26 febrero 2012

quitas

Coincide ese imposible de la legalidad que es escuchar al ministro de economía pedir a la banca gestos de buena voluntad hacia los amenazados de desahucio, con los 130.000 millones de euros concedidos a Grecia para que haga frente a los cumplimientos de deuda de vencimiento próximo y que ha supuesto, sustituida la buena voluntad por el más eficaz imperativo fiscal, una quita del 75% sobre las cantidades originalmente suscritas por la banca privada que comprara bonos griegos. Súmese el anuncio de que los ayuntamientos podrán acceder a un crédito, vía banca, para pagar los 40.000 millones que se deben a autónomos y empresas… con prioridad a quienes asuman una quita. ¿Qué si no una dación de derechos adquiridos es cambiar deuda comprada por 100 por otra que vale súbitamente 25, o aspirar a cobrar, años después de emitida, una factura que valga hoy un 15, un 20% menos de lo que dice en ella?. Qué más justo que permitir a un hombre devolver el piso que no pudo pagar por las mismas razones por las que Grecia o un ayuntamiento se revelan insolventes. Qué más justo que entender que la capacidad de equivocación o el margen de error de cálculo de un hombre es ínfimo comparado con la perseverancia magnífica de países y gobiernos municipales en comprar tiempo y espacio que no pueden pagar. 

25 febrero 2012

normal, pero menos

¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? –título del nuevo libro de Jeanette Winterson y frase que escuchara ésta de joven, tras decir a su madre que le gustaba otra chica.

15 febrero 2012

sacar el corazón del bolso

La clemenza di Tito es una ópera sobre las reinas que escogen no serlo y sobre un rey que escoge no actuar como rey. También es extraña porque el personaje masculino encargado de matar a Tito por no amar a la mujer que el asesino sí… es uno cantado por una mujer, asi que las razones que, por amor el criminal calla, también parecen de amor que él/ella pudiera sentir por Tito. El día -ayer- que uno va a verla en el Real hay reinas por doquier: la del país entero, sentada un piso más abajo. La de la prensa del corazón, justo delante de mi asiento. Pero es Rosa Montero, sentada a mi derecha, la que al final de la obra, radiante, me regala unas pequeñas golosinas sabor sandía, con forma de corazón. Y uno casi se va con ella. Antes de que sea miércoles. 

14 febrero 2012

hoy

14-2-12 = 0

13 febrero 2012

monstrue, 2.12


portada: nacho remón
diseño: alma pérez
texto e ilustraciones: juan pablo garcía

10 febrero 2012

todavía

Oído ayer en la sala de espera de un ambulatorio, entre una madre y su hija:
Madre: ¿Estamos en marzo?
Hija: no, febrero
Madre: ¿todavía?

08 febrero 2012

indefensión del sofá

En solo tres días, una mexicana de 22 años que durmiera aquí el fin de semana confiesa venir de su país pensando que en Europa no nos bañamos mucho, una lituana de 35 pregunta si es normal alojar o ser alojada por criminales, y una española de 32 años relata cómo podría suceder que couchsurfing sea en realidad una secta. Y ninguna bromea lo más mínimo.

06 febrero 2012

torpeza socialista obrera española

Coinciden en el periódico la marcha oficial de Zapatero de los órganos de poder de su partido y el anuncio del nuevo ministro de Economía que reduce en una horquilla que va del 33% al 81% el sueldo de los directivos de las cajas con ayudas gubernamentales. Del saliente se citan sus políticas sociales en el haber y en el debe, los recortes en gasto social anunciados en mayo de 2010, al poco de quebrar Grecia, que precipitara la caída del gobierno dos años más tarde. En paralelo, el recién elegido secretario general del psoe anuncia como parte de una agenda progresista la revisión de los acuerdos con la iglesia, de volver al poder. Asi que lo que se cruza en el periódico de ayer es algo más relevante: a la vista de la mediocridad con que el psoe ha gestionado su propia identidad en los últimos 8 años de gobierno, y dada la mezquindad con que el pp ha ejercido su labor de bomba lapa durante ese mismo tiempo, se hace inevitable pensar que quizá los primeros merezcan la oposición como medio óptimo en que desarrollar un programa consecuente de izquierdas, y si está por ver que los segundos, recién llegados al poder, merezcan dirigir un país, al menos, como viene de demostrar Luis de Guindos, acaso podrán subsistir un cierto tiempo a salvo de la inoperancia con solo aplicar las medidas básicas que el psoe dejo pasar una tras otra. 

05 febrero 2012

El seguro

Una de las lecciones raras de la crisis es la naturalidad con que los peores presagios corretean entre nosotros como si fuera normal dormir entre víboras. Se escribe con pasmosa presciencia que 2012 será un año perdido, que el paro actual no es lo peor que veremos, que solo en 2013 avistaremos quizá algo de crecimiento raquítico. El tamaño de lo inevitable es, más que nunca, su garantía. Hoy leemos que Israel atacará Irán próximamente, que eso acaso produzca el cierre del estrecho de Ormuz que Estados Unidos no puede permitir sin dejar estrangular el tráfico mundial de petróleo. Y así como Rusia y China alientan a bachar el asad a seguir matando impunemente en Siria, ¿qué certeza germina ya en la cabeza de putin para el día que Israel desate la guerra literal con Irán?, ¿qué órdenes tiene ya hezbolá sobre la mesa?. Mientras las proyecciones económicas o bélicas tienen la credibilidad bien ganada de las fotografías, las evidencias del cambio climático o el imposible de la prosperidad que es tener cinco veces más población de la que deberíamos, se observan como quien mirara las tripas de un ave para interpretarlas. 

04 febrero 2012

up in the ground

Hay algo en la fiabilidad de George Clooney para encarnar un tipo de honestidad que, como ocurre en la línea recta que parece ir del Ryan Bingham en Up in the air a éste Matt King de Los descendientes, parece simular episodios de una serie en la que su protagonista fuese cambiando de trabajo cada año. Es una rara virtud transportar el valor de un personaje que encarnaras años antes, y que debe menos a las similitudes entre sus guiones que a la naturalidad con que algunas ideas parecen vivir automáticamente en Clooney. Y el prodigio ha de ser que el magnetismo obvio y el atractivo que éste emana sirva tan creíblemente para hacer compatibles la narración del éxito y la de las caídas no siempre visibles que le acompañan. 

03 febrero 2012

viniste a ver a otro

De las tres encarnaciones como personaje que uno recuerda de Andrés Lima, dos lo son de narrador en escena (Hamelin, en 2005 y Falstaff, en 2011) y la otra (El moralista, en 2003) como Denis Diderot encargado de redactar el capítulo sobre moral que Rousseau se niega a escribir. Coinciden estos días dos soberbios montajes dirigidos por Lima –Elling, en el Galileo y El montaplatos, en el Matadero- y mientras el Lima narrador sirve para sumar volumen invisible a los personajes que pasan por ambas, es el que sustituye a otro el que sirve para ilustrar esa paradoja del reclamo teatral –a quién va a ver uno cuando va a ver a Harold Pinter, a Alberto San Juan o Carmelo Gómez. Irónicamente, en el díptico que te entregan con Elling es más que arduo localizar al autor del texto, escondido entre decenas de nombres, como si la novela de Ingvar Ambjorsen en que se basa la adaptación de Axel Hellstenius y Peter Naes fuera una anécdota comparada con la versión de David Serrano para la ocasión.

