Una misma noche alcanza para ver Venus, de Roger Mitchell, y Paris je t´aime, coral como el tema. Hechas de las mismas limitaciones e idénticos deseos, de las mismas comprensiones de uno y los demás, la idea posible de amor –nebulosa y despejada en turnos ni claros ni previsibles- pasea ambas –clásica una, hecha de la atracción a través del desencuentro, y múltiple la otra, como las formas de amar y aquello que puede ser amado. Ambas, cree uno, dicen a estas alturas más del amor que del cine que lo expresa, asi que éste es un texto sobre lo que uno ve mientras se mediomaravilla de ver a Peter O´toole en el primer caso, y se medioaburre considerablemente en la segunda.
1. Meramente amable, cálida como el disco –que suena entero- de Corinne Bailey, y con un aire al pasillo fugaz que emparentara a Bill Murray y Scarlett Johansson no hace mucho, emplea el teatro Venus como metáfora de las distintas fases del amor: él –O´toole- viene de ganarse la vida como actor y cierto telón se le aproxima ya cuando se cruza con ella –jodie whitaker- que camina la vida sin la mínima dosis de diálogos propios o de talento o disposición para obtenerlos, asi que su encuentro -que, como ocurre tantas veces, no es el del amor sino el del encuentro de dos amores bien distintos- es el de un hombre impotente para lo que no sea ya sino un amar medio actuado –el teatro es un hábil artefacto del guión en esto- y una cuasiadolescente que cruza la película como mera espectadora, sin la menor idea de su papel en la vida y en la de él. Te dejo olerme el cuello –le dice. Y de puro perdida, casi le está diciendo te dejo me digas contarme a qué huele mi cuello. Sin mucha más ambición, esta es una película a la gloria de una leyenda octogenaria, y hubiera compuesto Peter O´toole un espléndido profesor Henry Higgins en My Fair Lady cuarenta años atrás. Que lo haga cuarenta años después es un inmenso monumento al talento de los pocos, poquísimos de quienes no necesitan a Cukor para construir su grandeza.
2. El amor puntiagudo que apunta –o se defiende- en todas direcciones ya desde el cartel, pierde casi toda su capacidad de punzar una vez transcurrida esta Paris je t´aime que bombea irregularidad a lo largo de sus dieciocho cortos. Cuatro de los cuales le parecen a uno espléndidos, no por nada los que, en tres de los casos, narran el sentimiento como un don que quita tanto como otorga. Bastille, de Isabel Coixet, narra el amor forzado por un deber moral que, a fuerza de alimentarse de ese débito, crea un amor real, necesario hasta hacer de él uno capaz de devastar una vez desaparecido el objeto del mismo. Place des victoires, de Nobuhiro Suwa, carga en el rostro fugaz del gran William Defoe la narración de más aliento poético de todas, en la que a una mujer que añora a su hijo desaparecido le es revelado, en el momento de ver cumplido su deseo, la fuerza con que siempre se añora un amor igual de fuerte que el que se alcanza. Distrito 14, de Alexander Payne, muestra acaso el amor más complejo, el más insondable, el más necesario posible: el que, ausente ese otro que da su nombre al sustantivo, permite contemplar el mundo como un lugar que te devuelve continuamente parte del prodigio, de la alegría de saberse amado: saberse, sentirse vivo. Si entendido el amor como el resultado de caminar hacia su logro, ningún relato tiene la profunda, honda emoción del recorrido de la turista que vaga paris hasta pararse en el banco de un parque a sentir lo que ningún espectador diríamos, tras verla, puede sentirse en ese momento.
Dejo para el final el que abre la película -Montmarte, dirigido por Bruno Podalydès- pues anticipa algo que no existe después: el relato de un amor pedido y hallado con dos formas de voluntad tan alejadas entre sí –listable, posible, hecha del análisis una, e imposiblemente poética por desinformada la segunda-, que, a diferencia del resto de relatos, ni palabras necesitaría para ser tan incomprensible, tan escasamente creíble en su porqué como transparente en lo que les traspasa. Justo ahí, al principio de un diccionario como la letra previa a las palabras que empiezan por ella, late la explicación más honda del sentimiento al que está dedicada la película: la ausencia de previsión y probabilidad, que es a la vez la de su extraviada explicación, hallazgo, búsqueda.
29 marzo 2007
28 marzo 2007
100 grs. de patria
En días en que no pocos ladran por aquí, sin mucho pudor, llamando a sustituir las voces por bozales, memoria de Francisco Ayala, nacido en 1906, a tiempo de ver cómo el siglo entero probaba que las banderas se hicieron para componer mortajas que hicieran a caronte el viaje más vistoso. Escribió en su Muertes de Perro la escena de un can que es entrenado por un infeliz para ladrar el himno nacional del país en que transcurre todo, y de cómo -capricho enfrentado a capricho- éste es ahorcado para desolación del desdichado que tratara con ello de amaestrar no sé qué forma de deuda de orgullo o patriotismo
27 marzo 2007
y si siempre pasase todo
Sería más fácil, más informado, si, trimestral o semestralmente, todo partido en la oposición hiciera público por adelantado, a la manera de un programa electoral en tiempos de paz, su versión de la realidad, esto es, las políticas a seguir en cada uno de los temas, minuciosamente descritas a fin de hacer notar después, cada vez que el gobierno de turno se equivoque en cada minuto de decisión tomada, cuán acertadas fueron sus propuestas a la vista de cómo se desarrolla el mundo en cuanto alguien que no es uno ejerce el poder para función alguna. Fuera así, por escrito y avisadamente, y el país se ahorraría diariamente la impresión de que, como ha de ocurrir –no hay otra explicación- con el esperma acumulado en el cerebro de sus socios de la curia, más que un excedente de preclariedad lo que se extrae en baldes cada mañana de sus sedes es, lisa y llanamente, heces que no les caben dentro y con las que no saben qué hacer y de las que culpan a quienes pasan por la calle, y para los que desean no sólo la mosca en la oreja sino dentro, como ellos, de la boca. Sin ir más lejos –ni un centímetro-, la iglesia católica exhibía en público el pasado viernes sus opiniones sobrantes en barreños rebosantes de deseos de abolición del aborto en todos sus supuestos, de malestar por la posibilidad de divorcio, la promulgación de una legislación acerca de la eutanasia, o la condena de la promiscuidad sexual promovida desde las instituciones. No escasos medios de comunicación ofrecen también medidas concretas y probadas de cuán ventajoso puede ser adelantar sus previsiones acerca de cualquier aspecto de la realidad relacionado con las formas en que el gobierno las acomete, pues ello evita tener que cambiar la portada y no pocos de sus contenidos, y sólo una incierta suerte, o ese extendido gusto por la ventriloquia, les evita el prodigio de que sus lectores u oyentes prescindan de encender el periódico o la radio para escuchar lo que ya saben desde hace semanas o años. Uno no ha tratado de leer sus propias heces, y quizá en ellas esté el oráculo más claro posible –algún cáncer se lee en éstas- y por eso extraña que, en lugar de recurrir a métodos de lectura más higiénica –el café, las manos, una baraja de poker- se escoja desayunar a gusto con las manos o los oídos inmersos en las primeras. Extraño bouquet que, pronunciado, desde las tripas, en ese español no vendido a las hordas, suena hoy a boicot.
Hay una escena en la soberbia Cartas desde Iwo Jima en que a un pobre soldado al que toca vaciar la bacinilla llena de las heces de sus compañeros –suicidas a la postre, por cierto, a la salud de dios sabe qué honor-, ha de asomarse para ello al exterior y en ese trance casi deja la vida al arriesgarse a no volver sin ella, como quien guardara como sagrada la opinión más profunda del grupo al que pertenece. La cordura, lejos, también en balde.
Hay una escena en la soberbia Cartas desde Iwo Jima en que a un pobre soldado al que toca vaciar la bacinilla llena de las heces de sus compañeros –suicidas a la postre, por cierto, a la salud de dios sabe qué honor-, ha de asomarse para ello al exterior y en ese trance casi deja la vida al arriesgarse a no volver sin ella, como quien guardara como sagrada la opinión más profunda del grupo al que pertenece. La cordura, lejos, también en balde.
26 marzo 2007
una, grande y mía
1. Leído en elpais.es, 18.3: “el presidente del bbva dedicó la mayor parte de su tiempo de respuesta a los accionistas a aclarar que su remuneración, que alcanza los casi 20 millones si se suma el salario, el bonus variable trienal y la aportación al plan de pensiones, "puede parecer alta", reconoció, y éticamente "discutible", aunque defendió que está en línea con las de otras grandes empresas, y se calcula "en función de los resultados, el trabajo y la creación de valor que pueden aportar". La petición de una paga extra para los trabajadores, solicitada por comisiones obreras (y concedida en el santander), no tuvo éxito "porque la remuneración de la plantilla no se hace a corto plazo", dijo el presidente. gonzález destacó "el compromiso de integridad exigible a todas las personas del grupo". Alabó el nuevo sistema de gobierno corporativo "que impulsa la integridad de toda la organización". También resaltó otra normativa interna, cumplimiento, que asegura que el bbva sea escrupuloso con la ley. "Nos diferenciamos por los principios éticos", apuntó el presidente.”
2. Leído en El Pais 19.3, la opinión del psiquiatra Christophe Dejours acerca de los tres suicidios ocurridos en un plazo de cuatro meses en un centro de ingeniería renault, donde los objetivos son producir 29 modelos en 2009 con el personal con el que, hasta hace poco, habrían hecho 10: “la revolución informática liga una persona a un ordenador. La evaluación individual pasa a ser posible y antes era colectiva. Eso separa a los asalariados y les lleva a competir entre ellos, destruyendo la noción de trabajar en equipo”.
3. El mismo día, abierto en canal el periódico, esto se lee a la derecha: “las empresas del ibex 35 dan trabajo a 1,15 millones de personas. En ellas, la facturación por empleado mejoró en 2006 un 5,44% respecto al pasado ejercicio. El beneficio por trabajador creció un 16,96%”.
Hecho del afán por hacer de la competitividad al tiempo la pirámide que permite observar el cielo y el cuchillo con que se maneja, la transformación de lo solo en lo vulnerable, lo mejor que los demás en aquello que apenas significa más solo que ellos. Imagínese un gráfico que lo cuente, uno en el que la línea de beneficios record, que año tras año cosechan las multinacionales, sea una más delgada según crece, a medida que el ascenso deja sin oxígeno a quienes la transportan hasta allí.
2. Leído en El Pais 19.3, la opinión del psiquiatra Christophe Dejours acerca de los tres suicidios ocurridos en un plazo de cuatro meses en un centro de ingeniería renault, donde los objetivos son producir 29 modelos en 2009 con el personal con el que, hasta hace poco, habrían hecho 10: “la revolución informática liga una persona a un ordenador. La evaluación individual pasa a ser posible y antes era colectiva. Eso separa a los asalariados y les lleva a competir entre ellos, destruyendo la noción de trabajar en equipo”.
3. El mismo día, abierto en canal el periódico, esto se lee a la derecha: “las empresas del ibex 35 dan trabajo a 1,15 millones de personas. En ellas, la facturación por empleado mejoró en 2006 un 5,44% respecto al pasado ejercicio. El beneficio por trabajador creció un 16,96%”.
Hecho del afán por hacer de la competitividad al tiempo la pirámide que permite observar el cielo y el cuchillo con que se maneja, la transformación de lo solo en lo vulnerable, lo mejor que los demás en aquello que apenas significa más solo que ellos. Imagínese un gráfico que lo cuente, uno en el que la línea de beneficios record, que año tras año cosechan las multinacionales, sea una más delgada según crece, a medida que el ascenso deja sin oxígeno a quienes la transportan hasta allí.
25 marzo 2007
cigarras
Sólo convergencia y unió parecería socio posible del pp si éste llegara a poder gobernar en coalición tras las próximas elecciones generales. Y en ese cesto se hallan probablemente todas sus manzanas, pues agusanar el resto del paisaje que te rodea sólo ha de lograr que nacionalistas vascos e izquierda unida se sientan más seguros –o sólo más cuerdos- próximos al psoe. Esa se diría la gran apuesta: o mayoría absoluta o más destierro. De tanto separar, la tierra a que aferrarse podría quedarles mañana tan lejos de las manos, como de las hemerotecas hoy.
24 marzo 2007
tender is the death
Se acabó Lubitsch, peor aún : se acabaron las películas de Lubitsch –cuentan dijo Hawks en el entierro de aquel. Muerto Altman, la losa cae también sobre una forma de hacer cine -o de deshacerlo si juzgado su gusto por ir a la contra- que, desde su adaptación de los relatos de Raymond Carver en 1993 –short cuts-, deja al menos otros dos engrasados mecanismos de relojes múltiples –Gosford park- y esta esplendorosa Prairie Home Companion. De una generosidad inusual hacia la historia y no, como habitual, hacia quienes la encarnan, las tres conforman una forma de cine horizontal, en el que la acción avanza a la vez en un hilo desglosado en el que ni una sola de sus hebras se quedara atrás o debajo, rara forma de metrónomo. Prairie Home Companion honra su visión de múltiples maneras, donde póstuma refiere vitalista, honda, poética. En ella hay ángeles exterminadores y profetas de lo inmobiliario que se suben al mismo coche al mismo tiempo; también un escenario que vigila un detective extraído de otra era, y al tiempo trozos de otra era –la radio en la Norteamérica de los 50- que ya sólo cabría encontrar en el mundo con la ayuda de un detective. En ese cine que resuelve prescindir de un actor que, a base de primeros planos, se convierte en la historia, suplantándola, asoman cuantos quepan en el plano. Precisamente la lucha, ausente, por ese plano es, como un reverso, la historia de la película: una acerca de la supervivencia de una forma de hacer radio –hablada, cantada, anunciable- que ya sólo en ese medio respiraba; acerca de una generación de hombres de radio e intérpretes de música folk que prestaban su voz, en el mismo minuto, a una canción, un anuncio, y a un discurso patriótico, de ser necesario. Sobre esa generación a punto de perderse gravita la postura de dandy, a lo gran gatsby, que borda el detective Kevin Kline tanto como el guión la sutil presencia del perdido Francis Scott Fitzgerald, que contempla, desde un palco, entre las sombras, tanto el ocaso de lo que fue como el más deseable de lo que viene a sucederle. No poca grandeza de ese amargo desvanecerse está en el inmenso Garrison Keillor –guionista, por lo demás, de lo que en la película no es sino su profesión real fuera de ella: hombre de radio-, por el que fluye el ir y venir de los demás como por su inalterabilidad el bien y el mal, el acto de empezar y la tragedia de terminar, tal si supiera que lo que le permite ser escuchado a miles de kilómetros es apenas una forma fugaz, al tiempo viva y muerta, inasible, inevitable, inmune como el ángel que se pasea por la película para dar y quitar como quien ordena un cancionero. Impertérrito como un rompehielos, Keillor carga sobre sí ese peso como si la estrella más luminosa empleara su brillo en mirar hacia otro lado, en procurar la visibilidad de los demás. No sin justicia poética, el último de los semiprotagonistas semicentrales de Altman honra así su cine como el postrer ejemplo de una narración más interesante, más honda, más arraigada en el mundo cuanto más poblado el escenario en que sucede. Se estrena hoy en Madrid.
