19 junio 2014

tronera



No bastará, pero con lo publicado estos días en El País para glosar la importancia del rey, sale un breviario de la necesidad de una República:

“La abdicación puede ser un mea culpa simbólico o solo un último y peligroso mecanismo de autodefensa”. –Jordi Gracia, 3.6
“Los 38 años de reinado se confunden con la democracia” –editorial, 3.6
“La corona ha sido una institución más en una democracia generalmente opaca, anquilosada y de baja calidad” –José Ignacio Torreblanca, 3.6
“El rey no confío su secreto ni a los jeques y sultanes del golfo, con los que tiene una relación tan estrecha que se llaman “hermanos” –Natalia Junquera, 4.6
“La inesperada abdicación del rey ha tenido la característica de envejecer, de repente, a lo de alrededor” –Joaquín Estefanía, 4.6
“Fuentes de la dirección socialista recuerdan que todos los diputados saben perfectamente que el psoe forma parte del pacto institucional que incluye el respeto a la monarquía parlamentaria” –Anabel Díez, 5.6
“Convocados para honrar al rey, 340 empresarios se reunieron para premiar a uno de los suyos” –Mábel Galaz, 5.6
“El mayor servicio que los empresarios realizan a favor del conjunto de la sociedad se concreta en la generación de puestos de trabajo” –el rey, 5.6
“Muchas instituciones, incluso las más sagradas, están podridas. Los mismos partidos que se llenan la boca hablando del respeto a las instituciones las ultrajan cada día nombrando a personas corruptas y sin competencia para las magistraturas más elevadas, desviando recursos de formación o de desarrollo a su bolsillo, protegiendo a criminales reconocidos” –Luis Garicano, 5.6
“acompañado de ana botella, ignacio gonzález y el ministro de cultura, el rey, buen conocedor de la fiesta de los toros, recibe la ovación general de la afición en la corrida de la beneficencia en las ventas” -5.6
“Tenemos la suerte de que esta monarquía no cuenta con el apoyo de los monárquicos” –recuerda Juan Luis Cebrían a Juan de Borbón, 8.6.
“La consulta de monarquía o república es ilegal” –Rosa Díez, 11.6
“El gobierno planea dar al rey una protección jurídica máxima y única en España ante cualquier denuncia, querella o demanda” -13.6

18 junio 2014

X presidents



Al menos en cine, cuanto mayor la amenaza a la especie humana, más reconocible el enemigo a neutralizar. Más raro es que éste resulte ser recurrentemente Kennedy. Cinco años después de que Watchmen (Snyder, 2009) propusiera la reelección permanente de nixon en la década de los ochenta, X men, días del futuro pasado (Singer, 2014) propone a los mutantes como parte pasiva y activa de la presidencia nixon. Obligado a dimitir en 1974 por las escuchas ilegales realizadas en la sede del partido demócrata, nixon se sentiría más cerca del profesor mutante Xavier que del Ozimandias que, en Watchmen, mentía y asesinaba en aras de un bien mayor. Para compensar tanta atención por parte del cine, el término “secuela” tiene, en política, una acepción más real, aunque no menos previsible ni, por supuesto, menos rentable. 

16 junio 2014

about nothing



Recuerda Michael Schulman en The New Yorker la idea de Harold Bloom de que las mujeres shakespearianas siempre se casan con hombres inferiores a ellas, y al respecto, cómo Shakespeare in the park acoge, desde el día 3, Mucho ruido y pocas nueces, y en ella, a Lily Rabe, habitual de ediciones recientes. La última frase del artículo es una que merecen Malvolio, Falstaff y Nick Botton entre otros, pero para mí la querría –“let´s hope she keeps finding herself in Central Park, falling in love with some dopey guy by moonlight”

