08 diciembre 2011

Ricardo III, un mapa


No es fácil reconocer en el Denis Rafter que se asoma hoy a la última página de El País al que ofreciera un recital a modo de clase magistral sobre Shakespeare en el Teatro Español, hace unos días. Pero es hasta que cambias ese “cada uno de los países europeos ha defendido su nacionalismo de manera bastante egoista” por cualquier de las invectivas contra sí mismo y los demás que lanza Ricardo III. Divides su personalidad en regiones y el mapa que sale es uno familiar. 

07 diciembre 2011

acrónimo y no tanto


Hay ironías que pueden esperar cuatrocientos años para darse: hoy, cuando uno es incapaz de entender alguno de los mensajes de texto que me llegan, de tan reducidas las palabras a una o dos de sus letras, constancia de que SMS era, en 1606, Sweet Master Shakespeare.

Para esto sirvo


Es paradójico –educativo acaso- leer, en medio de las muestras de mediocridad política en la gestión de la crisis del euro, el artículo que El País 4.12 publica sobre las conversaciones del gobierno con eta entre junio del 2006 y mayo de 2007. En él, la cualificación exacta y asombrosa de Jesús Eguiguren, por entonces presidente de los socialistas vascos, obligado en función de su cargo a sentarse a una mesa con javier lópez peña, clásico asno elevado a la categoría de dirigente de un grupo de asesinos por su obvia incapacidad de lucidez, capaz de espetar “si se rompe el proceso de paz, esto será Vietnam”. Eguiguren, forzado a convencerse de que no está hablando con un mero animal, de que no puede permitirse abofetearle o enviarle a un hospital psiquiátrico. Eguiguren y esa imposibilidad de una ocupación normal: que confrontar a un criminal confeso y henchido de su crimen no conlleve automáticamente enviarle a prisión o, en el caso clásicamente obtuso y fanático de eta, a una perrera. 

06 diciembre 2011

Putin el buenísimo


No caben muchas cartas del lector en el suplemento dominical de El País y una de ellas viene a reivindicar la política rusa como si se jugara en estadios de fútbol –“¿cómo se puede denigrar a los hombres que han ganado el respeto para su país?... Mi opinión es que en españa faltan líderes como Putin o Medvédev, un ejemplo de trabajo en equipo… debo felicitar a la redacción por los estupendos artículos de la sección de Psicología. Esos sí que son buenísimos.” Uno no sabe si el Libro de estilo alienta a escoger una opinión en función del exotismo de sus principios o si la exigencia de fundamento importa en función o no del tema, asi que acaso sería más fácil si tan solo el que selecciona las cartas a publicar fuese otro distinto del que además escribe la sección de Psicología.

mc bullet


“Son canales en los que vamos a seguir trabajando: gasolineras, áreas de servicio, aeropuertos, estaciones de trenes…” -se lee al director general de una cadena de comida rápida. Y se lee como una lista precisa de los lugares en los que uno está atrapado, por los que no tienes más remedio que pasar o permanecer horas. “No hay comida basura, sino hábitos basura” –concluye como quien regenta una armería en un barrio de psicópatas. 

05 diciembre 2011

nadando en el vaso


La piscina municipal tiene anexa una más pequeña, cuyo uso por las mañanas laborables se reparte entre los contadísimos que la usan para caminar, trabajando la fuerza de las piernas, y los partidos fugaces de waterpolo que el grupo de síndrome de down juega con el agua a la altura de las rodillas. Pero en general es una superficie impoluta, como unas termas a la espera de patricios o un monumento en paz a la agitación que sucede unos metros más allá en la piscina grande. Pero basta que la temperatura del agua de la piscina grande baje algunos grados para que el vestuario se llene de hombres recios que dicen renunciar a meterse en la piscina. Hombres que uno ve después chapotear en el monumento, como lo harán los niños por la tarde. Entre ellos, los que cada mañana uno se encuentra en la calle de la piscina indicada como nivel alto, paseando mientras les adelantan una y otra vez. Acostumbrado a que lo que les deje frío sean los carteles que dividen la piscina en niveles, uno se mete en el agua tiritando de gusto.  

04 diciembre 2011

cósmicos de la legua

Quizá en la verdad sabida de que las contraportadas de los libros son el sitio perfecto para vender lo que no se haya en ellos, se entiende que el editor del libro en cuestión escoja las páginas del suplemento de libros de El País para anunciar un libro en ese titular grandioso –moneda cósmica o cómo aprehender la física moral que rige el universo- mientras el texto que lo acompaña habla de otro, uno que, como se cuida de decir “solo en apariencia es un libro de autoayuda”, siendo en realidad un tratado que incluye “grandes principios de la filosofía”. Y eso es solo en el primer párrafo. El segundo equipara la “física moral que rige el universo” del autor a los “grandes filósofos de la naturaleza, de la Grecia clásica”. No ha acabado de equipararse a ellos cuando el tercer párrafo ya le distingue en ese “a diferencia de los filósofos de la antigüedad, no busca el origen del hombre, sino que se centra en su destino”. El cuarto contiene la revelación –“la superación de las carencias económicas solo puede originarse en el talento personal de cada uno”. Uno lamenta que el quinto párrafo apenas dé para contener el anuncio de los “40 años de trabajo compendiado” en ese hallazgo de la inteligencia humana. Quizá porque cinco párrafos son ya muchos para una contraportada, el sexto olvida explicar cómo viniendo “del talento personal de cada uno” como eje de la mejora humana, debemos, en cambio, “trascender el modesto mundo de las tres dimensiones” –el único que tenemos- para “elevar nuestro desempeño cognitivo a dimensiones superiores”. O cómo, habitando únicamente este planeta, “La moneda cósmica que facilita la riqueza material y la abundancia espiritual” suena a desperdicio de energía o inversión, sin que quede muy claro cómo la energía desarrollada –acuñada, diría el sabio- en nuestro interior puede comprar algo en la galaxia Andrómeda o en las proximidades de un agujero negro. Seguramente por problemas de espacio, el séptimo párrafo escoge tranquilizar en vez de explicar cómo todo esto “lleva inexorablemente aparejada la felicidad”. “Estamos ante un libro de filosofía o de ciencia o ambos, todo menos un manual de autoayuda”-concluye. Más explícitamente, y sobra decirlo, “no uno de esos libritos permisivos de autoayuda que invitan irresponsablemente a desear cualquier cosa y pedírsela al universo”. Quizá porque la permisividad, la irresponsabilidad, o la cualquier cosa son mucho más fáciles de pedir al primero que pase por la página de un periódico.