Solo omitir a Lima sería más incomprensible. Con todo lo que supone escribir Pou, Flotats, Espert, Gómez, Gas, Pascual, Rigola, Vera o Vasco, Lima podría ser hoy el más sobradamente atractivo reclamo que un cartel teatral pueda imprimir. En ello juega también el que estar a la cabeza de Animalario no suponga ser la única cabeza de Animalario. San Juan ha firmado adaptaciones extraordinarias –Argelino-, Roberto Álamo, Javier Gutierrez, o el propio San Juan copan algunas de las mejores interpretaciones de los últimos años, y los montajes de la compañía son, en versión reducida –pongamos esta de San Juan y Guillermo Toledo- o ampliada –el Marat Sade de hace unos años, o Falstaff- el mismo engranaje sólido y nervioso al tiempo, estable y fulgurante de nervio teatral, ya sea para decir a Shakespeare o a Cavestany. Que también podría decirse así –ya sea para restallar un brillo del que, fuera de su aportación, carecen el teatro Arenal o el propio Galileo.

Devolver el gran teatro allí donde rara vez asoma es una virtud de los grandes. También lo es arrastrar hasta las salas lo que sucede fuera de ellas: no cuesta mucho ver en el desamparo y la fragilidad de los dos matones (Montaplatos) la misma que paraliza la de los dos deficientes mentales (Elling), que tanto se parece a la que tiene detenida la vida de millones desde que la crisis explotara. Ni uno solo de los cuatro personajes termina de entender qué dice el otro, qué quiere o qué teme. Como si despertar fuera peor que todo lo anterior, las peripecias de todos transcurren en una cama o su proximidad. Las instrucciones que esperan les destruyen en la espera –Montaplatos- o en su llegada –Elling. Su comicidad es trágica, nerviosa, desesperada. Su inocencia respira instinto o brutalidad, tanto como su culpa suda inocencia o una ignorancia que les libera.

La crisis que desnuda los escenarios de atrezzo y personajes bien merece llenarse del dolor que la nutre. Y cualquiera que haya oído hablar a Lima alguna vez puede deducir, sin gran esfuerzo, que acaso representar teatro sea un gesto más logrado cuanto más nítido se reconozca el teatro torvo que sucede fuera, en la política o la economía, por doquier. Y si el díptico en cartel habla, por un lado, de dos hombres que esperan saber a quién matar y, por otro, de dos que esperan la oportunidad de empezar a vivir, acaso viene, respectivamente, de Pinter y de Ambjorsen, Hellstenius y Naes tanto como de los periódicos y los telediarios. Si la peripecia de todos ellos nos conmueve es porque el temblor de todos ellos, como el de todos nosotros, no es ficción. Hay que ser actor y narrador al tiempo para ver con semejante lucidez las líneas que los unen. 

30 enero 2012

mattaclarckiano

Lo primero que uno siente al conducir un coche después de meses sin haberlo hecho es que acostumbrarse a desplazarse en moto agranda la ciudad, más concretamente, los huecos entre las cosas. Como si el precio de moverse dentro de un habitáculo donde sobra espacio por todos lados, fuera sentir que ese despilfarro privado crea, en los múltiples huecos que ves para avanzar, por todas partes, sin poder aprovecharlo, el despilfarro público que paraliza las calles, fuera de tu coche.

21 enero 2012

negro sobre negro

Se lee en El País 11.1 sobre el periodista de el mundo que durante años compatibilizara su cargo de editorialista en el periódico con el de escritor invisible de discursos para el entonces presidente balear jaume matas, por el que llegó a recibir 480.000 euros del gobierno balear. De resultas de eso, antonio alemany llegó a escribir en el diario sobre sus propios discursos, y con no escasa alabanza. Malversación, fraude, falsedad y prevaricación se juntan en el juicio que afronta estos días, ligado al que, por malversación de caudales públicos, falsedad documental y en documento mercantil, prevaricación, fraude a la Administración y tráfico de influencias sienta a matas en el banquillo estos días. Clama alemany que “ha sido un periodista rabiosamente independiente que nunca ha escrito al dictado de nadie”. Quizá por eso, queriendo sonar a discurso de altura, digamos político, su juramento de ética y principios probados suena, como es obvio con solo asomarse a su periódico, a ese mero artículo de opinión que llaman editorial. 

16 enero 2012

monstrue, 1.12



portada: nacho remón
diseño: alma pérez
texto e ilustraciones: juan pablo garcía

en mitad de la cuesta

este jueves, gran estreno

13 enero 2012

El extraño caso del doctor Abel y el señor Caín

La confesión final de Henry Jekyll con que Stevenson unificara en un propósito la dualidad del dolor humano, contada hasta entonces como brutalidad hija del afán de un Victor Frankenstein -“antes incluso de que el curso de mis descubrimientos científicos hubiera empezado a sugerir la posibilidad de semejante milagro, me acostumbré a acariciar la idea de separar dichos elementos. Si cada uno de ellos, pensaba yo, pudiera alojarse en una identidad diferente, eliminaríamos todo lo que es insoportable en esta vida: el injusto seguiría su camino liberado de las aspiraciones y remordimientos de su alma gemela, y el justo podría recorrer con paso firme su camino de perfección, dedicado a las buenas obras que tanto le deleitan, sin estar expuesto a la deshonra y la penitencia que le impone un mal ajeno a él” es un intento fracasado incluso antes de llegar a su descripción. Pues Stevenson puso a ambos dentro de cada uno de esos seres nuevos –a Henry Jekyll en la mente del recién creado señor Hyde al advertir que “nada más degustar esa nueva vida, supe que era más malvado, diez veces más malvado, y un esclavo de mi mal originario, y en ese momento, la idea me animó y embriagó como el vino”. A Hyde, a hablar por boca de Jekyll, incluso segundos antes de que éste aparezca. “Ahora tú, que has estado siempre constreñido por opiniones estrechas y materialistas, que has negado la virtud de la medicina trascendental y te has burlado de tus superiores… ¡observa!” –dirá a su amigo Hastie Layton, aún bajo la apariencia del enano malvado, pero sin embargo hablando con la voz de la conciencia del doctor Jekyll.  

