26 febrero 2012
quitas
Coincide ese imposible de la legalidad que es escuchar al
ministro de economía pedir a la banca gestos de buena voluntad hacia los
amenazados de desahucio, con los 130.000 millones de euros concedidos a Grecia
para que haga frente a los cumplimientos de deuda de vencimiento próximo y que
ha supuesto, sustituida la buena voluntad por el más eficaz imperativo fiscal,
una quita del 75% sobre las cantidades originalmente suscritas por la banca
privada que comprara bonos griegos. Súmese el anuncio de que los ayuntamientos podrán
acceder a un crédito, vía banca, para pagar los 40.000 millones que se deben a
autónomos y empresas… con prioridad a quienes asuman una quita. ¿Qué si no una
dación de derechos adquiridos es cambiar deuda comprada por 100 por otra que
vale súbitamente 25, o aspirar a cobrar, años después de emitida, una factura que
valga hoy un 15, un 20% menos de lo que dice en ella?. Qué más justo que
permitir a un hombre devolver el piso que no pudo pagar por las mismas razones
por las que Grecia o un ayuntamiento se revelan insolventes. Qué más justo que
entender que la capacidad de equivocación o el margen de error de cálculo de un
hombre es ínfimo comparado con la perseverancia magnífica de países y gobiernos
municipales en comprar tiempo y espacio que no pueden pagar.
25 febrero 2012
normal, pero menos
¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? –título del
nuevo libro de Jeanette Winterson y frase que escuchara ésta de joven, tras
decir a su madre que le gustaba otra chica.
17 febrero 2012
15 febrero 2012
sacar el corazón del bolso
La clemenza di Tito es una ópera sobre las reinas que
escogen no serlo y sobre un rey que escoge no actuar como rey. También es extraña
porque el personaje masculino encargado de matar a Tito por no amar a la mujer
que el asesino sí… es uno cantado por una mujer, asi que las razones que, por
amor el criminal calla, también parecen de amor que él/ella pudiera sentir por
Tito. El día -ayer- que uno va a verla en el Real hay reinas por doquier: la del país entero,
sentada un piso más abajo. La de la prensa del corazón, justo delante de mi asiento.
Pero es Rosa Montero, sentada a mi derecha, la que al final de la obra,
radiante, me regala unas pequeñas golosinas sabor sandía, con forma de corazón.
Y uno casi se va con ella. Antes de que sea miércoles.
14 febrero 2012
13 febrero 2012
10 febrero 2012
todavía
Oído ayer
en la sala de espera de un ambulatorio, entre una madre y su hija:
Madre: ¿Estamos
en marzo?
Hija:
no, febrero
Madre: ¿todavía?
08 febrero 2012
indefensión del sofá
En solo tres días,
una mexicana de 22 años que durmiera aquí el fin de semana confiesa venir de su
país pensando que en Europa no nos bañamos mucho, una lituana de 35 pregunta si
es normal alojar o ser alojada por criminales, y una española
de 32 años relata cómo podría suceder que couchsurfing sea en realidad una
secta. Y ninguna bromea lo más mínimo.
06 febrero 2012
torpeza socialista obrera española
Coinciden en
el periódico la marcha oficial de Zapatero de los órganos de poder de su
partido y el anuncio del nuevo ministro de Economía que reduce en una horquilla
que va del 33% al 81% el sueldo de los directivos de las cajas con ayudas
gubernamentales. Del saliente se citan sus políticas sociales en el haber y en
el debe, los recortes en gasto social anunciados en mayo de 2010, al poco de
quebrar Grecia, que precipitara la caída del gobierno dos años más tarde. En
paralelo, el recién elegido secretario general del psoe anuncia como parte de
una agenda progresista la revisión de los acuerdos con la iglesia, de volver al
poder. Asi que lo que se cruza en el periódico de ayer es algo más relevante: a
la vista de la mediocridad con que el psoe ha gestionado su propia identidad en
los últimos 8 años de gobierno, y dada la mezquindad con que el pp ha ejercido
su labor de bomba lapa durante ese mismo tiempo, se hace inevitable pensar que
quizá los primeros merezcan la oposición como medio óptimo en que desarrollar
un programa consecuente de izquierdas, y si está por ver que los segundos, recién
llegados al poder, merezcan dirigir un país, al menos, como viene de demostrar
Luis de Guindos, acaso podrán subsistir un cierto tiempo a salvo de la
inoperancia con solo aplicar las medidas básicas que el psoe dejo pasar una tras
otra.
05 febrero 2012
El seguro
Una de las
lecciones raras de la crisis es la naturalidad con que los peores presagios
corretean entre nosotros como si fuera normal dormir entre víboras. Se escribe
con pasmosa presciencia que 2012 será un año perdido, que el paro actual no es
lo peor que veremos, que solo en 2013 avistaremos quizá algo de crecimiento
raquítico. El tamaño de lo inevitable es, más que nunca, su garantía. Hoy
leemos que Israel atacará Irán próximamente, que eso acaso produzca el cierre
del estrecho de Ormuz que Estados Unidos no puede permitir sin dejar
estrangular el tráfico mundial de petróleo. Y así como Rusia y China alientan a bachar
el asad a seguir matando impunemente en Siria, ¿qué certeza germina ya en la
cabeza de putin para el día que Israel desate la guerra literal con Irán?, ¿qué
órdenes tiene ya hezbolá sobre la mesa?. Mientras las proyecciones económicas o
bélicas tienen la credibilidad bien ganada de las fotografías, las evidencias del
cambio climático o el imposible de la prosperidad que es tener cinco veces más población
de la que deberíamos, se observan como quien mirara las tripas de un ave para
interpretarlas.
04 febrero 2012
up in the ground
Hay algo en la
fiabilidad de George Clooney para encarnar un tipo de honestidad que, como
ocurre en la línea recta que parece ir del Ryan Bingham en Up in the air a éste
Matt King de Los descendientes, parece simular episodios de una serie en la que
su protagonista fuese cambiando de trabajo cada año. Es una rara virtud
transportar el valor de un personaje que encarnaras años antes, y que debe
menos a las similitudes entre sus guiones que a la naturalidad con que algunas
ideas parecen vivir automáticamente en Clooney. Y el prodigio ha de ser que el
magnetismo obvio y el atractivo que éste emana sirva tan creíblemente para
hacer compatibles la narración del éxito y la de las caídas no siempre visibles
que le acompañan.
03 febrero 2012
viniste a ver a otro
De las tres encarnaciones
como personaje que uno recuerda de Andrés Lima, dos lo son de narrador en
escena (Hamelin, en 2005 y Falstaff, en 2011) y la otra (El moralista, en 2003)
como Denis Diderot encargado de redactar el capítulo sobre moral que Rousseau
se niega a escribir. Coinciden estos días dos soberbios montajes dirigidos por
Lima –Elling, en el Galileo y El montaplatos, en el Matadero- y mientras el
Lima narrador sirve para sumar volumen invisible a los personajes que pasan por
ambas, es el que sustituye a otro el que sirve para ilustrar esa paradoja del
reclamo teatral –a quién va a ver uno cuando va a ver a Harold Pinter, a
Alberto San Juan o Carmelo Gómez. Irónicamente, en el díptico que te entregan
con Elling es más que arduo localizar al autor del texto, escondido entre
decenas de nombres, como si la novela de Ingvar Ambjorsen en que se basa la
adaptación de Axel Hellstenius y Peter Naes fuera una anécdota comparada con la
versión de David Serrano para la ocasión.