03 diciembre 2011

no olviden superrelativizarme


En la excepción que, de momento, me libra de las piedras en el riñón que han sufrido mis tres socios de agencia, memoria de aquel prescriptor que, al final de sus hazañas, enfatizaba no “olviden supervitaminizarse y supermineralizarse”. 

mi reino por una orquesta


Acaso porque de las dos estatuas que hay en la plaza de Santa Ana, la de Lorca parece tener más prisa por llegar a la puerta del Teatro Español que la más alejada de Calderón, lo andaluz se ha convertido en un recurso frecuente en su escenario: solo en el último año la familia de Bernarda Alba se ha agitanado, la compañía La Zaranda ha traído dos versiones de su empeño Becketiano por mezclar la imposibilidad con un absurdo teñido de guasa y de retranca, y estos días se suma una tercera pata, que es la de un caballo en torno al cual bailar Carmen. Reducir una ópera a una versión de cámara es un empeño que puede salvarse eligiendo un texto que ya lo sea (The turn of the screw, de Britten) o poniéndolo, por ejemplo, en manos de Peter Brook (la versión de The magic flute, vista hace poco por estos lares). La obra de Bizet no es lo primero y si aspirara a lo segundo, el espejismo se rompe al aparecer un caballo en escena poco después de que la Banda de cornetas y tambores, los dos guitarristas y las dos cantaoras que hasta ese momento han sustentado el drama den paso a una orquesta grabada que parece venir, no del disco correspondiente, sino del taller donde se fabricaran las rendiciones. Incluso hasta ese punto, a uno el resultado no le parece extraordinario, asi que ¿por qué derruir el esfuerzo de pureza que ha llevado una hora construir? ¿por qué parar el concierto para dedicar la última media hora a ese equivalente emocionalmente barato que es atronar con la música de Bizet como si se buscara que el público dé palmas tal el último vals del Concierto de año nuevo?. Ni la historia lo necesita ni los músicos merecen a esas alturas ser relegados a una grabación que termine su trabajo. Alguien debería girar la efigie de Lorca, ponerla a mirar hacia el teatro de La Latina, donde mucho mejor cabría esto. O ya puestos, hacia los Teatros del Canal, donde estos días se representa el Macbeth que Helena Pimenta ha puesto a ser tanto de Shakespeare como de Verdi sin avergonzar a ninguno de ellos. 

29 noviembre 2011

dos tiendas juntas


Solo el uso de trajes idénticos evita ver en el ejercicio de la política la obvia confección de modelos solo aparentemente distintos a partir del mismo material. Al menos las tallas de un jersey son transparentes en aquellos a los que sirven. Y uno solo reprocha a Benetton no aportar un mensaje más próximo a la realidad que hermana moda y política. Pues ni Obama odia a Hu Jintao ni éste a aquel. Por qué deberían hacerlo. Y si éste mantiene devaluada su moneda para favorecer sus exportaciones y mantener a raya cada décima de desempleo posible, ni cerrando los ojos podría Obama ignorar que China es el mayor coleccionista de dólares que el mundo haya visto, y su mayor prestamista vía compra de deuda pública. Sus diferencias son solo de patrón, de escaparate, de talla económica.
Imprimes “United is better” y la distancia entre moda y política adquiere un barniz más normalizado. Es decir, aspiraría a vender jerseys tan nítidamente como a aprovecharse de la relevancia mundial del prescriptor. Si en su forma actual el anuncio es más obsceno que gratuito es porque un beso ficticio ilustra las mil muestras de afecto hipócrita que los gobiernos se procuran delante de las cámaras para, una vez vuelto cada uno a su cubículo, tratar de venderle sus propios calzoncillos al país al que viene de quitárselo. Una marca no odia a otra, solo necesita su desaparición, ocupar su espacio, lograr sus habitantes. A nivel local o global, la política es solo un tipo de actividad comercial. Hay más mentira y más inoportuna en el verbo escogido –hate- que en cualquier retoque fotográfico que ponga a un político a simular lo que es –un vendedor más- o ya que estamos, una campaña publicitaria en permanente compra-venta de espacios. 

the headphone dance

amsterdam, ayer.

28 noviembre 2011

el otro engranaje

Clandestina, discretamente aunque no lo bastante, el vecino del segundo sube a su casa acompañado de una mujer atractiva, lo suficiente como para que su habitualmente cálido saludo sea esta vez un rumor cabizbajo. El silencio súbito, tan similar al que uno imagina en su convivencia imposible con su esposa, ahora en Oviedo con su hijo no menos tortuoso. A salvo de su vida previa, mi vecino prueba ese hábito a escondidas: la normalidad.

24 noviembre 2011

no cars go


S., que cuenta cómo en una fiesta a la que asistió para quedar con un chico con el que salía, al descubrirle acompañado de su novia, y habiendo ingerido demasiado alcohol, se fue hasta la mesa de ambos en estado lamentable y reveló la infidelidad. Él negó conocerla. Volviendo a casa, se tumbó en una carretera de Turín para ser atropellada. El primer coche que pasó fue el de su primo. 

22 noviembre 2011

quién gana cuando tú ganas

Muy probablemente la versión española de la crisis mundial, expresada en abismos de paro y deuda pública sospechosa de solvencia, sea a partir de hoy, en la mente de quien ha votado por un gobierno distinto, no responsabilidad de quienes van a encontrarse con ella sino del sistema global que la perpetró. Es decir, el mismo sapo anfibio de falta de competitividad y burbuja múltiple que hubo de tragar el gobierno previo. Solo que esta vez a cargo de gente seria, fiable, gente de bien, justo la clase de gente que no puede ser culpable de la gestión ajena –socialista- como éstos tan obviamente lo han sido de la gestión ajena y sistémica de un capitalismo idiota y mezquino. Parte de quienes esperan una recuperación económica que haya estado esperando a asomar, valiosamente guardada en la cabeza del gestor nuevo podrán culpar entonces a una causa mayor, que tanto se parece a votar no razones y procesos complejos sino espasmos de carisma y pensamiento débil. Para facilitar la contratación a las empresas se les permitirá pagar tan poco al afortunado que éste no pueda ni pensar en irse de casa hasta los 40. Y la demandada competitividad, que debiera empezar en fortalecer la educación pública, se enroscará de nuevo en la desgravación por compra de vivienda, modelo con el que los ayuntamientos podrán de nuevo aspirar a recaudar más al recalificar suelo agrario, las promotoras inmobiliarias podrán volver a ofertar empleo poco cualificado, cualquiera podrá volver a pedir un crédito hipotecario para comprar la casa que, por los ajustes impuestos desde fuera, dudosamente podrá pagar, y lo que es más valioso, esperando al final de la ecuación, los bancos podrán volver a prestar dinero, esta vez más caro que antes, eso sí. Los impuestos subirán y los sacos de las pocas trincheras que dejen de hacer falta para resistir la crisis se utilizarán para guardar en ellos derechos o certezas sociales considerados moralmente poco convenientes (matrimonio homosexual), demasiado progresistas para un país mediterráneo (ley antitabaco) o globalmente demasiado ciertos para poder ser gestionados dadas las prioridades locales (cambio climático). Y dentro de cuatro años, cuando la salida del euro haya sido adecuadamente contada como obra del gobierno precedente y los cinco millones de parados sean solo cuatro, se podrá decir que el proyecto necesita más tiempo para consolidarse. Bravo.