23 marzo 2007
el precio está detrás
Un librero puede ser la persona que guarda en una bolsa lo que compras, o ser el que deja de poseer libros espléndidos para que pueda tenerlos uno. Lo segundo no implica necesariamente esperar que para ello los haya leído todos –y a idéntica generosidad aspiro a cambio-, basta que uno sienta que aprecia, como uno, lo que pasa de unas manos a otras. Es una forma de juicio que, como en todo gusto raro o virtualmente incompartible, tiene quizá aspecto del acompañamiento que ha de aproximarse a la necesidad de solidaridad que no sólo está ahí cuando invitado al libro ajeno, pues tampoco sabe bien uno para quién escribe, pero si, logrado aceptar la propia obra como una a la que ha de ponérsele precio, las manos de quien ha de hacerse cargo de elegir aquel a quien yo desconozco son unas valiosas, como de matrona que, en nuestra cabeza, sólo dejara de sostener las tablas de la ley para sostener y cobrar nuestro libro. No escoge el librero a quién vende qué, pero si el acto de comprar es tantas veces uno dubitativo, pudiera el librero compensar –completar- el aprecio del libro que no necesita menos quien lo escribe que quien lo adquiere. En ese trasiego de inseguridades uno es afortunado pues, sin necesidad de preguntar qué compro cuando lo hago, sé que, en ese fugaz momento en que los libros están dentro de una bolsa y ésta pasa de las manos de mi buen librero de la pza. de Santa Bárbara a las mías, los libros son de ambos. Para alguien que ama algo que se extingue, ningún momento es comparable a pelearse con otro por lo mismo.
azuloscurocasimío
Hacer memoria sea, acaso, justo eso: construirla más que exhumarla. Y así, uno cree recordar que cuando joven –en el día interminable que empieza a los diez y sigue siéndolo a los veinte- existían noches que no querían serlo: noches de una claridad que permitía al tiempo ver la noche y el día siguiente, noches de un azul sin negros, del azul de los bebés. Y aunque nada explique esto, quizá tenga que ver, de un modo raro que no entiendo, el que uno pasase el día entero en la calle y entonces la llegada de la noche permitiera, por cortesía a la fidelidad del público, ser contemplada así, bajo una luz que hoy no concibo. Otro tipo de claridades han llegado –o eso cree uno- con los años, pero no aquella que hoy vino a la memoria en la oscuridad de una sala de cine, mientras contemplaba el azul espléndido de los ojos de Peter O´toole, cercanos ya a cerrarse como las noches traicioneras, que no han de ser, en el fondo, más que la ausencia del azul y la frecuencia, en su lugar, del negro. Tanto paseas, tanto azul tienes. Si va a quedarse en teoría, que suene elegante.
22 marzo 2007
el viejo libro y el mar
El mar es una de las primeras orillas que sale al encuentro en el primer libro –biblia significa justo eso: libros- que salió de la máquina de Guttemberg, y a la luz del destino de tantos de aquellos viajeros que salieron del arca, uno piensa cuánto mejor hubiera sido que dios hubiera sumergido a noé en las instrucciones para fletar una imprenta. Sólo la biblia contiene 73 libros, acaso uno de ellos hubiera sido enviado a buscar una rama de olivo, quizá habría ido caminando sobre las aguas y hoy los libros serían, con suerte, ignífugos a prueba de tribunales compuestos por los asnos que descendieron de aquellos burros y no leyeron los libros suficientes antes de ordenar quemarlos. Cervantes hizo zarpar a los poetas malos en su viaje hacia el Parnaso, Shakespeare sugirió un mago cuyo poder sobre las olas emana de los libros leídos en su exilio en la isla a la que castigado. Quizá de vuelta de ella, Darwin descendió del H.S. Beagle en 1836 y con él, dentro de un libro, bajaron del barco millones de chimpancés, uno por persona que hubiera vivido o vivirá. Algo después, Kafka fabuló acerca de un mono -pensemos reencarnación de aquel Calibán- con la capacidad de hablar –y a la postre, leer- que, capturado y transportado enjaulado hacia europa, desdeña romper los barrotes pues a un ahogamiento sólo otro sucedería. Con toda certeza faltos de riego, trataban sus inquisidores a los libros de la mano de Ray Bradbury. Neruda una isla negra, Twain el Mississippi, Virgina Woolf –más humilde- el faro y las olas, la isla del tesoro Stevenson, el 75% de Homero es agua – sangre el otro 75%. Ya hace poco, Julian Barnes botó uno de sus libros de relatos con uno en que una docena de arcas van hundiéndose una a una, como el rinoceronte que esperara Durero y, que a pique el barco que lo transportara, hubo de ser semiinventado por aquel y es el que está en libros de todo el mundo. Si el arca un estuche de dios, y quizá no por nada el libro que lo mece –génesis- guardado en un nombre –pentateuco- que en vez de referir los libros, designa el estuche que los contiene, a favor de ese juego de cerrojos regalé hace años el libro de Barnes a un amigo pintor que durante un tiempo pintó arcas sobre yeso, enseña literatura y tuvo un barco cuando pequeño. El volumen breve que es la espuma. O ese otro libro, la caracola.
para jams.
para jams.
20 marzo 2007
pato!
A lame duck allí, un ánsar aquí. O si tan observable es saber, por mucho vuelo y tan arriba, de qué pie se cojea, cómo hacen las extremidades que quedan en el suelo para creer que un paso es necesariamente una patada.
16 marzo 2007
más allá de las mentiras
El capitalismo consiste en un estado de guerra permanente en el que el hambre triunfa sin tregua sobre el hombre.
(Alba Rico 2003, "La ideología de la globalización (Reflexiones sobre el hambre)", Ponencia en el curso de verano sobre Globalización organizado por la Universidad Carlos III en Villablino, León)
(Alba Rico 2003, "La ideología de la globalización (Reflexiones sobre el hambre)", Ponencia en el curso de verano sobre Globalización organizado por la Universidad Carlos III en Villablino, León)
correo
Querid@ amig@:
1. En democracia, la participación en los asuntos
públicos se realiza mediante el ejercicio de una serie
de derechos, el de manifestación, el de votación, el
de libre discusión, etc. Todo eso es parte de este
juego democrático, antes que los procedimientos
legales que los regulan. Lo que hemos visto ayer en
Madrid obliga una reflexión muy seria. No se trata de
que el PP no tenga derecho a manifestarse. Lo que no
tiene derecho es a manifestarse así, estilo
"batasuno", buscando un tipo de enfrentamiento y
enconamiento entre la gente basado en el ejercicio
puro y simple de la manipulación de los sentimientos
más bajos, los tribales, los que apelan antes al
prejuicio que al juicio. Contra todo eso es preciso
movilizarse.
2. El término "franquismo sociológico" se refería a
esa gran masa social que no quería comprometerse, que
"no se metía en política", que "iba a lo suyo", que se
decía "no te signifiques". Por eso duró tanto tiempo
el propio franquismo; no por los franquistas
militantes, o por los falangistas, sino gracias a esa
masa inerte, amorfa, que "pasaba"; manipulable y
dirigible, una vez convertida en "masa", como
genialmente explicó Elías Canetti en "Masa y Poder".
Bien, esa es la masa que el PP está tratando ahora de
convocar, de movilizar, de empujar. Una vez convertida
la ciudadanía en masa, sabe bien el PP que los tibios,
los desinformados, los que pasan, no ofrecerán
"resistencia" al empuje de una corriente general más
sentimental y emocional que política; de ahí el empleo
y la apropiación abusiva de los símbolos, las
banderas, los himnos, todo aquello que busca conmover,
emocionar. Contra todo eso es preciso movilizarse:
hablar con la gente, con los amigos, no perder la
iniciativa en los pequeños círculos de opinión, los de
la cotidianeidad.
3. Es preciso volver a repasar los principales
argumentos: a saber, la manipulación permanente del PP
desde el día que perdieron las elecciones del 14 de
marzo con el único objetivo de recuperar ese poder.
Acumular inútilmente epítetos descalificatorios contra
los llamados "neofachas" sirve de poco. Las mentiras y
falsificaciones se han ido sumando, unas sobre otras,
desde "España se rompe" en Cataluña pasando por la
"Teoría de la conspiración" del 11-M, la de la
disgregación nacional con los nuevos estatutos, la de
la vuelta a la Guerra Civil con la Ley de la Memoria,
la de la destrucción de la familia con la Modificación
del Código Civil para permitir el matrimonio entre
personas del mismo sexo, la de la intromisión en la
libertad de los padres con la nueva LOE y la
introducción de la asignatura de Educación Ciudadana,
la de España coladero de delincuencia con la
regulación de los inmigrantres ilegales y ahora, la
última, la idea de que es el Gobierno el que cede ante
ETA por el caso De Juana con el verdadero y oculto
objetivo de "modificar España en diálogo secreto con
Batasuna" (M. Rajoy). Todo ello puede ser muy burdo o
muy irreal, pero puede también ser efectivo.
4. El "Partido de los Patriotas" de hoy es un partido
moderno, que utiliza muy bien tanto las técnicas de
mercadotecnia como las correas de trasmisión
tradicionales enlazadas con los distintos movimientos
de base y sociales afines. Los tienen y los están
empleando con profusión para presentar agendas
"independientes" que directamente no quieren
presentar, aunque de inmediato asumen sus
planteamientos. Este es el papel que está jugando la
Conferencia Episcopal y sus asociaciones afines, Foro
Español de la Familia, Concapa; la AVT; las
plataformas locales en distintos lugares con episodios
como la tergiversación del affaire de los Archivos de
Salamanca, devueltos a sus legítimos dueños, y tantos
otros ejemplos que se nos pueden ocurrir. Cada
organización de base ha ido convocando sus distintas
manifestaciones masivas a lo largo de estos tres años.
Todo ello bien agitado, recogido y amplificado por
profesionales medios de desinformación como
Telemadrid, El Mundo, La COPE, numerosos periódicos y
radios locales, y por periodistas y tertulianos cuya
verdadera profesión es la de canalizar esas "ilusiones
necesarias" (N. Chomsky) al servicio del poder
tradicional, del de siempre, del de "la gente sensata
y de bien" (M. Rajoy), presentando como verosímil lo
que sólo es propaganda.
5. Las mentiras sumadas y repetidas, como decía Joseph
Goebbels, Ministro de Propaganda nazi se convierten en
verdad. O pueden pasar por verdad, y esto lo sabe su
discípulo Acebes, el Manipulador Mayor del Reino. Así,
quien defiende el indoctrinamiento religioso ortodoxo
en la escuela desde los seis años no tendrá empacho en
declarar contra la LOE: "Los jóvenes quieren una
educación en libertad, sin imposiciones, sin alguien
que les diga cómo pensar" (Ángel Acebes). La
conclusión de todo esto sólo se mide en cálculo
electoral, frío y duro. Estamos ya en campaña, una
campaña de un año, con dos citas en las urnas. La
derecha está movilizando a sus bases, para amedrentar
psicológicamente a esa masa inerte de tibios y
desinformados. Quien no desee ver de nuevo a esta
gente en el poder tiene que hacer otro tanto, y esto
es difícil, porque la gran base social progresista
funciona mejor "a la contra"; no cuando está
gobernando. Además, la izquierda (sea lo que esto sea
hoy), por feliz tradición y convicción, y por haber
estado fuera del poder en España durante casi toda su
historia no es monolítica, no cierra filas con
facilidad, salvo en circunstancias muy extremas. Así,
y aún habiendo votado a Zapatero hace tres años, es
patrimonio de la izquierda el poner sobre la mesa los
aspectos críticos con la gestión antes que los logros.
Y eso está muy bien, porque siempre se quiere ir más
lejos, o de otra manera, porque cada corriente o
sector tiene su idea de cómo se deberían hacer las
cosas.
6. Conclusión de lo anterior. Es fundamental una
movilización desde ahora mismo, compleja, porque se
trata de movilizarse contra un Riesgo, contra una
posibilidad, lo que entraña siempre una doble
dificultad adicional: la de pensar que tal riesgo no
existe, la de no identificarlo concrétamente. Por eso
es preciso movilizarse: decirle a la gente que esos
cavernícolas que se han apropiado del rojo y gualda,
como también se han apropiado del "Libertad sin ira"
que nunca cantaron durante los años de plomo, y que
representan la derecha más rancia de Europa, salvo la
polaca, sí pueden volver. La responsabilidad de que no
vuelvan "estos" es de todos y de cada uno de nosotros.
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10 marzo 2007
fragmento
mírenlo bien
del Coño
emblema nacional del país de la coña
de todos los coñones que se encoñan con el coñesco
país de la coñifera coña donde todo se escoña y descoña
y se va para siempre al sacroñisimo Coño
del coño
símbolo de vuestra encoñante y encoñecedora coñadura
coñisecular
de la coñihonda y coñisabidilla coñería de la
archicónica y coñijunta coñición coñipresente
del Coño, coño!
J. Goytisolo, Reivindicación del Conde don Julián, p.172
08 marzo 2007
con el agua al cuello de los otros
Hay en El enemigo del pueblo, de Ibsen, una escena en que el lugar de un hombre en la sociedad es juzgado a mano alzada por quienes, al tiempo que levantan una para hundirle, emplean la otra para aferrar la suya e impedirle, siquiera, levantarla para afirmar que él, aunque casi sólo, cree en alto contra todos. Uno no está seguro pero cree haber visto ya a ese hombre –Francesc Orella- haber leído textos de Malraux e Ionesco en sendas obras, dentro de un hombre solo en ambas, rey en el segundo que moría bajo un sofá mientras llovían tapones de botellas de champán, y que en el primero, tras leer, ya acabada la función y como actor, un manifiesto contra la guerra de Irak vio cómo un hombre se levantaba y le acusaba de no ir al teatro para escuchar eso. Quizá como parte de ese aislamiento e incomprensión antiguos, gritaba anoche Orella su verdad sin oídos delante de los de varios actores pertenecientes a la compañía de aquel mismo teatro en que le fuera tan mal y tan solo. Se llena el escenario, en la obra de Ibsen, de figurantes que tienen por objetivo levantar la mano contra el hombre solo, asi que son unos treinta cuando toca y apenas tres –su familia- la que erige la mano para afirmar la decencia del vejado. Levanté la mano en ese momento, quizá harto de la soledad de un hombre cuyas acciones nunca son aplaudidas mientras dura la obra, cualquier obra, pero también , y por azar, dado que en ese momento sólo la mía podía ver el corrupto que, con la vista puesta en el público, pide esas manos a sus espaldas como quien la declaración de culpabilidad. Hubieran, por un momento, hecho lo mismo todos en el patio de butacas. Imaginar eso. La cara de Orella, por fin.