Solo omitir a
Lima sería más incomprensible. Con todo lo que supone escribir Pou, Flotats,
Espert, Gómez, Gas, Pascual, Rigola, Vera o Vasco, Lima podría ser hoy el más
sobradamente atractivo reclamo que un cartel teatral pueda imprimir. En ello
juega también el que estar a la cabeza de Animalario no suponga ser la única
cabeza de Animalario. San Juan ha firmado adaptaciones extraordinarias
–Argelino-, Roberto Álamo, Javier Gutierrez, o el propio San Juan copan algunas
de las mejores interpretaciones de los últimos años, y los montajes de la
compañía son, en versión reducida –pongamos esta de San Juan y Guillermo
Toledo- o ampliada –el Marat Sade de hace unos años, o Falstaff- el mismo
engranaje sólido y nervioso al tiempo, estable y fulgurante de nervio teatral,
ya sea para decir a Shakespeare o a Cavestany. Que también podría decirse así
–ya sea para restallar un brillo del que, fuera de su aportación, carecen el teatro
Arenal o el propio Galileo.
Devolver el
gran teatro allí donde rara vez asoma es una virtud de los grandes. También lo
es arrastrar hasta las salas lo que sucede fuera de ellas: no cuesta mucho ver
en el desamparo y la fragilidad de los dos matones (Montaplatos) la misma que
paraliza la de los dos deficientes mentales (Elling), que tanto se parece a la
que tiene detenida la vida de millones desde que la crisis explotara. Ni uno
solo de los cuatro personajes termina de entender qué dice el otro, qué quiere
o qué teme. Como si despertar fuera peor que todo lo anterior, las peripecias
de todos transcurren en una cama o su proximidad. Las instrucciones que esperan
les destruyen en la espera –Montaplatos- o en su llegada –Elling. Su comicidad
es trágica, nerviosa, desesperada. Su inocencia respira instinto o brutalidad,
tanto como su culpa suda inocencia o una ignorancia que les libera.
La crisis que
desnuda los escenarios de atrezzo y personajes bien merece llenarse del dolor
que la nutre. Y cualquiera que haya oído hablar a Lima alguna vez puede deducir,
sin gran esfuerzo, que acaso representar teatro sea un gesto más logrado cuanto
más nítido se reconozca el teatro torvo que sucede fuera, en la política o la economía,
por doquier. Y si el díptico en cartel habla, por un lado, de dos hombres que
esperan saber a quién matar y, por otro, de dos que esperan la oportunidad de
empezar a vivir, acaso viene, respectivamente, de Pinter y de Ambjorsen,
Hellstenius y Naes tanto como de los periódicos y los telediarios. Si la
peripecia de todos ellos nos conmueve es porque el temblor de todos ellos, como
el de todos nosotros, no es ficción. Hay que ser actor y narrador al tiempo
para ver con semejante lucidez las líneas que los unen.
30 enero 2012
mattaclarckiano
Lo primero que
uno siente al conducir un coche después de meses sin haberlo hecho es que acostumbrarse
a desplazarse en moto agranda la ciudad, más concretamente, los huecos entre
las cosas. Como si el precio de moverse dentro de un habitáculo donde sobra
espacio por todos lados, fuera sentir que ese despilfarro privado crea, en los
múltiples huecos que ves para avanzar, por todas partes, sin poder aprovecharlo,
el despilfarro público que paraliza las calles, fuera de tu coche.
21 enero 2012
negro sobre negro
Se lee en El País 11.1 sobre el periodista de el mundo que
durante años compatibilizara su cargo de editorialista en el periódico con el
de escritor invisible de discursos para el entonces presidente balear jaume matas,
por el que llegó a recibir 480.000 euros del gobierno balear. De resultas de
eso, antonio alemany llegó a escribir en el diario sobre sus propios discursos,
y con no escasa alabanza. Malversación, fraude, falsedad y prevaricación se
juntan en el juicio que afronta estos días, ligado al que, por malversación de
caudales públicos, falsedad documental y en documento mercantil, prevaricación,
fraude a la Administración y tráfico de influencias sienta a matas en el
banquillo estos días. Clama alemany que “ha
sido un periodista rabiosamente independiente que nunca ha escrito al dictado
de nadie”. Quizá por eso, queriendo sonar a discurso de altura, digamos político,
su juramento de ética y principios probados suena, como es obvio con solo
asomarse a su periódico, a ese mero artículo de opinión que llaman editorial.
16 enero 2012
13 enero 2012
El extraño caso del doctor Abel y el señor Caín
La confesión final de Henry Jekyll con que Stevenson unificara en un propósito la dualidad del dolor
humano, contada hasta entonces como brutalidad hija del afán de un Victor
Frankenstein -“antes incluso de que el
curso de mis descubrimientos científicos hubiera empezado a sugerir la
posibilidad de semejante milagro, me acostumbré a acariciar la idea de separar
dichos elementos. Si cada uno de ellos, pensaba yo, pudiera alojarse en una
identidad diferente, eliminaríamos todo lo que es insoportable en esta vida: el
injusto seguiría su camino liberado de las aspiraciones y remordimientos de su
alma gemela, y el justo podría recorrer con paso firme su camino de perfección,
dedicado a las buenas obras que tanto le deleitan, sin estar expuesto a la
deshonra y la penitencia que le impone un mal ajeno a él” es un intento
fracasado incluso antes de llegar a su descripción. Pues Stevenson puso a ambos
dentro de cada uno de esos seres nuevos –a Henry Jekyll en la mente del recién
creado señor Hyde al advertir que “nada
más degustar esa nueva vida, supe que era más malvado, diez veces más malvado,
y un esclavo de mi mal originario, y en ese momento, la idea me animó y
embriagó como el vino”. A Hyde, a hablar por boca de Jekyll, incluso
segundos antes de que éste aparezca. “Ahora
tú, que has estado siempre constreñido por opiniones estrechas y materialistas,
que has negado la virtud de la medicina trascendental y te has burlado de tus
superiores… ¡observa!” –dirá a su amigo Hastie Layton, aún bajo la
apariencia del enano malvado, pero sin embargo hablando con la voz de la conciencia
del doctor Jekyll.
12 enero 2012
voz que rebota atrás
El cantor de jazz (1927) no solo sucedió al cine mudo
como un asteroide sucede allí donde cae, también trajo un sonido que era el de
la caída de un formato que imperó durante 30 años, y simultáneamente el eco
amplificado de otro que ya existía en los escenarios de Broadway. De ellos
salió El cantor de Jazz para convertirse en la primera película sonora, y de
esos escenarios llegaron los argumentos de los que tiraría la música, tanto
como la palabra, para hacer del primer cine sonoro uno que en las siguientes
dos décadas fue tan masivamente cine bailado como hablado. The Artist (2011)
sucede en ese tiempo también. Y acaso su más obvio mérito sea ser al mismo
tiempo tan clara herencia de Cantando bajo la lluvia (1952) como verosímilmente
hecha para parecer previa a ésta. De ahí el asombroso molde de este George
Valentin/Dujardin en que parecería inspirado aquel Don Lockwood/Kelly. Los dos
espejos más obvios entre ambas –la coprotagonista rubia menospreciada por el
galán, El caballero dualista como antigualla de otra era, la aparición de una
joven aupada por quien será su amado, finalmente- tiran de su primera
aparición, en 1952, pero su inclusión en la magnífica y temeraria revisión de
Hazanavicius es, como todo en su película, uso maravillosamente elegante de
recursos olvidados o superados –la gestualidad que incorpora una película muda,
el equilibrio de información suficiente a que obliga no trufar de cartelas la
historia, un lenguaje narrativo creado para los ojos de hace un siglo, volcado
sin forceps para caber en los actuales. El hondo declive de un mundo como
consecuencia del ascenso de otro es, por demás, una formidable ironía, obvia en
los raros momentos de silencio absoluto, cuando la sala atiborrada se llena
además del sonido que viene de la sala de al lado, como si la voz del cine
contemporáneo –que, entre otras cosas, arrinconó hasta casi expulsar, el
musical como género- no permitiera la resurrección de un enemigo al que, ni
habiendo enterrado, consigue hace callar.