19 noviembre 2011

17 noviembre 2011

diez minutos

10.35
Un hombre joven de tez oscura que cojea cruza un paso de cebra en Manuel Becerra con un vaso en la mano con el que pide. Va envuelto en un gabán gris oscuro, entallado. También va descalzo y quizá para compensar la prosperidad que pudiera contar el abrigo, sus pantalones, de ser largos, deben de estar arremangados por encima de las pantorrillas. Como si pidiera de rodilla para abajo.
10.38
Hay una extraña placidez de otro tiempo en los dos hombres que cruzan un paso de cebra en Goya. Sus monos de un azul desvaído que podrían ser de una tienda de comestibles antigua lo son de un taller de coches, donde aún sonara Bing Crosby en recepción. Sus caras, sus bigotillos, su peinado, la parsimonia con que uno porta unos cables lo es aún más en el mayor, que empuja un carrito y en él una batería pequeña que una bolsa de la compra aguantaría sin problemas. Cruzan de una acera a otra como si lo hicieran de época.
10.41
Lento, como si nunca fuera a llegar a una sola ventanilla, el hombre mayor que pide alcanza a pararse delante de tres coches de los que esperan, parados, que el semáforo cambie a verde en Colón. Ya llegar al segundo parece una molestia.
10.45
El hombre que pide en el vagón de metro parado en Alonso Martínez está diciendo, con la vocalización afectada que ha de dar la memorización, que son tres amigos que vienen de ser despedidos sin “saber la razón ni entender la explicación”, cómo la empresa en cuestión –que no cita- “ya tiene la denuncia correspondiente”.

16 noviembre 2011

Tranquilos. Ya llegan



En cuatro días, aquí.

12 noviembre 2011

11 noviembre 2011

monstrue/ 1


Se refugia la prensa y la literatura en Internet pero también desde allí se mira hacia fuera con nostalgia, al mundo del papel impreso y la gente que arruga lo que lee al hacerlo. A este blog se llegó, en buena parte, gracias a una revista escolar editada con cariño durante casi dos décadas. Es una buena forma de ver esta cosa rara que hoy se asoma aquí: honrarlo, agradecerlo.


Gracias, johann.
Gracias, almi. Gracias, nachín.


portada: nacho remón
diseño: alma pérez
texto e ilustraciones: juan pablo garcía

10 noviembre 2011

zona cero-uno-cero

Acerca del movimiento de protestas y asentamientos en las calles de medio mundo, lo que se lee en El País 27.10 de su expresión neoyorkina, de boca de Hrag Vartanian –lo que ocurre en esa plaza es como un programa de código abierto.

08 noviembre 2011

la bala que viene de dentro

Uno no imagina mejor derrota –parcial o definitiva- de un grupo de asesinos (ya sean eta, las farc, los nazis o los enterradores de civiles afectos a la republica española de 1936) que la que viene de dentro, de una escisión, o mejor aún, de una traición intestina que no solo descabece al criminal de turno sino que, convenientemente difundida, siembre tanta desconfianza, tanto temor ciego dentro de sus filas restantes como soportan sus víctimas. No es la detención o ejecución de un asesino en la selva colombiana lo que reconforta, sino leer que se llevó a cabo con la colaboración –falsa o real, qué importa a estos efectos- de otros asesinos que llevaban el mismo uniforme que el caído. Imaginar la mirada con que los criminales que aún subsisten escondidos se observan unos a otros, esa sospecha, esa pregunta que no desaparece al caer la noche o quien hasta ayer mandara.

07 noviembre 2011

la zarza ardiendo


El término “repoblación” posee un valor si lo que ilumina es la presencia humana y otro si lo que se quema es un pinar. Lo que puede hablar y caminar es una cosa y lo que no, otra. Tener una infravida y no una vida –en términos inferidos de la opinión de ana botella sobre el papel del hombre en la biosfera- se demuestra en que los árboles se quedan parados mientras el fuego les devasta, y en esa muestra de inferioridad biológica que es necesitar lustros para arraigarse y resistir al frío y la sequía cuando una constructora solo necesita unos meses para levantar un modelo similar. Siguiendo el patrón mental de la sra. botella, añade uno la ventaja en semejante biorritmo e inmovilidad de imaginar a qué velocidad asombrosa me habrán visto correr los pinos de Conde Orgaz durante los últimos quince años.
Las personas no están casi nunca donde uno piensa, y desde hace una semana, parte del pinar tampoco. Hay que correr un buen rato para llegar hasta esa cuesta y si no lo has hecho desde principios de septiembre, la visibilidad repentina de esas colinas peladas es una puñalada. Dejas la senda paralizado y te adentras en un paisaje que no estaba ahí desde hace muchos años, desde antes de la repoblación. Solo que ahora están ambos, superpuestos: la loma despejada y los tocones como balas clavadas boca abajo en la tierra. “Fuego de pastos –se lee en abc de hace dos meses- matorral, arbolado bajo, pinos de repoblación, pequeños”. Ni una línea imposible sobre el esfuerzo que les llevó alcanzar la pequeñez, sobre los largos años de edificación lenta, armoniosa, como si para sustituir un paisaje de matorral por otro de pinos hubiera de hacerse con cuidado, con atención, hasta parecer no un cambio sino una prolongación de la idea previa.
Cómo entenderlo en esta ciudad, modelo de urbanismo criminal como el país entero. Madrid es un bosque de edificios que crecen en un año y se quedan para siempre como llamas permanentes donde antes hubiera acaso pinos, abetos o cedros majestuosos como los que, protegidos por ley en el solar que se ve desde estas ventanas, acompañaran durante décadas a una casa pequeña y ahora agonizan a la sombra del edificio impersonal de cuatro alturas en el que sus inquilinos han sembrado flores al pie de uno de los dos cedros imponentes, ya muerto. Pero han bastado unos días de lluvia para que en las lomas ennegrecidas del pinar surja el color verde, nunca lo suficiente como para ocultar la alfombra de papeles, bolsas, botellas y colillas, pero moteando ya los pies amputados. También desde aquí se ve la enredadera que crece en la pared que da al solar de los cedros. Dejada morir hace años, un nuevo brote asciende ya por la pared.
En su novela La guerra de los mundos, H.G. Wells imaginó una invasión mortífera venida de otro planeta que a punto de arrasar la civilización humana en la tierra, sucumbe ante las bacterias terrestres para las que carecen de defensas. Ficción –lees al localizarlo en la biblioteca. Está en el anaquel equivocado.