12 enero 2012

voz que rebota atrás

El cantor de jazz (1927) no solo sucedió al cine mudo como un asteroide sucede allí donde cae, también trajo un sonido que era el de la caída de un formato que imperó durante 30 años, y simultáneamente el eco amplificado de otro que ya existía en los escenarios de Broadway. De ellos salió El cantor de Jazz para convertirse en la primera película sonora, y de esos escenarios llegaron los argumentos de los que tiraría la música, tanto como la palabra, para hacer del primer cine sonoro uno que en las siguientes dos décadas fue tan masivamente cine bailado como hablado. The Artist (2011) sucede en ese tiempo también. Y acaso su más obvio mérito sea ser al mismo tiempo tan clara herencia de Cantando bajo la lluvia (1952) como verosímilmente hecha para parecer previa a ésta. De ahí el asombroso molde de este George Valentin/Dujardin en que parecería inspirado aquel Don Lockwood/Kelly. Los dos espejos más obvios entre ambas –la coprotagonista rubia menospreciada por el galán, El caballero dualista como antigualla de otra era, la aparición de una joven aupada por quien será su amado, finalmente- tiran de su primera aparición, en 1952, pero su inclusión en la magnífica y temeraria revisión de Hazanavicius es, como todo en su película, uso maravillosamente elegante de recursos olvidados o superados –la gestualidad que incorpora una película muda, el equilibrio de información suficiente a que obliga no trufar de cartelas la historia, un lenguaje narrativo creado para los ojos de hace un siglo, volcado sin forceps para caber en los actuales. El hondo declive de un mundo como consecuencia del ascenso de otro es, por demás, una formidable ironía, obvia en los raros momentos de silencio absoluto, cuando la sala atiborrada se llena además del sonido que viene de la sala de al lado, como si la voz del cine contemporáneo –que, entre otras cosas, arrinconó hasta casi expulsar, el musical como género- no permitiera la resurrección de un enemigo al que, ni habiendo enterrado, consigue hace callar.

La llegada del sonoro trajo una paradoja que resuena en The Artist a cada plano: el poder de la música para contar una historia… que pueda hacer innecesarias las voces de sus protagonistas. No hay década sin ejemplos: de haber estado vivo en 1951, George Gershwin habría podido llenar por completo Un americano en Paris hasta poder contarla por si sola. La música de Bernard Herrmann narra Psicosis (1960) sin gran ayuda, como acaso también Henry Mancini pudiera ser todas las voces que Desayuno con diamantes (1961) necesite. La música de Scott Joplin que George Roy Hill escogiera para narrar El golpe en 1973 posee ese mismo don. John Williams habría podido nacer en 1890 y aún así haberse convertido en el mejor músico que el cine mudo hubiera podido soñar. ¿Qué sino fe en esa narrativa pura es dejar que Williams compusiera un tema libremente al que luego Spielberg se adaptaría para montar los últimos diez minutos de Encuentros en la tercera fase?. Como Fritz Lang, Chaplin o Wilder, Hitchcock halló una voz aún más formidable al encontrarlas todas. Pero solo él dirigió dos veces la misma película –El hombre que sabía demasiado-, una a los pocos años de logrado el sonoro, y otra dos décadas después. Quizá por eso, cuando la vida de este George Valentin en plena caída parece estar acercándose al silencio final, la música que suena no es la de Ludovic Bource, sino la de Herrmann para Vértigo. Luciendo así el mejor milagro de la música encargada de ser la voz de sus personajes: poder traer a esta historia de 1927 rodada en 2011 el mismo dolor que paralizara a James Stewart en 1958.

09 enero 2012

07 enero 2012

y sin embargo es un sistema honrado

Uno de los parapetos más insospechados tras los que eta refugió durante décadas su andadura criminal fue que, ganándose la legitimidad ideológica reventando cuerpos, nadie pudiera anteponer a eso tan obvia prueba de su catadura real como es la extorsión a que sometiera a cuantos se cruzaran en su camino. No pedir dinero sino exigirlo tiene que ver con la fiscalidad de un territorio. Solo que, gestionado en la normalidad, la pena por no pagar es… pagar más. Mientras que, gestionado por asesinos, la pena por no pagar es que te maten. Cambiar “chantaje” por el más legalizado “impuesto” no es, por supuesto, menos previsible que quitar del sintagma “criminal” por su mejor tapadera “revolucionario”. Solo que el fin de los asesinatos no ha traído la extinción de sus métodos paralelos. Los cuerpos de los caídos son hoy los de la economía en todos sus eslabones. Y por eso, el término “extorsión” merece quedarse a vivir en las páginas de los periódicos, aunque quienes la empuñan usen hoy, en vez de balas, apellidos reales o investiduras presidenciales. Si alguien, como declara el expresidente de un club de fútbol, “se sintió obligado a aportar 30.000 euros” a la empresa del yerno de un rey, eso es extorsión. Como no por pactado con multinacionales previo al escándalo, deja de serlo cobrar de ellas 200.000 euros anuales por asesorar a sus directivos y al consejo. Otra cosa es, por supuesto, la coherencia que une la mera idea de monarquía como una extorsión al concepto de democracia con que uno de sus miembros, aunque sea alquilado, haga uso de ese derecho para estafar en nombre de la corrupción pactada.  

El propio concepto de extorsión es, de tan extendida, casi un territorio. De ese valor geográfico y su moneda -el ciudadano- habla el expresidente de una comunidad mientras es juzgado por los hilos sueltos de una operación gigantesca de fraude y chantaje a las arcas públicas. Y hay que imaginar el esfuerzo de sus abogados para forzarle a callar en los juzgados lo que tanto clamara fuera de ellos al ser acusado –que lo que los votos legitiman no puede ser vulnerado por la justicia, que el apoyo popular está por encima de lo que el uso fraudulento del poder permite. Y tiene razón, por supuesto. Pues toda la lógica de una campaña electoral descansa en esa otra modalidad de extorsión que es comprar voluntades con simploides chucherías de mitin mientras se roba la exposición y debate de la realidad política, social, económica, cultural o demográfica. Cómo diferenciar los conceptos falsos o inexistentes con que el expresidente y el yerno real alumbraran su camino delictivo hasta aquí de los que se venden en política como máscaras zafias de ideas más graves, menos publicables.

La extorsión de uno y la corrupción rampante del otro se hermanan en este punto: mientras la descripción de las pruebas obvias del delito llena los periódicos, solo su obscena visibilidad impide a los extorsionados seguir tan anchamente satisfechos. El expresidente autonómico saldría reelegido por cuarta vez mañana mismo, y las empresas que se dejaran extorsionar por el yerno real a cambio precisamente de lo que esperaran obtener de su poder de extorsionar a otros seguirían jugando a esa noria si la exposición de ese esqueleto no salpicara a todos. ¿Por qué habrían de pensar de otro modo? El más afinado logro de la extorsión política y financiera ha sido hacer irrelevantes las conexiones entre el delito y quienes lo perpetran. La comunidad autónoma del expresidente viene de no vender 1.058 de los 1.800 millones en bonos públicos ofertados, acaba de dejar impagada la cuota mensual a la Seguridad Social, y el estado acaba de cubrir un crédito impagado de esa comunidad por 123 millones de euros. El expresidente de la entidad pública que gestionara la depuradora de esa comunidad (liquidada con un agujero de 17 millones) afronta un juicio por fraude en el pago del iva (2.5 millones en 4 años) y el ingreso desde Suiza de 360.000 euros. Con casi un 20% de su PIB por encima de lo que ingresa, es la comunidad más endeudada de España. Su banca regional, especuladora perfecta de la ruina inmobiliaria, fue rescatada por el Banco de España hace un mes.