14 junio 2014

hijos de Mitchell



No se han cumplido aún diez días desde que la conmemoración del desembarco de Normandía trajera la de quienes aún viven para contar aquel día de 1944, cuando un nuevo libro de Gay Talese –Los hijos- sirve para volver a imprimir en papel de periódico el nombre de Joseph Mitchell. Y qué más nítido que observar la estampa clásica de Talese –chaleco bajo la americana, corbata y sombrero- y leer después sus magníficos relatos publicados en The New Yorker para apreciar lo que ésta, casi centenaria ya, hace por el periodismo cada siete días. Que es, honrando lo que Mitchell elevara a obra maestra del género en su El secreto de Joe Gould, lo que la ficción que afrontamos diariamente como verdad puede decir de su opuesto: las veces no menos incontables en que la verdad escoge el aspecto de ficción para darse mejor, más hondamente.
Para quienes hayan leído lo que Mitchell escribiera sobre Gould, el turbador resumen que Wikipedia ofrece sobre un matiz de su relación: In a remembrance of Mitchell printed in the June 10, 1996, issue of The New Yorker, his colleague Roger Angell wrote: "Each morning, he stepped out of the elevator with a preoccupied air, nodded wordlessly if you were just coming down the hall, and closed himself in his office. He emerged at lunchtime, always wearing his natty brown fedora (in summer, a straw one) and a tan raincoat; an hour and a half later, he reversed the process, again closing the door. Not much typing was heard from within, and people who called on Joe reported that his desktop was empty of everything but paper and pencils. When the end of the day came, he went home. Sometimes, in the evening elevator, I heard him emit a small sigh, but he never complained, never explained." Perhaps an explanation does emerge, however, in a remark that Mitchell made to Washington Post writer David Streitfeld (quoted here from Newsday, August 27, 1992): "You pick someone so close that, in fact, you are writing about yourself. Joe Gould had to leave home because he didn't fit in, the same way I had to leave home because I didn't fit in. Talking to Joe Gould all those years he became me in a way, if you see what I mean."

13 junio 2014

príncipes de la desolación


En Traición, de Pinter, bajo el triángulo amoroso hay una pirámide, y bajo ella, algo vivo. Al menos mientras la relación doblemente adúltera (Emma está casada y Robert es el mejor amigo de su marido) dura siete años en que ambos tienen hijos con sus parejas respectivas sin que dejen de ser amantes. Y es porque quizá no sean eso. En la estupenda versión de tg STAN, estos días en la Cuarta Pared, cuando Emma, aprovechando un viaje de Robert, se queda embarazada de su marido, Jerry, al decírselo a su vuelta, aquel se distancia, la felicita como lo haría alguien a quien vienen de clavar un cuchillo. Contada la acción de adelante a atrás, la traición va de menos a más, terminando con la turbadora escena de la seducción primera, en casa de su amigo, culminada con un beso robado primero, buscado después, todo ello un instante antes de que su marido irrumpa en la cocina. ¿Me has sido infiel? –se preguntan Emma y Robert en un momento de su relación. No –es su respuesta mutua. Y esa certeza, ese tesoro, es la piedra que sostiene toda la pirámide, incluso cuando sean ellos los que, años después, ya saqueado aquello por la luz del día, acaso bajen a buscarlo de nuevo. 

12 junio 2014

Macbranagh


La suerte que uno añoraría, encerrado hace nada en mitad de una fila del Valle Inclán, a merced del destrozo cometido con Cómo gustéis, sin poder huir discretamente hasta que llega el descanso, se reencarna en Nueva York estos días en una versión del New York Classical Theatre, que tiene lugar, al aire libre, en Central Park, para eventual suerte de quienes vayan a disfrutarla o a sufrirla. Por azares del destino, la otra obra de Shakespeare que se representa allí estos días es también la misma que, hasta hace un suspiro, se ha podido ver en el María Guerrero. Kenneth Branagh es el Macbeth que aquí Javier Gutiérrez. Y nadie más doblemente feliz que éste. Primero, porque sin haber visto ninguna de aquellas, es coherente pensar de antemano que mejor resistirá en la comparación el Cómo gustéis; segundo, porque siendo ambas obras a la misma hora los mismos días, improbablemente habrá podido el gran Gutiérrez ver aquella. Quién fuera él. O mejor aún, quien estuviera en NY hoy.

09 junio 2014

todo lo soñamos



No hace tanto que la historia del deporte español era la de un intento meritorio por sobreponerse a la superioridad con que según qué países dominaban repetidamente las competiciones internacionales. Alemania, Holanda e Italia se turnaban el fútbol, Estados Unidos hacía suyo el golf; Yugoslavia, Grecia e Italia acaparaban el baloncesto; Suecia y Estados Unidos el tenis, y así. Coronada la cima en todos ellos, ninguna parece hoy más predestinada que otra, dadas las veces que llamamos a las puertas en las décadas precedentes. La supremacía es tan irreal que dentro de pocos años, en algunos de los países que ahora caen, día sí, día también, ante selecciones de futbolistas, golfistas, baloncestistas o tenistas españoles, escribirán acerca de su ansiado triunfo cómo la tradición vencedora española fue, finalmente, derrotada. Pero será falso. Hablarán de una tradición que nunca existió. Solo un prodigio, que como sucede a veces en literatura, pintura o música, escoge concentrar sus más improbables frutos a la vez. En vísperas de los mundiales de fútbol y baloncesto, Nadal gana hace unas horas su noveno título en Roland Garros y es irreal hasta escribirlo. 