06 noviembre 2011

qué sentir un domingo


gracias, almi :)

03 noviembre 2011

lo que no es relativo es evangélico

Por dónde empezar un manual del creacionista henchido: a la obvia noción de que las historias bíblicas no deben ser tomadas al pie de la letra, respóndase que lo mismo cabe decir de las leyes científicas –desde la selección natural de Darwin, a la gravedad newtoniana o la relatividad de Einstein. Al cabo, relatos salidos de meros hombres, como la mitología protocristiana cuenta lo que pensaran Job, Jeremías o Daniel.

31 octubre 2011

ñam

30 octubre 2011

A.y.


Recordaba hace unos días en El País David Alandete al fallecido John McCarthy, acuñador del concepto Inteligencia Artificial, del que se cita cómo para crear una verdadera IA se necesitaría el trabajo de "1,7 Einsteins, 2 Maxwells, 5 Faradays y la financiación de 0,3 Proyectos Manhattan, siempre y cuando ese proyecto viniera después de los necesarios descubrimientos conceptuales". Que en términos de revelación más que de esfuerzo, acaso se explica en ese "¿Podrá un ordenador decir algún día: puedo, pero no quiero?... Hay diferentes tipos y niveles de libre albedrío. Un automóvil tiene libre albedrío, un programa de ajedrez tiene un mínimo nivel de libre albedrío y un ser humano dispone de él en mucho mayor grado. Sistemas con niveles humanos de IA, es decir, aquellos que se equiparen a o sobrepasen la inteligencia humana, necesitarán más que los programas de ajedrez actuales, incluso para ser sirvientes útiles".
Es una inteligencia no poco artificial por la que pregunta J. al plantear qué haría uno si supiese que le queda un mes de vida. Pues lo que te separa de empezar a hacerlo ya, siquiera parcialmente, es la peor razón posible: que muy probablemente tendrás años por delante… para seguir sin hacerlo. Lo que pregunta es, a la luz de esa respuesta, qué no haríamos si supiésemos que aún viviremos décadas. La longevidad no es aquí ni el placebo, sino justo la razón para ni pensar en que lo más importa acaso debería exigir nuestra atención ya. Artificial también es buen atributo que adjudicar a un dios que nuestra mente segrega si esos 30 últimos días aparecen, nítidos, en el horizonte. Pero no deja de ser inteligencia, entendida como uso de la herramienta adecuada para estabilizar nuestros niveles de estrés y de ansiedad.
Poder pero no querer es la definición que de Inteligencia Artificial da McCarthy. Y tampoco suena demasiado alejada esa que, de camino a la humana, describe su alcance como uno de sirvientes útiles… de nuestras renuncias. Libre albedrío cabe peor en una cartera que el calendario anual. ¿Qué harías si te quedaran solo los 30 días de noviembre? ¿qué si te quedaran entonces los 31 que tiene diciembre?. Un profeta de las tecnologías del ocio, muerto hace poco, surge contado estos días en los periódicos como alguien que evita la tecnología que podría haberle salvado la vida y trata el cáncer con meditación y dieta. Mezclas inteligencia y artificial y te da algo que podría tomar mejores decisiones de las que toma. Ves el mundo y sientes que es tanto nuestra creación como nuestro modelo.

aquí una versión menos, y más, entrópica:
http://enmientropia.blogspot.com/2011/10/0-false-21-18-pt-18-pt-0-0-false-false.html

Un ahora menos

En una ciudad donde el tiempo tirado en atascos debería ser, al menos, fiscalmente deducible, lo enésimo que se parece quitarle una hora al reloj de forma consensuada, a llegar una hora tarde a todo sin que los demás lo hagan mejor que tú.

29 octubre 2011

las capas del héroe



Quizá por ser Hellboy la historia simultánea de un malvado y un héroe que se reparten el mismo personaje en capas sucesivas, donde una sirve para condenar y otra para salvar, su final tiene una belleza de cuchillo que las atravesara transversalmente para llegar al núcleo… donde no está él sino ella. Y quién si no Perlman para dar el más improbable de los besos.

para tam, que se asoma.

27 octubre 2011

Todo bien o casi

“¿Todo bien?” –pregunta un hombre al entrar en el vestuario de la piscina. “Más o menos” –le responden. “Bueno –dice el primero- todo, todo es imposible que esté bien. Pero algo, al menos algo, irá bien, ¿no?”. Hay que imaginarse la aproximación realista, pues: “¿algo bien?”. Y la respuesta: “y tú?”. Y al que conteste “todo”, nos lo comemos, como en El perfume, de Suskind.

26 octubre 2011

partido sin javier marías

Se anuncia la prohibición de fumar en los estadios durante la Eurocopa de 2012. Es para respetar a nuestros espectadores –dice su presidente. Sabemos así que no pocos defensores de las sagradas libertades (rico, savater, marías, leguina, aznar acaso) escribirán mañana que al campo se sale a marcar goles pero que también a dar patadas al contrario y es parte innegociable del deporte. Uno no ha vuelto desde entonces, pero de pequeño me llevaban al estadio Vicente Calderón frecuentemente, y aunque yo no iba a meter goles sino a comer en el descanso un bocadillo de calamares que comprábamos a la salida del metro, recuerdo que a mi alrededor todos fumaban como si el contrario al que tan natural es dar patadas fuera yo. Es ese derecho natural del que siempre se habla cuando el mechero que se saca en todas partes sirve para emitir una luz con la que no ver al de al lado.

25 octubre 2011

El arte de la simulación


Un alcalde recién nombrado que cree un farsante, un actor, a todo el que entra en su despacho a pedir algo. El portero de una finca que difunde la existencia de fantasmas para poder robar sin sospechas. El hijo del hombre que acaba de morir, que se presenta a exigir del benefactor de su padre la misma manga ancha de que gozara aquel. La mentira o su posibilidad, y el abuso que esa distancia permite emboscar o recelar vertebra el ciclo pausado que viene pudiéndose ver de Eduardo Di Filippo en los últimos tres años. Y que se ve como una misma farsa que atraviesa El arte de la comedia, Con derecho a fantasma y Yo, el heredero, en la que alguien crea un espejismo en el cual amparar sus fechorías o, como en el primer caso, poder ser víctima de ellas. Es un tipo de chantaje que sin problemas asocia uno a la Italia de la primera mitad del siglo pasado en la que fueron escritas. Y en la que, como en aquella Italia del fascismo, por cada vividor o dueño de un ego inmanejable, hay una víctima que reacciona como nadie esperaría: el médico Quinto Bassetti, dignísimo buscador del honor ganado aunque sea en un pueblo perdido; Pasquale, que escoge seguir viendo al fantasma y no al amante de su mujer; la joven que al intentar la ingratitud, se encuentra la libertad. De un lado, alcaldes que no toleran ficciones parecidas; soñadores descuidados y fantasmales; acaudalados hombres de negocios cuya caridad compra el derecho de burla. De otro, empresarios teatrales con el poder de lograr en el engaño lo que de otra forma no; dueños in pectore de fincas que saquear; carteristas con el poder de amenazar a quien se viene de robar. La lista de aquellos de los que abusar y de los que defenderse es ambigua, las voces de ambos lados cambian hasta parecer la del otro. Escritas hace casi un siglo, hablan de esa cualidad tan presente en esta política actual a la que, como teatro nefasto, asistimos: la posibilidad de negar las razones del otro mientras las usas como propias.