Todo casualidades sin nexo. A quién se le ocurriría pensar que el precio político por aceptar unos trajes como regalo encubra una razón que valga más que la vanidad valorada en 8.000 euros. Cómo pensar que bajo ese traje bobo prosperó una trama de extorsión a las mismas arcas públicas, hoy desfondadas, nítidamente planificada y bendecida a nivel nacional para robar lo necesario para financiar reelecciones que garantizaran seguir robando y perpetuando el ciclo, bendecido cada 4 años ante la indiferencia general. Cómo dudar que, efectivamente, el juicio al expresidente de una comunidad autónoma arruinada y cuya deuda pública roza el bono basura lo es por cohecho impropio –recibir dádivas en su condición de autoridad- y no, aunque se juzgue en otra sala, por cohecho propio –recibirlas en contraprestación de adjudicaciones o contratos.

Adjudicar a dedo 8 millones de euros o derivar con el mismo dedo a tu cuenta 5,8 millones desde una entidad sin ánimo de lucro son, como cualquiera del entorno del expresidente clama estos días, o como han de pensar quienes pagaran a la empresa del yerno real, menos que corrupción reseñable y solo ligeramente más que lo normal en estos casos. Por eso la demanda de decencia del primero se funda en que con la dimisión debiera bastar, y por la mente del segundo no puede pasar otra cosa que su perplejidad por la calidad final de la inmunidad que se le otorgó con el apellido de su esposa. También la extorsión a la normalidad cuenta tanto como la que se aplica a los testigos –“sácame de esta, que cuando pase esto hablaré con tu jefe y no te va a faltar de nada”- y en ello, el que ninguna de las empresas saqueadas por una fundación sin ánimo de lucro vaya a interponer la más mínima denuncia contra el yerno real. Pues cómo denunciar un tipo fallido de extorsión cuando uno no tan distinto otorga a los consejeros, miembros de la alta dirección y consejeros ejecutivos ingresos de 33 a 132 veces superiores a las de los trabajadores menos remunerados de esas mismas compañías.

Se lee al exconcejal que destapó la trama de financiación ilegal decir que el cabecilla de la trama era la “séptima u octava persona con más poder en el pp”. Cómo “había visto dar instrucciones para endosar a una consejería de la Comunidad de Madrid el pago de un acto del pp”. “Dos contables en Londres –escribe Andreu Manresa en El País 8.12.11 fabulando la operativa de desvío de fondos del instituto sin ánimo de lucro-, uno frente al otro, generando facturas y cruzándoselas hasta cerrar una contabilidad a la carta, siempre a favor de los clientes, de los intereses de opacidad y bajísima tributación fiscal”. El desvío de fondos, que fuera excavado en túneles de extorsión elegante y sobornos de voluntades confeccionados a medida, aflora así como una línea recta que a la luz del día es, de tan transitada, una autopista, en la que, por carriles paralelos, viaja nuestra forma de hacer política y el dinero que paga su desplazamiento.

06 enero 2012

lo que queda en medio

Ninguna paradoja describe mejor una competición deportiva orientada, por encima de todo, a jugar para la grada que su mejor jugador hasta hace un suspiro haya sido lo más parecido a un espectador que encontrarse pueda. Delgado, no excesivamente alto para haber elegido su deporte, Steve Nash se retirará este año en los Phoenix Suns si algún traspaso, que debería haber llegado dos años antes, no le da una mejor oportunidad en los Knicks, los Thunder o los Lakers. Y el automatismo que lleva a pensar que Nash bien lo merece es menos exacto que pensar que quienes quizá lo merezcan sean quienes componen las plantillas de esos tres equipos o de cualquier otro en que recale. La razón es tonta de tan simple: si vas a perder contra Miami en los playoffs, Nash garantiza que perderás como equipo, no porque el jugador que más tiempo tiene el balón en su poder decida perder él solo. Ya ha habido un Nash antes que Nash: dotado del mismo físico inapropiado –blanco, pequeño, delgado- John Stockton preside la cima de pasadores en toda la historia de la nba a base de repartir durante 19 años no tan lejanos los triunfos y las derrotas entre todos los jugadores sobre la cancha. En una liga donde lo frecuente es cargar equipos enteros sobre los hombros de un jugador, no ha de extrañar que quienes poseen hombros menos musculados se queden con una parte de ese peso y cedan el resto para los demás. Lo que, en la mayoría de los casos, suele producir mejores equipos, es decir, aquellos en los que menos jugadores desaparecen de la pista cuando el partido se juega en la última jugada. A no mucho tardar, Nash será llamado para presentarse en el Hall of fame de Springfield. Y allí, ese día, probablemente rodeado de Tim Duncan, Kevin Garnett o Shaquille O´Neal, alguien recordará que mientras éstos fueron dueños frecuentes del balón, Nash lo fue de la pista por la que se movían todos, esperándole.

05 enero 2012

trabajos de amor perdidos

Escritas con unos veinte años y unos 1.800 kms. de diferencia –Noche de reyes, entre 1599 y 1602; y El perro del hortelano, en 1618-, podrían ser representadas tras intercambiarse dos de sus personajes principales sin que las conciencias respectivas se hallaran muy fuera de lugar. No tanto por la más obvia de las permutaciones -pones a Olivia a ser la Condesa de Belflor, y se encontraría inmersa en similar y confusa puja amorosa por su mano que hallaría ésta –Diana- si trasplantada a Illyria. Y ni siquiera habrían tenido que desplazarse mucho: de Napoles a la costa este del mar adriático, digamos Croacia. 


Tampoco en el destino que hermana al Shakesperiano mayordomo Malvolio y el Lopiano secretario Teodoro, a pesar de las señales obvias –similar grado de arribismo, respectivos dos competidores de noble cuna, o la misma puja amañada por la mano de su respectiva ama. Sino por la misma decepción del sentimiento que escala desde una clase inferior hacia la que espera arriba. Y como en ellas, también viniendo de sitios próximos: de la coraza de su altura ética aquel, de su amor bien plantado éste. Otra forma de verlo es decir que ambos vienen de un amor seguro y se dirigen, con plano falso, hacia uno minado, pues Malvolio vive dentro del perfecto amor a sí mismo: arrogante, grave, sin más voluntad que relucir con el brillo de los candelabros que abrillanta, su amor va de él a sí mismo. Siendo su opuesto –seductor, galante, rápido- Teodoro ama a Carmela con un amor a salvo, hecho de los mismos ingredientes en ella y él.

Si ambos pueden cruzar de obra y sufrir de lo mismo es porque el amor-cebo que les espera en campo abierto –A Malvolio el de su ama, Olivia; a Teodoro el de la suya, Diana- aunque atraído con burla en el primero y con amor celoso en el segundo, sigue el mismo patrón de amor-margarita: ahora me aman, ahora no. Obvio que mientras Shakespeare hizo a Olivia inocente en el juego de pistas ignoradas (repartida la malicia entre la criada María, el bufón Feste y Sir Toby Belch), y Lope sí volcó en Diana malicia e inocencia, ambas señoras de su casa juegan, a ojos de su inferior enamorado, a volverles locos sin más premio que castigo. Ni cuando Diana opta, como por lotería, por amar a Teodoro, lo hace del todo, y solo una invención de última hora (un padre noble que le equipare a ella) impide a aquel huir a España, y por un pelo hacerlo incluso con Carmela, a la que su ama niega morder lo que ella tuvo entre los dientes.