07 marzo 2007
llorar de risa
El humorista José Luis Coll ha fallecido esta mañana en el Hospital La Paz de Madrid, donde había ingresado apenas 24 horas antes. La muerte de Coll, de 75 años y natural de Cuenca, se ha debido a un fracaso multiorgánico provocado por una larga dolencia cardíaca. Coll, de 75 años y natural de Cuenca, formó durante 30 años junto con Luis Sánchez Polack, Tip, que murió en 1999, el dúo de cómicos más inteligente, surrealista, estrafalario y delirante de este país. –ahora mismo, en elpais.es. Era el tip último un genio del absurdo y lo descarnado, volcados ambos a la velocidad de la más clara lucidez. A uno le dolió mucho su muerte, y aquella hilera de dicha a él debida se antoja igual de justa que la que se lee hoy en los adjetivos puestos en fila para honrar a su compañero de trabajo: inteligente, surrealista, estrafalario y delirante. Ni uno de ellos sobra, ni uno es más generoso en la muerte de lo que fue ecuánime en vida. Nunca se ríe uno igual, aunque la risa sea la misma, y tanta es a veces la deuda que al leer la muerte de quienes la enseñaran, como producto del fracaso multiorgánico, en realidad está hablando de lo que no logra conservar la sociedad que, desde fuera, lo necesita igual hoy que hace 30 años.
03 marzo 2007
La botella medio naufraga
Refiere el taxista cómo sólo se emborrachó dos veces en su vida, y en la duda de si eso supondrá que no beba en absoluto, rápidamente admite beber pero no emborracharse. Catorce, quince cubatas –dice- a partir de ahí, mal.
02 marzo 2007
cla y lo que sigue
Creo se llama cla a la figura que, anónima y pagada, y como liebre en patio de galgos, iniciaba antaño el aplauso al fin de las obras de teatro. Y como vocablo de apariencia interrumpida, tanto pudiera abreviar lo que de ojeadora tiene la claraboya; lo que la claustrofobia de impaciente; el claroscuro de literal en una sala, apagadas las luces; o la clasificación de ordenamiento. Uno se lanzó hace unos días a hacer de cla, al final de una obra de harold pinter, y en lo fugaz en que las luces permanecían apagadas y los aplausos encendidos, uno sentía lo aventurado, lo improbado de esa iniciativa, el miedo a que los focos se encendieran súbitamente y lo que uno hubiera aplaudido fuera el tránsito de un acto a otro y no el telón. Asi que mientras permanezcamos a oscuras y anden las manos ocupadas, tienes una oportunidad.
26 febrero 2007
Nocturno
Apenas despunta el día pienso sólo en la noche que vendrá, donde otra vez podré soñar que un día más propicio empieza.
23 febrero 2007
kama-sutura
Una forma plausible de imaginarse la frontera que une las versiones de la realidad, las posiciones que separan a gobierno y oposición es la de una cicatriz en la que hurgan los segundos a medida que dejan de ser primeros, y viceversa. Manipular la antigua herida tiene la ventaja de que, convenientemente torturada, se abre y sangra con facilidad. Observado de cerca, el bisturí con que se llama a la gangrena es el mismo que, un minuto después y como desde la estatua de un salvador de patrias, se enarbola en alto a modo de instrumento de salvación. Un sondeo advierte que sólo un punto de sutura separa la intención de voto que un partido saca a otro. Asi que justo ahí, en el filo.
09 febrero 2007
hermoso
El presidente de honor de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión (ATR), Luis del Olmo, ha asegurado hoy que "entiende" la postura de Andreu Buenafuente de rechazar un premio otorgado por la entidad que preside porque también se le concede a Federico Jiménez Losantos. Según Del Olmo, él tiene la “misma idea" que Buenafuente sobre "ese individuo", refiriéndose al periodista de la COPE. Mientras, otro de los galardonados, Pablo Motos, se ha alegrado de que los premios hayan ido a parar a "cómicos" como él, Buenafuente y Jiménez Losantos.
Andreu Buenafuente (el director de Buenafuente, Antena 3) recibió hace unos días la comunicación oficial de que había sido premiado con el Micrófono de Oro de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión. El presentador de Antena 3 envió anoche a la Federación una nota comunicándole que no puede aceptar el galardón porque entre los premiados figura también el director del programa La Mañana de la COPE.
Buenafuente afirma que le ofende el estilo de Jiménez Losantos. "Y no sólo me ofende a mí: ofende al periodismo". "Ante la libertad de premiar", decía ayer Buenafuente, "está la libertad de rechazar el premio, y este Micrófono de Oro lo rechazo porque no quiero estar en el mismo palmarés que un personaje cuya concepción de la radio es por completo ajena a la mía. Yo respeto mucho esta profesión, y la forma que tiene esta persona de llevarla a cabo me ofende. No es la radio que a mí me gustaría para este país. Se puede optar por la discrepancia en silencio, pero yo he optado por decir en voz alta que no soporto estos premios salomónicos que tratan de honrar colores imposibles. Así tratan de decir que todo vale, y poco a poco se va pudriendo el periodismo. Y quería dejar clara mi discrepancia. En voz alta".
Luis del Olmo, presidente de honor de estos galardones, miembro del jurado y galardonado además con un premio extraordinario, ha asegurado en declaraciones a Efe que cuando hace quince días se presentaron las candidaturas a cada categoría de los galardones y figuraba el nombre de Jiménez Losantos, él, como miembro del jurado, se opuso "desde el primer momento" a que se le concediera el premio, ha afirmado. "Considero que lo que hace este ciudadano desde los micrófonos de los obispos es insultar, injuriar y mentir por sistema y, en definitiva, denigrar a esta profesión", ha señalado. "Acepté que la mayoría votara a favor, porque esas son las reglas, pero no puedo compartir que a ese individuo se le conceda el Micrófono de Oro", ha indicado.
Del Olmo ha adelantado que el próximo 21 de abril, cuando se entreguen los premios en Ponferrada (León), estará presente en el acto, pero abandonará el escenario en el caso de que Jiménez Losantos acuda a recoger su galardón.
Andreu Buenafuente (el director de Buenafuente, Antena 3) recibió hace unos días la comunicación oficial de que había sido premiado con el Micrófono de Oro de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión. El presentador de Antena 3 envió anoche a la Federación una nota comunicándole que no puede aceptar el galardón porque entre los premiados figura también el director del programa La Mañana de la COPE.
Buenafuente afirma que le ofende el estilo de Jiménez Losantos. "Y no sólo me ofende a mí: ofende al periodismo". "Ante la libertad de premiar", decía ayer Buenafuente, "está la libertad de rechazar el premio, y este Micrófono de Oro lo rechazo porque no quiero estar en el mismo palmarés que un personaje cuya concepción de la radio es por completo ajena a la mía. Yo respeto mucho esta profesión, y la forma que tiene esta persona de llevarla a cabo me ofende. No es la radio que a mí me gustaría para este país. Se puede optar por la discrepancia en silencio, pero yo he optado por decir en voz alta que no soporto estos premios salomónicos que tratan de honrar colores imposibles. Así tratan de decir que todo vale, y poco a poco se va pudriendo el periodismo. Y quería dejar clara mi discrepancia. En voz alta".
Luis del Olmo, presidente de honor de estos galardones, miembro del jurado y galardonado además con un premio extraordinario, ha asegurado en declaraciones a Efe que cuando hace quince días se presentaron las candidaturas a cada categoría de los galardones y figuraba el nombre de Jiménez Losantos, él, como miembro del jurado, se opuso "desde el primer momento" a que se le concediera el premio, ha afirmado. "Considero que lo que hace este ciudadano desde los micrófonos de los obispos es insultar, injuriar y mentir por sistema y, en definitiva, denigrar a esta profesión", ha señalado. "Acepté que la mayoría votara a favor, porque esas son las reglas, pero no puedo compartir que a ese individuo se le conceda el Micrófono de Oro", ha indicado.
Del Olmo ha adelantado que el próximo 21 de abril, cuando se entreguen los premios en Ponferrada (León), estará presente en el acto, pero abandonará el escenario en el caso de que Jiménez Losantos acuda a recoger su galardón.
29 enero 2007
buenos aires leído, 1
La enorme marioneta de una niña de siete metros, de la compañía francesa Royal de Luxe, interpretó ayer la primera parte de la obra callejera La pequeña gigante y el rinoceronte perdido, en el centro de Santiago de Chile, y convocó al menos a sesentamil personas. Narra la historia de un rinoceronte de metal que llegó desde Africa hasta las minas del norte chileno, donde huyó a la capital por el temor a las gigantescas máquinas que extraen cobre. La ciudad fue intervenida por los técnicos franceses que dejaron algunos autobuses y taxis volcados, además de un vagón de tren enterrado frente a la estación Mapocho, para sugerir los daños provocados por el animal en fuga. Estaba previsto que la más alta autoridad del país le pidiera apoyo para detener a la destructiva bestia, la presidenta Michelle Bachelet siguió el juego y le pidió que salvara la ciudad, tras lo cual la marioneta salió a perseguir al rinoceronte, que hasta ahora no ha sido visto. Siguieron a la marioneta durante calles, pese al calor reinante, pues el títere debía inspeccionar personalmente los daños. Al caer la noche, se fue a la plaza de armas –corazón de Santiago-, donde instaló su campamento. Allí tomó una ducha y, al día siguiente, retomó sus labores. El centro capitalino ha sido intervenido ya que hay cortes y desvíos de tránsito, además de embotellamientos. –en La Nación, 28.1.
24 enero 2007
Un muro de cal y arena
Pasó Oscar Wilde por la cárcel de Reading –atroz nombre-, y en ella escribió una suerte de testamento de lo injusto, en la que expone lo que le llevó a ella y cómo la persona a la que quisiera y en la que confiara se volvió en su contra. Es un texto doliente, como quizá sólo puede serlo lo que se escribe contra lo que se amó. Lo llamó De profundis. Parte de ese dolor, esa prisión y esa añoranza bucean, como si de una adaptación del libro se tratara, en la película de mismo nombre dirigida por Miguelanxo Prado que flota en la cartelera de milagro, como un poema en medio de un estadio. Hay siempre una película como un naufrago, que nadie se explica de dónde obtiene el agua, y la historia de esa casa en medio del océano comparte el yermo cocotero con las Noticias de una guerra, dirigida por Eterio Ortega –y producida por Elías Querejeta, como queda claro en el reverso de la hoja que imprimen los cines ideal, en la que los premios por él atesorados apenas dejan hueco a reflexión alguna acerca de la película- en la que uno pone de sus ojos la sal que en la película de Prado aparece dibujada. Angosta como una fosa, la película-documental de Ortega comprime en menos de dos horas los años que van desde el desencadenamiento de nuestra guerra civil hasta la derrota de la República. Y si nada parece peor que saber cómo acaba la historia antes de entrar en la sala, que los actores sean reales añade un dolor a su contemplación que no se va, pues, no por conocida, la historia de la amputación democrática y la gangrena de décadas asquea y arranca el corazón con la misma constancia con que las ideas se tornan cascotes antes o después. A través de poesía y trazos de mar en el primer caso, y de llanto real y derrota del blanco frente al negro en el segundo, ambas películas hablan de la vida durante y después de la muerte. Para quienes puedan, sugiero realizar ese viaje el mismo día. Salir de De profundis y llegar a las Noticias de una guerra. Y con la perdida y el dolor de ambas hacer feliz recuento de lo que se posee.
21 enero 2007
Editorial inMUNDO
DEBIDO AL EDITORIAL DEL PERIÓDICO EL MUNDO del pasado jueves 18 de enero de 2007, en el que se afirmaba que la situación de aislamiento en el Parlamento que está sufriendo el PP es "algo políticamente equivalente--y no exageramos un ápice-- a lo que practicaban los nazis cuando enclaustraban a los judios en sus guettos", LOS BLOGS ABAJO FIRMANTES DECLARAMOS:
1)Que el Gobierno y el resto de los grupos parlamentarios se nieguen a debatir una serie de propuestas parlamentarias no es comparable por la situación vivida en los guettos judios durante el periodo nazi, tanto por respeto a la memoria del holocausto judio--la comparación es, sencillamente, una banalización ofensiva para cualquier judio y cualquier persona conocedora de la gravedad del holocausto--como por respeto a unas mínimas licencias de objetividad y de rigor que debe mantener el periodismo.
2)Que la frase reseñada viene a sumarse a una larga lista de despropósitos que vienen apareciendo en los editoriales del periódico EL MUNDO en los últimos meses, sin importar las limitaciones legales, morales y de credibilidad que debe respetar el periodismo, del signo ideológico que sea.
3)Que el editorial al que aludimos implica una comparación aberrante que podría tener consecuencias judiciales. Debido a que los Tribunales españoles se han declarado recientemente sobre las limitaciones de la libertad de expresión, sería conveniente y urgente que los jueces se pronunciaran sobre la legalidad de ciertas expresiones, que están llevando al periodismo hacia la manipulación ideológica más propagandística.
4)Que el periodismo, practique quien lo practique, tiene que tener unos códigos y unas tablas deontológicas. Debido a que en España los tribunales no están pronunciándose sobre hechos tan graves como los referidos, creemos que otras instituciones y colectivos, por pequeños que sean, deben pronunciarse y proclamar su rechazo al editorial mencionado.
5)Que ni las licencias de estilo ni los chichés periodísticos pueden permitirse jugar con lo que quieran, más aún cuando dichas palabras se dan dentro del marco de un editorial de un periódico, género sometido a unos principios de veracidad y objetividad.
Por todo ello, LOS BLOGS ABAJO FIRMANTES SUGERIMOS:
1)Que los anunciantes publicitarios del periódico EL MUNDO se pronuncien con respecto a la gravedad de las palabras utilizadas.
2)Que si dichos anunciantes no lo hacen, los tribunales, o cualquiera de los miembros que lo forman, debería pronunciarse al respecto.
3)Que si dichos hechos no suceden, que la ciudadanía se pronuncie ejerciendo activamente su rechazo a las palabras y a la actitud del editorial de EL MUNDO mediante, por ejemplo, las siguientes acciones:
--Que los blogs y las webs se nieguen a enlazar noticias, artículos y vínculos que remitan al periódico EL MUNDO.ES.
--Que los blogs y webs no comenten (hasta que no haya una rectificación por parte de EL MUNDO) noticias o comentarios procedentes del periódico EL MUNDO.
--Que los blogs y webs eliminen los vínculos de sus columnas que remitan al periódico EL MUNDO.
