientos religiosos han de tener la misma protección que los sentimientos no religiosos: ninguna. Son las personas las que deben tener protección. –dice Juan F. González, presidente de Europa Laica.

08 febrero 2006

06 febrero 2006

Pasar la tarde

Escribe Eduardo Mendoza hoy en El País que en su día el cine fue un medio de expresión en el que convergían nuestra concepción de la realidad y nuestros sueños. En este sentido era un arte. Leído a la inversa, tenemos por arte, entre otras cosas, un medio de expresión en el que convergen nuestra concepción de la realidad y nuestros sueños. Uno cree que el cine sí conserva un pie y dos manos dentro de esa definición, no así la pintura. Y no porque nuestra concepción de ambos conceptos hayan divergido, sino porque lo han hecho el ojo que creara y el que contemplara. Donde en su día confluyeran, desde ambos lados, las primeras personas del plural –ese nuestra realidad y nuestros sueños- hoy se abre un abismo entre la realidad y los sueños concebidos por el pintor y las de quienes se llegan a la exposición desde una realidad y unos sueños diferentes. Ninguno de los bandos es, en esto de las masas a un lado y al otro de las definiciones, más válido que el otro. Simplemente pierden –se pierden- la realidad y los sueños de ambos: de quien ofrece los suyos y de quienes van a reconocer los suyos en el arte. El Macba exhibe las obras y las ideas de la colección Herbert –se lee unas páginas antes. Y suena como si las expusieran por separado. En esto el cine no ha perdido un ápice de su conexión con las obras y las ideas de quien va a verlo. A caballo entre un infantilismo sin paliativos y una seriedad plúmbea, el cine es como estos autobuses urbanos a los que sólo suben los niños y los viejos, mientras que la población útil va en coche. –sigue Mendoza, unas líneas más adelante. Lo útil. La atención, extractada de lo real y lo soñado, con la que pujamos por unos aspectos de la vida y desdeñamos otros admite el cine inútil en tanto que su esencia es justo esa: buscar lo inservible, lo que nos vuelve más simples, más objeto que ser. Por eso esa población útil que va en coche es, aplicada a ventiladores de estulticia como ese cine, la televisión o el fútbol como religión, justo el útil que requiere para perdurar. ¿O no es la audiencia una cosa, un objeto que quitarle a otro, uno que poder exhibir? Cierra Mendoza su artículo sugiriendo un acto breve austero para las futuras ediciones de los premios goya, como corresponde al buen soldado, consciente de que se acabó el desfile, pero no la guerra. Como ocurre con otras manifestaciones de la sociedad, buena parte del arte, del cine que tenemos es un mero desfile de nimiedad cultivada a solas o en secarrales de todos, pero sus víctimas son las de una guerra.

05 febrero 2006

Desde rusia con espejos

Se lee hoy en El País que Vladimir Putin ha puesto los pilares de un sistema autoritario que socava la constitución y pone en peligro la democracia. Para cimentarlo se dice que lo han dicho los líderes de partidos políticos marginados por el kremlin, como yábloko. Lo dicen los veteranos del movimiento disidente de la época soviética, e incluso lo afirman los dos jueces del tribunal constitucional que emitieron un voto particular discrepante en diciembre pasado. Uno de éstos cree que existe una “crisis del sistema del poder”. Al punto de que Rusia vive en una democracia dirigida, copiosamente condimentada con la arbitrariedad, la permisividad y la impunidad de los que mandan. Algunos intelectuales críticos se hace cábalas sobre las causas del gran interés que la televisión estatal presta al periodo soviético, ahora que los canales del estado son claros instrumentos de propaganda política. Poco a poco se están aprobando leyes federales, que van cambiando paulatinamente el espíritu y la letra de la constitución. Publíquese unas páginas antes, en la sección nacional, y las denuncias son las de cada día aquí, idéntico el pregón de alarma ante la impunidad del fraude rotatorio –de izquierda a derecha y viceversa- a lo democrático. No, no es cuestión de si tal habla mal de esto y menos mal de aquello. Sólo de que, dado cierto nivel de desarrollo, somos la misma construcción: igual el número de pajas y el de vigas.