Teodoro no se sabría más ridículo con jarreteras cruzadas y calzas amarillas ni Malvolio menos burlado si con una correa atada al cuello. Y acaso, de los dos, el más maltratado no es el que viene de asistir al carrusel sentimental de Diana –que ni a sí misma se tiene- sino el que cómicamente aspirara a Olivia, pues si a Teodoro le da tiempo a hacer burla de ambos amores (el que por la plebeya, el que por su señora), para Malvolio, aunque por engreído lo merezca, quizás amar y amar lo que no puede tener sea una misma cosa, y el sentimiento engañado, el del amor en sí y no solo el de su encarnación en Olivia. Teodoro ama a Carmela no menos que a Diana (“en las gracias de Marcela no hay defetos que pensar. Yo no la pienso olvidar”) y de quedarse en escena tras la obra, de representarse a continuación una de las obras siguientes de Lope, digamos El caballero de Olmedo, también amara a Doña Inés o a su hermana Leonor. No Malvolio, que aunque embebido de deseos de ascenso social, podría hallar en el opuesto exacto -la humillación pública- la decepción amorosa suficiente para, como cita la introducción de Barbara Arnett Melchiori a la edición bilingüe de Cátedra, bien podría salir de escena para suicidarse.

“¡Hay confusión tan extraña! ¡que aquesta mujer me quiera con pausas, como sangría, y que tenga intercadencias el pulso de amor tan grandes!” –quitas las líneas a Teodoro y se las pones a Malvolio y éste no notará la diferencia. Lo que Diana espeta a Teodoro en el escalón impar de su amor escalonado -“Cuando una mujer principal se ha declarado con un hombre humilde, es lo mucho el término de volver a hablar con otra” O ”que el gusto no está en grandezas, sino en ajustarse al alma aquello que se desea”- es más que parecido a lo que Olivia dirá a Malvolio, primero en su versión simulada, finalmente como dardo real, en la maléfica voz de Feste –“mi destino es más alto que el vuestro, pero este mi grandeza no debe llegar a asustaros, pues unos la poseen por nacimiento, otros hay que la consiguen, y a otros por fin se les viene encima”. Más curioso es advertir que, antes de que el amor o su farsa mezclen sus dardos, lo más parecido a Malvolio pudiera ser… no Teodoro, sino la propia Diana, que al poco de empezado el primer acto, tras saber del amor que une a aquel con su criada Marcela, dice de sí misma algo que firmaría el mayordomo de Olivia –“Es el amor común naturaleza; mas yo tengo mi honor por más tesoro, que los respetos de quien soy adoro, y aun el pensarlo tengo por bajeza”, tan “esa media hora al sol haciendo posturitas con su propia sombra” que María dice de Malvolio un verso antes de comenzada la gran farsa.

Cartas y pretendientes sirven de equipaje en el viaje de una obra a otra: las tres cartas que tejen y destejen el amor de Diana y Teodoro (una cuarta llega a manos de éste, esta vez escrita por Marcela, pero no llega a ser leída, puesto que la rompe nada más tomarla) son el mismo número que encontramos en Noche de Reyes: la que, fingiendo ser su ama, escribe María para engañar a Malvolio, la que incitan a escribir a Sir Andrew, desafiando en ella a Cesario y la que Malvolio escribe a su señora afirmando su cordura. Si en El perro del hortelano, Diana resuelve con maldad el acertijo de la amiga enamorada al dictar a Teodoro una carta de amor y terminar pidiendo que en el sobre escriba “a ti”, en Noche de reyes, la que Malvolio envía a su señora bien podría, en realidad, decir “a mí”. Los tres pretendientes de Diana (el conde Federico, el marqués Ricardo, el secretario Teodoro) son también tres en el cortejo a Olivia (Sebastián, Sir Andrew Aguecheek y Malvolio), dos nobles por cada plebeyo. Y aunque no simétricamente en la relación perdedores-vencedor, también dos payasos por cada triunfador.

Shakespeare murió dos años antes de que El perro del Hortelano apareciera en la Oncena parte de las Comedias de Lope. Retirado de la escritura dramática desde hacía un lustro, de haber vivido hasta 1918, habría podido leer de boca de Diana tan provechoso mensaje con solo cambiar “amor” o “Teodoro” por “teatro” -“¿Qué me quieres, amor? ¿ya no tenía olvidado a Teodoro? ¿qué me quieres? Pero responderás que tú no eres, sino tu sombra, que detrás venía.”

03 enero 2012

de familia estricta

Cenando, caigo en el nombre raro que cenar esta lechuga hoja de roble sugiere –adusta. Como si lo que estuviese masticando uno fuese esa cualidad insospechada de la verdura comprada en un supermercado ecológico: no su sabor, sino su orgullo.

29 diciembre 2011

ramas de un mismo tiempo

Sin ánimo religioso o trascendental que la hilvane, la celebración de la navidad ha venido a ser, por anticipado, por si acaso, la del año que llega como algo distinto de lo que el antiguo trajo. Y qué parte de la embriaguez no será olvidar así que al otro lado del espejo, como en Alicia dormida a la puerta de otro mundo, espera un lado del árbol con no menos tribulaciones, con tormentas nuevas disfrazadas de tormentas antiguas, y claro, soles que ya tenemos. No por nada la mezcla de furia, idiotez e ilusión, tan representada está en lo que Martin Gardner cuenta en su prólogo a la edición anotada del cuento de Lewis Carroll –la vida, observada racionalmente y sin ilusión, parece un disparate contado por un matemático idiota-, como en lo que Shakespeare puso en Macbeth -la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa.

El año a cuya nueva sombra uno despertará en unas horas está hecho del cuento y la tragedia, y es normal pues sus personajes se reparten, mezclados, el mundo, como las ramas de un año se extienden hacia el otro y los frutos que vendrán cuelgan ya de días pasados. De ese agotamiento sacamos la celebración. Del silencio de las fuerzas exhaustas, la algarabía. Es así porque el mundo nunca es viejo sin dejar de ser nuevo por el otro extremo, y por cada oleada permanente de injusticia, despojo y aniquilación nada en ella el pez de la alegría, del disfrute o la gratitud por seguir aquí un año más, aunque lo hagamos pisando en el mismo camino de días alineados del que venimos, que no es precisamente de baldosas amarillas.

Entre ambos lados idénticos del mismo árbol, unos yendo de las raíces a la copa, otros en sentido contrario, la pausa festiva es, al menos, un descanso en el saberse entre las respectivas sombras que son el misterio y el conocimiento. Así, simultáneamente pleno e incompleto, incomprensible y cristalino, cumplido entre la ira y el amor que se repiten hasta llenar todos sus días, el año de un hombre se parecería a una obra de teatro si el cine no hubiera desarrollado una forma más afinada y explícita de elipsis. Por ejemplo, si Terrence Malick no hubiera estrenado este año El árbol de la vida.