08 junio 2014

Paris era un vaso


Ampliamente consensuada la parte etílica entre Fitzgerald y Hemingway, asumido mutuamente el valor de la respectiva imaginación literaria, la obra póstuma del segundo se lee como una lucha por el polo opuesto de ambos acuerdos: el realismo. Si a mediados los años veinte del siglo XX, Hemingway había renunciado parcialmente al periodismo para intentar vivir, sin gran éxito, de sus cuentos, Fitzgerald llevaba años viviendo más que holgadamente de los que publicaba en The Saturday Evening Post. Cuando éste afirme escribir cada cuento en su “forma honrada” para después alterarlo y estropearlo a fin de encajar en el perfil deseado por su mecenas editorial, a Hemingway le parecerá obsceno el realismo de su compatriota. Más tarde dirá de él que no sabe beber, que su alcoholismo es inmaduro para tanto intento –“nunca imaginé que compartir conmigo unas pocas botellas de vino blanco iban a convertirle en un majadero”. Cuando Fitzgerald caiga enfermo durante un viaje y corresponda a Hemingway cuidarle, tendrá que padecer la mezcla afiebrada de inseguridad, narcisismo y victimismo que, quizá, alguien acostumbrado a convivir con justo esas virtudes en Zelda, ya no podía no reproducir, cuando era él quien necesitaba ser atendido. 

06 junio 2014

70 años del día C


La política nazi que reivindicaba Lebensraum, el espacio vital necesario moralmente al imperio, cumplía cinco años cuando, aún a pocos días del 6 de junio de 1944, hitler seguía pensando que el desembarco aliado tendría lugar en Calais y no en Normandía, donde, hace hoy setenta años, el nazismo empezó a perder el frente del oeste en un día que más merecía la C de Caronte que la D con la que ha pasado a la historia, y que dejó 230.000 muertos y 300.000 heridos, sumados los dos bandos. Estos días puede verse en La Abadía Lebensraum, teatro gestual llegado de Suecia y los países bajos, que, pensado para hacer sonreír, incluye un instante turbador, cuando lo que hasta entonces has considerado una muñeca empieza a moverse apenas perceptiblemente como un ser humano, porque lo es. Como si eso honrara también lo que, dejando más de medio millón de muertos y heridos, necesitó de tan dantesca fuerza inanimada para devolver la libertad y la vida a países enteros.

05 junio 2014

Operación Shakespeare



Acaso como todos los que intervienen en la versión de Marco Carniti de Como gustéis, estos días en el Valle Inclán, Edu Soto ha de sentirse, flauta en mano, el Pamino de La flauta mágica, obligado a pasar, por calles y bosques, prueba tras prueba, sin saber hasta el final si se avanza o no, y que quizá desearía la suerte de Papageno y su boca sellada. Nadie ha de sentirlo más que el Duque Fernando, aquí encarnado en un gurú de un bosque más espiritual que pastoril, como un Sarastro que vendiera esoterismo de televisión nocturna. Solo que más similitudes con Mozart, más sufre la visión de este Shakespeare cantado, que en los mejores momentos –cuando Verónica Ronda es la que canta o Soto el que habla- recuerda a un musical de la Gran Vía, y en los menos felices –que son lastimera mayoría- a una versión relajada de Operación triunfo. Shakespeare es el tema final de la temporada anual del CDN, y con suerte uno sale de esto para ver el Macbez de Lima en el María Guerrero, y no al revés.

04 junio 2014

viajes cercanos


Uno llega a la puerta del Auditorio Nacional y descubre que ha extraviado la entrada que estaba en su bolsillo. Dejada en el taxi o caída en el breve paseo una vez salido de él. Entre adquirir otra en ese instante y volver a casa frustrado, escojo lo segundo para poder aprender la lección, y en el camino de vuelta hallo la entrada, doblada como estaba, y con una huella de zapato impresa, que acaso sirve para que el aire no la desplazara hasta un asiento inencontrable. Obvio que el concierto se vuelve desde ese instante más apetecible, una vez dentro espera la misma secuencia: si el Concierto para violonchelo y orquesta en re mayor, de Haydn, emplea apenas a dos docenas de instrumentistas, dejando vacías la mitad amplia de las sillas que hay en el escenario, la segunda sinfonía de Mendelssohn ocupa no solo esas sillas, sino también parte de las del coro y la del organista, como si lo que encuentras añadiera matices a lo que perdiste. Compuesto de tres movimientos y una cantata, y honrando en su día el cuarto centenario de la invención de la imprenta por Gutenberg, ilustra doblemente lo anterior, al disponer al final de la sinfonía justo aquello –la oralidad- que precediera la invención de la fijación industrial de la letra. Horas después, en los Teatros del Canal, una versión de cámara –un piano haciendo de orquesta- de Katia Kabanova, de Janacek, forjada en el Théatre des Bouffes du Nord, aporta una dimensión distinta de la compensación musical, ésta volcada del lado de la dramaturgia. El resultado es que a ratos parecemos estar asistiendo a Lady Macbeth de Mtsensk, de Shostakovich. Cómo viajar más sin salir de la misma ciudad.