--Que los blogs y webs exijan mediante artículos, cartas o mediante la difusión de este comunicado, la rectificación del periódico.
--Que los blogs y webs difundan y firmen, si así lo consideran, este comunicado.
Y para que así conste, FIRMAMOS
1)Que el Gobierno y el resto de los grupos parlamentarios se nieguen a debatir una serie de propuestas parlamentarias no es comparable por la situación vivida en los guettos judios durante el periodo nazi, tanto por respeto a la memoria del holocausto judio--la comparación es, sencillamente, una banalización ofensiva para cualquier judio y cualquier persona conocedora de la gravedad del holocausto--como por respeto a unas mínimas licencias de objetividad y de rigor que debe mantener el periodismo.
2)Que la frase reseñada viene a sumarse a una larga lista de despropósitos que vienen apareciendo en los editoriales del periódico EL MUNDO en los últimos meses, sin importar las limitaciones legales, morales y de credibilidad que debe respetar el periodismo, del signo ideológico que sea.
3)Que el editorial al que aludimos implica una comparación aberrante que podría tener consecuencias judiciales. Debido a que los Tribunales españoles se han declarado recientemente sobre las limitaciones de la libertad de expresión, sería conveniente y urgente que los jueces se pronunciaran sobre la legalidad de ciertas expresiones, que están llevando al periodismo hacia la manipulación ideológica más propagandística.
4)Que el periodismo, practique quien lo practique, tiene que tener unos códigos y unas tablas deontológicas. Debido a que en España los tribunales no están pronunciándose sobre hechos tan graves como los referidos, creemos que otras instituciones y colectivos, por pequeños que sean, deben pronunciarse y proclamar su rechazo al editorial mencionado.
5)Que ni las licencias de estilo ni los chichés periodísticos pueden permitirse jugar con lo que quieran, más aún cuando dichas palabras se dan dentro del marco de un editorial de un periódico, género sometido a unos principios de veracidad y objetividad.
Por todo ello, LOS BLOGS ABAJO FIRMANTES SUGERIMOS:
1)Que los anunciantes publicitarios del periódico EL MUNDO se pronuncien con respecto a la gravedad de las palabras utilizadas.
2)Que si dichos anunciantes no lo hacen, los tribunales, o cualquiera de los miembros que lo forman, debería pronunciarse al respecto.
3)Que si dichos hechos no suceden, que la ciudadanía se pronuncie ejerciendo activamente su rechazo a las palabras y a la actitud del editorial de EL MUNDO mediante, por ejemplo, las siguientes acciones:
--Que los blogs y las webs se nieguen a enlazar noticias, artículos y vínculos que remitan al periódico EL MUNDO.ES.
--Que los blogs y webs no comenten (hasta que no haya una rectificación por parte de EL MUNDO) noticias o comentarios procedentes del periódico EL MUNDO.
--Que los blogs y webs eliminen los vínculos de sus columnas que remitan al periódico EL MUNDO.
--Que los blogs y webs exijan mediante artículos, cartas o mediante la difusión de este comunicado, la rectificación del periódico.
--Que los blogs y webs difundan y firmen, si así lo consideran, este comunicado.
Y para que así conste, FIRMAMOS
17 enero 2007
TRÍPTICO
Era una casa inconcebible. Los goznes de las ventanas estaban colocados en sentido contrario al esperado. Girabas la maneta y al abrir la ventana se soltaba del quicio. Le comenté el caso al propietario y me dijo que las ventanas, cuando se quieren abrir...ya son una molestia.
Levanté la vista del libro y le dije que era como acusar a un perro atropellado de no haber cruzado por la zona señalizada. Ella respondió, sin mirarme y sin cuestionarse el comentario, un seco... pues que le jodan; y yo sentí el dolor del perro, y el disgusto de no haber podido evitar escuchar su respuesta estúpida antes de pisar el pedal.
Qué mediocre poder tiene el pensamiento... y cuánto más mediocre suele convertirse la acción que lo sigue... y qué mediocridad la de la respuesta. Y si Dios existiese…
Levanté la vista del libro y le dije que era como acusar a un perro atropellado de no haber cruzado por la zona señalizada. Ella respondió, sin mirarme y sin cuestionarse el comentario, un seco... pues que le jodan; y yo sentí el dolor del perro, y el disgusto de no haber podido evitar escuchar su respuesta estúpida antes de pisar el pedal.
Qué mediocre poder tiene el pensamiento... y cuánto más mediocre suele convertirse la acción que lo sigue... y qué mediocridad la de la respuesta. Y si Dios existiese…
el insulto reversible
Como en el aserto de Brecht acerca de aquello que les pasa a los demás, la visión de Borat, dirigida por Larry Charles, cambia –se vuelve ofendida- en el momento en que se dirige hacia el espectador. La historia es conocida: un falso reportero de Kazajistán recorre Estados Unidos y al asomar su mirada –abigarrada mezcla de estupidez, ingenuidad y absoluta falta de pudor- permite, que en la intimidad, cada uno de sus interlocutores escoja de entre las tres cualidades la más hondamente ligada a su ser privado, escuece que en muchos casos el lado que se muestra al mundo entero es la más directa cretinez. La primera ofensa es la principal en la película: va contra un país que se precia de bastarse a sí mismo en la contemplación de su cultura y los logros de ésta. Es pronto que la visión de la vergüenza ajena, ausente en quienes se muestran como patanes sin mucha defensa, cala y pasa al otro lado de la pantalla, y así, produce vergüenza ajena observar a hombres hechos y derechos declararse, con un guiño, racistas, homófobos, potenciales criminales. Y la patética secuencia en que tres jóvenes celebran su llegada al mundo adulto entre hurras a lo más idiota que el hombre pueda enarbolar escuece más en la oscuridad del cine que en el interior de la furgoneta en marcha en que sucede. Cierto que hay provocación en la forma de asomarse al otro, pero si no hallara respaldo e identificación plena en quienes la afrontan, la película versaría sobre los intentos de un bobo por hacerse seguir, y como sugiere el mito de Fausto, la historia es siempre la de quien compra las ideas de otro, más concretamente –si de buena parte de la historia trágica del siglo XX se habla- la de quienes, tras absolver con su apoyo las ideas más idiotas o genocidas, culpan al inductor, al vendedor de la idea, de sus efectos. Sólo desde esa pretensión de verse absueltos de ser idiotas o voluntariamente ignorantes, cabe que quienes se ven en la película se ofendan de que, como buen espejo, Borat –nombre del falso reportero- se limite a dar la oportunidad a aquellos que se asoman a él de mostrarse como imbéciles o como seres sensatos. Y en la película hay tanto de unos como de otros: por cada vaquero que colgaría a los homosexuales, por cada estudiante que valora a las mujeres y las sandías como el mismo objeto a sus órdenes, hay un grupo de hombres y mujeres que, en cenas o reuniones, prácticamente se niegan a hablarle o le abandonan a poco que éste asoma su discurso procaz, sexista o falto de la más mínima cortesía. La sensación de desagrado con que uno pasa buena parte de la película se debe –cree uno- tanto a ese catálogo de seres abyectos como a la aparentemente innecesaria muestra de escatología que sólo tiene al espectador de testigo. Esta es la segunda forma de la vergüenza que uno reconoce en la película: pues, inserta entre los ejemplos de adhesión o repulsa a las ideas de Borat, hay secuencias en que, sin más persona que el espectador a la que ofrecer la posibilidad de reír con él o salir huyendo, el personaje de Borat actúa para la cámara como si su papel necesitara, para ser creíble, de una continuidad entre toma y toma, algo así como si el actor que hace de tarzán fuese intercalado en la película en taparrabos y dando alaridos mientras, fuera del rodaje, cena con su familia o sale a pasear al perro. Expuesto a lo asqueroso de su conducta, el espectador no tiene la opción de salir de la habitación sin salir a la vez del cine, y en esa categoría a la que eres arrojado, en la que uno carece de las oportunidades de los que aparecen en ella radica, quizá, la sensación de abuso con que uno termina de verla. Como si fuese uno más de la lista de idiotas que comparten su visión grotesca y zafia del mundo. Es legítimo sentir eso como un agravio hacia la sensibilidad o la inteligencia, y es una lástima que al editar la película se considerara necesario para la credibilidad de la zafiedad del personaje el mostrarlo tan naturalmente palurdo y falto de pudor incluso cuando no hay contra quién ofrecerlo como el cebo-baratija de la conciencia que es, pues tal altera, y quizá distorsiona la cualidad del espejo, y no pocos pudieran salir del cine pensando que la película trata de la estupidez del reportero. Un desperdicio dados los ejemplos, en ambos sentidos -para mirarlo recto o darse la vuelta- que a él asoman.
16 enero 2007
Banderas de los hijos que vendrán
Si uno de los requisitos que parecen claros en la película respecto a un símbolo es la conveniencia de no pedirle demasiado, ha de verse como natural el que cada uno de los tres símbolos que recorren Banderas de nuestros padres, de Clint Eastwood, se apoye en el anterior como los soldados lo hacen en la bandera mientras la levantan, el país en la fotografía que los inmortaliza, y la política en quienes, a falta de caras reconocibles en la imagen, tanto pueden ser los que dicen serlo como cualquiera. Los tres mienten, o son mentidos, y se deterioran al tiempo que su construcción como símbolo se asienta: la bandera que se venera como símbolo no es la que fue plantada, ni los hombres quienes levantaron aquella; los hombres que son paseados de este a oeste oscilan entre representar el acto de levantar un país y el deseo de desmontar, de tumbar la bandera, y lo que representa, de donde estuviera anclada –algo que, si se observa la fotografía, es más que una metáfora posible; y la suma de ambas mentiras coincide en la imagen en cuestión para mentir el hecho de que en el momento de distribuirse por todo el mundo, la guerra del pacífico distaba mucho de estar ganada. De las tres versiones optimistas de la realidad, puede pensarse que ésta última es la que más tiene de marketing político al uso y poco más. Pero que ese sea un simbolismo acostumbrado no lo convierte sino en una mentira común, a la que la conveniencia no dota de más verdad. Al cabo, que los símbolos no pueden ir sino en una dirección y que mueren si se detienen se cuenta en la escena más cruenta de la película –la única en que la muerte no es producto de la ira sino del precio que otorga una guerra a las vidas que pasan por ella: un hombre cae al mar y las chanzas primeras de sus compañeros se hielan en los rostros al entender, en medio de las interminables hileras de buques, que ningún barco sacrificará su lugar en el engranaje para recoger al caído. No hay símbolo sin manipulación, no sólo porque la reducción exige que la información que se pierde no afecte al valor inmediato de lo que se exhibe, sino porque –paradójicamente- un símbolo se escoge para hacerlo depositario de toda la información posible: la que se escoge y la que se desecha. En ello radica el valor de un símbolo: en que, defendido adecuadamente, exige escaso discurso y sí mucha repetición. Quizá por ello los tres supervivientes del falso alzamiento de la bandera aparecen siempre repitiendo las mismas tres frases sencillas, quizá por ello la bandera falsa y la verdadera no pueden distinguirse, y quizá por ello la fotografía, al captar a los hombres de espaldas a la cámara, los convierte en cualquiera, o lo que es lo mismo: no necesariamente en alguien concreto. Levantar un símbolo ni siquiera requiere de héroes, en eso la película de Eastwood es también una disección formidable de la idea de símbolo, sus formatos y sus posibilidades, tan cercanas que caben en una imagen.
A no mucha distancia de donde vi la película se alza una iglesia imponente, y en ella, anexo a la sacristía mayor, una estancia en cuyo techo una pintura muestra una mujer sosteniendo un estandarte. A sus pies y en diferentes alturas, varios ángeles vigilan su victoria, espada en mano. Preguntado el guía, responderá que el triunfo no es contra alguien o algo, sino meramente el triunfo de la iglesia. Aún cuando se le señale que un triunfo rodeado de espadas lo es por algo –contra algo- añadirá que es sólo un símbolo. Sólo eso.
A no mucha distancia de donde vi la película se alza una iglesia imponente, y en ella, anexo a la sacristía mayor, una estancia en cuyo techo una pintura muestra una mujer sosteniendo un estandarte. A sus pies y en diferentes alturas, varios ángeles vigilan su victoria, espada en mano. Preguntado el guía, responderá que el triunfo no es contra alguien o algo, sino meramente el triunfo de la iglesia. Aún cuando se le señale que un triunfo rodeado de espadas lo es por algo –contra algo- añadirá que es sólo un símbolo. Sólo eso.
15 enero 2007
One, two, three
Anda desparramada por las emisoras de radio una versión reciente de una canción que uno prefiere con mucho en su versión primera, década y medio más antigua, quizá porque la letra y la canción resultante iban entonces hacia el mismo sitio. La canción es One, escrita por Bono e interpretada como si fuera el himno que quizá no sea pero catorce años de escucha le han convencido a uno de ello. Catorce años después y quince segundos menos , la versión que estos días canta el propio Bono junto a Mary J. Blige tiene el aliento que da grabar en vivo –y qué ha de ser grabar en muerto- y sin embargo uno diría que justo los segundos que le han sido sustraídos han de ser los que contuvieran el alma de la canción, quizá porque uno no imagina bailar un himno y esto suena a eso. En el tránsito de aquella primera versión a ésta trató en 2000 la suya Johnny Cash, que entonces tenía setenta y un años, y tal vez porque su tiempo se acababa la canción carece de cuarenta segundos que tuviera aquella, y sin embargo es la misma espléndida, honda canción. Hace unos años uno trató temerariamente de que una marca de coches alquilara One para anunciar un coche cuyos cinturones de seguridad ajustaban no sé qué resorte según la fisonomía de cada cual. Era un anuncio hecho de montañas, de llanuras, prados y valles en los que había letras escritas, no sé cómo. El anuncio no se rodó y uno casi se alegra hoy si el precio era añadir previsiblemente una versión peor de la canción. Casi por esos días publicaba Cash su hermosa versión de Personal Jesús, rara criatura inspirada en un libro de Priscilla Presley acerca de su marido, y que tuvo que pasar por Depeche Mode para enlazar un más natural vínculo entre Elvis Presley y Cash. Si al menos todo esto sonara también cuando uno enciende la radio, tal vez dolería menos.