vio la película, ahora lea el artículo

Publica el suplemento de El País 23.10 un artículo sobre sintonías entre el mar y nuestro cerebro, y tanto pudiera haber sido escrito mirando el mar como leyendo lo que Stanislaw Lem publicara como novela en 1961 y Andrei Tarkovsky hiciera película en 1973.

http://www.elpais.com/articulo/portada/oceano/cerebro/elpepusoceps/20111023elpepspor_6/Tes
http://es.wikipedia.org/wiki/Solaris_(novela)

24 octubre 2011

otoño bien entendido


19-23 de octubre

23 octubre 2011

aves del paraíso


La piscina cubierta es un ecosistema que de lunes a viernes, y quizá para compensar, ofrece tan diversas posibilidades de contemplación como idéntico sea cruzarla a nado una y otra vez. Desde primera hora de la mañana, acaso hasta al mediodía, uno nada entre peces antiguos y magníficos –señoras y señores mayores y no tan mayores que se mueven con una gracilidad que el agua parece regalar a quien entra en ella. Muchas de ellas nadan en vertical, bajo el agua semejan peces creativos que trataran de hacer en un elemento lo que están habituadas a hacer en otro. Incluso vistas desde fuera, sus ejercicios en grupo tienen una belleza de ejército descoyuntado, anárquico y voluntarista que hubiera decidido avanzar con la mitad del cuerpo en un mapa y la mitad restante en otro. La voluntad puede ser grácil donde el movimiento no, y sus hileras sugieren paz si vistas bajo del agua, y una inusual armonía del caos si observadas por fuera. Es un trasiego de cuerpos callados… y no tanto, dado que el agua pone voz a los pies y los brazos que entran y salen de su superficie, como si el eco amplificado diera también brazadas por el aire.
Poca gente se habla hasta que, a media mañana, llega el grupo de síndrome de down a la piscina. Es una fiesta entonces. En el agua no son solo distintos, también transparentemente mejores que nosotros. Alegres, vitales, sin la seriedad o la fatiga que recompensa el esfuerzo de nadar durante minutos idénticos, vienen al agua a jugar, no a adelantarse o a cumplir una obligación muscular. Incluso las indicaciones de los monitores tienen poco que ver con el tono imperativo que domina el otro lado de la piscina, donde las mujeres juegan sus cursos de natación. Como los pavos reales que libremente vagan por el pequeño jardín botánico inserto en el Retiro, su presencia es irreal y magnífica. Entre éstos y aquellas, uno reconoce la inferioridad de su actividad: rodeado de peces luminosos, en armonía con el ritmo y la cualidad pacífica del agua, uno en cambio nada metódica, esforzadamente, como si trabajara.

22 octubre 2011

se necesita ayuda

Si hay un homosexual o un heterosexual que libremente acude a un psicólogo solicitándole ayuda porque cree que necesita un cambio en su sexualidad, tiene todo el derecho –recoge hoy la prensa la declaración de Durán i Lleida. Y hay algo raro en ella, algo que quizá no sea la aberración que parece a primera vista. Sin mencionar heterosexuales necesitados de un cambio de sexo, la cosa es clara. Pero ahí están, mentados en igualdad de condiciones, que es decir en igualdad de necesidad posible de un psicólogo. Dado que junto a su nombre se lee “democristiano”, no cuesta mucho pensar que Duran i Lleida les haya introducido para suavizar la puñalada, pero y si no. Y si la apuesta fuera la contraria: elimínese la mención a los homosexuales en la oración y lo que tenemos es algo aún más alarmante para no pocos: la incitación poco velada a que aún más personas nutran el numero de homosexuales. ¿Cuál de los derechos anima Duran i Lleida? ¿el de la curación o el de la revelación?

plato por plato

En la muerte de gadaffi y en la renuncia de eta a seguir matando, ese deseo que ya asomara Shakespeare en Tito Andrónico y recordara ayer la lectura dramatizada de un texto de Malgorzata Sikorska-Miszczuk en el Valle Inclán: la posibilidad de hacer comer al asesino la carne, convenientemente aliñada, de sus víctimas. Cómo lo que no llega nunca a entrar en el cerebro del asesino sí pudiera hacer su trabajo desde el estómago.

21 octubre 2011

Árbol de las maderas y los metales


Por si la aproximación a un hecho inexplicable sirviera para entender otro, lo que de El árbol de la vida, de Malick, dice Pablo Heras-Casado al decirlo de la Filarmónica de Berlín, hoy en El País: “Su sonido es muy poderoso, redondo, profundo, sientes que viene de abajo… pero tiene mucho brillo y un enorme perfil… su sonido es íntimo y camerístico, pero ampliado a una dimensión cósmica. El rango de colores y de dinámicas de intensidades es casi infinito… Es más, crece incluso cuando no practica. Te marchas por la noche y al día siguiente está a un nivel más alto de lo que la dejaste”.

por algo se empieza


Como prueba de que antes de ser transparente en sus crímenes, un totalitarismo lo es en su estupidez, la maniobra del partido comunista chino (pcch) ante el estreno en julio de este año de La fundación de un partido, película de producción gubernamental, al prohibir las críticas negativas en los periódicos, bloquear la posibilidad de valorar la película y retirar el sistema de calificación de estrellas (que sin embargo sigue activo para el resto de películas).

nociones

Refugiados en la credibilidad de lo fugaz, de lo que exige para validarse apenas un impulso, el socialismo sufre. Méritos propios aparte, su dificultad en lograr o preservar gobiernos en Europa también pisa el barro de los significados mediocres: “socialismo” es un blanco perfecto para quienes no necesitan gran cosa para pensar en contra, pues en él se contienen automáticamente tanto su evolución hacia formatos actuales, plenamente democráticos cuando no directamente… poco socialistas, como su pasado criminal, que va desde sus peores y mejor ganados epítomes –la china de mao, la rusia de stalin, incluso el nacionalsocialismo de hitler- a esa abyecta noción de que la guerra civil en nuestro país tuvo lugar entre un pensamiento cristiano y decente contra un socialismo que aspiraba a entregar el territorio al comunismo atroz. La derecha es inmune a esa simplificación, primero porque sus crímenes son mayormente económicos y esa guerra deja muertos y tierra devastada que no se cuentan igual. Y segundo, porque, al carecer de un “ismo” al que anclar méritos propios y prejuicios añadidos, sus pecados solo están adscritos al de quienes, con nombre y apellidos, los perpetran. Es una ventaja que no tiene el socialismo, a cuya sombra los fallos de Felipe González o de Zapatero no lo son suyos sino del movimiento al que pertenecen. No son errores, mediocridades, corrupciones concretas las que cabe cargar en su cuenta, sino en la de la idea que representan. Por eso “socialista”, como “progre” es un insulto al alcance de cualquiera sin ganas de pensar mucho. Y “facha”, que aspira desde el otro lado a equiparar la gratuidad lo hace desde lo adjetivo y no del más valioso sustantivo. En política uno se gana a conciencia lo que de él se dice porque, de entrada, uno mismo suele decirlo antes o después. De ahí ese intento, clásicamente ruín y obtuso, de aznar de insultar más que definir el movimiento del 15M como “extrema izquierda marginal antisistema”. “Extremismo” es una palabra reluciente y por eso la usa, aunque su brillo sea aquí el de un espejo.