La llegada del sonoro trajo una paradoja que resuena en
The Artist a cada plano: el poder de la música para contar una historia… que
pueda hacer innecesarias las voces de sus protagonistas. No hay década sin
ejemplos: de haber estado vivo en 1951, George Gershwin habría podido llenar
por completo Un americano en Paris hasta poder contarla por si sola. La música
de Bernard Herrmann narra Psicosis (1960) sin gran ayuda, como acaso también
Henry Mancini pudiera ser todas las voces que Desayuno con diamantes (1961) necesite.
La música de Scott Joplin que George Roy Hill escogiera para narrar El golpe en
1973 posee ese mismo don. John Williams habría podido nacer en 1890 y aún así
haberse convertido en el mejor músico que el cine mudo hubiera podido soñar. ¿Qué
sino fe en esa narrativa pura es dejar que Williams compusiera un tema libremente
al que luego Spielberg se adaptaría para montar los últimos diez minutos de Encuentros
en la tercera fase?. Como Fritz Lang, Chaplin o Wilder, Hitchcock halló una voz
aún más formidable al encontrarlas todas. Pero solo él dirigió dos veces la
misma película –El hombre que sabía demasiado-, una a los pocos años de logrado
el sonoro, y otra dos décadas después. Quizá por eso, cuando la vida de este George
Valentin en plena caída parece estar acercándose al silencio final, la música
que suena no es la de Ludovic Bource, sino la de Herrmann para Vértigo. Luciendo
así el mejor milagro de la música encargada de ser la voz de sus personajes: poder
traer a esta historia de 1927 rodada en 2011 el mismo dolor que paralizara a James
Stewart en 1958.
09 enero 2012
07 enero 2012
y sin embargo es un sistema honrado
Uno de los parapetos más insospechados tras los que eta
refugió durante décadas su andadura criminal fue que, ganándose la legitimidad
ideológica reventando cuerpos, nadie pudiera anteponer a eso tan obvia prueba
de su catadura real como es la extorsión a que sometiera a cuantos se cruzaran
en su camino. No pedir dinero sino exigirlo tiene que ver con la fiscalidad de
un territorio. Solo que, gestionado en la normalidad, la pena por no pagar es…
pagar más. Mientras que, gestionado por asesinos, la pena por no pagar es que
te maten. Cambiar “chantaje” por el más legalizado “impuesto” no es, por
supuesto, menos previsible que quitar del sintagma “criminal” por su mejor
tapadera “revolucionario”. Solo que el fin de los asesinatos no ha traído la
extinción de sus métodos paralelos. Los cuerpos de los caídos son hoy los de la
economía en todos sus eslabones. Y por eso, el término “extorsión” merece
quedarse a vivir en las páginas de los periódicos, aunque quienes la empuñan usen
hoy, en vez de balas, apellidos reales o investiduras presidenciales. Si
alguien, como declara el expresidente de un club de fútbol, “se sintió obligado a aportar 30.000 euros”
a la empresa del yerno de un rey, eso es extorsión. Como no por pactado con
multinacionales previo al escándalo, deja de serlo cobrar de ellas 200.000
euros anuales por asesorar a sus directivos y al consejo. Otra cosa es, por
supuesto, la coherencia que une la mera idea de monarquía como una extorsión al
concepto de democracia con que uno de sus miembros, aunque sea alquilado, haga
uso de ese derecho para estafar en nombre de la corrupción pactada.
El propio concepto de extorsión es, de tan extendida,
casi un territorio. De ese valor geográfico y su moneda -el ciudadano- habla el
expresidente de una comunidad mientras es juzgado por los hilos sueltos de una
operación gigantesca de fraude y chantaje a las arcas públicas. Y hay que
imaginar el esfuerzo de sus abogados para forzarle a callar en los juzgados lo
que tanto clamara fuera de ellos al ser acusado –que lo que los votos legitiman
no puede ser vulnerado por la justicia, que el apoyo popular está por encima de
lo que el uso fraudulento del poder permite. Y tiene razón, por supuesto. Pues
toda la lógica de una campaña electoral descansa en esa otra modalidad de
extorsión que es comprar voluntades con simploides chucherías de mitin mientras
se roba la exposición y debate de la realidad política, social, económica,
cultural o demográfica. Cómo diferenciar los conceptos falsos o inexistentes
con que el expresidente y el yerno real alumbraran su camino delictivo hasta
aquí de los que se venden en política como máscaras zafias de ideas más graves,
menos publicables.
La extorsión de uno y la corrupción rampante del otro se
hermanan en este punto: mientras la descripción de las pruebas obvias del
delito llena los periódicos, solo su obscena visibilidad impide a los
extorsionados seguir tan anchamente satisfechos. El expresidente autonómico
saldría reelegido por cuarta vez mañana mismo, y las empresas que se dejaran
extorsionar por el yerno real a cambio precisamente de lo que esperaran obtener
de su poder de extorsionar a otros seguirían jugando a esa noria si la exposición
de ese esqueleto no salpicara a todos. ¿Por qué habrían de pensar de otro modo?
El más afinado logro de la extorsión política y financiera ha sido hacer
irrelevantes las conexiones entre el delito y quienes lo perpetran. La
comunidad autónoma del expresidente viene de no vender 1.058 de los 1.800
millones en bonos públicos ofertados, acaba de dejar impagada la cuota mensual
a la Seguridad Social, y el estado acaba de cubrir un crédito impagado de esa
comunidad por 123 millones de euros. El expresidente de la entidad pública que
gestionara la depuradora de esa comunidad (liquidada con un agujero de 17
millones) afronta un juicio por fraude en el pago del iva (2.5 millones en 4
años) y el ingreso desde Suiza de 360.000 euros. Con casi un 20% de su PIB por
encima de lo que ingresa, es la comunidad más endeudada de España. Su banca
regional, especuladora perfecta de la ruina inmobiliaria, fue rescatada por el Banco
de España hace un mes.
Todo casualidades sin nexo. A quién se le ocurriría pensar
que el precio político por aceptar unos trajes como regalo encubra una razón
que valga más que la vanidad valorada en 8.000 euros. Cómo pensar que bajo ese
traje bobo prosperó una trama de extorsión a las mismas arcas públicas, hoy
desfondadas, nítidamente planificada y bendecida a nivel nacional para robar lo
necesario para financiar reelecciones que garantizaran seguir robando y
perpetuando el ciclo, bendecido cada 4 años ante la indiferencia general. Cómo dudar
que, efectivamente, el juicio al expresidente de una comunidad autónoma
arruinada y cuya deuda pública roza el bono basura lo es por cohecho impropio
–recibir dádivas en su condición de autoridad- y no, aunque se juzgue en otra
sala, por cohecho propio –recibirlas en contraprestación de adjudicaciones o
contratos.