13 enero 2007
Dos veces hundidos
Casi dos años después, desciende uno por segunda vez El Hundimiento, dirigida por fuera por Oliver Hirschbiegel y por Bruno Ganz por dentro. Más generosa la sombra de éste último, se deja ver con más nitidez la de Thomas Kretschmann, hoy el miembro de las SS Hermann Fegelein, ajusticiado por traidor en los últimos días de Berlín, y al que uno no puede evitar mirar con los ojos compasivos con que su uniforme y su cara salían de El Pianista, de Roman Polanski, tras perdonar, como el capitán Wilm Hosenfeld, la vida de aquel Wladyslaw Szpilman, bajo la piel de Adrian Brody. La mirada que, desde fuera de la película de Hirschbiegel, le juzga actor con méritos para mejor suerte no es muy distinta de la que desde dentro del celuloide le observa a ojos de Hitler como actor también, junto al resto de alemanes a los que toca morir y el resto son consideraciones del autor que sólo a él atañen. Distingue el Hitler-Ganz entre los actores –entendidos como los que actúan- y entre los que son justo aquello que sus actos hablan –aquí está él y su secretaria. Nuestros mejores hombres han muerto ya –dice cuando se le reprocha no pensar en la población civil berlinesa, y lo que está diciendo es que la prueba de honorabilidad, de fidelidad a sus mandatos es dejarse matar. Junto a la línea argumental que explica la película como el arco de su desvarío, está una segunda que narra tanto dolor como la historia de la decepción consciente, ganada a pulso en los buenos tiempos y devastada en los malos: la de un engaño, una mentira que circula de arriba abajo y al revés. Brama Hitler la traición permanente, la desobediencia de sus generales, y ese lamento no es muy distinto del que emana hacia él de parte de la jefatura nazi, del arquitecto hacia el promotor, de los oficiales médicos hacia los no médicos, y de la población civil alemana en todas direcciones si la película hubiera durado seis horas más. ¿Por qué iba a engañarnos? –pregunta una mujer. ¿Qué tiene qué perder? –le responden. Una vez tapados otros cráteres, el abismo de la responsabilidad ciudadana en los crímenes de guerra iniciados por sus dueños militares es uno en el que caben tantos cuerpos como cayeron en sus ciudades, y de ese hundimiento no se sale. Traudl Junge es la secretaria en cuyas memorias se basa parcialmente la película, es ella la que, ya anciana, la abre y cierra. Su última frase es en realidad la primera que se calla siempre, cuando más necesaria, cuando aún podría salvarlo todo: la juventud no es excusa. Tenía que haber sabido, tuve que haber sabido.
10 enero 2007
la confluencia
Escribe Joaquín Estefanía en El País 8.1 cómo “bajo el gobierno de Clinton su administración convirtió en oro lo que tocaba: invirtió la tendencia y los déficit devinieron en superavit (con subida de impuestos), el PIB creció por encima del 4% durante varios años seguidos, la productividad se elevó hasta límites desconocidos por la explosión de la revolución digital, bajaron la inflación y los tipos de interés y se obtuvo el pleno empleo. Para que el círculo virtuoso fuese perfecto sólo faltó una mejor distribución de la renta y la riqueza. Y lo que fuera oro, fue transmutado en plomo con bush: los superávit públicos volvieron a la senda del déficit, bajó los impuestos a los millonarios, el crecimiento ha sido vulgar y los tipos de interés han vuelto al alza. Sólo el empleo continua bajo”. A uno le agrada, entre lo árido de la terminología económica y sus lazos, un término como “vulgar”, inserto como una tapa en el prieto envase de la jerga. También que las políticas sean, a veces, nítidamente en todas las áreas lo que la inepcia de quien las comanda esparce en esa coherencia que uno pide a la idiotez para saberla visible, al menos eso. Parece así que las cifras cuentan lo mismo que las letras, que los libros de contabilidad y los periódicos llegan a idéntico balance, como dos jueces que llegaran a la misma conclusión por métodos distintos. Y casi cabría alegrarse de ese raro acuerdo que clarifica las cosas, si no fuera por cuán esa nariz consensuada explica, condena el rumbo del mundo como el de la miseria ubicua que emana de tan pocos miserables.
09 enero 2007
Dónde debería estar willy
Uno yerra al identificar la obra por la que conoce a Michael Frayn, y que le sirve para sugerir esta espléndida “Democracia” que viera en Buenos Aires hace un mes, y en el errar, la referencia mejora al corregir y cambiar “Cruel y Tierno” –que nunca dejó de ser de Martín Crimp- por la maravillosa “Copenhague”, que se viera en Madrid hace tres años y en este mismo teatro bonaerense de San Martín durante cuatro temporadas seguidas. Aquí el átomo de la cuestión es el alma y sus fidelidades, forzadas y buscadas, pero es, en ambos casos, el mismo encuentro entre dos hombres a los que el tiempo llevará de un lado a otro de la confianza, el respeto mutuo, la colaboración política.
¿Se atreverá a más democracia? –elucubra la voz, desde la sombra: un narrador que da instrucciones al actor que representa a la alemania del este, y al tiempo describe las vicisitudes de la alemania del oeste, como alguien que pide y a la vez narra las consecuencias de lo que solicitó. Estamos en 1969 Y la horca que es el muro para berlín es entonces respecto al alcance de la democracia, en palabras de Willy Brandt –canciller recién elegido- una cuerda que es necesario tensar cuanto más afianzada. Era eso o nada –se escucha después referido a cómo se fundó el país a partir de ciudadanos que lo fueron del reich. Y ese reciclaje de materiales dudosos es el mismo que alimenta cada paso de la fragmentada coalición de socialistas y liberales que iniciaba la construcción esos días la democracia de una sola ciudad y un solo país al tiempo que trataba de evitar en el proceso que su gobierno se atomizara por las presiones internas y externas. La democracia cristiana es aquí la menos externas de ellas, una que al menos permanece en el escenario mientras la obra transcurre. La voz soviética de la rda inquiere, duda y finalmente obliga cosas desde fuera, y su títere es el que fuera mano derecha de Brandt. Esa traición en lo personal se fragua al mismo tiempo que avanza la decepción en lo político, y que acabará sumándose al escándalo que arrancara a Brandt de la cancillería en 1974. Nunca sabe uno con qué voz hablará hasta que abre la boca –dice Brandt. Al final de la obra ese es también el lamento de quien admita su traición. Y uno parecido el de la voz exterior del narrador, la voz de la rda que al final de la obra tendrá en sí, extinta con el advenimiento de la democracia la función de autor, las mismas dudas del actor. Acaso el drama sea ese, el paso de observar la función desde afuera a sufrir los errores con que colaboró a ello desde su alter ego, dentro.
¿Se atreverá a más democracia? –elucubra la voz, desde la sombra: un narrador que da instrucciones al actor que representa a la alemania del este, y al tiempo describe las vicisitudes de la alemania del oeste, como alguien que pide y a la vez narra las consecuencias de lo que solicitó. Estamos en 1969 Y la horca que es el muro para berlín es entonces respecto al alcance de la democracia, en palabras de Willy Brandt –canciller recién elegido- una cuerda que es necesario tensar cuanto más afianzada. Era eso o nada –se escucha después referido a cómo se fundó el país a partir de ciudadanos que lo fueron del reich. Y ese reciclaje de materiales dudosos es el mismo que alimenta cada paso de la fragmentada coalición de socialistas y liberales que iniciaba la construcción esos días la democracia de una sola ciudad y un solo país al tiempo que trataba de evitar en el proceso que su gobierno se atomizara por las presiones internas y externas. La democracia cristiana es aquí la menos externas de ellas, una que al menos permanece en el escenario mientras la obra transcurre. La voz soviética de la rda inquiere, duda y finalmente obliga cosas desde fuera, y su títere es el que fuera mano derecha de Brandt. Esa traición en lo personal se fragua al mismo tiempo que avanza la decepción en lo político, y que acabará sumándose al escándalo que arrancara a Brandt de la cancillería en 1974. Nunca sabe uno con qué voz hablará hasta que abre la boca –dice Brandt. Al final de la obra ese es también el lamento de quien admita su traición. Y uno parecido el de la voz exterior del narrador, la voz de la rda que al final de la obra tendrá en sí, extinta con el advenimiento de la democracia la función de autor, las mismas dudas del actor. Acaso el drama sea ese, el paso de observar la función desde afuera a sufrir los errores con que colaboró a ello desde su alter ego, dentro.
08 enero 2007
Dorothy en la patagonia
Como si el frío del nazismo le hubiera hinchado el cuerpo, la Dorothy que asoma en los rasgos de judy garland tal y como aparece en Judgement on Nuremberg, dirigida por Stanley Kramer en 1961, es ella misma una baldosa amarillenta, pisada con saña dentro y fuera de las películas. Un poco más arriba, en el aire y los pasos que viajan a la altura de las cabezas, dos argumentos se turnan: primero el de sí el juicio a la complicidad del pueblo alemán no es muy distinto al que cabe someter a todos los que ven pasar el mal delante de los ojos sin atajarlo –para explicar esto, el guión esgrime, por ejemplo, razones de constituciones y juristas norteamericanos que no se alejan de algunas practicas nazis- y segundo, ya al final, uno más complejo que al aparecer adopta el aspecto de una serpiente que se mordiera la cola: el de elegir entre acatar la presión norteamericana, que ve más gobernable el país si se libera a los jueces juzgados, u optar por castigar su probada culpabilidad. El eje aquí es entender que los argumentos a favor de considerar el bien mayor –absolverles- es, de darse, justo el que la defensa esgrime a favor de los jueces nazis –su condicionado a ese bien mayor que era la obediencia a los ritos de la nación alemana. Entendidas las pruebas como la parte de ficción del mundo, y el pragmatismo que las interpreta como la realidad que opera con independencia del rumbo de las primeras, se mezclan también allende el dvd que uno recibe como regalo de reyes, y así un día antes de que el fiscal en la película –Richard Widmark- gane el caso, lo pierde en El País 6.1 el que fuera fiscal en los juicios de Nuremberg, Bernard Meltzer, que muere, quizá en el desdichado momento en que alguien entra en la sala y, como en las películas, le pide que se rinda en aras de ese bien común que es el olvido.
07 enero 2007
Dorothy y la patagonia
Entre lo último que uno vio del año pasado está un río de miles de personas fingiendo de noche una carrera, enfundados todos en una camiseta muy amarilla, cortesía del patrocinador. A quién cuento yo el símil –pensaba uno mientras corría en medio del sendero de baldosas amarillas que atravesaba Madrid desplazando el propio sendero, serpenteándolo por la ciudad. Habiéndolo intentado un par de veces sin éxito, uno volvió a relatar la imagen de las baldosas veloces hace unos días, en la noche de reyes. Y esta vez las niñas –unos cinco y siete años- sí sabían.
Hoy hay una estrella amarilla en el suelo, pintada por la mayor de esas niñas, ayer estrella adherida a los cristales del portal como señal para Baltasar, hoy amarilleando la baldosa blanca. Con esa estrella en el bolsillo, lleva uno a cierta familia al teatro de la zarzuela a regalarles Los sobrinos del capitán Grant, que uno viera hace unas semanas. Ese día lo hicieron también dos niñas –unos cinco y siete años-, a ambos lados del delante, probablemente, dada su atención, también sobrinas del capitán Mozart. Hoy, en el trayecto al teatro, mi tía se saca un camino de olvidadas baldosas del bolsillo y cuenta que, en contra de lo que creí, uno ya estuvo en la zarzuela antes, hace treinta años. Más aún: que aquella zarzuela es la misma que uno creyó ver como primera, sólo que treinta años antes.
De los caminos que sólo los niños reconocen, de los que olvidan al crecer, mientras corren y corren.
Hoy hay una estrella amarilla en el suelo, pintada por la mayor de esas niñas, ayer estrella adherida a los cristales del portal como señal para Baltasar, hoy amarilleando la baldosa blanca. Con esa estrella en el bolsillo, lleva uno a cierta familia al teatro de la zarzuela a regalarles Los sobrinos del capitán Grant, que uno viera hace unas semanas. Ese día lo hicieron también dos niñas –unos cinco y siete años-, a ambos lados del delante, probablemente, dada su atención, también sobrinas del capitán Mozart. Hoy, en el trayecto al teatro, mi tía se saca un camino de olvidadas baldosas del bolsillo y cuenta que, en contra de lo que creí, uno ya estuvo en la zarzuela antes, hace treinta años. Más aún: que aquella zarzuela es la misma que uno creyó ver como primera, sólo que treinta años antes.
De los caminos que sólo los niños reconocen, de los que olvidan al crecer, mientras corren y corren.
04 enero 2007
03 enero 2007
fullbright, fullback
Una simple añagaza informática que traslada los archivos de un servidor al programa de correo que hay en el ordenador, y súbitamente llegan mensajes de hace años como si fueran nuevos: cientos de ellos, como si jamás hubieran sido leídos. Hubiera uno de mi padre, uno sólo, entre ellos y echara a temblar más de lo que ya hago al ver llegar mensajes desde la ciudad en que hoy sé se me esperó, cinco años atrás. Si decidiera abrirlos por segunda vez, ¿qué leería hoy?. ¿Y a quién contesto tras hacerlo?. ¿Y si ella hace lo mismo? ¿existe aún esa ciudad? ¿ cómo se la traslada a un programa de ordenador?
01 enero 2007
Bajar de un tren, subir a otro
Despuntaba ya el día cuando desperté; el tren se hallaba inmóvil; yo estaba en el último vagón y, al notar que algunos se paseaban por entre los rieles, abrí la portezuela y salí, como si el tren fuera una caravana detenida a la vera del camino. No se veía ninguna estación ni señal por las cercanías. La verde campiña se extendía por doquier. Los algarrobos y un campo de trigo la dotaban de una gracia y un interés extraño; pero el aspecto de la tierra era suave y semejaba el de una campiña inglesa. No tenía una apariencia exactamente europea; sin embargo, era lo bastante parecida como para que resultara natural a mis ojos. Y fue en el cielo, y no sobre la tierra, donde me sorprendió notar cierta diferencia. Explíquese como se quiera, por mi parte yo no puedo hacerlo, pero el sol se eleva con un esplendor distinto en Europa y en América. Hay más resplandores áureos y escarlatas en las mañanas de nuestro viejo mundo; y más púrpura, pardo y anaranjado en las del nuevo. Quizá se deba a la costumbre, pero para mí la llegada del día es menos fresca y animadora en éste último; su gloria es más oscura y más se asemeja al crepúsculo que al amanecer. Parece apropiada para alguna época del atardecer del mundo, como si América se hallara en realidad, y no sencillamente en la imaginación, más alejada de la aurora y de las fuentes del día. Asi lo pensé entonces, al lado de la vía en Pensilvania, y así lo he creído una docena de veces en otros lugares del continente. Si es una ilusión, está muy arraigada y mi vista es su cómplice.
–De A través de las praderas, escrito por Robert Louis Stevenson en 1879.
–De A través de las praderas, escrito por Robert Louis Stevenson en 1879.
31 diciembre 2006
ni modo
de olvidarte
ni de quererlo.
feliz año tuyo, que vaya del 2 al 7 sin nada que lo dañe.
(encriptado, mis disculpas al resto)
ni de quererlo.
feliz año tuyo, que vaya del 2 al 7 sin nada que lo dañe.