04 febrero 2006

03 febrero 2006

correr por el tapete

Apenas separados por diez metros de distancia, del primer grupo de niños cercanos a una valla, durante el recreo, surge la pregunta de uno de ellos: señor, ¿le parece bien o mal que talen los árboles?. Mal –responde uno, mientras corre. Opino como usted –responde él. Y casi al mismo tiempo, la voz, en tres notas consecutivas, que suena desde el segundo grupo: hola, feo, tonto –respectivamente. Uno sospecha que la reacción de estos últimos lo es ante algo que pasa corriendo, ante algo cuya respuesta es improbable. Qué ha de ser más revelador en esto: si el automatismo que, dado un grupo, lleva al individuo a completar de forma ofensiva lo que, desde el propio grupo, comienza como un gesto no insultante, o el juicio veloz que lleva a valorar -al punto que compense- que el hecho de pasar corriendo delante de ellos es suficiente para confiar en que la respuesta ante el insulto será seguir corriendo, hacer como si ellos o el insulto no existieran. Es una apuesta que basa su valor en que expone -relativamente en este caso- la propia seguridad al pronunciarse. Y quizás es esta posibilidad –la de no existir para el otro, la de no pararse a existir para el otro- la que pueda mover a pujar con lo que a cada edad entiende uno por valentía, o por vallas. Hoy ganan. Pero no sé qué.

concierto autonomico

Acerca del concierto para violín de Brahms, el gran director y pianista, Hans von Bullow, afirmó que Bruch había compuesto un concierto para violín, y Brahms había creado uno contra él. Sin embargo, el violinista y virtuoso Bronislaw Huberman añadió, desde el otro lado de la balanza, no sin cierta causticidad que el concierto para violín de Brahms no era uno contra el violín; pero sí uno del violín contra la orquesta. Y en el que ganaba el violín! –Lo cuenta Julian Haylock, en un comentario a la edición en dvd del concierto que recoge ambas piezas.

para violin y critica

Durante su estreno en 1806, el concierto para violín de Beethoven sufrió la ignominia de ser dividida en dos partes, el primer movimiento antes del intermedio. El resto, después, pero no hasta que el solista, Franz Clement, hubo interpretado una de sus propias composiciones en una sola cuerda con el violín mantenido hacia abajo!.

02 febrero 2006

San Watson, San Crick

No ha mucho que un catedrático jesuita de bioética ha sido expulsado de su cargo por postular algo parecido: dice Gracia que sostener que un embrión es un ser humano con todos los derechos desde el primer momento le parece bastante inverosímil. Defender lo contrario ha de ser afirmar la verosimilitud de esa posibilidad. Hasta ahí, incierto, pero no imposible. Empate. Pero sígase el hilo: qué más es verosímil en la humanidad de lo invisible, de lo ininvestigable. Con qué microscopio se escruta un dios que sobrevive a su muerte, ordenada por él mismo. Con qué lente al dogma de la masculinidad como portavoz exclusivo de las ideas de aquel, la otra vida, o por cercanía con la frase de partida, acerca de los derechos de quienes aman a alguien de su sexo o quienes sólo aman su salud aunque ello suponga el uso de una funda de látex. El evangelio según el microscopio

Sebald I realidad 0

Para una explicación de la iglesia y sus dogmas, o el salvador resucitado dentro de un gallo subido a los tejados, apuntando a la vez a todas partes:
Los santos Blas, Acacio y Eustaquio, Pantaleón, Egidio, Ciríaco, Cristóbal y Erasmo, y el realmente hermosísimo San Vito con el gallo, miran cada uno en dirección distinta, sin que sepamos por qué. –W.G. Sebald, en su Del Natural.

De Irán y otros órganos

Es muy frecuente confundir la ética con cosas que no lo son. Por ejemplo, confundir ética con religión y considerar que cuando uno tiene creencias religiosas, ya tiene los problemas resueltos. O confundir ética con derecho, y cuando aparece un conflicto, correr a ver qué dicen las leyes. Hay aún una tercera confusión: la de pensar que un problema ético es siempre un problema mal planteado: que basta con recurrir al conocimiento científico para solucionarlo. –dice Gracia. Habla de medicina. O no.

Como a ellos mismos

Por proximidad, la aplicación de una herramienta básica en un campo cercano –la medicina- a las partes implicadas –explicadas, sueña uno- en el hecho religioso: la lista de derechos del paciente. En una relación clínica entre adultos, el profesional aporta los datos que posee en virtud de sus conocimientos, y el paciente sus valores. Si el médico vive la aportación del paciente como una agresión, o el paciente, la aportación del médico como una imposición, entonces tenemos un conflicto. –dice Gracia.