Adjudicar a dedo 8 millones de euros o derivar con el
mismo dedo a tu cuenta 5,8 millones desde una entidad sin ánimo de lucro son,
como cualquiera del entorno del expresidente clama estos días, o como han de pensar
quienes pagaran a la empresa del yerno real, menos que corrupción reseñable y
solo ligeramente más que lo normal en estos casos. Por eso la demanda de decencia
del primero se funda en que con la dimisión debiera bastar, y por la mente del segundo
no puede pasar otra cosa que su perplejidad por la calidad final de la inmunidad
que se le otorgó con el apellido de su esposa. También la extorsión a la
normalidad cuenta tanto como la que se aplica a los testigos –“sácame de esta, que cuando pase esto hablaré
con tu jefe y no te va a faltar de nada”- y en ello, el que ninguna de las
empresas saqueadas por una fundación sin ánimo de lucro vaya a interponer la más mínima denuncia contra el yerno real. Pues
cómo denunciar un tipo fallido de extorsión cuando uno no tan distinto otorga a
los consejeros, miembros de la alta dirección y consejeros ejecutivos ingresos
de 33 a 132 veces superiores a las de los trabajadores menos remunerados de
esas mismas compañías.
Se lee al exconcejal que destapó la trama de financiación
ilegal decir que el cabecilla de la trama era la “séptima u octava persona con más poder en el pp”. Cómo “había visto dar instrucciones para endosar
a una consejería de la Comunidad de Madrid el pago de un acto del pp”. “Dos
contables en Londres –escribe Andreu Manresa en El País 8.12.11 fabulando
la operativa de desvío de fondos del instituto sin ánimo de lucro-, uno frente al otro, generando facturas y
cruzándoselas hasta cerrar una contabilidad a la carta, siempre a favor de los
clientes, de los intereses de opacidad y bajísima tributación fiscal”. El
desvío de fondos, que fuera excavado en túneles de extorsión elegante y sobornos
de voluntades confeccionados a medida, aflora así como una línea recta que a la
luz del día es, de tan transitada, una autopista, en la que, por carriles
paralelos, viaja nuestra forma de hacer política y el dinero que paga su
desplazamiento.
06 enero 2012
lo que queda en medio
Ninguna paradoja describe mejor una competición deportiva
orientada, por encima de todo, a jugar para la grada que su mejor jugador hasta
hace un suspiro haya sido lo más parecido a un espectador que encontrarse
pueda. Delgado, no excesivamente alto para haber elegido su deporte, Steve Nash
se retirará este año en los Phoenix Suns si algún traspaso, que debería haber
llegado dos años antes, no le da una mejor oportunidad en los Knicks, los
Thunder o los Lakers. Y el automatismo que lleva a pensar que Nash bien lo
merece es menos exacto que pensar que quienes quizá lo merezcan sean quienes
componen las plantillas de esos tres equipos o de cualquier otro en que recale.
La razón es tonta de tan simple: si vas a perder contra Miami en los playoffs,
Nash garantiza que perderás como equipo, no porque el jugador que más tiempo
tiene el balón en su poder decida perder él solo. Ya ha habido un Nash antes
que Nash: dotado del mismo físico inapropiado –blanco, pequeño, delgado- John
Stockton preside la cima de pasadores en toda la historia de la nba a base de
repartir durante 19 años no tan lejanos los triunfos y las derrotas entre todos
los jugadores sobre la cancha. En una liga donde lo frecuente es cargar equipos
enteros sobre los hombros de un jugador, no ha de extrañar que quienes poseen
hombros menos musculados se queden con una parte de ese peso y cedan el resto
para los demás. Lo que, en la mayoría de los casos, suele producir mejores
equipos, es decir, aquellos en los que menos jugadores desaparecen de la pista
cuando el partido se juega en la última jugada. A no mucho tardar, Nash será
llamado para presentarse en el Hall of fame de Springfield. Y allí, ese día, probablemente
rodeado de Tim Duncan, Kevin Garnett o Shaquille O´Neal, alguien recordará que
mientras éstos fueron dueños frecuentes del balón, Nash lo fue de la pista por
la que se movían todos, esperándole.
05 enero 2012
trabajos de amor perdidos
Escritas con unos veinte años y unos 1.800 kms. de diferencia –Noche de
reyes, entre 1599 y 1602; y El perro del hortelano, en 1618-, podrían ser
representadas tras intercambiarse dos de sus personajes principales sin que las
conciencias respectivas se hallaran muy fuera de lugar. No tanto por la más
obvia de las permutaciones -pones a Olivia a ser la Condesa de Belflor, y se
encontraría inmersa en similar y confusa puja amorosa por su mano que hallaría
ésta –Diana- si trasplantada a Illyria. Y ni siquiera habrían tenido que
desplazarse mucho: de Napoles a la costa este del mar adriático, digamos
Croacia.
Tampoco en el destino que hermana al Shakesperiano mayordomo Malvolio y el Lopiano secretario Teodoro, a pesar de las señales obvias –similar grado de arribismo, respectivos dos competidores de noble cuna, o la misma puja amañada por la mano de su respectiva ama. Sino por la misma decepción del sentimiento que escala desde una clase inferior hacia la que espera arriba. Y como en ellas, también viniendo de sitios próximos: de la coraza de su altura ética aquel, de su amor bien plantado éste. Otra forma de verlo es decir que ambos vienen de un amor seguro y se dirigen, con plano falso, hacia uno minado, pues Malvolio vive dentro del perfecto amor a sí mismo: arrogante, grave, sin más voluntad que relucir con el brillo de los candelabros que abrillanta, su amor va de él a sí mismo. Siendo su opuesto –seductor, galante, rápido- Teodoro ama a Carmela con un amor a salvo, hecho de los mismos ingredientes en ella y él.
Tampoco en el destino que hermana al Shakesperiano mayordomo Malvolio y el Lopiano secretario Teodoro, a pesar de las señales obvias –similar grado de arribismo, respectivos dos competidores de noble cuna, o la misma puja amañada por la mano de su respectiva ama. Sino por la misma decepción del sentimiento que escala desde una clase inferior hacia la que espera arriba. Y como en ellas, también viniendo de sitios próximos: de la coraza de su altura ética aquel, de su amor bien plantado éste. Otra forma de verlo es decir que ambos vienen de un amor seguro y se dirigen, con plano falso, hacia uno minado, pues Malvolio vive dentro del perfecto amor a sí mismo: arrogante, grave, sin más voluntad que relucir con el brillo de los candelabros que abrillanta, su amor va de él a sí mismo. Siendo su opuesto –seductor, galante, rápido- Teodoro ama a Carmela con un amor a salvo, hecho de los mismos ingredientes en ella y él.
Si ambos pueden cruzar de obra y sufrir de lo mismo es porque el
amor-cebo que les espera en campo abierto –A Malvolio el de su ama, Olivia; a
Teodoro el de la suya, Diana- aunque atraído con burla en el primero y con amor
celoso en el segundo, sigue el mismo patrón de amor-margarita: ahora me aman,
ahora no. Obvio que mientras Shakespeare hizo a Olivia inocente en el juego de
pistas ignoradas (repartida la malicia entre la criada María, el bufón Feste y
Sir Toby Belch), y Lope sí volcó en Diana malicia e inocencia, ambas señoras de
su casa juegan, a ojos de su inferior enamorado, a volverles locos sin más
premio que castigo. Ni cuando Diana opta, como por lotería, por amar a Teodoro,
lo hace del todo, y solo una invención de última hora (un padre noble que le
equipare a ella) impide a aquel huir a España, y por un pelo hacerlo incluso
con Carmela, a la que su ama niega morder lo que ella tuvo entre los dientes.