(encriptado, mis disculpas al resto)
30 diciembre 2006
de todos los anteriores
En Idomeneo, éste es impelido por el dios Saturno, tras salvarle la vida, a matar a la primera persona que vea tras salir ileso del mar, y éste resultará ser su hijo. Tras tratar de alejarle de sí tanto como le es posible, el padre empuña finalmente el hacha para aplacar la ira del dios y ha de ser Júpiter quien frene su mano.
Hace dos días en El País, se lee una entrevista a Guntram Weber, uno de los hijos de la alemania nazi criados en una de las 15 clínicas Lebensborn (fuente de vida) con la idea de crecer parte de la nueva y perfeccionada –filtrada y poco más- raza aria que dominaría el mundo, aunque sólo fuera el de los muertos durante los 5 años que trató de coexistir junto al siglo. Escribe Juan Gómez que de cada mujer alemana esperaba la alemania nazi 4 hijos dentro del matrimonio y todos los que cupieran fuera de él. L343-34 es en la ficha que de Weber se guarda un nombre más preciso que el que conoce de su padre, del que sólo supone el nombre del país al que huyó -Argentina- donde indaga vivió y murió anónima y plácidamente.
Hace unas semanas uno estaba en la casa de un personaje, en uno de los suburbios chabolistas que cercan Buenos Aires, y éste sacó un abrigo oscuro, de piel y talle antiguo, que dijo le había sido entregado por un antiguo miembro del ejército nazi arrumbado en argentina y al que conoció poco antes de morir.
Entran y salen del mar, como botellas que se abrieran en el sitio menos esperado, los mensajes que se esperan en otro sitio, o simplemente los que no deberían salir de él, y es una ironía más la posibilidad de hallar la piel oculta de un huido justo aquí, en la casa de un loco jupiterino que la ha fabricado entera a base de unir botellas de vidrio, y al que si se le pregunta por qué quizá respondería lo mismo que el Neptuno de la ópera de Mozart o el padre de Guntram Weber a éste acerca de su paternidad a distancia, de haber tenido la ocasión: es un concepto. Un concepto el tener hijos o mandarlos matar como se tienen patrias nuevas o se matan las antiguas.
¿Cuál de los dioses me mantiene vivo? ¿cuál acudirá a mi ayuda? –dice Idomeneo.
Que se extingan –responde L343-34 cuando se le pregunta por el hecho de que los alemanes caminen hacia la desaparición ante el descenso de la natalidad.
Hace dos días en El País, se lee una entrevista a Guntram Weber, uno de los hijos de la alemania nazi criados en una de las 15 clínicas Lebensborn (fuente de vida) con la idea de crecer parte de la nueva y perfeccionada –filtrada y poco más- raza aria que dominaría el mundo, aunque sólo fuera el de los muertos durante los 5 años que trató de coexistir junto al siglo. Escribe Juan Gómez que de cada mujer alemana esperaba la alemania nazi 4 hijos dentro del matrimonio y todos los que cupieran fuera de él. L343-34 es en la ficha que de Weber se guarda un nombre más preciso que el que conoce de su padre, del que sólo supone el nombre del país al que huyó -Argentina- donde indaga vivió y murió anónima y plácidamente.
Hace unas semanas uno estaba en la casa de un personaje, en uno de los suburbios chabolistas que cercan Buenos Aires, y éste sacó un abrigo oscuro, de piel y talle antiguo, que dijo le había sido entregado por un antiguo miembro del ejército nazi arrumbado en argentina y al que conoció poco antes de morir.
Entran y salen del mar, como botellas que se abrieran en el sitio menos esperado, los mensajes que se esperan en otro sitio, o simplemente los que no deberían salir de él, y es una ironía más la posibilidad de hallar la piel oculta de un huido justo aquí, en la casa de un loco jupiterino que la ha fabricado entera a base de unir botellas de vidrio, y al que si se le pregunta por qué quizá respondería lo mismo que el Neptuno de la ópera de Mozart o el padre de Guntram Weber a éste acerca de su paternidad a distancia, de haber tenido la ocasión: es un concepto. Un concepto el tener hijos o mandarlos matar como se tienen patrias nuevas o se matan las antiguas.
¿Cuál de los dioses me mantiene vivo? ¿cuál acudirá a mi ayuda? –dice Idomeneo.
Que se extingan –responde L343-34 cuando se le pregunta por el hecho de que los alemanes caminen hacia la desaparición ante el descenso de la natalidad.
29 diciembre 2006
de los culpables
Hay una idea de búsqueda de redención, sacrificio y justicia a la antigua en The road to perdition, dirigida por Sam Mendes en 2002, que contiene un símil apretado de lo navideño: asesinado el hijo pequeño y la madre de éste en lugar, ambos, del que se anuncia como una amenaza para el asesino, éste –el inocente que sobrevive de milagro- ayudará a su padre a vengar aquel crimen contra sí y contra el sistema que él contribuyera a sostener. Al final de la película, sólo el hijo queda para crecer tras tanta muerte alrededor, pero como ocurre con el símbolo con que se compara, las preguntas atañen a los padres. La historia es la del encuentro de sus culpas: el padre que ha de vengar la muerte de su hijo trabaja de matón para el padre del asesino, y si para el primero la justicia requiere sangre fría, para aquel la justicia empieza y acaba en la sangre caliente, aún viva, del hijo al que preservar de sus actos. El padre del asesino propugna el perdón, el del asesinado su parte de ojo, su parte de diente. Una de las visiones, por contradictorias, más terribles al amparo de la lectura de los evangelios es la de ver al dios iracundo del pueblo elegido derramando la sangre de los inocentes con la misma generosidad con que en el nuevo testamento el mismo dios ruega el perdón de los culpables. El disco editado que contiene la banda sonora de la película contiene un tema en que los padres respectivos –el dios newman, el dios hanks- tocan a cuatro manos el piano, el tema es triste, melancólico, como si cada mano derecha se preguntara, al tiempo que lo hace por las que vienen de otro cuerpo, por los planes de la mano izquierda.
28 diciembre 2006
de los inocentes
Aún en el supuesto optimista de sobrevivir a las jorobas falsas que el marketing hace pasar por la aguja menos predispuesta, todavía ha de afrontar uno el proceloso mar de ritos que conmemoran a dioses caminando entre nosotros si se pretende que la navidad cristiana no se quede en un asombro de bombillas. Y aún habría que sortear la sospecha sobre su verosimilitud que encierra su convivencia a sangre y fuego, como si nada, con el resto de religiones varias, que se reparten el paraíso desde hace siglos como una timba de aduaneros. Desde este lado –cristianismo vertido en sus símbolos habituales- la celebración admite, amén del nacimiento del mesías, el más sobrecogedor episodio de la matanza de los inocentes, que para más inri ha devenido en fiesta pueril de la chanza y el bromazo esperable. Con ello se desaprovecha –cree uno- el mayor de los capitales con que una idea pueda tratar de ganarse a los demás: no la de un dios que envía a un hijo para que pasee por aquí 33 años y luego desaparezca para los restos, sino la más humana, por indeciblemente cruel, de vengar en los más inocentes de los seres –recién nacidos- la culpa que pueda verterse sobre uno sólo. En esa idea cabría fundar una religión que no oliese, como todas, a mitología y estatuas del oro necesario en otra parte, sino una asentada en el humanísimo dolor del otro, en la comprensión del sufrimiento ajeno, de cómo tantas veces pagan justos por pecadores. Como se ve los argumentos de fondo no son muy distintos comparados con los del cristianismo, pero aquí no hacen falta dioses opinables, sólo lo que hay siempre: hombres. Dispuestos a la ira, al hacer pagar a los demás la propia impotencia, a abusar del poder que les toca en un sorteo, a albergar lo peor, pero también la capacidad de perdonar, de almacenar dentro de uno el duelo ajeno. Y esto es lo mejor: un verdadero dios preferiría esta opción: el que uno mirase con amor al prójimo no por temor a una vida posterior con jueces más puntuales, sino porque el dolor de uno es, por injusto, por innecesario, uno que atañe a todos. Escribe Timothy Garton Ash en El País 23.12 sumarse al historiador suizo Jacob Burckhardt cuando afirma que “cristo como dios no me dice nada, pero como ser humano, Jesucristo es una fuente de inspiración constante y maravillosa, acaso la más maravillosa de la historia del mundo”. Esta podría ser una versión más probable del cristianismo refundado, una en la que cristo no fuese hijo de dios alguno, y en la que sus logros, su mensaje, fuese obra y posibilidad viva salida de un cuerpo y una mente mortales, falibles, tentables, imitables. Salida de un hombre y al alcance de hombres. Del mismo artículo: “existe un respeto que nace del comportamiento de los creyentes, independientemente de la credibilidad científica de su fe original. Lo ideal es que una sociedad multicultural sea una competencia amistosa y abierta entre cristianos, sijs, musulmanes, ateos por ver quién nos impresiona más con su carácter y sus buenas obras”. Es decir, confesiones religiosas hechas de actos humanos, no de ventriloquia divina. Amén de que en buena medida dios carece de oídos en este mundo –y sus voceros de jueces- dado que ni aquel habla ni éstos se validan en sí mismos sino como traductores de letras que no están a la vista. No ha de ser sencillo superar acaso la idea más espléndida jamás sacada de una mente humana –inventar un dios- pero esa es una condenada al fracaso, pues hacerla depender de un demiurgo que es explicado como una omnipresencia que susurra sus anatemas a unos pocos y al instante se encierra en la habitación de legislar, como si cada vez que un iluminado se dice a sí mismo mayordomo, su señor no pudiera ser consultado por el resto, es una idea digna de su reverso –la no menos espléndida idea de inventar un ángel caído. Es claro que una idea de trascendencia que suprimiera lo supraterrenal acabaría por producir, o atenerse, a leyes propuestas, aprobadas y regidas en un parlamento, no en un libro sagrado –cualquiera- que bien debiera ubicarse en la sección de poesía y no en la de pretensiones de gobernación. Pero entonces, qué de tanto augur y su lugar en la historia y las pinacotecas. La religión, esa broma, en la que lo que no son héroes son herodes.
27 diciembre 2006
del purgatorio
Muerto Piergiorgio Welby tras serle desconectado el aparato que mantenía su distrofia muscular progresiva en el limbo que se le negaba a él, la iglesia católica prohíbe funerales religiosos dado que “su voluntad de poner fin a su vida, afirmada de modo reiterado y público, es contraria a la doctrina católica”. Tal vicariato de Roma “no puede conceder tales exequias porque, a diferencia de los casos de suicidio en los que se presupone la falta de condiciones de plena prudencia y de consenso deliberado, en este caso era conocida, por cuanto afirmada repetida y públicamente la voluntad de poner fin a su vida”. Que viene a decir que el suicidio es un mero error de cálculo si llevado a cabo en el silencio más atroz, pero que expuesto a la luz pública se torna un pecado de conciencia sino lúcida, al menos iluminada. O que si bien el sufrimiento de puertas adentro –que cabe pensar, en la soledad del peso, más insoportable- es disculpable en tanto que de uno mismo y así discreto -quizás en ello equivocable-, basta pronunciarlo, compartirlo en vida, para que ello signifique automáticamente premeditación y alevosía. Es impensable imaginar el dolor de quien no puede pensar en alto lo que ha de hacer, y que se adjudique más comprensión a ese silencio –que no ha de desear ni el más convencido- o que se le tilde de ofuscado cuanto de culpable tiene quien sí lo expone antes de matarse ha de verse como un crimen más, sino fuera porque, como es habitual en la iglesia católica, apesta a suicidio de la ética, de la piedad y de la más elemental comprensión del dolor ajeno.
26 diciembre 2006
Cuaderno de bitácora
Tras un año de travesía nos encontramos en las mismas aguas que antaño. Esperando que llegue el voluble viento y nos empuje de nuevo... Si es necesario hacer balance podemos mirar bajo cubierta y encontrar en la bodega pocos tesoros y alguna baratija deslumbrante cuyo valor supera el del mercado por ejercer el magisterio de educarnos el gusto. Tal vez el mayor logro sea contar con la nave intacta a estas alturas, y con toda la tripulación expectante ante las noticias que pueda depararnos este curso intermitente y errante hacia Penélope, que nos espera al final, siempre, como la muerte. Y en este salado mar, en oleadas, me llega un claro olor a tierra y a ceniza...
Seguiremos el rumbo establecido por los signos. Seremos protagonistas y narradores de las leyendas que el ingenio nos dicte; el brazo, el alma y la voz de lo que se repite cada jornada de manera irreal. Porque no podemos hacer más... Un viajero de la isla perdida de San Borondón me dijo en una ocasión que la historia sólo es un libro frío y lapidario de acontecimientos ya escrito, mientras que en el arte, en cambio, palpita aún la vida. Esa es la misión que me encarga el destino para este viaje, avanzar con el ímpetu de quien no responde a ninguna razón, a ninguna bandera, a ninguna norma, y dejar que el oleaje obstinado del viaje nos vaya construyendo con los restos de anteriores naufragios... Buen viaje, capitanes, que el viento os sea favorable...
Seguiremos el rumbo establecido por los signos. Seremos protagonistas y narradores de las leyendas que el ingenio nos dicte; el brazo, el alma y la voz de lo que se repite cada jornada de manera irreal. Porque no podemos hacer más... Un viajero de la isla perdida de San Borondón me dijo en una ocasión que la historia sólo es un libro frío y lapidario de acontecimientos ya escrito, mientras que en el arte, en cambio, palpita aún la vida. Esa es la misión que me encarga el destino para este viaje, avanzar con el ímpetu de quien no responde a ninguna razón, a ninguna bandera, a ninguna norma, y dejar que el oleaje obstinado del viaje nos vaya construyendo con los restos de anteriores naufragios... Buen viaje, capitanes, que el viento os sea favorable...
el mar se está poniendo insoportable
Hoy hace un año salimos a navegar por el proceloso mar de Blog y un año después seguimos tan solos como entonces. Ni sirenas, ni céfiros, ni polifemos, solamente el miserable, sus acólitos y el gran manipulador, que siguen sin reconocer que la realidad no inventa apocalipsis: las cosas están realmente así de mal para el planeta y los seres vivos, algunos de ellos con rasgos humanos. Solamente los constructores, los petroleros y demás mafiosos sacan provecho. ¿Habrá que cambiar el velero por un buque de guerra?
dentro del caballo, dentro de la ciudad de madera (version b)
Hace hoy un año uno no tenía un blog en que escribir, en éste tiempo transcurrido uno lo ha llenado de textos acerca de cosas que tenía cuando empezó a escribir en él. El blog sigue aquí pero algunas de esas cosas ya no. ¿Volverían éstas si uno dejara de escribir aquí? Se cruzan sin tocarse la realidad y su relato, y si éste necesita de aquella, a la primera el segundo le trae al pairo. Qué extraña fidelidad hacia ese desdén, sin embargo, la que hace que escribir aquí lo sea, no pocas veces, como débito. Anota uno lo que no quiere decir de otra forma, delante de según quién, y así el relato devuelve en pasión lo que desde el lado de la vida es lógica indiferencia. Como si, de no ser antes esto también un relato, fuese cierto el que nada nos ata tanto como aquello que no nos necesita.