01 febrero 2006

crédito ilimitado

De la opinión de la publicidad acerca de sí misma: una cuña en la que un locutor imposta la voz para simular el tono de un no locutor. Hasta ahí, sólo la habitual falta de credibilidad. Lo grande viene después: el mismo locutor, ya con su voz –que sin impostar suena como es lógico muy cercana- dice: carlos garcía, asesor financiero.

demos gracia

Tomado de algo que menciona Diego Gracia, catedrático de historia de la medicina, en el dominical de El País 29.1 al citar una idea que Ignacio Ellacuría tomó de Xavier Zubiri –hacerse cargo de la realidad- una aproximación para la fundación de una política de la liberación.

30 enero 2006

La temperatura del escrúpulo

El cazador es de natural pacífico y le repugna, por ejemplo, el sacrificio a sangre fría de las aves de corral. El fenómeno natural de la muerte, le trastorna. Pero con la caza es distinto. El cazador jamás caza a sangre fría. Las perdices se la calientan de inmediato; le basta el primer vuelo, el desafío inicial. Todos los esfuerzos que seguidamente realiza el cazador van encaminados a abatirla. La persecución, ladera arriba, en agotadora caminata, va avivando en él un instinto de crueldad que llegado el momento decisivo no le permite vacilar sino, si es el caso, precipitarse y pensar: “paga tú por todas”. –Delibes, la caza de la perdiz roja.

29 enero 2006

Desde el sol malnaciente

En un momento de la glosa, escrita hoy en El País, de un visionario japonés cuya más fecunda visión ha sido, al parecer, la mentira, se dice que incluso llegó a pensar en crear una firma que ofreciera vuelos tripulados al espacio. Se llega a pensar lo que quien te escucha considera, sino creíble, sí pronunciable. Y es justo eso: que en muchas ocasiones lo que se llega no es a pensar sino a pronunciar. Es desde esa altura de la credibilidad que el mentiroso japonés dijera al parecer, referido al rascacielos en el que entrara a mentir cada mañana, que tal lugar le permitía disponer de esa vista gloriosa todos los días. Una sensación embriagadora que te lleva a gritar: sí, yo seré el dueño del mundo algún día. Uno sospecha que el mundo y sus dueñados tienen el aspecto cotidiano que muestran porque el capital hace, sino creíbles, sí escuchables y obedecibles según qué sandeces, según qué ideas caníbales. La única razón que impide que uno pueda llegar a pensarlo seriamente es porque siempre hay alguien que se adelanta y, sobrándole el pensar, llega para decirlo. Y que se cumpla.

vida. formatos

Un artículo en el dominical de El País 22.1 acerca del pastoreo: dos adultos de 76 y 74 años, hermanos, que se definen como mozos viejos. Se ha quedado desvalijado el pueblo –dicen- Nadie nos ha llamado la atención nunca, nadie nunca jamás. Hemos vivido muy honradamente. A los padres nunca les dimos disgustos.

28 enero 2006

Careo con tu mano izquierda

La policía ficha a 26 compradores de discos pirateados –titula hoy un breve de El País. 10 de estas personas –sigue- fueron llamadas por los jueces para comparecer como testigos en los juicios rápidos contra acusados de vender este material. El empleo del verbo fichar sugiere una acepción que equipara, o cuando menos aproxima, el delito de quien compra al de quien vende. Y acusar –ese comparecer como testigos- de ese mismo delito a quien te permite ser cómplice de él suena a careo con un espejo. Reconocer como acto delictivo uno que sólo lo es completo en la medida en que alguien paga por su realización es una medida legalmente impoluta para apelar a la participación real de quien se ampara en el lado oculto del delito –pagar. El cliente siempre tiene razón –opina la ley en ese obsceno penalizar crímenes contra la humanidad como es el consumo de tabaco pero no su venta, o tratar de prevenir la coprófaga ingesta infantil de la televisión más idiota sin prohibir su pública exhibición. Esta es su mano derecha –se les dice a cada uno de esos diez- con ella paga. Pero su mano izquierda lo sabe, es ella la que se lleva el robo a casa.

el gran teatro del monosilabo

Woyzeck, en Madrid. A la salida, una persona insiste en que la opinión acerca del texto –en realidad habla de la culpabilidad del texto- quepa en un sí o un no. ¿El no tiene la culpa del sí? ¿el sí tiene la culpa del no? –se oye durante la obra.

27 enero 2006

discurso de aceptación

No sólo no miento, de hecho digo más verdades de las que son.