Teodoro no se sabría más ridículo con jarreteras cruzadas y calzas
amarillas ni Malvolio menos burlado si con una correa atada al cuello. Y acaso,
de los dos, el más maltratado no es el que viene de asistir al carrusel
sentimental de Diana –que ni a sí misma se tiene- sino el que cómicamente
aspirara a Olivia, pues si a Teodoro le da tiempo a hacer burla de ambos amores
(el que por la plebeya, el que por su señora), para Malvolio, aunque por
engreído lo merezca, quizás amar y amar lo que no puede tener sea una misma
cosa, y el sentimiento engañado, el del amor en sí y no solo el de su encarnación
en Olivia. Teodoro ama a Carmela no menos que a Diana (“en las gracias de Marcela no hay defetos que pensar. Yo no la pienso
olvidar”) y de quedarse en escena tras la obra, de representarse a
continuación una de las obras siguientes de Lope, digamos El caballero de
Olmedo, también amara a Doña Inés o a su hermana Leonor. No Malvolio, que
aunque embebido de deseos de ascenso social, podría hallar en el opuesto exacto
-la humillación pública- la decepción amorosa suficiente para, como cita la
introducción de Barbara Arnett Melchiori a la edición bilingüe de Cátedra, bien podría salir de escena para
suicidarse.
“¡Hay confusión tan extraña!
¡que aquesta mujer me quiera con pausas, como sangría, y que tenga
intercadencias el pulso de amor tan grandes!” –quitas las líneas a Teodoro
y se las pones a Malvolio y éste no notará la diferencia. Lo que Diana espeta a
Teodoro en el escalón impar de su amor escalonado
-“Cuando una mujer principal se ha
declarado con un hombre humilde, es lo mucho el término de volver a hablar con
otra” O ”que el gusto no está en grandezas, sino en ajustarse al alma aquello
que se desea”- es más que parecido a lo que Olivia dirá a Malvolio, primero en su versión simulada, finalmente
como dardo real, en la maléfica voz de Feste –“mi destino es más alto que el vuestro, pero este mi grandeza no debe
llegar a asustaros, pues unos la poseen por nacimiento, otros hay que la
consiguen, y a otros por fin se les viene encima”. Más curioso es advertir
que, antes de que el amor o su farsa mezclen sus dardos, lo más parecido a
Malvolio pudiera ser… no Teodoro, sino la propia Diana, que al poco de empezado
el primer acto, tras saber del amor que une a aquel con su criada Marcela, dice
de sí misma algo que firmaría el mayordomo de Olivia –“Es el amor común naturaleza; mas yo tengo mi honor por más tesoro,
que los respetos de quien soy adoro, y aun el pensarlo tengo por bajeza”, tan “esa media hora al sol haciendo posturitas
con su propia sombra” que María dice de Malvolio un verso antes de
comenzada la gran farsa.
Cartas y pretendientes sirven de equipaje en el viaje de una obra a
otra: las tres cartas que tejen y destejen el amor de Diana y Teodoro (una
cuarta llega a manos de éste, esta vez escrita por Marcela, pero no llega a ser
leída, puesto que la rompe nada más tomarla) son el mismo número que
encontramos en Noche de Reyes: la que, fingiendo ser su ama, escribe María para
engañar a Malvolio, la que incitan a escribir a Sir Andrew, desafiando en ella
a Cesario y la que Malvolio escribe a su señora afirmando su cordura. Si en El
perro del hortelano, Diana resuelve con maldad el acertijo de la amiga
enamorada al dictar a Teodoro una carta de amor y terminar pidiendo que en el
sobre escriba “a ti”, en Noche de reyes, la que Malvolio envía a su señora bien
podría, en realidad, decir “a mí”. Los tres pretendientes de Diana (el conde
Federico, el marqués Ricardo, el secretario Teodoro) son también tres en el
cortejo a Olivia (Sebastián, Sir Andrew Aguecheek y Malvolio), dos nobles por
cada plebeyo. Y aunque no simétricamente en la relación perdedores-vencedor,
también dos payasos por cada triunfador.
Shakespeare murió dos años antes de que El perro del Hortelano
apareciera en la Oncena parte de las Comedias de Lope. Retirado de la escritura
dramática desde hacía un lustro, de haber vivido hasta 1918, habría podido leer
de boca de Diana tan provechoso mensaje con solo cambiar “amor” o “Teodoro” por
“teatro” -“¿Qué me quieres, amor? ¿ya no
tenía olvidado a Teodoro? ¿qué me quieres? Pero responderás que tú no eres,
sino tu sombra, que detrás venía.”
03 enero 2012
de familia estricta
29 diciembre 2011
ramas de un mismo tiempo
Sin ánimo religioso o trascendental que la hilvane, la celebración de la
navidad ha venido a ser, por anticipado, por si acaso, la del año que llega
como algo distinto de lo que el antiguo trajo. Y qué parte de la embriaguez no
será olvidar así que al otro lado del espejo, como en Alicia dormida a la
puerta de otro mundo, espera un lado del árbol con no menos tribulaciones, con
tormentas nuevas disfrazadas de tormentas antiguas, y claro, soles que ya
tenemos. No por nada la mezcla de furia, idiotez e ilusión, tan representada
está en lo que Martin Gardner cuenta en su prólogo a la edición anotada del
cuento de Lewis Carroll –la vida, observada racionalmente y sin ilusión, parece
un disparate contado por un matemático idiota-, como en lo que Shakespeare puso
en Macbeth -la vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia,
que nada significa.
El año a cuya nueva sombra uno despertará en unas horas está hecho del
cuento y la tragedia, y es normal pues sus personajes se reparten, mezclados, el
mundo, como las ramas de un año se extienden hacia el otro y los frutos que vendrán
cuelgan ya de días pasados. De ese agotamiento sacamos la celebración. Del
silencio de las fuerzas exhaustas, la algarabía. Es así porque el mundo nunca
es viejo sin dejar de ser nuevo por el otro extremo, y por cada oleada
permanente de injusticia, despojo y aniquilación nada en ella el pez de la
alegría, del disfrute o la gratitud por seguir aquí un año más, aunque lo
hagamos pisando en el mismo camino de días alineados del que venimos, que no es
precisamente de baldosas amarillas.
Entre ambos lados idénticos del mismo árbol, unos yendo de las raíces a
la copa, otros en sentido contrario, la pausa festiva es, al menos, un descanso
en el saberse entre las respectivas sombras que son el misterio y el
conocimiento. Así, simultáneamente pleno e incompleto, incomprensible y
cristalino, cumplido entre la ira y el amor que se repiten hasta llenar todos
sus días, el año de un hombre se parecería a una obra de teatro si el cine no
hubiera desarrollado una forma más afinada y explícita de elipsis. Por ejemplo,
si Terrence Malick no hubiera estrenado este año El árbol de la vida.