03 junio 2014

lectura dramatizada




Con una puntería que Tiresías envidiaría, el mismo día que el rey abdica, la Compañía Nacional de Teatro Clásico escenifica en el Pavón, dirigida por Juan Pastor, la lectura dramatizada de El reconciliador, de Manuel Silvela. El programa de mano define la institución en su más hondo sentido histórico –“En 1821 los reyes absolutistas se habían aferrado con más fuerza que nunca a sus tronos… en España el pronunciamiento de Riego obligaba a Fernando VII a restaurar la Constitución de Cádiz, comenzando el trienio liberal… boicoteados pronto por la actitud obstruccionista y conspiradora del propio rey y la presión de los absolutistas, apoyados por la nobleza y el clero. La santa alianza europea envío un ejército francés en defensa del rey, dando paso a una década de represión feroz”-, pero es su último párrafo el que parece escrito esta misma mañana –“con un comportamiento en el que abundan emociones lacrimógenas y se exageran aspectos sentimentales y patéticos, así como una intención moralizante.” Para más simbolismo, quien acudiera al teatro, malamente llegaba a la manifestación convocada en Sol para pedir la república. 

02 junio 2014

la real gana


Hace años el padre de una exnovia –militar con experiencia en la casa real- contaba que la mayor virtud del rey, la razón que mejor le acreditaba, era que siempre instaba a las partes en conflicto a hablar, a buscar puntos de acuerdo, tantas veces como fuera necesario. Animar a hablar implica, como primer precio, acostumbrarse a escuchar, y este rey, que heredó todas las razones del mundo para vivir escuchando las razones legítimas de los principios republicanos, acabó generando razones propias, ganadas a pulso, que empezaban y acababan en su comportamiento dudosamente ejemplar al frente de un cargo, entre cuyos anacronismos incluye el ideal moral. Si el primer deber de un rey debiera ser, en el mundo actual, dimitir nada más nombrado, el deber de una sociedad madura es pedirlo, o como en este caso, esperarlo. Entre las señales de la precariedad democrática está necesitar una figura medieval para liderar un proyecto del siglo XXI, y por comprensible que sea honrar su papel en la transición, cuarenta años después lo deseable sería agradecer a la persona y anular el cargo. Como su propio discurso de despedida acredita, preparar a un hombre durante cuarenta y cinco años para ser el mejor sucesor posible del puesto menos necesario posible tiene que ver con la misma idea que vertebra esos otros absolutismos modernos –los grandes partidos políticos-, no por nada cómplices perfectos en esa labor que, a efectos prácticos, es la misma que Shakespeare puso a cumplir al duque de Buckingham para Ricardo III. Cada ocasión desaprovechada de anular los privilegios de sangre, y su cualidad hereditaria, es una oportunidad perdida de decirnos la verdad a tiempo. 

31 mayo 2014

bosque de eucaliptos de Birnam



Trasladado a las luchas por el poder en la Xunta de Galicia de nuestros días, la versión de Macbeth que firma Juan Cavestany y dirige Andrés Lima en el María Guerrero estos días fluye fácilmente porque, méritos muchos del conjunto aparte, la culebra de ambición y crimen que formulara Shakespeare podría encajarse en una comunidad de vecinos y seguir contando magníficamente lo que guarda. Vengan de Brujas o Meigas, las voces a las que quien está dispuesto a matar por una parcela de poder se permite escuchar, y creer, para tener a quien culpar de sus propios actos no requiere de un reinado vulnerable para crear el drama de arrebatárselo, se entiende igual de bien si es un cargo público en nuestro tiempo o uno empresarial en los últimos ochenta. Pero al volcar en la ambición política lo que en el texto original es pura, medieval, sed absoluta de poder, los cómplices que Macbeth y el señor Mácbez necesitan para mancharse las manos como quien ejecuta instrucciones, pasan de entenderse como un delirio propio de la Escocia del XV más supersticiosa, a diluir la palanca primera que mueve hoy la política. Si Macbeth puede enloquecer sin miedo a la mano negra del destino es porque es ésta la que le ordena su locura, pero las razones del Presidente de la Xunta, Mácbez, son transparentemente actuales –influencia, dinero, la presunción del lujo institucional-, por eso la voz que las sugiere –Meigas y no tres consejeros, compañeros de partido o empresarios afines- pierde la ocasión de fundar mejor lo que después pugna el texto. No es un rey escocés sino un cacique gallego. Permitirle ocultarse en ensoñaciones de brujería, cuando basta leer un periódico para ver probada la versión real, es dejar a medias el trabajo. 