Gracias y perdón cuando, sendos, toquen.
Gracias y perdón cuando, sendos, toquen.
25 diciembre 2006
Madagascar, Madagascar, Madagascar
Favorecen las navidades reuniones en sitios en los que uno sólo pasa ya prisas, tiempos que se acaban, ligados a cenas que uno come en la maleta con que va a casi todos sitios, y en ese pasear la vista por los escenarios en que a lo mejor transcurrió su niñez quizá uno se ensimisma en la contemplación de un objeto que súbitamente se convierte en un espejo, y en él se ven otros días, otras caras –quizá las mismas cuando eran otras-, prioridades de cuando en el mundo no había tanto de esto y sí de aquello. Imaginó Borges un encuentro del yo con lo que fue en el que enfrentaba su versión anciana con una mucho más joven. Fuera de la literatura los objetos hacen lo que pueden y quizá en ello soportan nuestra mirada a sabiendas de que hay preguntas que sólo podemos permitirnos hacer a quien no puede responderlas sino con ese hábito generoso que es difuminar la imagen de uno mismo, reflejada. Sí, puede intentarse con un langostino. Con suerte no notarás que es él el que no deja de mirarte.
22 diciembre 2006
Que le corten la cadencia
En la versión de Idomeneo permitida, consentida, estos días finalmente en Berlín, la cabeza cortada de mahoma, hecha de cartón –como su cuerpo, el doctrinal incluido- que el protagonista ha de exhibir junto a las de jesucristo, buda y poseidón, es nueva, pues la semana pasada la primera de sus versiones desapareció de su cofre. Si uno quisiera evitar ofensas al catolicismo, sustraería la de cristo, asi que cabe suponer sea un creyente musulmán el que en este momento tiene una cabeza de cartón de su profeta sobre la mesa del salón, quizá junto a la fuente que guarda las manzanas. Es esa una visión que a uno le es igualmente perturbadora, y acaso de haber existido un cuerpo, también de cartón, el hurto daría para un altar en algún sitio. Hace años, del cielo bajó un profeta negro y con alas –un mirlo, para entendernos- que se coló por la chimenea, y reptó por el tubo hasta salir y revolotear por la buhardilla durante algunas horas. Finalmente abrimos la ventana y allí fue, quedaron sus admoniciones por suelo, edredón y estanterías. Y en el recuento de su paso por este mundo rodaron cabezas: cercano a la cama hay una hilera de figuritas chinas que reproducen, a escala mínima, las que se desenterraran en China hace no mucho. Puesto fino y si se me pregunta, andan allí –junto a mi cama- en la posibilidad de que el sueño del emperador que guardaran vigile, a escala menor –ya digo- los más humildes míos. En su vuelo profético –que para no variar, sucedió en ausencia de testigos- el mirlo enviado decapitó a una de las figuras chinas, y como resultado hoy ocupa un lugar destacado junto a mi cama, cuerpo erguido y cabeza a sus pies. Que es una forma como otra cualquiera de honrar la memoria de quienes dan su cabeza por defenderse de los dioses que entran en nuestras vidas sin ser invitados. Más o menos sobre mi cabeza hay una reja desde hace años que impide nuevas venidas, y sólo gracias a algo parecido a una reja policial se estrena Idomeneo hoy en Berlín. Mientras, en alguna parte de la misma ciudad un desdichado con dos cabezas se pregunta qué hacer con ambas, pero desdichadamente no por qué cada una de ellas exige para darse la inexistencia de la otra.
21 diciembre 2006
aires queridos, 5
Agustina cumple 15 años –lo cuenta una pancarta colorista que cuelga entre dos casas del barrio de Bernal, en las afueras de Buenos Aires. No pretende invitar a la fiesta consiguiente, sólo avisarlo. Dada la edad, advertirlo quizá.
20 diciembre 2006
aires queridos, 4
Los aparcamientos de superficie tienen en Buenos Aires mayoritariamente un toldo que cierra el espacio como si creara espléndidas canchas de baloncesto a salvo de la canícula. No es mucho pedir si se tiene en cuenta que una de las librerías más grandes de la capital ocupa el espacio –reconocible- de un teatro y que en uno de las poblaciones anexas a la capital puede uno permanecer sentado en el centro de una cancha de baloncesto reconvertida hoy en un restaurante sin grandes pretensiones. Y con todo, son campeones olímpicos de baloncesto, alumbran escritores insustituibles, su cocina no es endogámica y no permiten aparcar en sus calles a pesar de que tienen las avenidas más anchas que uno haya visto. Como si de tanto espacio disponible, trasplantar un alma aquí y una allá ni se sintiera ni se padeciera.
15 diciembre 2006
Leyenda
Y vino un forastero y le confesó que la gobernanza de aquel territorio había sido tan adecuada que podría ser la envidia de la comarca. Y le mostró la admiración por las aguas cristalinas, y por los bosques de hayas y roble, por el trabajo admirable de los campesinos, por el ir y venir de sus caminos… Y le comunicó lo apetecible que resultaba su situación inmejorable. Y entendió el gobernador estas palabras como una advertencia, como una amenaza. Y nada más marcharse el forastero reunió al consejo y les mostró sus sospechas: habría que tomar las decisiones oportunas para evitar perder lo que tanto trabajo había costado. Y se tomaron las primeras decisiones. Y se controló el paso por los caminos. Y hubo que acrecentar el ejército para ello, y muchos campesinos se hicieron soldados. Y las zonas abandonadas se plantaron de trampas y minas. Y se cortaron muchas hayas para hacer puestos y maquinaria de defensa, y muchos robles para cubrir ventanas y puertas. Y aparecieron curiosos que no podían creer lo que veían y corrieron el rumor de que existía un enemigo lejano que preparaba un asalto y que aquel territorio se preparaba a resistir. Y el consejo decidió cerrar los caminos completamente, y talar todo el bosque para no sufrir ataques por sorpresa, y convirtieron a todos los campesinos en un gran ejercito intramuros, y sembraron de minas el campo, y envenenaron las aguas para acabar con la caballería enemiga, y cambiaron las banderas por estandartes de guerra… y comenzaron a huir los vecinos por miedo al tremendo ataque que se esperaba, y creció el temor a ser débiles, y respondió con violencia al mínimo movimiento de sus vecinos y siguió vaciándose el territorio, y creció el miedo hacia el propio gobernador y sus consejeros, y siguió huyendo la población despavorida, y se creo un estado distinto, fuerte y autoritario, pero realmente inconquistable.
13 diciembre 2006
aires queridos, 3
La extensión de la ciudad puede trampear la proporción, el hecho posible de que se concentren en unas pocas –no tan pocas- calles, pero la apariencia en el paseo es que ésta es una ciudad de librerías y mujeres espléndidas, y en el cálculo presumo perderme una de cada no sé cuántas en el trance de leer el tránsito ubicuo de sus damas, que acá, en cierto dialecto de población recién metida en la hormigonera racial, se nombran “minas”. Y el cálculo empeora al considerar perdido el paso de cierta proporción de beldades por andar inmerso en librerías. En esa mezcla, con suerte en un mismo tiempo y espacio, de minas y su descendencia, la letra impresa, uno se quedaría a vivir aquí. Písame acá, donde la letrita –dice este tango sudado que uno baila colgado de las bolsas con que llega a casa cada noche.
10 diciembre 2006
en la flor de la muerte
Queda más cerca de buenos aires la muerte de quien dictara sobre chile, y así, en el salon de la casa en que éstos dias habito, se recuerda a videla y a quienes, en directa línea de sucesión, sangraron este país durante ocho años y miles de desaparecidos. Se habla de franco acá, del daño que atrasa países al tiempo que los encierra en cárceles, pero no hubo guerra civil en Argentina ni en Chile, y aunque después aparecieron los bandos para dividir en dos a sus países, el encono se desarrolló bajo una dictadura ya afianzada. Por supuesto no digo que ello sea preferible, sólo que la división de la sociedad no pudo, así, llevar sus odios tan lejos como pasó en España, germinados y engordados no sólo después, sino también antes y durante. A uno le parece la sociedad argentina una más compensada que la nuestra, y quizá por eso suena a justicia benigna la que se escucha en el telediario que acá abre con la muerte de pinochet debida a "una brusca descompensación". Púdrase, y con él, en fila, los que, como videla, hacen cola para ganarse su pronto y justo ingreso en las enciclopedias.
06 diciembre 2006
Edu cación
De su madre aprendió el sentido mágico de las palabras. De su padre, la rectitud, el gesto. Esta mezcla le protegió y le hizo fuerte. Con el paso de los años aprendió a recitar de memoria los poemas más conmovedores mientras proyectaba su pecho por encima del auditorio. De tanto oírse y de tanta palabra se fue quedando vacío: la sonrisa tan rígida como su espalda.
29 noviembre 2006
buenos, aires, querido, 2
en el cementerio de la recoleta abundan los gatos, sus 7 vidas respectivas dormitan aburridas ante la ausencia de competencia. sostengo en este momento las gafas para el desierto que cargan sobre si la leyenda de haber pertenecido a saint exupery. quiza a la misma hora se deshacia goering del portaminas que acabo cayendose del bolsillo de un pintor argentino al subirse en moto, cuarenta años despues. se cruzan las tumbas de lo cierto y las de lo posible.
27 noviembre 2006
aires, buenos, lejanos, 1
el titulo que acredita que quien lo curso esta capacitado para pasarse la vida ordenando libros, anteponiendolos, catalogandolos. bibliotecario. un titulo, apenas un papel. pero y si la firma que figura abajo, avalandolo, es la de borges. justo delante de mis narices en este momento, en una casa de las afueras de buenos aires, escrutando la biblioteca que otros ponderaran.
24 noviembre 2006
22 noviembre 2006
Paleta
Las veces en que lo que tienes
tanto da en parecerse y tan de cerca
a lo que quieres. ¿Y luego?
¿Qué cabe ver más fácil?
¿barnizar de oro lo que tienes?
¿o bien teñir con similar insistencia
del color de lo sabido lo que quieres?
Y qué si un día confundes los pinceles.
tanto da en parecerse y tan de cerca
a lo que quieres. ¿Y luego?
¿Qué cabe ver más fácil?
¿barnizar de oro lo que tienes?
¿o bien teñir con similar insistencia
del color de lo sabido lo que quieres?
Y qué si un día confundes los pinceles.
21 noviembre 2006
Imagina que nunca pasase nada
Las obras de mejora de la M-30 exceden ya en 160 mil millones de las antiguas pesetas lo que se había presupuestado. ¡Qué subi!
20 noviembre 2006
de madrid al cielo de barcelona
Experimento: sigue los pasos a quien caminó dos años antes por los lugares que hoy recorres, consigue que otros hagan lo mismo, tienes una hora de avión para convencer a quienes te rodean. Préstales un nombre, unas señas, un rostro si ninguno les viene a la cabeza. Haz que cada uno de éstos convenza a otro, una vez en el suelo. Extiende el rumor, consigue tres millones de personas imaginando a tantos otros, sentándose en los mismos bancos, mirando las mismas piedras, franqueando las mismas puertas, mirando su vida en los mismos relojes. Y cuando las calles viajan atestadas, cuando seis millones de personas se arraciman en torno a ti, entonces sientes que lo has logrado: no puedes ver el suelo, ni piedras, ni puertas, ni reloj. Sigues caminando, ya tranquilo. Y bajas la cabeza cuando alguien parece no saber a quién perdió.
13 noviembre 2006
amedo. uno contra el mundo
Gal. La historia real que sacudió el país. –reza el cartel. En realidad sacudió al país, pero importando el verbo –sacudir- qué importa atentar contra el artículo, si al fin y al cabo es desde el articulismo. Todo queda en casa. Legítimo, pues. Y si no, poco importa al mundo.
todo sobre mi padre
Diego –cuatro años casi- que se agacha –poco, para qué- hasta donde le llegan al pecho las preguntas, y llamando a cada una de las lápidas pregunta si hay alguien ahí.
12 noviembre 2006
me lo borra cien veces
Sirve la memoria, bien usada, para importunar a quien, con artes de tesón avieso y amenazante, va dejando de sí una sombra más grande que los edificios en que vivió. Pero despojar de máscaras y logros a un canalla que sólo hiede ya para él suele pasar por alto las miserias pequeñas ante la magnitud de las grandes. Por eso las revelaciones que empequeñecen el aura personal del canalla y que renuncian al juicio político para llamarle simple y llanamente tonto suenan de una justicia rara, del tamaño de las gemas ínfimas. Esto publica hoy en El País: “Rendimos justo tributo de pleitesía al caudillo por conservar una cultura occidental siempre unificadora (….) qué bellas ideas y realizaciones ha logrado nuestro doctorando” El 27 de julio de 1965 el entonces rector de la Universidad de Santiago, Ángel Jorge Echeverri invistió a franco doctor honoris causa por la facultad de ciencias. La obra del caudillo, en el discurso, se asemejaba “a una experiencia científica” porque con su régimen había conseguido “restaurar el biologismo normal de nuestra patria”. Ayer, un consejo de gobierno decidió rechazar la concesión porque el investido “no reúne ni los méritos científicos ni los personales para ostentar dicho honor”. El suspenso será comunicado, además, a las universidades de Salamanca y Coimbra, por si cunde el ejemplo.
11 noviembre 2006
Estado limitado, opiniones ilimitadas. Y tambien dos huevos duros, o no.
Escribe Peter Beinart hoy en La Vanguardia cómo el triunfo de Reagan en 1980 se basó en tres pilares: estado poco intervencionista, valores morales tradicionales y línea dura en política exterior. Reagan llegó al poder tras décadas de expansión del poder del estado y con una revuelta fiscal de la clase media, sobre todo en California. (En ese sentido, no fue de mucha ayuda que muchos blancos de clase media creyeran que el dinero de sus impuestos acabara financiando servicios para los afroamericanos). Reagan redujo los índices impositivos, y luego, bajo Bill Clinton, la Administración se hizo más eficiente y eficaz. El caso es que hoy, en una economía globalizada en la que muchos se sienten económicamente inseguros, la ciudadanía estadounidense quiere que la Administración pública haga más, no menos. En el actual clima político, la hostilidad del partido republicano al intervencionismo estatal constituye un importante punto débil.