18 octubre 2011

A salvo. O no

Irónicamente, a veces para que te fuercen a hacer lo que quieres hacer solo tienes que defenderte de ello de la manera adecuada. Y así, para legitimar lo que ciudadanos de todo el mundo piden estos días en las calles pudiera, desde lo político, bastar o bien denigrarlo en los términos precisos, o bien validarlo a una distancia a la que te crees a salvo. "Al alterar por completo su retórica en las últimas semanas, al empezar a reconocer la división de clases, Obama ha empujado a quienes criticaban su frustrada reconciliación con los republicanos a emprender sus propias iniciativas. Ahora tendrá que aceptar que insistan en que siga él también la lógica de ese nuevo rumbo" –escribe Norman Birnbaum en El País 16.10.

mira mis manos construir el mundo


Una de las lecturas que sugiere El árbol de la vida, de Malick, tiene que ver con dónde empieza a poder ser narrada una historia. Dadas las dos horas escasas que tienes para levantar y terminar una historia, dónde la empiezas suele ser a qué hora de hoy. Lo primigenio en cine es como el aroma de lo que ves a sus intérpretes oler: solo puede ser imaginado. Retroceder hasta el principio de la vida en la tierra para contar la dificultad de amar y ser amado, de criar y preservar afectos, de relacionarse con la sensación de trascendencia, es un viaje hacia ese olor, hacia esa cualidad de lo que, solo mediante un poderosísimo ejercicio de abstracción, puede conectar un volcán con la lucha de una familia estadounidense en la década de los cincuenta por permanecer unida.
Imaginar los lazos de recelo, sobrecogimiento o indefensión que unen un magma con otro, el geológico y el humano, equivale a creer que lo que no puedes oler existe ahí, delante de tus ojos. Su posibilidad, la conexión de lo infinito dentro de nosotros –el dolor, el amor, la ira- con lo infinito que sucede en el espacio y en el tiempo, lleno el universo de la misma casualidad, destino o milagro que llena a los seres vivos de esos gases. Tan hechos de atracción y repulsión hacia quienes amamos o nos rodean, como la gravedad y la energía oscura atraen y estiran respectivamente la materia y la energía cósmica en todas direcciones.
Como ambas, el recuerdo es un ladrillo ubicuo con el que construir el presente y el futuro. Lo empleamos sin cesar y sin poder evitarlo. Acaso porque, si no es lo único que tenemos, es lo que más a mano encontramos cuando no encontramos nada más. También la idea de lo divino es un recuerdo de especie, uno sin cuya gravedad es posible vivir, pero no desconocer. La recurrencia a un dios es parte, sino de cada uno, sí del mundo que tenemos, para bien y para mal. No uno, sino dos dioses vertebran El árbol de la vida: el de la naturaleza y su maravilla en constante evolución, y el de una presencia a la que dirigirte cuando el asombro o la impotencia no hallan otros interlocutores. Pero es el segundo el hijo del primero y no al revés como podría suponerse: es la conciencia humana y su fragilidad la que no sabe llegar hasta este punto sin ayuda. Lo que ha rodado Malick es un rezo y la historia simultánea de la sordera de un dios, al que pudiera bastar contestar con leyes físicas y tablas químicas. El árbol de la vida, sembrado y abandonado después, es aquí el que planta Pitt junto a sus hijos a la media hora de comenzar la película.

17 octubre 2011

llegada de los que heredan


Por asombroso que parezca, a la pregunta de qué necesitamos más, si un cambio de gobierno o uno de forma de gobernar, 12 millones de personas probablemente aportarán en unos días lo primero, como si lo segundo fuera una emanación automática de lo votado. Si la imposibilidad de distinguir los errores propios de los que garantiza el entorno es casi segura, la de apreciar cuán la manipulación y la ruina prefieren el énfasis al argumento, la denuncia gritada al juicio cuerdo, es esperar un milagro. Y eso es justamente lo que se vota cuando no se vota un programa: un prodigio que, lástima, más aspira a la resurrección de una economía insostenible que a curar la ceguera de quienes creen que el declive de un sistema necio, criminal, de una prosperidad afiebrada se debe a las caras equivocadas al mando de la nave y no al diseño de la misma.
Que el candidato del partido socialista diga estudiar ahora la eliminación de los privilegios inconcebibles que la iglesia posee en nuestro país o anuncie la imposición a la banca de la dación como pago de la deuda es un insulto a la inteligencia, no solo de los que aún creen que, por definición, la izquierda está aquí para aportar a la sociedad algo de la equidad, la justicia o la sensatez que el abuso de poder ha consagrado como leyes no escritas. También a la de quienes juzgan que la campaña de no pocos de los que aspiran a gobernar desde la derecha más merecería el ridículo, el escarnio público que el premio que casi tocan con los dedos. También porque alimenta la peor de las excusas con las que se vota –que mentir, mienten todos. Que decir una cosa y aplicar la contraria es norma.
Pena con dolor se cura. Y se apresta a caer una visión mientras asciende otra entre el helio propio y el hundimiento del suelo en el que estamos. Y así, a la mezcla de incompetencia e impotencia del gobierno previsiblemente saliente, sucede la esperable llegada de un motor idéntico, solo que alimentado por el visible núcleo de mezquindad y espíritu obtuso que tan bien representan cospedal, pons, aznar, aguirre o camps. Y en cuyas ruedas –hechas de quienes no saben o no quieren saber que si hoy se creen lo que pisotea, mañana serán lo pisado- tan natural es ver cómo, en una convención del pp, el público corea “a por ellos, oé”, como que, imposibilitados de entender, nos refugiemos en cambiar.