30 mayo 2014

Vanesa Winship



En una curiosa modalidad de coberturas compensatorias, el mismo día que uno termina de pelearse con la aseguradora de su moto, entro en la nueva sala de exposiciones de la Fundación Mapfre en Bárbara de Braganza justo el día que se inaugura. Lo hace con las fotografías de Vanessa Winship. Tomadas en la región de los Balcanes hace dos décadas, muestran una pobreza encapsulada en los retratos de niños a los que convivir con la precariedad pareciera haber superpuesto una gravedad adulta, que, desplazada a las imágenes de adultos en grupos, o avanza hacia la brutalidad en sus miradas o retrocede hacia la vulnerabilidad infantil en gestos de impotencia o desamparo. Sus paisajes son también los de algo que podría ser lo que quiso o debió ser, y es otra cosa lograda por agotamiento o abandono: Muy cerca de una fotografía de las columnas de un puente, dejadas a medio hacer, y que semejan las de un templo griego puesto en el sitio equivocado, otra de una familia rusa caminando al pie del muro que separa las vías de un tren que quizá lleva años sin pasar, sugiere una idea alucinada: que en medio de un paraje empobrecido, quienes lo caminan lo hagan de turistas, que esas bolsas que llevan y bañadores que visten pudieran contar un viaje que conscientemente eligiera ese lugar. En otra un grupo de hombres y niños albaneses que parecen esperar un camión que abastezca de agua recuerda las estampas que Norman Rockwell creará en la década de los 40 para alentar y honrar el heroísmo bélico primero, y cívico después, del que salió Estados Unidos como un país que en adelante no esperaría ya nada de nadie. En lo que ha visto Winship hay tanta carencia que sorprende que miren todos en la misma dirección, como si lo que necesitan solo pudiera venir de un sitio y no de todos a la vez.

28 mayo 2014

sube


sitios en los que estar antes de morir: un ascensor. 

26 mayo 2014

lepenópolis


Hace unos días, uno podía ir al Instituto Francés, en Madrid, a ver Metrópolis, de Lang (Fritz), y hallar de camino a la sala un cartel con el rostro de marine le pen llamando al voto para el partido que lidera. La vigencia estética de la película, casi noventa años más tarde, no es menor que la de su más clara metáfora: la del engranaje falsificado que, imitando lo que eres, lo que quieres, lo que necesitas, vino en realidad para perderte y perpetuar así los poderes que deberían ser derrocados. Como esa versión insospechada –Terminator-, le pen viene del futuro y del pasado. Es ofertando éste que viene de hacerse con un trozo de aquel. Parte del mérito es, por supuesto, hacerlo sin maquillaje alguno. La otra parte tiene que ver con el valor de las propuestas perdedoras, sea socialismo, derecha clásica o cualquier cosa entre ambas. De cero a acero no hay mucho.  

25 mayo 2014

vote por este tubo


No ha terminado aún el partido que pugnan en Lisboa el real madrid y el atlético y ya suenan en la calle gritos que insultan a la madre de no sé quién –si el vencedor o el perdedor-, maldiciones y estribillos que más parecieran honrar una trinchera recién ganada que un partido de fútbol. En los puertos de Suecia, quienes bajan de los barcos en coches o camiones están obligados a pasar un control de alcoholemia, bastante más estricto que en españa, para poder acceder a la red viaria. Unas horas más y quienes gritan a estas horas contra quienes, al contrario que ellos, no han ganado nada, se acercarán a un colegio electoral como quien baja de un navío en cualquier puerto de españa. El barco en que viajamos todos es también ese. 

24 mayo 2014

o eso o huir


Correr cuando el mundo se queda solo es salir de la paz y llegar a lo fantasmal: como ocurre un domingo, temprano, las calles vacías crean una ciudad nueva, que acabara de ponerse en marcha, aún sin usar, sin ensuciar, una que no nos necesitara. Caminarla mientras todos se ocultan en sus casas, no dormidos sino aguantando la respiración delante de un televisor es recorrer un mundo de espectros, del que eventualmente vienen gemidos, suspiros o gritos al unísono, que parecen venir de todas partes, pero sin que llegues a ver a nadie, como si las propias calles vacías los generasen para no sentirse raras. El espejismo alcanza incluso a los plásticos que cubren los muebles dejados en una terraza mientras las obras tienen lugar en uno de los pisos del edificio. Cuando uno sale a correr, éstos han abandonado los muebles y caen hacia el suelo, ondeando al suave viento de la tarde como una bandera blanca, que es, como cualquiera puede entender, más de rendición que de otra cosa. 