Hecho de la misma dualidad que lo llena todo fuera de las salas, de las
varias formas de misterio obligado a vivir como conocimiento que el cine ha
ofertado este año (estragado, impotente y humilde en Melancolía de Von Trier;
íntimo, doliente, imposible en Habemus papa, de Moretti; terrenal inserto en la
teoría opuesta en Un método peligroso, de Cronenberg) o su reverso, del
conocimiento forzado a camuflarse de misterio (aterrador cuanto más verosímil
en Margin call, de Chandor; lúdico y hondo en El ilusionista, de Chomet), la
historia de lo ínfimo y lo universal rodada por Malick reluce oscura y críptica
como un resumen demasiado real tanto del misterio como del conocimiento. Que es
decir de la cuota de origen animal y telúrico que nos bulle dentro, y de cómo
nuestra conciencia es el mismo gas que formó el universo, parándose en nosotros
el tiempo suficiente para permitir la vida compleja. Como si ese nombre que
damos a lo que no controlamos –azar- no fuese sino una ironía minúscula, un
juego a escala de lo que fue necesario para que uno estuviera aquí, delante de
sus dedos, de un teclado, de un periódico y una fecha, hecho todo de hidrógeno
y de helio.
Pugnan la telefonía móvil y las redes sociales por vender la necesidad
de que las relaciones con los demás o con uno mismo (este blog, por ejemplo) hayan
de sucedernos en público, como si hubiéramos de compartirlas en tiempo real
para que sucedan más y en más lugares, asi que no es poco consuelo poder releer
“Cómo estar solo” la recopilación de artículos de Jonathan Franzen, publicada
hace ya una década. Ni menos prodigio
que, corriendo el cine el camino inverso a nuestra vida transmitida al mundo –de
su visionado compartido a su uso individual, en casa- uno pueda, aún, solo y a
oscuras, acompañado y en silencio, dentro del árbol de Malick, sentir que los
años sí se suceden realmente, que en 2011 uno asistió a algo irrepetible.
28 diciembre 2011
la mosca interior
Es curioso ver en Un método peligroso (Cronenberg, 2011) una
versión de una película previa, suya también. y más aún que esa película sea La
mosca, hace ahora 25 años. La ciencia a las puertas de un umbral que nadie más ve es
la misma en ambas, y que Freud se vea a sí mismo como un cirujano virtual de la
psique no afronta tan extrañas mutaciones del significado habitual (a
principios del siglo XX) que no puedan ser comparadas a las que unía en aquel
dr. Seth la animalidad literal del insecto con la suya propia. Esta versión de
2011 ahorra mostrar mutaciones concretas adivinadas por Freud, pero las
explicita al dejar a Jung el acercamiento práctico al lado oscuro. La relación
clandestina, conflictiva y atormentada que su cuerpo tiene con lo que su mente
niega es también la de un hombre con esa otra mosca interior –la conciencia.
27 diciembre 2011
mejor hazte una ensalada
hope is a good breakfast, but it´s a bad supper.
Francis Bacon (1561-1626)
gracias, almi
Francis Bacon (1561-1626)
gracias, almi
26 diciembre 2011
En el guindo
Como casi todo, la banca de inversión ha de operar más
eficazmente cuanto más rápido tome sus decisiones, es decir, cuanta menos
información esté obligada a facilitar a los clientes cuyo dinero invierte y
desinvierte. En eso se parece, sin duda, a la forma en que un gobierno toma sus
decisiones, pues cómo podría éste preguntar a sus clientes su opinión sobre una
operación concreta cuando para la elección de su consejo directivo/gobierno
todo lo que pide es una mano alzada, sin que importe gran cosa que lo que la
gente vote sean las corbatas o los resúmenes a sueldo que los medios venden. Por
eso es normal, incluso previsible, que el encargado de gestionar la economía de
un país sea, como es el caso del nuevo ministro de economía español, un antiguo
miembro del Comité ejecutivo mundial del banco de inversión norteamericano
Lehman Brothers, que tan bien simboliza el vehículo, la velocidad y la curva en
que hemos ido a estrellarnos. Y si pueda parecer extraño que para gestionar la
ralentización de una economía se elija a un experto en tomar decisiones a la
carrera ha de explicarse en que la farsa exige tan rostro tranquilo como pies
veloces.
25 diciembre 2011
la boca, agua del Támesis
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Juegos/Olimpicos/Shakespeare/elpepicul/20111224elpepicul_1/Tes
gastar incienso y mirra, ahorrarse el oro
Mientras llega el día en que el discurso del rey se pase
de nochebuena al 6 de enero, donde con más sentido –esto es, más y mejor
ilusoriamente dispuesto- cabría, en Estados Unidos el azar ha dispuesto que la
nba empiece hoy en lugar de hace siete semanas como es norma. Aquí los
redentores se suceden unos a otros, frecuentemente en luchas del nuevo contra
el anterior. Y sin que explicar las causas añada algo en este momento, hay
incluso un llamado Herodes estos días en la figura del comisionado Stern. Que éste
sea judío es solo un matiz más de lo poco que importa la pureza en las manos si
puedes pesarla en el oro que portan. Aquí entra el regalo: la nba permite ver sus
partidos vía nba.tv mediante lo que se denomina Leaguepass. Para paliar
disgustos recientes, el acceso a cuantos partidos quieras es gratis hasta el 9
de enero. Feliz Derrick Rose.
24 diciembre 2011
entre un perro y la luna
A la salida de la última representación de El perro del Hortelano, en el
Pavón, la joven hermosa y agradable que durante años he visto tras el pequeño
kiosco en que comprar las publicaciones del CNTC se niega a aceptar el euro que
le ofrezco en pago de un cuaderno pedagógico que me diera hace meses. Es su
último día, hay otras deudas en su cabeza hoy. Con una mezcla de tristeza y la
sonrisa que nunca la abandona, hablamos un rato de automatismos del consuelos
–a veces tienen que empujarte, las puertas se abren tras cerrar otra… y sin que
nadie lo advierta, coloca bajo el libro que llevo el editado, y a la venta, que
contiene el texto de la obra, imágenes, notas de escenografía. Me lo regala sin
poder hacerlo, discretamente. Todo esto ocurre de forma invisible para quienes
salen de la sala, rodeándonos. También hace pocos años desapareció de este
escenario, de un día para otro, su primera actriz –Nuria Mencía- a la que uno
no ha vuelto a ver hasta hace unos días, en la Abadía, como una de las seis
patas de En la luna, el relato fragmentado de Alfredo Sanzol. Su lugar en la
Compañía Nacional de Teatro Clásico lo ocupa hoy Eva Rufo, hasta hace nada en el
semillero de la compañía senior -la Compañía joven- y que luce como un hermoso
árbol de lo que toque –hoy celos, inseguridad, capricho. Como el libro que no debería tener pero hojeo en
estos momentos, nada de esto importa ahí fuera, y sin embargo existe. Yo lo
veo.