15 octubre 2011

El silencio del mundo


En un mismo cine de Madrid coinciden estos días dos hechos insólitos obvios y uno oculto -Obvio, estar ante la quinta película en 38 años de Terrence Malick y la segunda en los 8 que lleva haciéndolas Sylvain Chomet. Inesperado, el que el protagonista de ésta última sea Jacques Tati, que es decir esa reinvención francesa de Buster Keaton que fue Mr. Hulot. Muda casi literalmente, como metafísicamente lo es la de Malick, El Ilusionista es una historia de otro tiempo, resucitado hoy magníficamente por Chomet como Tati lo fuera en sí mismo de otra era del cine, al servicio de historias donde no hablar podía convivir con que la historia no necesitará compensar eso corriendo desaforadamente de una idea a otra. No son pocas las que atraviesan esta –el declive del entretenimiento clásico (ilusionismo, ventriloquía, circo); la necesidad mutua de afecto de un hombre mayor y una adolescente en busca, ambos, de un espacio que ya no existe donde habitan; los resquicios de un mundo en otro, del que fue en el que será; la reconversión vital, ardua o imposible, de la edad adulta en otra más joven. La historia del silencio como sombra del mundo, de su avance y su caos, ha sido expulsada hace mucho de las pantallas. Que uno pueda entrar en un cine y salir cinco horas después del prodigio es uno más.

13 octubre 2011

como alcalde vuestro que soy


El mismo día que en El País se lee sobre la parálisis ordenada al recién abierto Centro cultural Niemeyer, en Avilés, el alcalde de Y., político no profesional electo casi milimétricamente desde las mismas fechas, cuenta la aleación de halagos y desprecio con que se le trata, cómo siente sus días tal un cronómetro que acumulará para algún día la suma a pagar de tanto malestar. Y si el primer caso suena a Ricardo III y su aspiración simultánea de dominación ciega e inmunidad a sus actos, el segundo trae ecos del conde de Gloucester, al que entre amor jurado llevan a la tumba.

12 octubre 2011

Mirar lo invisible


A la sombra de su comunicación mínima, un Festival de Otoño subsiste en Otoño en Madrid como un privilegio para fieles y una oportunidad para despistados que permite hallar entradas aún el mismo día de la función. Se llama “Una mirada al mundo”, transcurre estos días en el Valle Inclán y de momento ya ha regalado (pues regalo es que la mejor butaca cueste 10 euros) la trilogía de Tom Stoppard La costa de la Utopía en el imperial montaje de Alexei Borodin y el Teatro Académico de la Juventud de Moscú, y la tan delicada como estirada hasta el estupor +-0. Es un festival breve al que quedan la adaptación de El proceso, de Kafka, y Entre nosotros, todo va bien. Y que oculta, si cabe más escondida todavía, un ciclo doble de lecturas de autores polacos y mexicanos contemporáneos con el precedente de las estupendas lecturas de textos de Tom Stoppard, en 2009. Y que permiten vislumbrar esa salida de emergencia que siempre le quedará al teatro incluso si la más sencilla puesta en escena fuera imposible de financiar: la obra venida del libro y vuelta a él de nuevo, leída como si fueran los personajes los que te la cuentan, sentados a tu lado, en la misma silla que tú.

Raro ya de mañana


Lo cuenta ya el tráfico, inexistente a horas en que debería colapsar la calle, y lo reafirma el empleado de la piscina, que advierte que quedan aún dos horas para abrir. Rara vez sé que un día es festivo hasta que piso la calle rumbo a un lugar que no puede estar abierto. Y debo de ser uno de los pocos seres humanos que ha encontrado cerrada una tienda de ikea. Qué más cosas no se me cuentan.

10 octubre 2011

asi que esto es la luna



Algo se construye en esa distancia que va del bailarín del Tanztheater Wuppertal explicando cómo Pina Bausch decía “luna” y pedía que le mostrasen, en movimientos, qué era eso, al testimonio general de los bailarines que trabajaran para ella afirmando el silencio, la parquedad expresiva con que les dirigiera durante décadas. Algo que se parece al sentido no tanto entrando en el intérprete, como saliendo de él.

08 octubre 2011

Ojo con lo ilegal


Sales de Alboraya y como vas hasta las cejas de horchata, te parece que en el escaparate de la clínica anexa quizá no ponga lo que estás leyendo. Pero sí.

Las instrucciones


Paradójicamente, la superación de las formas en que fueron educados nuestros antepasados ha traído, en la reinvención de aquellas instrucciones claras y estrictas, unas tan complejas que, como ocurre con los cachivaches electrónicos, cuanto más extenso el manual necesario, más nos aventuramos a vivir sin aspirar a empezar a leerlo o avanzar en su comprensión integral. Las subposibilidades se reproducen como hojas nuevas de ese manual, abarcando todos los campos posibles: el afectivo, el sentimental, el laboral, el social, el económico, el político, el artístico… los manuales han dejado de servir, no se actualizan a la velocidad necesaria, o lo que no es menos frecuente: no pueden contener la verdad, no lo resistiríamos. No extrañamente, la tecnología y el artefacto vivo que somos comparten la instrucción básica: ambas están pensadas para funcionar sin lo que sabes.

07 octubre 2011

the inside job


Antes de que un hombre fundara Pixar, y antes de que Disney la adquiriera, una década después, la mezcla de futuro y pasado confluyó en la historia de un visionario que se quedaba a vivir dentro del entonces incipiente mundo de la informática doméstica. Quizá es ahí donde habría que buscar a Jobs a partir de ahora.

06 octubre 2011

the foot of life


Aunque solo sea porque improbablemente se fijará alguien en esa escena, inserta en el fluir asombroso, cósmico e inexplicable de The tree of life, la secuencia en que un dinosaurio plácidamente echado en el borde de un río, ve llegarse hasta él a otro, más grande, que pausadamente llega y le pone la pata encima de la cabeza, aprisionándole, sin saber qué hacer con él, sin saber qué hacer con su pata que oprime a su víctima acaso porque no sabe aún qué es su víctima, acaso porque no sabe aún que su tamaño es el de un carnívoro que debería comerse al herbívoro tranquilo. La pata que se retira y vuelve a tocarle, este vez suavemente, como una caricia, como algo a medio camino entre lo que siente y lo que intuye.

05 octubre 2011

Para qué me llaman


Uno siente una pena extraña por Manuel de Blas, actor de voz imponente y rostro griego, al que hace unos años robert wilson pusiera a destrozar La dama del mar, de Ibsen, en el mismo escenario en el que estos días Tomaz Pandur le pide que ayude a derruir La caída de los dioses, adaptación teatral de la película homónima de Visconti. Ambos –wilson, pandur- diseñan sus congeladores teatrales para alguien como Asier Etxeandía. Wilson no puede saberlo, pero sí Pandur, cuyo desastre actual tiene no poco que ver con éste sea desde Barroco, Hamlet y Medea, su primer montaje sin el vasco sustentando con su presencia felina la simulación. Cuando uno huye en el intermedio lo hace con la sensación de no haber visto un solo gesto vivo, creíble, nada que no sean maniquíes que lucieran en una pasarela su mejor hieratismo. El único consuelo sobreviene a la salida del Matadero, al advertir que la otra persona que se ha dado idéntica prisa en huir de aquello es Vargas Llosa.