04 mayo 2014

Darthccionario



A partir de “may the force be with you”, el 4 de mayo se celebra, de forma no oficial, el día de Star Wars en todo el mundo. Por apenas ocho días, no coincide con los veinte años transcurridos desde la muerte de Richard Nixon, quien dimitiera tras publicar el Washington Post pruebas de su pertenencia al lado oscuro de la política. Sin tanto escrúpulo, parte de la música que John Williams compusiera para Nixon (Oliver Stone/1995) sería reutilizada, por él mismo, en la segunda serie de las películas de Star Wars.

noria de bachmayer


Escrita por Laila Ripoll y Mariano Llorente, El triángulo azul, estos días en el Valle Inclán, cuenta la peripecia de los españoles condenados por el régimen paranazi de franco a morir en el Campo de exterminio de Mauthausen o allí donde se les antojara a los alemanes. En un momento de la representación, convertida en bufonada la tortura y muerte de uno de los prisioneros del Campo, los músicos –prisioneros vestidos de payasos- animan al público a dar palmas mientras la agonía del torturado da paso a su asesinato. Quien asiste, estremecido, ha de elegir en ese instante, no si está en el teatro, sino si eso que está viendo lo es pese a las evidencias. No pocos aplauden cuando se les pide. Buscado o no, la representación conquista, así, algo que cualquier libro sobre la alemania nazi, y en este caso concreto, El convoy de los 927, de Montse Armengou y Ricard Belis, describe: que en un genocidio hay siempre tantos cómplices como muertos. 

27 abril 2014

Mismo enemigo, mismo pueblo



Siete años han pasado desde que Israel Elejalde se asomara por vez primera al Centro Dramático Nacional. Y quizá porque el tiempo de los autores que ayudara a encarnar no se ha movido un ápice de Ibsen a Galdós, las peripecias de sus personajes tampoco lo han hecho. El único amigo que Ibsen pusiera a disposición del doctor Stockmann en su Enemigo del pueblo resultaba, en la Doña perfecta, de Galdós, más de los que el protagonista –Pepe Rey- podía encontrar en un pueblo perdido de la España de finales del XIX. A merced en Ibsen de todos los que, en la advertencia sobre la calidad de las aguas del balneario, prefieren la mentira a ver arruinada la fuente de sus ingresos, y en Galdós de quienes, por mor de la autoridad obvia de la iglesia y el absolutismo de la burguesía local atrincherada, conspiran contra la elemental verdad que defiende el joven llegado a Orbajosa, Elejalde está más solo cada vez. También porque el lado que defiende en solitario la verdad es más vulnerable si quien defiende la mezquindad es de su propia sangre –el hermano en Ibsen, la tía en Galdós. Su Alcestes reluce estos días en El misántropo como un enésimo Zaratustra, sin el consuelo de tener a quien mirar a los ojos mientras aquel le traiciona, dado que en la versión de Del Arco, esa es una misión al alcance de cualquiera. Encarnará un día a John Proctor, de Las brujas de Salem y su muestrario sobre el jurado torticero o directamente fanático seguirá puliéndose. 

24 abril 2014

Desde el mismo núcleo de la mecha


Inserto en un artículo sobre genómica, se lee en El País, ayer, de la creación de la Human Longevity Inc. “Nuestro objetivo es que los 100 años sean los nuevos 60” –dice su cofundador. Se ceban así dos bombas a la vez: la demográfica y la que trae el cambio climático, cuya amenaza se trata justo a la inversa: Nuestro objetivo es que los 60 años sean los nuevos 100.

Cien años de memoria


Como no lo he leído estos días en la prensa, lo dejo aquí: creo que es al principio de Cien años de soledad cuando se narra la peripecia de un hombre que, conforme pierde la memoria, ve cómo su esposa o familia va sembrando la casa de notas con el nombre de las cosas, cada una junto al objeto que describe. Las editoriales que lo distribuyen hacían lo mismo ayer. 