El mismo día, en El País, escribe Antonio Caño que teniendo en cuenta que, en esos mismos sondeos, el 58% de los votantes se sigue pronunciando a favor de menos servicios públicos y menos impuestos –por un 28% a favor- la solución que The Wall Street Journal y la mayoría de los dirigentes republicanos ofrecen hoy es clara: volver a Reagan, volver a Gingricht, volver a hacer campaña como los campeones de los bajos impuestos, el escasísimo gasto público y el mínimo Estado. En esa batalla, creen muchos republicanos, pueden encontrarse con el considerable número de demócratas conservadores que fueron elegidos el martes. Gingricht ha comentado que, si se cuenta a éste último grupo, el balance en el Congreso es favorable a la política de conservadurismo fiscal. “Perdimos porque nos separamos del principio del Estado limitado que sostenía este Congreso republicano”, ha manifestado en una carta a sus colegas el influyente representante Mike Pence.
El mismo día, en El País, escribe Antonio Caño que teniendo en cuenta que, en esos mismos sondeos, el 58% de los votantes se sigue pronunciando a favor de menos servicios públicos y menos impuestos –por un 28% a favor- la solución que The Wall Street Journal y la mayoría de los dirigentes republicanos ofrecen hoy es clara: volver a Reagan, volver a Gingricht, volver a hacer campaña como los campeones de los bajos impuestos, el escasísimo gasto público y el mínimo Estado. En esa batalla, creen muchos republicanos, pueden encontrarse con el considerable número de demócratas conservadores que fueron elegidos el martes. Gingricht ha comentado que, si se cuenta a éste último grupo, el balance en el Congreso es favorable a la política de conservadurismo fiscal. “Perdimos porque nos separamos del principio del Estado limitado que sostenía este Congreso republicano”, ha manifestado en una carta a sus colegas el influyente representante Mike Pence.
personas solas
pequeña convocatoria en ep de hoy: esta tarde, a las 18h. en la calle Navarra 35 (metro Estrecho), la Asociación Hispano-Palestina convoca un acto de condolencia con los familiares residentes en España de la familia palestina Al Samani, aniquilada el 8 de noviembre en Gaza.
10 noviembre 2006
recuento de puñales
De los siete estados que ayer votaron enmendar sus constituciones para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo, tres dieron la mayoría de sus votos al partido demócrata. Las consecuencias de minimizar la capacidad de maniobra de tan nefasto presidente son superiores a las que se infieren de entender que los ciudadanos norteamericanos probablemente votan en contra de que se sigan matando soldados de su país y poco más, y sin embargo cuán frágil se antoja ver votar el daño global, afronterizo, imputable a un idiota por el número de víctimas que mueren con una bandera concreta puesta encima.
rumsfeld, bush, el honor y sus guardianes
Estos tres triunviros, tus competidores,
están ahora en tu barco. Déjame que corte el cable
y luego, en alta mar, les cortamos el cuello;
así todo será tuyo. –dice Menas.
Deberías hacerlo
y no decirlo. Para mí es una infamia, para ti
una manera de servirme. Has de saber
que mi honor no se guía por el provecho,
sino al contrario. Arrepiéntete de que tu lengua
traicione así tus actos. Si hubieses actuado a mis espaldas,
una vez hecho todo, me habría parecido bien,
pero ahora debo condenarlo. Olvídalo, pues, y bebe. –responderá Antonio.
Tomado de Antonio y Cleopatra, de Shakespeare. Asomada al mundo por vez primera hace exactamente cuatrocientos años. En cartel desde entonces.
están ahora en tu barco. Déjame que corte el cable
y luego, en alta mar, les cortamos el cuello;
así todo será tuyo. –dice Menas.
Deberías hacerlo
y no decirlo. Para mí es una infamia, para ti
una manera de servirme. Has de saber
que mi honor no se guía por el provecho,
sino al contrario. Arrepiéntete de que tu lengua
traicione así tus actos. Si hubieses actuado a mis espaldas,
una vez hecho todo, me habría parecido bien,
pero ahora debo condenarlo. Olvídalo, pues, y bebe. –responderá Antonio.
Tomado de Antonio y Cleopatra, de Shakespeare. Asomada al mundo por vez primera hace exactamente cuatrocientos años. En cartel desde entonces.
09 noviembre 2006
Checoslovaquia, Polonia 2006
19 miembros de una misma familia, y van ... Palabras: equivocación, guerra relámpago, genocidio, pasividad de la comunidad internacional... Hoy como ayer. Otros los actores. Idénticas víctimas, los mismos efectos: desplazados, perseguidos, atrapados en el gueto. Personas solas.
06 noviembre 2006
del eslabón y lo perdido
“Lo simbólico ha desplazado a lo necesario” –halla a las seis líneas de su redacción el manifiesto por un nuevo partido político en Cataluña hecho público en junio del año pasado. Ciudadanos es hoy 83.000 votos más necesario y, como consecuencia, 3 escaños menos simbólico de lo que lo era hace diecisiete meses. “Importa la contribución al mito identitario, no el interés práctico de la sociedad”. –se lee también, y en esto ve uno el límite de audiencia, pues las sociedades contemporáneas –las medio democráticas, las medio prósperas- tienen por trinidad de poderes los mitos más idiotas, y su ubicuidad en los medios –cómo reprochárselo al dueño de la granja- antes o después los convierte en identitarios, esto es: en aquellos rasgos sociales que uno no es ya capaz de separar de sus hábitos tangibles o mentales. No es un proceso en marcha, sino uno en su apogeo, y su simbolismo un rito que desplaza a lo necesario fuera de la polis. Allí, en ese extrarradio, junto al bosque que imaginó Bradbury como refugio, es posible fundar partidos que “se identifican con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales”.
San pedro el alpinista
Sentado en la butaca 27 de la fila 13 de lo que en la entrada se define como paraíso lateral, y desde el que, si miro hacia arriba apenas vislumbro una superficie anodina y negra, y si hacia abajo –muy hacia abajo- un escenario con abundancia y cantarina agitación. Qué vistas tendrán de aquí desde el infierno. Y quién quisiera subir si, por lo demás, desde abajo no sabes que lo estás. Y cómo sus augurios eran ciertos: el paraíso, como las exposiciones, está tomado por señoras de Serrano. Cuán alto hemos caído.
04 noviembre 2006
proscenio y yo
Para una dialéctica –callada- de las relaciones del autor con sus personajes y de éstos con quien asiste a ellos, un texto tomado del folleto que se entrega el día en que se representa El portero, de Harold Pinter, en La Abadía:
Pinter se limita a sorprender a sus personajes en una situación y a contemplarlos en el lapso del tiempo teatral, cronológico. Contra la vieja fórmula que impone al dramaturgo el tener que confirmar y traducir en diálogos la personalidad entera de sus protagonistas, Pinter postula la constreñida tarea de abarcarlos sólo en el trayecto de la misma obra asumiendo, al hacerlo, las consiguientes indefiniciones y los consiguientes misterios que provoca ese verismo. No hay antecedentes de los personajes. El espectador tiene siempre la impresión de haber llegado tarde a la función o de haber empezado a ver la obra a la mitad. El efecto podría compararse con el impacto sufrido por un fisgón que de repente se asoma por el ojo de una cerradura y sólo tiene oportunidad de averiguar lo que en ese momento ocurre en el lugar espiado. Inútil pedir explicaciones porque nadie las sabe, y en las obras de Pinter, el autor el que menos. Únicamente los personajes conocen, desde luego, sus respectivas historias – aunque a veces, cuando las recuerdan, las recuerdan mal–, pero la situación en que han sido sorprendidos no los obliga a exponerlas: resultaría falso, tramposo, poco realista hacerlo, y el teatro de Pinter se cuida mucho de apelar a concesiones que ciertamente favorecerían la comprensión de la obra pero implicarían también una imperdonable traición a la realidad. Si verdaderamente queremos ser realistas –parece decirnos Pinter–, es necesario llevar a sus últimas consecuencias la captación de esos trozos de vida que supone el género realista. Y si lo hacemos, es imposible saber más de lo que puede averiguarse reloj en mano, en lapsos que abarcan minutos, si acaso horas. Así pues, los pocos antecedentes que de los personajes se tienen alcanzan sólo a dibujar un comportamiento, difícilmente una psicología. Esta insuficiencia biográfica, esa escasez desesperante de características psicológicas, produce un efecto de misterio, de oscuridad, que ha dado pie a suponer que se está frente a obras del absurdo. Nada más falso. Si se entiende por absurdo la deformación de la realidad; en el teatro supuestamente “realista” la abundancia de diálogos explicativos, de un psicologismo siempre explícito, la obsesión por anudar cabos, por dar a cada acontecimiento un significado utilitario al servicio de la historia que se escenifica, no representan sino deformaciones flagrantes de la realidad. Los hábitos generados por “la comedia bien hecha” hicieron del teatro realista un simulador de la realidad: un teatro, ése sí, verdaderamente absurdo. Lo absurdo es la realidad y Pinter se empeñó en llevar hasta sus últimas consecuencias la verosimilitud del diálogo: materia prima del teatro. Con el exclusivo tratamiento de una situación, no de una historia, Pinter fue descubriendo lo misteriosa que puede resultar toda conversación cuando los personajes ignoran la presencia de un espectador. No es una boutade cuando Pinter confiesa no saber más de sus criaturas que lo dicho por ellas durante la representación. Imposible para el autor –no digamos para los espectadores– confirmar con qué datos si un personaje miente, se equivoca o recuerda mal un lejano suceso. La única realidad, sin consecuencias morales y sin mensajes, es la realidad, presentada allí durante el transcurso de la situación. Pinter ha declarado: “Quiero presentar al público personas vivas, dignas de su interés, principalmente porque son, existen, y no por ninguna moraleja que el autor pueda extraer de ellas. [...] No puedo resumir ninguna de mis obras, no pueda describirlas, ni una. Sólo podría añadir que aquello es lo que pasó. Aquello es lo que dijeron. Aquello es lo que hicieron. [...] Antes de entrar por la puerta no sabes nada de él. Lo único que sabes de él es aquello que sucede en esa habitación. Tampoco sabremos nada de él una vez haya salido por la puerta. [...] Entre mi falta de información biográfica respecto a los personajes y la ambigüedad de lo que dicen, se extiende un territorio que no sólo es digno de ser explorado sino que se convierte en obligatorio explorar. Ustedes y yo, como los personajes, somos casi siempre poco explícitos, reticentes, poco fiables, esquivos, evasivos, cerrados y poco disponibles. Aun así, a partir de esas características, nace un lenguaje. Un lenguaje con el que, por debajo de lo que se dice, se expresa otra cosa.”
Pinter se limita a sorprender a sus personajes en una situación y a contemplarlos en el lapso del tiempo teatral, cronológico. Contra la vieja fórmula que impone al dramaturgo el tener que confirmar y traducir en diálogos la personalidad entera de sus protagonistas, Pinter postula la constreñida tarea de abarcarlos sólo en el trayecto de la misma obra asumiendo, al hacerlo, las consiguientes indefiniciones y los consiguientes misterios que provoca ese verismo. No hay antecedentes de los personajes. El espectador tiene siempre la impresión de haber llegado tarde a la función o de haber empezado a ver la obra a la mitad. El efecto podría compararse con el impacto sufrido por un fisgón que de repente se asoma por el ojo de una cerradura y sólo tiene oportunidad de averiguar lo que en ese momento ocurre en el lugar espiado. Inútil pedir explicaciones porque nadie las sabe, y en las obras de Pinter, el autor el que menos. Únicamente los personajes conocen, desde luego, sus respectivas historias – aunque a veces, cuando las recuerdan, las recuerdan mal–, pero la situación en que han sido sorprendidos no los obliga a exponerlas: resultaría falso, tramposo, poco realista hacerlo, y el teatro de Pinter se cuida mucho de apelar a concesiones que ciertamente favorecerían la comprensión de la obra pero implicarían también una imperdonable traición a la realidad. Si verdaderamente queremos ser realistas –parece decirnos Pinter–, es necesario llevar a sus últimas consecuencias la captación de esos trozos de vida que supone el género realista. Y si lo hacemos, es imposible saber más de lo que puede averiguarse reloj en mano, en lapsos que abarcan minutos, si acaso horas. Así pues, los pocos antecedentes que de los personajes se tienen alcanzan sólo a dibujar un comportamiento, difícilmente una psicología. Esta insuficiencia biográfica, esa escasez desesperante de características psicológicas, produce un efecto de misterio, de oscuridad, que ha dado pie a suponer que se está frente a obras del absurdo. Nada más falso. Si se entiende por absurdo la deformación de la realidad; en el teatro supuestamente “realista” la abundancia de diálogos explicativos, de un psicologismo siempre explícito, la obsesión por anudar cabos, por dar a cada acontecimiento un significado utilitario al servicio de la historia que se escenifica, no representan sino deformaciones flagrantes de la realidad. Los hábitos generados por “la comedia bien hecha” hicieron del teatro realista un simulador de la realidad: un teatro, ése sí, verdaderamente absurdo. Lo absurdo es la realidad y Pinter se empeñó en llevar hasta sus últimas consecuencias la verosimilitud del diálogo: materia prima del teatro. Con el exclusivo tratamiento de una situación, no de una historia, Pinter fue descubriendo lo misteriosa que puede resultar toda conversación cuando los personajes ignoran la presencia de un espectador. No es una boutade cuando Pinter confiesa no saber más de sus criaturas que lo dicho por ellas durante la representación. Imposible para el autor –no digamos para los espectadores– confirmar con qué datos si un personaje miente, se equivoca o recuerda mal un lejano suceso. La única realidad, sin consecuencias morales y sin mensajes, es la realidad, presentada allí durante el transcurso de la situación. Pinter ha declarado: “Quiero presentar al público personas vivas, dignas de su interés, principalmente porque son, existen, y no por ninguna moraleja que el autor pueda extraer de ellas. [...] No puedo resumir ninguna de mis obras, no pueda describirlas, ni una. Sólo podría añadir que aquello es lo que pasó. Aquello es lo que dijeron. Aquello es lo que hicieron. [...] Antes de entrar por la puerta no sabes nada de él. Lo único que sabes de él es aquello que sucede en esa habitación. Tampoco sabremos nada de él una vez haya salido por la puerta. [...] Entre mi falta de información biográfica respecto a los personajes y la ambigüedad de lo que dicen, se extiende un territorio que no sólo es digno de ser explorado sino que se convierte en obligatorio explorar. Ustedes y yo, como los personajes, somos casi siempre poco explícitos, reticentes, poco fiables, esquivos, evasivos, cerrados y poco disponibles. Aun así, a partir de esas características, nace un lenguaje. Un lenguaje con el que, por debajo de lo que se dice, se expresa otra cosa.”
03 noviembre 2006
No es Varsovia, ni Praga
Otra vez el gueto. Todos los hombres mayores de 16 años concentrados en un recinto cerrado para ser interrogados, vejados, provocados. La ocupación que no cesa. La impunidad del ejército. El silencio de las potencias internacionales. Esta vez en Gaza, aquí al lado.