23 diciembre 2011
con dos lonchas bastaba
Ir del
jamón a la risa no es un trayecto fácil, porque, para empezar, en ese surtido
de cómicos hay humor 5 jotas y mortadela infame, todo mezclado. Cierto que la
boca que sirve para masticar sirve para esbozar una sonrisa y eso basta en un
anuncio que dure treinta segundos. Como la versión ofertada dura cinco veces
más, la gravedad con la que se llega al gag tiene el sabor de una salazón
excesiva, de una curación amarga, casi disecada. Lo que sigue al teléfono que
suena cuando la digestión de la idea es ya insufrible conserva el poder
magnífico de emocionar. Pero lo que perdemos en el camino, extraviado, injustamente
fatigado, es la congregación, no del humor, sino de la historia de un país representada
en rostros con los que uno ha crecido, aprendido, incluso si el precio era
rechazarlo, ya de adulto. Cada una de esas caras que se congregan alrededor de
una lápida ha detenido, risa mediante, por un instante cada una de los
conflictos constantes y mínimos que nos acosan, nos duelen, nos amputan horas
de alegría. Aún esa pérdida, el mensaje antibelicista de Gila se entiende
transparentemente como uno que llama a detener el sufrimiento que nos acosa,
aunque las trincheras sean hoy financieras y sus muertos sigan vivos, en la
penuria progresiva. De unos charcuteros cabría esperarse el valor exacto de saber
cortar, pero de momento, como las propias fiestas que nos inundan, la idea es
mucho mejor que su ejecución. Sin ese exceso, y con solo cambiar al más famoso
de los cómicos por el más solvente que ese plano necesita (Forges, Cano) tendríamos
una maravilla. Es mortadela, pero cierras los ojos al final y sí, sabe a
jabugo.
22 diciembre 2011
qué hacer en un cine
La sala
de cine del Círculo de Bellas Artes tiene, quizá porque alberga películas en
vías de extinción, algo de zoo. Entre sus sombras escucho uno hace años una de
las respuestas más asombrosas y definitivas tras pedir, y finalmente
recriminar, el ruido a una mujer que comía patatas fritas sin descanso –“lo estoy intentando”. Quizá es la
misma que, hace unos días, viendo Las noches de Cabiria, espetaba a quienes la
reprocharan que no parase de hablar un par más de esas respuestas inolvidables –“quien necesite hablar, que hable” y “quien quiera oírla en silencio, que se
compre el dvd”. 1. Uno olvidó el domingo agradecerle que su cortesía
llegara al menos a contenerse cagar en el asiento. Y 2. Uno tiembla solo de
pensar qué pueda estar esperando el día que toque ver The Artist, muda,
indefensa.
21 diciembre 2011
Zampanó te amaba, finalmente
Como si
no pudieras casarte con un director de cine sin purgar en público pecados
pasados o futuros, por cada Vincente Minelli que lanzara a su por entonces
esposa Judy Garland en brazos de Gene Kelly, ha habido un Orson Welles que arrastrara
a Rita Hayworth al crimen y la infidelidad, un Clint Eastwood que disparara o
estrellara a Sondra Locke, un Darren Aronofsky que multiplicara la muerte de
Rachel Weisz o un Spielberg que pusiera a Capshaw a comer sesos de mono. Todos,
salvo éstos últimos, se divorciaron. Y sin embargo, el que más daño hiciera
sufrir a su mujer –y a quienes se asoman a sus películas- es el único que vivió
con ella cincuenta años. Uno asiste a La Strada (1954) y a Las noches de
Cabiria (1957) con un dolor que no viene solo del sufrimiento y la traición idéntica
que Giulietta Masina asoma en ambas, sino principalmente de su rostro dulce,
vulnerable, que cuanto más ama, más hondo le entra el puñal. Acaso la única
forma de no odiar por ello a Federico Fellini era saberle casado con ella.
20 diciembre 2011
mitades de la lengua bífida
La
refriega por negar al híbrido de crimen y política que enésimamente representa
amaiur lo que, atendiendo el historial de declaraciones de un arzalluz o un ibarretxe,
debiera haberse negado siempre al pnv sin menos motivos, sucede entre el
rechazo ciudadano que las encuestas afirman y la prueba del fracaso demócratico
que es tener que dejar entrar cada día al Congreso a un portavoz parlamentario que
a la pregunta de si ha merecido la pena tantos centenares de muertos, responde
que “es una pregunta muy complicada”, tan
clara portavocía ideológica de ese clásico
“lamentar las múltiples violencias en euskal herría” con que sus ruedas de
prensa venden a los asesinados como bombas en defensa propia. Discretamente,
quizás por irreal, apenas media columna de El País ocupaban hace una semana las
respuestas por escrito de arnaldo otegui a una entrevista enviada por la SER en
las que asombrosamente, dada su probada complicidad con el asesinato, dice que
exigir a las víctimas de la banda terrorista que “entiendan, acepten o incluso perdonen” no le parece razonable. Cómo
sus diez años de cárcel en vigor parecen haber logrado lo que ojalá tuvieran a
su alcance quienes le sustituyen fuera de ella: un abogado que responda por
ellos lo que no pueden entender.
2. La gata sobre el tejado de Mtsensk
Si el Serguéi
de Shostakóvich hubiera sobrevivido casi dos décadas a los campos de exterminio
estalinistas, en 1953 habría sabido de la muerte de Stalin… y solo dos años
después, de la resurrección de aquella Katerina a la que viera arrojarse a las
aguas heladas del Volga, bajo la forma de la Maggie que Tennesse Williams
pusiera a esperar en vano en su tejado de zinc caliente. Y aún habría tenido
este Serguéi veinte años para buscar a Shostakóvich por hacerle purgar el destino
del que, solo con mucha suerte, se libro éste. En las tres recreaciones que uno
ha visto de Lady Macbeth de Mtsensk, Katerina espera bajo un tejado del que
baja siempre su amante. Y en dos de ellas, incluida la que Martin Kusej muestra
estos días en el Teatro Real, el tejado lo es de una espacio con forma de
jaula, en la que matar el aburrimiento o a quienes lo causen.
Prisionera
de similar techo, Maggie es la gata, pero solo en el título. Dentro de la obra,
es más bien el pájaro cautivo, impotente, frustrado por el mismo aburrimiento
que devora a Katerina, y acaso por motivos también similares, pues la
incapacidad de su marido –Zinovi Ismailov- por engendrar un hijo en ella es, en
todos los montajes, flojera vital incomprensible, tan la que atormentara a
Brick en el drama de Williams, dado que Katerina es literalmente una gata en
celo, a la que desean su suegro, su amante y hasta el pope, todos menos su
marido. Maggie no saca las uñas ni la décima parte de lo que Brick maulla su
ira descreída y abandonada a su suerte. Y sin embargo, nacida veinte años
después de la muerte de Katerina, solo ella parece habitar en el sur
estadounidense. Su jaula, tan compartida con seres gélidos, mezquinos y cínicos
como los que, fuera de ella, acosan a la Maggie de Shostakóvich, tan prontos a
ocultar la muerte como a renunciar a la vida, está sacada del mismo río helado.