21 abril 2014

diario de a bordo de la astilla


Como casi todo lo que pudiera rodarse a partir del Antiguo Testamento, Noé, de Darren Aronofsky, es una película sobre el sentido del humor de dios. Más específicamente, sobre cómo quien no juega a los dados con el universo podría albergar cierta disposición a hacerlo con los hombres. En uno de los escasos hechos que el guión no modifica o fabula directamente, con el destino de la especie humana en juego, convencido Noé de que dios no desea más hombres que los que vayan a bajar del arca, y al saber que la mujer de su hijo Set está embarazada, tras jurar matar al recién nacido si es niña, dios envía no una sino dos gemelas a su vientre. Sin tanto estrés, incluso Noé habría apreciado el sentido del humor de quien extermina a una especie en su práctica totalidad para luego dar a esa especie la oportunidad de repetir los mismos errores, esta vez sin tanta competencia.
Como los propios inquilinos del arca, cada idea no literalmente tomada del Libro del Génesis es también doble, y si una sirve para vender entradas, la otra no desmerece ni del mundo previo a ese diluvio, ni del posterior: son los descendientes de Caín los llamados hombres, solo ellos. El mundo previo al castigo divino es uno familiar: la deforestación brutal, la contaminación impune, la tierra esquilmada, el canibalismo simbólico y el otro, las ciudades, las máquinas. Solo la presencia del descendiente de Caín dentro del arca es redundante, pues, como recalca Noé a quien quiere escucharle, eso viaja ya dentro de cada uno de ellos. Noé y Set Matan a cuantos pueden para salvaguardar la misión encomendada. Noé deja morir después a quienes claman antes de que la inundación se los trague. Las líneas más verosímiles son, ya sea dirigidas a dios o a aleccionar a uno de los hijos de Noé, las del tataranieto de Caín –“yo doy la vida y yo la quito, como tú”.
Anclado en la parquedad expresiva de dios y en la dificultad de consensuar con él un diccionario, las preguntas más interesantes de la película tienen que ver con el tormento interior de Noé, convencido, con razón, de que obedecer a dios es defraudarle y confiar en su criterio, un acto de ingenuidad que tiene en cada uno de los miembros de la familia regeneradora un ejemplo distinto: Noé no puede matar a un recién nacido si dios no se toma la molestia de impedir el embarazo, que sería lo más fácil y limpio. Su esposa niega la voluntad de dios, que viene de ejecutar a millones de adultos y niños, solo porque estos niños son sus nietos. Set, una vez padre, opina igual. Cam es el más humano de todos ellos: la sensación de tener menos que su hermano y el deseo de venganza corroen su alma. La pregunta de quién traiciona a quién –si Noé a dios, dios a Cam, Cam al resto- es menos interesante que ver en el desenlace –el diluvio como acto estéril si la especie humana pervive- uno que dios debía prever, al poner en las manos de un hombre la decisión sobre los frutos de su propia sangre.
La última década ha visto, con esta, tres arcas llenar los cines: la que Roland Emmerich fletara en su 2012 (2009) y la que Scott Derrickson bajara del cielo en el remake de Ultimatum a la tierra (2008). Si ésta respetaba ortodoxamente la simbología del arca –los animales a salvo por parejas, el hombre a salvo, desaparecido de la faz de la tierra-, aquella añadía el matiz más verosímil posible: que los ocupantes de las tres arcas construidas a tiempo lo fueran avalados por los ingresos que pudieran pagar el camarote, de forma que militares estadounidenses, jeques árabes y millonarios rusos navegan plácidamente hacia el futuro de la especie. Si asistir al comportamiento de los hombres sirve para juzgar a dios, y mirar a éste como aquel del que surgiéramos hechos a su imagen y semejanza, sirve para declararnos inocentes, la película de Aronofsky añade un matiz de esperanza a futuro: si al menos descendiéramos de Jennifer Connelly. 

19 abril 2014

De la hemeroteca de Arturo Galván


“Lope de Rueda… Juan de la Encina… Torres Naharro… ¡pero quién coño son éstos!... ¿dónde han estrenado estos cabrones si puede saberse?... estos son de falange, seguro. Recomendados del gobernador… ¡nosotros traemos a Muñoz Seca, a los Quintero, a Torrado, a Jardiel Poncela! ¡no a enchufados!”

De El viaje a ninguna parte, de Fernán Gómez.

18 abril 2014

Cortedad de España


Ninguna de las cuitas, representadas y reídas estos días en el Matadero, del infeliz Juan de Silva, gallardo hidalgo que encabeza La cortesía de España, de Lope, causaría más sorpresa, cuatrocientos años atrás, que el que las carcajadas más claras suenen cuando aquel resume su caballerosidad extremada, desproporcionada incluso entonces, en el ser español. Más peculiar es que esa garantía presumida de nobleza y fiabilidad no cause tanta risa como que eso –ser español- pueda ser motivo de orgullo tomado en serio. Magníficamente servido por Francesco Carril, tanto dechado de honra solo mueve a chanza hoy si presume de lo único que nadie en sus cabales alardearía. Lope no lo puso en su texto porque tal era impensable en tiempos del Imperio regido por Felipe IV. El logro actual es dudoso, pero al menos, honesto. Reír lo que no somos es, con suerte, la mejor forma de dejar de no serlo.