Realidad/ menú


Entrantes: Para el cocinero del bar, North Carolina está en Marte, y ninguna hermana viviendo allí desde hace décadas compensa dejar las calles de Madrid y su bullicio para llegarse hasta allí y mirar qué sea aquello. Su opinión no desciende apenas a enjuiciar lo que pueda encontrase allí, lo que estima de lo que tiene aquí le basta hasta el fervor. Es un orgullo de propietario, de quien tanto valora lo que tiene que, por cálculo elemental, poco pueden valer otras opciones.
Primeros: La mujer que te extrae sangre cuenta un secreto, que acaso es el mismo a todos los que amenazan desmayarse en el proceso: cuando es a ella a la que sacan sangre para un análisis, se toma un cafecito antes, como matiz del ayuno prescrito.
Segundos: Has renunciado a hacerlo ya, pero aún de vez en cuando no te resignas, al coincidir con la señora del segundo y su hijo pequeño, a pedir amablemente que separe los tipos de basura que produce, que deje de arrojar los cartones al cubo amarillo, y todo lo demás, al primero que halle. Otros días el ruego pide que empiece a cerrar las puertas del edificio cada vez que sale o entra. Otras, a pedir que deje de arrojar decenas de colillas diariamente por la ventana, que alfombran la rampa del garaje. Y cada vez que pides algo te escucha con atención, con auténtica preocupación por atenderte que es solo eso: esforzarse por hacerte saber que estás ahí, delante de ella. Asiente, confirma. Nada de lo que digas quedará en su mente, como si la mejor forma de garantizarse que alguien hable con ella sea mantener vivos temas tan apasionantes.
Postres: Tras dos años sin verse, el Congreso de Oftalmología les reúne de nuevo, renuevan su aventura. Días después, ella le envía una carta en la que dice estar dispuesta a todo por estar con él: divorciarse, cambiar de ciudad. En la carta hay más palabras que minutos han estado juntos en esos cuatro años.

04 octubre 2011

el día que salvas


Hubo un tiempo en que uno no solo dormía bien sino que sabía que iba a dormir bien. Hoy he perdido ese don, y quizá se debe a que, probablemente como cualquiera que haya cumplido los cuarenta, creo saber porqué no puedo dormir cómo querría. Renunciar a lo que sabes de día es un problema a la hora de cerrar los ojos, como también lo es aquello que le leí a un cantante famoso y noctámbulo, hace ya años: cuesta mucho renunciar a la necesidad de que de noche pasen cosas. Asi que casi se entiende como venganza el que, no teniendo control sobre lo que uno, al soñar, quiere o rechaza, operemos sobre la parte que sí controlamos: las horas de sueño. Por eso se lee con pavor el dilema que cuenta El País 2.10, cuando, en los días que pasara en el campo de Drancy en 1940 falsificando cartillas de racionamiento, es decir, borrando las huellas que delataban la condición judía, Adolfo Kaminsky fabricaba en una hora 30 documentos no judíos en el lugar del que partían los camiones rumbo a los campos nazis de exterminio. Si dormía una hora, morían 30 niños.

02 octubre 2011

¿es a mí?


Dos paradojas asoman al exponerse a la trilogía imperial de Tom Stoppard sobre la segunda mitad del siglo XX en Rusia, y en el exilio británico y francés: la primera es que, contando la gestación y vuelo alternamente elevado y alicaído de las ideas revolucionarias que germinarían en el comunismo, se narra en paralelo con los azares sentimentales de todos ellos –Herzen, Bakunin, Turgueniev…- que en plácidos y bienhumorados triángulos amorosos comulgan en carne propia el hermanamiento que tras vestirse de nuevo vierten al pasquín. La segunda tiene que ver con la gravedad extraña con que el magnífico reparto ruso sale a saludar al patio de butacas puesto en pie, como un oficinista que no entendiera el entusiasmo ajeno por su labor. Donde la paradoja está en que un texto sobre la gestación de la revolución del proletariado… obligue a sus intérpretes a trabajar durante las diez horas seguidas que exige representar la trilogía completa el sábado tras haberla contado, en trozos respectivos de tres horas, desde el miércoles. Y en cuyos rostros hieráticos acaso se cuenta también el ambiguo encuentro de arte y estricta funcionalidad que Stoppard ubicó en medio de su tercera parte:

Doctor: ¿Pushkin? ¡no le sirve a a nadie para nada! Olvídelo, un buen fontanero vale por veinte poetas… para libro útil, me quedo con No más hemorroides, de Mackenzie.

Turgueniev: … si alguna vez tiene hemorroides, ahí va un consejo: me di cuenta de que leyendo al doctor Mackenzie, no hacía más que pensar en las mías, mientras que, leyendo a Pushkin, me olvidaba de ellas por completo.

enmedio

En una de las calles del barrio de las letras, estos días, hay un hombre en el escaparate de una sastrería, un hombre que semeja un maniquí que semeja un hombre. No tiene relación aparente con el hombre que, horas después, se agita durante un concierto de Nacho Mastretta como si más fuera la propia música que quien asiste a ella, no el espectador sino el instrumento. Con el sol nuevo llega un partido de rugby en el Liceo Francés, al que sigue el tercer tiempo –el que se juega en el bar, juntos los que hasta hace nada se han estado arrancando la cabeza. Tampoco tiene relación con que uno lo deseche para poder llegar a tiempo a la tercera parte de la trilogía de Tom Stoppard La costa de Utopía, hasta ayer en el Valle Inclán. Asi que ha de ser solo que la realidad a veces te usa de pegamento.

01 octubre 2011

ser yugoeslavos


Hubo un tiempo, veinticinco años atrás, en que los brazos que hoy se elevan se bajaban ante la superioridad evidente, imperial, de Yugoeslavia. Tanto y tan hondo excavó ese filón que, aún escindido el país en cuatro a partir de la década de los noventa, tres de esos países –Croacia, Serbia, más recientemente Eslovenia- aún fueron capaces de repartirse con Estados Unidos, Rusia. Lituania y Argentina el dominio del baloncesto mundial hasta hace nada. En ese tiempo, el baloncesto mundial se ha convertido en su balón: Lituania y Argentina dan vueltas en el aire, sin saber qué lado tocará; Estados Unidos ha visto palidecer su dominio tradicional y en esos giros incluso ha sido nosotros: aspirante durante un lustro a medalla de bronce; Rusia se evaporó en un modelo incapaz de vivir con el peso de su historia; y España se ha transformado… en Yugoeslavia. Imponente, diseñada para arrasar a quien se ponga por delante, imperial por momentos, es un prodigio y un regalo del que nos bajaremos algún día. Pero habrá durado una década. Yugoeslavia y Rusia no recuperarán lo que era suyo, sino nuestro.