19 diciembre 2011
1. origen del olor y malos escondites
Escribe
Andrés Ibañez en el cuaderno editado por el Teatro Real sobre un artículo de
Richard Taruskin publicado en The New York Times ¿al estreno de Lady Macbeth de
Mtsensk en 1936? en el que afirmara que Shostakóvich trataba de justificar en
su ópera el genocidio que tenía lugar en Rusia en aquellos años. La respuesta
de Ibañez es que “a nadie se le ocurriría
defender el asesinato de los Kuláks por la sencilla razón de que desde el punto
de vista oficial no había ningún asesinato de Kuláks y la Unión Soviética era
una paraíso de paz y armonía”. Atacada por su complejidad formal que,
paradójicamente, veía en la brutalidad simple y pura de casi todos sus
personajes la falta de sencillez y pureza humana que debía caracterizar el arte
popular que el régimen de Stalin quería, contiene una segunda paradoja: siendo,
como escribe Ibañez que “no hay nobleza,
ni ley, ni consuelo, ni amistad, ni sabiduría, ni perdón ni perdón el mundo de
Katerina. Lo único humano que hay en la ópera es el aburrimiento de Katerina y
su amor por Serguei. Porque ella es, realmente, la única persona que hay en
Lady Macbeth: los otros son fantasmagorías, figuras de pesadilla, muñecos
deformes.”, sirve para ilustrar
fielmente el deseo de un arte popular y campesino como el de un arte perfecta,
ortodoxamente aburrido. La respuesta más clara podría estar en algo que el
propio Ibañez escribe unas líneas antes: “los
personajes dicen todo el rato lo que piensan y lo que pasa a su alrededor y nos
informan con claridad de lo que necesitamos entender. Los estúpidos son muy
estúpidos, los lascivos muy lascivos, los crueles muy crueles.” Inmersos en
su cruzada genocida por arrancar el pensamiento de un país y abonar con su
sangre el suelo hasta dejarlo formado solo de campesinos a los que gobernar más
fácilmente, nada podía ofender tanto a Stalin y su corte de carniceros como que
lo que se contara en el escenario fuese que cada uno era, transparentemente, lo
que era.
coreo
Si nadie
necesita ser especialmente valioso o bueno para granjearse nuestra simpatía, la
política es el espejo perfecto en que observarlo. Muere kim jong-il, sátrapa clásicamente
lelo de Corea del Norte, y a China le falta tiempo para, junto a la obviedad
(criminal, pero ese es otro tema) de que “fue
un gran amigo”, añadir la infamia de que fue también “un gran líder”. En vida, el poder blinda aún más lo difícil que
se hace llamar idiota a quien, con su comportamiento, lo va gritando. No
aprovechar la muerte para pagar, siquiera sea póstumamente, esa deuda es un
latrocinio más y el insulto enésimo a los ojos de quienes, derruidos por el desvarío
infantiloide y necio de quien les gobernara durante décadas, merecerían que
alguien dijera la verdad. Si no para empezar la reconstrucción del país –que a
quién interesa mientras el maletín nuclear esté a salvo, bajo uno, más
abultado, de dinero chino- al menos para poder fundar en ella lo que venga de
ahora en adelante.
14 diciembre 2011
13 diciembre 2011
Lo real
Se leen
los presuntos cargos por los que será juzgado un yerno del rey y al mismo tiempo,
como reverso literal, impresa por detrás la noticia de que la casa real hará públicas
sus cuentas a partir de ahora. El escándalo apunta a la excepcionalidad y la imprudencia,
y es justo lo contrario para cualquiera que lea periódicos. La púlida imagen de
la monarquía patria, su sólida aportación al sustrato político y social, sus instrucciones
de uso para tiempos de crisis: no parecer una monarquía, sino un ministerio de
la sangre real, donde las reinas lloren junto a las víctimas de un atentado y
sus descendientes prosperen perfectamente integrados. ¿Y qué sino integración
perfecta y ortodoxa arrojan los modos del encausado?, ¿qué hay más real que esto?.
12 diciembre 2011
un tercer ciego buscaremos
Quizá
porque hay más dolor en la nueva obra de Pablo Messiez que ojos con que mirarlo
todo, el protagonista de Los ojos es ciego. Y de los cuatro protagonistas –su
novia, la madre de ésta, una oftalmóloga- es el único que ve claro que ama y es
amado. Las tres mujeres por cuya vida pasa son ciegas de pura lucidez o de
desesperación, de tanto no poder dejar de mirar lo que las abrasa la mirada. Solo
la dicción argentina de madre e hija –chulesca, arrebatada, personajes-portera que
vivieran en el ascensor que lleva de la tragedia a la comedia- separa las
desventuras de los cuatro de ser un retrato aún más desolador y desesperanzado
de la imposibilidad de amar, tan cuando es obvio que lo que tienes delante de
los ojos es un milagro –la revelación soñada con que la oftamóloga se acerca a
Pablo como un hada-, como en los rezos a la virgen de Nela para que preserve
las cosas intactas -la ignorancia de los ojos de su amado, la fealdad a salvo
que la permite ser amada. Con todo, ambos son solo pura, transparente necesidad
humana –de eliminar la oscuridad uno, de preservarla ella. Son la mayoría de
nosotros. Y luego están sus ángeles respectivos, aquellos que ven y que por
ello más pierden –en Pablo la oftamóloga, en Nela su madre. En el primer caso, en
un amargo premio, provocar el milagro expulsará hacia la negrura de nuevo a
quien lo hace; en el segundo, asistir a la caída definitiva de su hija traerá
una luz inesperada, negra pero con el poder de alumbrar nuevos caminos. En última
instancia, junto a un catálogo de cegueras convenientes, es un retrato de la
imposibilidad de ayudar a alguien sin que se vuelva contra ti. Es un recipiente
de dolor irreal de tan concentrado, pero no tanto que no devuelva gran parte de
verdad posible en los soliloquios llenos de luz sombría de la madre. Quizá por
ello, mientras la señora sentada a mi izquierda abandonó la sala antes del
final, los dos ciegos sentados en la primera fila, pisando el mismo suelo que los
actores, se quedaron. Probablemente, a salvo, para vernos.
09 diciembre 2011
más y menos mal
Coinciden
en El País 7.12 cómo el exvicepresidente ejecutivo de Olimpus y un exauditor
externo elaboraron en 1998 un plan junto a varios bancos de inversión para
ocultar lo que, en los siguientes trece años, serían 1.294 millones de euros de
pérdidas solo ahora reveladas. Y a partir de las ruinas de Lehman Brothers,
cómo las investigaciones en Estados Unidos “están
teniendo muy difícil probar que las Agencias de calificación de riesgos cometieron
alguna irresponsabilidad al poner nota a las hipotecas basuras”. Mientras
lo primero no puede, a estas alturas, sorprender a nadie, lo segundo es un
alivio en estos días en que esas mismas agencias amenazan la calificación
crediticia de la deuda pública en 15 de los 17 los países de la zona euro. Alivia
que no sea por intereses ocultos, por usura o corrupción generalizada, que los
encargados de validar o no la calidad de un activo financiero fallen al
calificar con la máxima solvencia los activos hipotecarios que conducirían al
comienzo de la crisis económica actual en 2007. Alivia saber que es solo
ineptitud, clásico ejemplo de gente haciendo justo aquello que no deberían
estar haciendo. Ese otro baldón de su fiabilidad: cómo avalaran en su día las
cuentas de Enron, gruyere contable que acaso los dirigentes de Olimpus solo
tuvieron que estudiar para saberse aún con una década de tranquilidad por
delante.
08 diciembre 2011
Ricardo III, un mapa
No es
fácil reconocer en el Denis Rafter que se asoma hoy a la última página de El
País al que ofreciera un recital a modo de clase magistral sobre Shakespeare en
el Teatro Español, hace unos días. Pero es hasta que cambias ese “cada uno de los países europeos ha
defendido su nacionalismo de manera bastante egoista” por cualquier de las
invectivas contra sí mismo y los demás que lanza Ricardo III. Divides su
personalidad en regiones y el mapa que sale es uno familiar.
07 diciembre 2011
acrónimo y no tanto
Hay ironías
que pueden esperar cuatrocientos años para darse: hoy, cuando uno es incapaz de
entender alguno de los mensajes de texto que me llegan, de tan reducidas las
palabras a una o dos de sus letras, constancia de que SMS era, en 1606, Sweet
Master Shakespeare.