Hecho de la misma dualidad que lo llena todo fuera de las salas, de las varias formas de misterio obligado a vivir como conocimiento que el cine ha ofertado este año (estragado, impotente y humilde en Melancolía de Von Trier; íntimo, doliente, imposible en Habemus papa, de Moretti; terrenal inserto en la teoría opuesta en Un método peligroso, de Cronenberg) o su reverso, del conocimiento forzado a camuflarse de misterio (aterrador cuanto más verosímil en Margin call, de Chandor; lúdico y hondo en El ilusionista, de Chomet), la historia de lo ínfimo y lo universal rodada por Malick reluce oscura y críptica como un resumen demasiado real tanto del misterio como del conocimiento. Que es decir de la cuota de origen animal y telúrico que nos bulle dentro, y de cómo nuestra conciencia es el mismo gas que formó el universo, parándose en nosotros el tiempo suficiente para permitir la vida compleja. Como si ese nombre que damos a lo que no controlamos –azar- no fuese sino una ironía minúscula, un juego a escala de lo que fue necesario para que uno estuviera aquí, delante de sus dedos, de un teclado, de un periódico y una fecha, hecho todo de hidrógeno y de helio.

Pugnan la telefonía móvil y las redes sociales por vender la necesidad de que las relaciones con los demás o con uno mismo (este blog, por ejemplo) hayan de sucedernos en público, como si hubiéramos de compartirlas en tiempo real para que sucedan más y en más lugares, asi que no es poco consuelo poder releer “Cómo estar solo” la recopilación de artículos de Jonathan Franzen, publicada hace ya una década.  Ni menos prodigio que, corriendo el cine el camino inverso a nuestra vida transmitida al mundo –de su visionado compartido a su uso individual, en casa- uno pueda, aún, solo y a oscuras, acompañado y en silencio, dentro del árbol de Malick, sentir que los años sí se suceden realmente, que en 2011 uno asistió a algo irrepetible.

28 diciembre 2011

la mosca interior

Es curioso ver en Un método peligroso (Cronenberg, 2011) una versión de una película previa, suya también. y más aún que esa película sea La mosca, hace ahora 25 años. La ciencia a las puertas de un umbral que nadie más ve es la misma en ambas, y que Freud se vea a sí mismo como un cirujano virtual de la psique no afronta tan extrañas mutaciones del significado habitual (a principios del siglo XX) que no puedan ser comparadas a las que unía en aquel dr. Seth la animalidad literal del insecto con la suya propia. Esta versión de 2011 ahorra mostrar mutaciones concretas adivinadas por Freud, pero las explicita al dejar a Jung el acercamiento práctico al lado oscuro. La relación clandestina, conflictiva y atormentada que su cuerpo tiene con lo que su mente niega es también la de un hombre con esa otra mosca interior –la conciencia.

27 diciembre 2011

mejor hazte una ensalada

hope is a good breakfast, but it´s a bad supper. 
Francis Bacon (1561-1626)


gracias, almi

26 diciembre 2011

En el guindo

Como casi todo, la banca de inversión ha de operar más eficazmente cuanto más rápido tome sus decisiones, es decir, cuanta menos información esté obligada a facilitar a los clientes cuyo dinero invierte y desinvierte. En eso se parece, sin duda, a la forma en que un gobierno toma sus decisiones, pues cómo podría éste preguntar a sus clientes su opinión sobre una operación concreta cuando para la elección de su consejo directivo/gobierno todo lo que pide es una mano alzada, sin que importe gran cosa que lo que la gente vote sean las corbatas o los resúmenes a sueldo que los medios venden. Por eso es normal, incluso previsible, que el encargado de gestionar la economía de un país sea, como es el caso del nuevo ministro de economía español, un antiguo miembro del Comité ejecutivo mundial del banco de inversión norteamericano Lehman Brothers, que tan bien simboliza el vehículo, la velocidad y la curva en que hemos ido a estrellarnos. Y si pueda parecer extraño que para gestionar la ralentización de una economía se elija a un experto en tomar decisiones a la carrera ha de explicarse en que la farsa exige tan rostro tranquilo como pies veloces. 

25 diciembre 2011

la boca, agua del Támesis

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Juegos/Olimpicos/Shakespeare/elpepicul/20111224elpepicul_1/Tes

gastar incienso y mirra, ahorrarse el oro

Mientras llega el día en que el discurso del rey se pase de nochebuena al 6 de enero, donde con más sentido –esto es, más y mejor ilusoriamente dispuesto- cabría, en Estados Unidos el azar ha dispuesto que la nba empiece hoy en lugar de hace siete semanas como es norma. Aquí los redentores se suceden unos a otros, frecuentemente en luchas del nuevo contra el anterior. Y sin que explicar las causas añada algo en este momento, hay incluso un llamado Herodes estos días en la figura del comisionado Stern. Que éste sea judío es solo un matiz más de lo poco que importa la pureza en las manos si puedes pesarla en el oro que portan. Aquí entra el regalo: la nba permite ver sus partidos vía nba.tv mediante lo que se denomina Leaguepass. Para paliar disgustos recientes, el acceso a cuantos partidos quieras es gratis hasta el 9 de enero. Feliz Derrick Rose.

24 diciembre 2011

entre un perro y la luna

A la salida de la última representación de El perro del Hortelano, en el Pavón, la joven hermosa y agradable que durante años he visto tras el pequeño kiosco en que comprar las publicaciones del CNTC se niega a aceptar el euro que le ofrezco en pago de un cuaderno pedagógico que me diera hace meses. Es su último día, hay otras deudas en su cabeza hoy. Con una mezcla de tristeza y la sonrisa que nunca la abandona, hablamos un rato de automatismos del consuelos –a veces tienen que empujarte, las puertas se abren tras cerrar otra… y sin que nadie lo advierta, coloca bajo el libro que llevo el editado, y a la venta, que contiene el texto de la obra, imágenes, notas de escenografía. Me lo regala sin poder hacerlo, discretamente. Todo esto ocurre de forma invisible para quienes salen de la sala, rodeándonos. También hace pocos años desapareció de este escenario, de un día para otro, su primera actriz –Nuria Mencía- a la que uno no ha vuelto a ver hasta hace unos días, en la Abadía, como una de las seis patas de En la luna, el relato fragmentado de Alfredo Sanzol. Su lugar en la Compañía Nacional de Teatro Clásico lo ocupa hoy Eva Rufo, hasta hace nada en el semillero de la compañía senior -la Compañía joven- y que luce como un hermoso árbol de lo que toque –hoy celos, inseguridad, capricho. Como el libro que no debería tener pero hojeo en estos momentos, nada de esto importa ahí fuera, y sin embargo existe. Yo lo veo.

23 diciembre 2011

con dos lonchas bastaba



Ir del jamón a la risa no es un trayecto fácil, porque, para empezar, en ese surtido de cómicos hay humor 5 jotas y mortadela infame, todo mezclado. Cierto que la boca que sirve para masticar sirve para esbozar una sonrisa y eso basta en un anuncio que dure treinta segundos. Como la versión ofertada dura cinco veces más, la gravedad con la que se llega al gag tiene el sabor de una salazón excesiva, de una curación amarga, casi disecada. Lo que sigue al teléfono que suena cuando la digestión de la idea es ya insufrible conserva el poder magnífico de emocionar. Pero lo que perdemos en el camino, extraviado, injustamente fatigado, es la congregación, no del humor, sino de la historia de un país representada en rostros con los que uno ha crecido, aprendido, incluso si el precio era rechazarlo, ya de adulto. Cada una de esas caras que se congregan alrededor de una lápida ha detenido, risa mediante, por un instante cada una de los conflictos constantes y mínimos que nos acosan, nos duelen, nos amputan horas de alegría. Aún esa pérdida, el mensaje antibelicista de Gila se entiende transparentemente como uno que llama a detener el sufrimiento que nos acosa, aunque las trincheras sean hoy financieras y sus muertos sigan vivos, en la penuria progresiva. De unos charcuteros cabría esperarse el valor exacto de saber cortar, pero de momento, como las propias fiestas que nos inundan, la idea es mucho mejor que su ejecución. Sin ese exceso, y con solo cambiar al más famoso de los cómicos por el más solvente que ese plano necesita (Forges, Cano) tendríamos una maravilla. Es mortadela, pero cierras los ojos al final y sí, sabe a jabugo.