17 abril 2014

send in the clowns



Compuestas con cincuenta años de diferencia, Ruggero Leoncavallo y Pablo Sorozabal escribieron, respectivamente, sus Pagliacci (1892) y Black el payaso (1942) cuando el circo era un personaje que solo moría en escena. El montaje doble de estos días en El Teatro de la Zarzuela ha invertido el orden, pero dudosamente la profecía. Incluso disponer de un espacio fijo en Madrid que lleva el nombre de Circo Price solo sirve hoy para advertir cómo los payasos que en la ficción musical pugnan y sufren queriendo ser otra cosa –un rey, un hombre- lo han logrado: en el circo moderno muy raramente asoma un payaso ya. La admonición de Tonio al principio de Pagliacci –“yo soy el prólogo”- es tan profética acerca de la caída como lo sea una de las primeras que pronuncian, al unísono, Black y White –“¡Y hay quien dice da preocupaciones gobernar a las naciones! ¿Y gobernar al público no es nada?”. Mientras la ópera regenera permanentemente sus obras mayores –de Monteverdi a Gershwin- al tiempo que crea su propio repertorio contemporáneo, la zarzuela declina porque sus libretos son, en su mayoría, material apolillado. Entre el White payaso y el White primer ministro, el público menor de cuarenta años escoge hoy… a Tonio y Canio, aunque sean éstos los que pasen la obra entera sin salir del circo y no a quienes, en la obra de Sorozabal, no lo pisan. Hay cierta crueldad en que lo que vale para buena parte del género de la zarzuela y la opereta no lo haga en Black el payaso –su música y su libreto son estupendos-, y lo que se aplica a Pagliacci –libreto más bien simplón- la ubique, pese a todo, entre las óperas más populares y representadas. Tratando ambas de la verdad dentro de la simulación, hablan también de ese reducto amenazado del payaso que cumple hoy su función: Leo Bassi sufre amenazas del sector más integrista del catolicismo cada vez que sus monólogos hablan de ese circo fangoso: la religión fuera del libreto que se pregona desde hace siglos.

posando para la catástrofe


Cómo un taller de dramaturgia, incluso uno sobre la catástrofe, cumple invariablemente esa condición: ellas son mayoría. Siempre.

13 abril 2014

tamaño del galeón


http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/09/actualidad/1397039187_622486.html

09 abril 2014

muñecas rusas


Se pregunta David Nieto en Cartas al director, hoy en El País, si respetaría la Generalitat el derecho a  decidir de las regiones en las que hubiera ganado el “no” y que, por tanto, hubieran decidido seguir junto a España. Y más valiosamente, si se permitiría, en un supuesto futuro estado catalán, que una región integrante de Cataluña decidiera por sí sola irse de dicho estado. El proceso sigue –dice artur mas, nada más asistir al veto absoluto del congreso. Si no entiende a Nieto ni lo que el significado legal de la decisión de ayer comporta es porque está hablando de la novela de Kafka que lleva ese título. Improbablemente ha de saber también de qué habla ésta.

03 abril 2014

ser abuela de tu hermana



La versión de Tres hermanas, de Chéjov, que Sanchis Sinisterra muestra estos días en La Abadía, dirigida por Carles Alfaro, habría gustado más a Shakespeare de lo que acaso a Chéjov, contada la historia de las hermanas Prózorov como si fueran las tres brujas de Macbeth puestas a soñar una historia rusa, tres siglos después. Solo que, puestas por Sinisterra a decir a todos los demás personajes que han sido suprimidos, Masha, Irina y Olga acaban superando el presente que Chéjov las puso a padecer y, en la vejez que recrean Julieta Serrano, Mariana Cordero y Mamen García, son literalmente el futuro que temen. No es un ápice distinto a lo que Chéjov condenó a tantos de sus personajes, pero sí modifica la incertidumbre, el temor a la soledad que puso en ellos, pues, dicho y leído desde el fracaso de sus sueños, más semeja el relato de un conjuro fallido que la vicisitud aburguesada de tres jóvenes rusas por escapar de su destino. Puestas a ser, respectivamente, el personaje y el portavoz de otros, mezclados los miedos y las ilusiones vanas, más funciona el espejismo cuando más conoces la obra. Es así como lo que podría ser la baza principal del montaje de Alfaro es, probablemente, su agujero más hondo. Cuando Irina lamenta “a dónde se ha ido todo el mundo”, la mayoría no ha de saber de quienes habla. Nunca estuvieron aquí, no hoy. 

ver (concur) so


se toma un verso, se publica y se espera a que alguien añada otro, y otro, y así.
posibilidades de éxito: cero

trátame como lo hace tu ausencia