22 diciembre 2011

qué hacer en un cine

La sala de cine del Círculo de Bellas Artes tiene, quizá porque alberga películas en vías de extinción, algo de zoo. Entre sus sombras escucho uno hace años una de las respuestas más asombrosas y definitivas tras pedir, y finalmente recriminar, el ruido a una mujer que comía patatas fritas sin descanso –“lo estoy intentando”. Quizá es la misma que, hace unos días, viendo Las noches de Cabiria, espetaba a quienes la reprocharan que no parase de hablar un par más de esas respuestas inolvidables –“quien necesite hablar, que hable” y “quien quiera oírla en silencio, que se compre el dvd”. 1. Uno olvidó el domingo agradecerle que su cortesía llegara al menos a contenerse cagar en el asiento. Y 2. Uno tiembla solo de pensar qué pueda estar esperando el día que toque ver The Artist, muda, indefensa. 

21 diciembre 2011

Zampanó te amaba, finalmente

Como si no pudieras casarte con un director de cine sin purgar en público pecados pasados o futuros, por cada Vincente Minelli que lanzara a su por entonces esposa Judy Garland en brazos de Gene Kelly, ha habido un Orson Welles que arrastrara a Rita Hayworth al crimen y la infidelidad, un Clint Eastwood que disparara o estrellara a Sondra Locke, un Darren Aronofsky que multiplicara la muerte de Rachel Weisz o un Spielberg que pusiera a Capshaw a comer sesos de mono. Todos, salvo éstos últimos, se divorciaron. Y sin embargo, el que más daño hiciera sufrir a su mujer –y a quienes se asoman a sus películas- es el único que vivió con ella cincuenta años. Uno asiste a La Strada (1954) y a Las noches de Cabiria (1957) con un dolor que no viene solo del sufrimiento y la traición idéntica que Giulietta Masina asoma en ambas, sino principalmente de su rostro dulce, vulnerable, que cuanto más ama, más hondo le entra el puñal. Acaso la única forma de no odiar por ello a Federico Fellini era saberle casado con ella.

20 diciembre 2011

mitades de la lengua bífida

La refriega por negar al híbrido de crimen y política que enésimamente representa amaiur lo que, atendiendo el historial de declaraciones de un arzalluz o un ibarretxe, debiera haberse negado siempre al pnv sin menos motivos, sucede entre el rechazo ciudadano que las encuestas afirman y la prueba del fracaso demócratico que es tener que dejar entrar cada día al Congreso a un portavoz parlamentario que a la pregunta de si ha merecido la pena tantos centenares de muertos, responde que “es una pregunta muy complicada”, tan clara portavocía ideológica de ese clásico “lamentar las múltiples violencias en euskal herría” con que sus ruedas de prensa venden a los asesinados como bombas en defensa propia. Discretamente, quizás por irreal, apenas media columna de El País ocupaban hace una semana las respuestas por escrito de arnaldo otegui a una entrevista enviada por la SER en las que asombrosamente, dada su probada complicidad con el asesinato, dice que exigir a las víctimas de la banda terrorista que “entiendan, acepten o incluso perdonen” no le parece razonable. Cómo sus diez años de cárcel en vigor parecen haber logrado lo que ojalá tuvieran a su alcance quienes le sustituyen fuera de ella: un abogado que responda por ellos lo que no pueden entender.   

2. La gata sobre el tejado de Mtsensk

Si el Serguéi de Shostakóvich hubiera sobrevivido casi dos décadas a los campos de exterminio estalinistas, en 1953 habría sabido de la muerte de Stalin… y solo dos años después, de la resurrección de aquella Katerina a la que viera arrojarse a las aguas heladas del Volga, bajo la forma de la Maggie que Tennesse Williams pusiera a esperar en vano en su tejado de zinc caliente. Y aún habría tenido este Serguéi veinte años para buscar a Shostakóvich por hacerle purgar el destino del que, solo con mucha suerte, se libro éste. En las tres recreaciones que uno ha visto de Lady Macbeth de Mtsensk, Katerina espera bajo un tejado del que baja siempre su amante. Y en dos de ellas, incluida la que Martin Kusej muestra estos días en el Teatro Real, el tejado lo es de una espacio con forma de jaula, en la que matar el aburrimiento o a quienes lo causen.

Prisionera de similar techo, Maggie es la gata, pero solo en el título. Dentro de la obra, es más bien el pájaro cautivo, impotente, frustrado por el mismo aburrimiento que devora a Katerina, y acaso por motivos también similares, pues la incapacidad de su marido –Zinovi Ismailov- por engendrar un hijo en ella es, en todos los montajes, flojera vital incomprensible, tan la que atormentara a Brick en el drama de Williams, dado que Katerina es literalmente una gata en celo, a la que desean su suegro, su amante y hasta el pope, todos menos su marido. Maggie no saca las uñas ni la décima parte de lo que Brick maulla su ira descreída y abandonada a su suerte. Y sin embargo, nacida veinte años después de la muerte de Katerina, solo ella parece habitar en el sur estadounidense. Su jaula, tan compartida con seres gélidos, mezquinos y cínicos como los que, fuera de ella, acosan a la Maggie de Shostakóvich, tan prontos a ocultar la muerte como a renunciar a la vida, está sacada del mismo río helado. 

19 diciembre 2011

1. origen del olor y malos escondites

Escribe Andrés Ibañez en el cuaderno editado por el Teatro Real sobre un artículo de Richard Taruskin publicado en The New York Times ¿al estreno de Lady Macbeth de Mtsensk en 1936? en el que afirmara que Shostakóvich trataba de justificar en su ópera el genocidio que tenía lugar en Rusia en aquellos años. La respuesta de Ibañez es que “a nadie se le ocurriría defender el asesinato de los Kuláks por la sencilla razón de que desde el punto de vista oficial no había ningún asesinato de Kuláks y la Unión Soviética era una paraíso de paz y armonía”. Atacada por su complejidad formal que, paradójicamente, veía en la brutalidad simple y pura de casi todos sus personajes la falta de sencillez y pureza humana que debía caracterizar el arte popular que el régimen de Stalin quería, contiene una segunda paradoja: siendo, como escribe Ibañez que “no hay nobleza, ni ley, ni consuelo, ni amistad, ni sabiduría, ni perdón ni perdón el mundo de Katerina. Lo único humano que hay en la ópera es el aburrimiento de Katerina y su amor por Serguei. Porque ella es, realmente, la única persona que hay en Lady Macbeth: los otros son fantasmagorías, figuras de pesadilla, muñecos deformes.”, sirve para ilustrar fielmente el deseo de un arte popular y campesino como el de un arte perfecta, ortodoxamente aburrido. La respuesta más clara podría estar en algo que el propio Ibañez escribe unas líneas antes: “los personajes dicen todo el rato lo que piensan y lo que pasa a su alrededor y nos informan con claridad de lo que necesitamos entender. Los estúpidos son muy estúpidos, los lascivos muy lascivos, los crueles muy crueles.” Inmersos en su cruzada genocida por arrancar el pensamiento de un país y abonar con su sangre el suelo hasta dejarlo formado solo de campesinos a los que gobernar más fácilmente, nada podía ofender tanto a Stalin y su corte de carniceros como que lo que se contara en el escenario fuese que cada uno era, transparentemente, lo que era. 

coreo

Si nadie necesita ser especialmente valioso o bueno para granjearse nuestra simpatía, la política es el espejo perfecto en que observarlo. Muere kim jong-il, sátrapa clásicamente lelo de Corea del Norte, y a China le falta tiempo para, junto a la obviedad (criminal, pero ese es otro tema) de que “fue un gran amigo”, añadir la infamia de que fue también “un gran líder”. En vida, el poder blinda aún más lo difícil que se hace llamar idiota a quien, con su comportamiento, lo va gritando. No aprovechar la muerte para pagar, siquiera sea póstumamente, esa deuda es un latrocinio más y el insulto enésimo a los ojos de quienes, derruidos por el desvarío infantiloide y necio de quien les gobernara durante décadas, merecerían que alguien dijera la verdad. Si no para empezar la reconstrucción del país –que a quién interesa mientras el maletín nuclear esté a salvo, bajo uno, más abultado, de dinero chino- al menos para poder fundar en ella lo que venga de ahora en adelante. 

14 diciembre 2011

monstrue, 2


diseño: alma pérez
portada: nacho remón
redacción y ilustraciones: juan pablo garcía

13 diciembre 2011

Lo real


Se leen los presuntos cargos por los que será juzgado un yerno del rey y al mismo tiempo, como reverso literal, impresa por detrás la noticia de que la casa real hará públicas sus cuentas a partir de ahora. El escándalo apunta a la excepcionalidad y la imprudencia, y es justo lo contrario para cualquiera que lea periódicos. La púlida imagen de la monarquía patria, su sólida aportación al sustrato político y social, sus instrucciones de uso para tiempos de crisis: no parecer una monarquía, sino un ministerio de la sangre real, donde las reinas lloren junto a las víctimas de un atentado y sus descendientes prosperen perfectamente integrados. ¿Y qué sino integración perfecta y ortodoxa arrojan los modos del encausado?, ¿qué hay más real que esto?.

12 diciembre 2011

un tercer ciego buscaremos


Quizá porque hay más dolor en la nueva obra de Pablo Messiez que ojos con que mirarlo todo, el protagonista de Los ojos es ciego. Y de los cuatro protagonistas –su novia, la madre de ésta, una oftalmóloga- es el único que ve claro que ama y es amado. Las tres mujeres por cuya vida pasa son ciegas de pura lucidez o de desesperación, de tanto no poder dejar de mirar lo que las abrasa la mirada. Solo la dicción argentina de madre e hija –chulesca, arrebatada, personajes-portera que vivieran en el ascensor que lleva de la tragedia a la comedia- separa las desventuras de los cuatro de ser un retrato aún más desolador y desesperanzado de la imposibilidad de amar, tan cuando es obvio que lo que tienes delante de los ojos es un milagro –la revelación soñada con que la oftamóloga se acerca a Pablo como un hada-, como en los rezos a la virgen de Nela para que preserve las cosas intactas -la ignorancia de los ojos de su amado, la fealdad a salvo que la permite ser amada. Con todo, ambos son solo pura, transparente necesidad humana –de eliminar la oscuridad uno, de preservarla ella. Son la mayoría de nosotros. Y luego están sus ángeles respectivos, aquellos que ven y que por ello más pierden –en Pablo la oftamóloga, en Nela su madre. En el primer caso, en un amargo premio, provocar el milagro expulsará hacia la negrura de nuevo a quien lo hace; en el segundo, asistir a la caída definitiva de su hija traerá una luz inesperada, negra pero con el poder de alumbrar nuevos caminos. En última instancia, junto a un catálogo de cegueras convenientes, es un retrato de la imposibilidad de ayudar a alguien sin que se vuelva contra ti. Es un recipiente de dolor irreal de tan concentrado, pero no tanto que no devuelva gran parte de verdad posible en los soliloquios llenos de luz sombría de la madre. Quizá por ello, mientras la señora sentada a mi izquierda abandonó la sala antes del final, los dos ciegos sentados en la primera fila, pisando el mismo suelo que los actores, se quedaron. Probablemente, a salvo, para vernos. 

09 diciembre 2011

más y menos mal

Coinciden en El País 7.12 cómo el exvicepresidente ejecutivo de Olimpus y un exauditor externo elaboraron en 1998 un plan junto a varios bancos de inversión para ocultar lo que, en los siguientes trece años, serían 1.294 millones de euros de pérdidas solo ahora reveladas. Y a partir de las ruinas de Lehman Brothers, cómo las investigaciones en Estados Unidos “están teniendo muy difícil probar que las Agencias de calificación de riesgos cometieron alguna irresponsabilidad al poner nota a las hipotecas basuras”. Mientras lo primero no puede, a estas alturas, sorprender a nadie, lo segundo es un alivio en estos días en que esas mismas agencias amenazan la calificación crediticia de la deuda pública en 15 de los 17 los países de la zona euro. Alivia que no sea por intereses ocultos, por usura o corrupción generalizada, que los encargados de validar o no la calidad de un activo financiero fallen al calificar con la máxima solvencia los activos hipotecarios que conducirían al comienzo de la crisis económica actual en 2007. Alivia saber que es solo ineptitud, clásico ejemplo de gente haciendo justo aquello que no deberían estar haciendo. Ese otro baldón de su fiabilidad: cómo avalaran en su día las cuentas de Enron, gruyere contable que acaso los dirigentes de Olimpus solo tuvieron que estudiar para saberse aún con una década de tranquilidad por delante. 

08 diciembre 2011

Ricardo III, un mapa


No es fácil reconocer en el Denis Rafter que se asoma hoy a la última página de El País al que ofreciera un recital a modo de clase magistral sobre Shakespeare en el Teatro Español, hace unos días. Pero es hasta que cambias ese “cada uno de los países europeos ha defendido su nacionalismo de manera bastante egoista” por cualquier de las invectivas contra sí mismo y los demás que lanza Ricardo III. Divides su personalidad en regiones y el mapa que sale es uno familiar. 

07 diciembre 2011

acrónimo y no tanto


Hay ironías que pueden esperar cuatrocientos años para darse: hoy, cuando uno es incapaz de entender alguno de los mensajes de texto que me llegan, de tan reducidas las palabras a una o dos de sus letras, constancia de que SMS era, en 1606, Sweet Master Shakespeare.